PANDEMIA, PODER Y CUESTIONAMIENTOS

Mientras gestaba el Fideicomiso del Aceite, el presidente de la UIA desabastecía el mercado interno

 

Ha pasado un año desde el estallido de la pandemia. El virus muta incesantemente y se vuelve cada vez mas agresivo. En este contexto, muchos expertos consideran la posibilidad de nuevas pandemias. Esto, sin embargo, no es algo nuevo. Bill Gates, fundador de Microsoft, lo advierte desde hace tiempo y considera que el mundo no está preparado para ello. Más aun, junto con dirigentes del Foro Económico Mundial y del Centro de Salud y Seguridad de la Universidad John Hopkins, organizó en octubre de 2019 el Evento 201, una serie de ejercicios de simulación destinados a testear las reacciones institucionales ante una pandemia provocada por “un coronavirus de nuevo tipo”. Dos meses después, los primeros casos de Covid 19 aparecieron en China.

Hoy, Bill Gates advierte sobre la posibilidad de una pandemia mucho peor que la actual, detonada por el cambio climático o por un posible ataque bioterrorista con un virus cuya genética ha sido alterada (cnbc.com 11 2 2021). Esta advertencia ocurre en un contexto mundial caracterizado por severos cuellos de botella en la producción global de las vacunas contra Covid 19, y una distribución de las dosis que expone la desigualdad de riqueza y poder existente entre los países.

Así, a un año de haber aparecido, Covid 19 desnuda la irracionalidad que impera en el planeta. Más aun, profundiza los cambios estructurales que vienen ocurriendo en la economía y las finanzas globales, en los sistemas institucionales y en las relaciones geopolíticas. Si la crisis financiera internacional de 2008 abrió una ventana a estas turbulencias, la pandemia parece haber echado leña al fuego que devora los cimientos del mundo que conocemos.

Indicios de esto ultimo aparecen tanto en el centro como en la periferia del capitalismo global monopólico. Los Estados Unidos ofrecen, sin embargo, un espectáculo único. Sus conflictos económicos y políticos permiten atisbar el surgimiento de nuevos actores sociales que, con una nueva dinámica de acumulación de riqueza y poder apresuran un cambio de época, de consecuencias imprevisibles. En estas circunstancias, las narrativas y las formas del disenso iluminan las posibilidades de un cambio social.

 

Intervención del Estado y de las corporaciones en las políticas

El 13 de febrero finalizó el segundo juicio político a Trump. Los Demócratas no pudieron sancionarlo por “incitar a una insurrección” durante los episodios en el Capitolio el 6 de enero pasado. Tampoco pudieron invalidar por este medio su futuro ejercicio de la función publica. El juicio no hizo mella entre los seguidores de Trump que, según encuestas recientes, lo apoyan en un 75 % (zerohedge.com 17 2 2021 ). Así, Trump cuenta con un enorme caudal de seguidores convencidos de que su voto fue robado en 2020 y piensa disputar el control del Congreso en las próximas elecciones de medio término.

Biden, a su vez, enfrenta una encrucijada. Su objetivo de “unir a los norteamericanos”, combatir la pandemia y estimular la producción y el consumo se empantana en un clima político crecientemente enrarecido. A esto ha contribuido el juicio político exprés que, sin presentar testigos, se apoyó en las denuncias de los medios de comunicación y de las redes sociales sobre los hechos de horror que se habrían cometido el 6 de enero pasado. Ocurre, sin embargo, que muchas de estas denuncias no pudieron ser sustanciadas o se demostraron falsas. A pesar de esto último, siguen siendo utilizadas (Glenn Greenwald disecta la información periodística del periodo en zerohedge.com 17 2 2021).

Esto ha creado un clima de persecución política, que desborda hacia los que contravienen las opiniones de los grandes medios de comunicación y las corporaciones que dominan las redes sociales. Se incita a extremar la depuración de la “desinformación” llegándose al extremo de proponer la formación de una “fuerza de tareas” (task force) liderada por un “Zar de la Realidad” cuyo objetivo sería desarrollar una estrategia única para enfrentar las teorías conspirativas sobre la pandemia, las elecciones y el “terrorismo domestico” (nytimes.com 2 2 2021).

Por estos días, el bloqueo digital tuvo una nueva víctima. Esta vez un dirigente demócrata, Robert Kennedy jr., hijo del senador del mismo nombre y sobrino del ex Presidente John Kennedy, ambos asesinados hace ya tiempo, por “conspiraciones” cuyos responsables todavía siguen sueltos. Robert Kennedy Jr. preside organizaciones que defienden el medio ambiente y la salud. Fue bloqueado de Instagram, junto con otros colegas y científicos, quince minutos antes de iniciar un webinar sobre el impacto de las vacunas contra Covid 19. Kennedy acusó a los medios y a las corporaciones tecnológicas de “imponer una censura totalitaria para impedir una discusión pública y seria basada en información científica intachable” (zerohedge.com 13 2 2021). También denunció a Bill Gates, por presentarse como defensor del clima y de la salud, al mismo tiempo que maximiza ganancias como accionista controlante en grandes monopolios que contaminan el medio ambiente y destruyen la salud (childrenshealthdefense.org 4 2 2021).

Esta visión sobre Gates es compartida por otras organizaciones que han formado un frente con el objetivo de frenar el creciente poder del Foro Económico Mundial sobre los organismos multilaterales. Acusan al Foro de imponer un modelo de gobernabilidad social centrado en un grupo de mega monopolios que busca maximizar ganancias y no rinde cuentas ante nadie. Consideran que la dirección de las organizaciones creadas para combatir la pandemia en el mundo, entre ellas COVAX, es dominada por miembros del Foro y de las corporaciones farmacéuticas, tecnológicas y financieras, mientras la Organización Mundial de la Salud ha sido relegada a un rol menor (nakedcapitalism.com 17 2 2021).

Estos conflictos condensan una realidad muy alejada de lo que exponentes del neoliberalismo anticipaban al estallar la pandemia. Por ese entonces, Henry Kissinger, el Financial Times y otros dirigentes y organizaciones advertían sobre la urgente necesidad de devolver fortaleza a los países “que presentan enormes vulnerabilidades luego de cuatro décadas de políticas públicas que será necesario revertir” (ft.com 3 4 2020). Todo parecía indicar que la pandemia había abierto el camino para una mayor intervención del Estado en la salud y en la economía. Hoy esto es cada vez mas difícil.

 

Crisis sistémica : cuestionamientos inesperados.

Biden considera que es necesario inyectar financiación de un modo masivo con el objetivo de reactivar el consumo. Este será el dínamo de la economía. Paralelamente, Janet Yellen, la nueva secretaria del Tesoro, considera que la deuda es un problema serio, pero ahora “con las tasas de interés tan bajas lo mas inteligente es actuar en grande” (zerohedge.com 22 1 2021), y para ello propone una prolongación de las políticas aplicadas desde 2008.

Estas políticas salvaron a los grandes deudores con facilitación monetaria a tasas cercanas a cero (quantitative easing, QE). Si esto ocurre, las consecuencias serán las mismas: un aumento de la brecha existente entre el crecimiento de la deuda y la economía real y más especulación financiera. Hoy la Reserva no puede aumentar las tasas de interés para enfrentar la recesión, como hiciera Paul Volcker en los ’80s, pues detonaría la bomba de la deuda que viene creciendo exponencialmente desde hace décadas. Fuga entonces hacia adelante a lo “grande”, contrayendo más deuda “barata”. En consecuencia cada vez se necesitan más dólares de deuda para generar 1 dólar de crecimiento económico mientras la especulación financiera se vuelve imparable y la sociedad se polariza cada vez más. Aparecen entonces fenómenos inesperados.

La especulación con distintos activos incluidas las criptomonedas está a la orden del día y la “revuelta populista” liderada por los pequeños inversores agrupados en el wallstreetbets y dirigida contra los fondos de inversión, que hemos analizado recientemente, parece desplazarse hacia el mercado de la plata. Por estos días, dos grandes fondos de inversión, los principales entre los que controlan el 85% del metal depositado en bóvedas en Londres, alertaron sobre el “peligro de una campaña on line dirigida a perjudicar a los fondos de inversión y grandes bancos… ahora fogonea a los pequeños inversores para que compren acciones de los ETFs en el mercado de la plata con el objetivo intencional de aumentar los precios del metal” ( ETF:exchanged traded funds, artefactos financieros complejos con múltiples activos que siguen el comportamiento de un índice). Advierten “sobre el peligro de esta situación ya que la demanda supera por mucho a las existencias del metal” ( zerohedge.com 14 y 17 2 2021). Esta advertencia sombría se suma a los señalamientos sobre el enorme riesgo que corrió el sistema financiero como consecuencia de la revuelta liderada por wallstreetbets. De haberse prolongado un poco más en el tiempo habría perjudicado a los bancos, desatando así una crisis financiera de mayor envergadura que la de 2008 (bloomberg.com 18 2 2021).

Por otra parte, la venta masiva de Letras del Tesoro norteamericano por parte de Rusia y otros países y la generalización del uso de criptomonedas contribuye a la incertidumbre sobre el futuro del dólar. Grandes magnates y corporaciones han anunciado fuertes inversiones en bitcoin y otras criptomonedas. Asimismo, mientras Facebook y Amazon, anuncian el lanzamiento de sus cripto monedas, China – el primer país en lanzarla- avanza en la integración de su criptomoneda en las transacciones entre bancos y monopolios tecnológicos. Por otra parte, el intercambio en yuanes y otras monedas, ha adquirido gran impulso con la reciente conformación de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que hoy absorbe 30% del comercio mundial.

 

FMI, corporaciones, inflación y proyecto de país

Esta semana la Secretaria de Comercio imputó a 11 grandes firmas proveedoras de bienes de consumo masivo por provocar subidas de precios desabasteciendo a los supermercados. Entre estas empresas se encuentra AGD, cuyo titular es el Presidente de la UIA, uno de los principales gestores del Fideicomiso del Aceite –recientemente integrado por exportadores y productores– con el objetivo de subsidiar el precio de este bien en el mercado interno a cambio de exportar sin limites y sin pagar retenciones. Esta sería la gran contribución del sector a “la mesa de los argentinos».

Ahora se descubre que mientras articulaban este Acuerdo, desabastecían sotto voce. Esta exhibición de “grandeza” seguramente explica la ira, del representante de Copal, la industria alimenticia, quien echando fuego por las narices acusó al gobierno de romper el clima de confianza al que se había llegado la semana pasada, cuando un grupo de grandes empresarios reunidos con el Ministro de Economía lo aplaudió “cálidamente” luego de que este explicase serenamente como todo dependía de la macroeconomía. Ahora la elusiva macro, se concreta en la figura del embozado asaltante que hurga despiadamente en los bolsillos de los pobres e incautos argentinos.

Sin embargo, hay algo más. La aplicación de la ley de abastecimiento trasciende el control de precios y apunta al corazón del problema central: el proyecto de un país primarizado cuya función principal es la de producir un flujo creciente de excedente, ganancias y rentas de todo tipo que, al compás del endeudamiento ilimitado, será acaparado por el puñado de mega monopolios que concentran el poder y la riqueza en el mundo actual. A esto último lleva la propuesta del Consejo Agroindustrial, y de todos aquellos que, con las mejores intenciones, predican por una reactivación de la producción centrada en el crecimiento de las exportaciones primarias y de las agroindustriales. Desde esa perspectiva, el impulso a las exportaciones permitiría crecer al mismo tiempo que se juntan las divisas necesarias para saldar una deuda externa, brutal e ilegítimamente contraída. Desde nuestra perspectiva, esta estrategia primariza al país y atornilla el endeudamiento ilimitado, fenómeno que es la antítesis de un desarrollo con inclusión social. Para lograr esto último, hay que desarticular el control monopólico existente en áreas estratégicas de nuestra economía. Esto implica regulaciones y control efectivo de los precios engarzados dentro de una estrategia que prioriza el desarrollo del mercado interno asignando inmediatamente créditos y subsidios destinados a impulsar empresas cooperativas que absorban mano de obra, descentralicen y federalicen la producción industrial y agropecuaria.

Esto es la antítesis de lo que buscan tanto el FMI como nuestros acreedores y los grandes monopolios locales. De ahí que esta semana los acreedores –agrupados en el Grupo Ad Hoc de Tenedores de bonos del Canje de la Argentina– advirtieran al gobierno que: “la Argentina necesita desesperadamente un Acuerdo con el FMI. Ya que este es la única fuente probable de anclajes políticos y un marco creíble a mediano plazo que pueda aportar estabilidad” (ámbito.com 18 2 2021). Acusan al gobierno de retrasar este Acuerdo, “para tener la libertad de continuar sus políticas insostenibles aun mas tiempo. Con las reservas ya en niveles peligrosamente bajos tal estrategia equivale a una apuesta temeraria”. Las políticas que cuestionan son: las limitaciones a las exportaciones de cereales, intervenciones en sus mercados, controles de precios, congelación de tarifas y racionamiento al acceso de divisas. La situación catastrófica de las reservas del BCRA permite presionar para cerrar rápidamente un acuerdo con el FMI, única garantía de que se conformen los “anclajes políticos” que aseguran la primarización del país y el endeudamiento ilimitado.

Esta semana también se conocieron incidentes de contrabando de cereales a través de las fronteras. Esta gota en un océano muestra la necesidad de controlar efectivamente las cantidades que se exportan y las divisas que se liquidan, algo que, además de involucrar a distintas reparticiones del Estado,  implica el control estatal de los puertos privados y de la hidrovía por la que circulan las exportaciones del país. Un acto elemental de soberanía nacional.

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