PANTALEON CUMPLE 100 AÑOS

La música que escuché mientras escribía

 

El jueves se cumplirán 48 años de la elección de Héctor Cámpora como Presidente a la salida de una cruel dictadura y 100 del nacimiento en Mar del Plata de Astor Piazzolla, dos nombres difíciles de compatibilizar pero que sin embargo expresan profundas corrientes políticas y culturales de la Nación que somos. Presidente de la Cámara de Diputados durante el primer peronismo y muy allegado a Evita, designado por Perón para las elecciones de 1973 como forma de romper la proscripción de su propia candidatura, de relación demasiado íntima con Montoneros para el gusto de Perón, Cámpora gobernó menos de dos meses y sin embargo dejó una huella profunda.

Como una parte significativa de la sociedad, Pantaleón aborreció los modales de ese gobierno cuyas políticas beneficiaron a la clase media de la que formaba parte. Y cada vez que gobernó el peronismo hizo la de Manuelita. La primera vez para estudiar con Nadia Boulanger, que le abrió un mundo, no tanto por la técnica que le transmitió sino porque lo guió para encontrar su identidad musical. Pantaleón quería ser un músico clásico, Nadia lo estimuló a partir del tango de Buenos Aires, una de sus raíces. Otra fue el jazz, que mamó en su infancia en los barrios bravos de Nueva York, donde se instaló Nonino. Feliz coincidencia, más allá de las especificidades de cada una, hay pocas ciudades de semejante intensidad en el mundo. La segunda vez, se asentó en Roma.

Pantaleón volvió casi al mismo tiempo de la caída de Perón y comenzó una revolución musical, con su quinteto Nuevo Tango y su Octeto Buenos Aires. Era un tango abstracto, inesperado, que no se canta ni se baila. Buenos Aires era otra, y el tango también acompañó ese cambio. Aquí tenés un mix del Piazzolla inmediatamente anterior y del octeto rupturista. Cámpora estaba preso en el penal de Ushuaia, del que se escapó hacia Chile junto con John Cooke y otros dirigentes peronistas perseguidos. Estos sonidos extraordinarios coinciden con los años del bombardeo a la Plaza de Mayo, con los fusilamientos del ’56, con la resistencia obrera y popular. Así son las contradicciones de una sociedad tan compleja.

 

 

 

Hace poco más de un año te mencioné el libro Tango y política, Sexo, moral burguesa y revolución en la Argentina. La tesis de su autor, el doctor en ciencias sociales Gustavo Varela, es que el tango es un producto social, que no puede entenderse sin conocer el país que lo produjo y el rol que esa música cumplió en cada época para la formación de la identidad y la cohesión nacionales.

Varela fija tres periodos claramente diferenciados:

  1. la década de 1880, con la formación del Estado argentino moderno. Su sede es el prostíbulo.
  2. El segundo periodo comienza en 1916, y su lugar es la escuela.
  3. La tercera etapa se inicia en 1955, el año en que fue derrocado Perón y en que Astor Piazzolla presentó su revolucionario Octeto Buenos Aires.

El manifiesto con que Piazzolla acompañó el lanzamiento decía que el nuevo tango no era para cantar, salvo excepciones (que él se permitió a lo grande y que le dieron la popularidad que anhelaba, con Chiquilín de Bachín y Balada para un loco) ni para bailar. Julio Sosa dijo que le resultaba tan incomprensible como Picasso y Dalí. Nunca mejor homenaje que el de un tonto presuntuoso.

Astor crece como músico en los años que median entre los dos peronismos: los de la dictadura de Aramburu, el fallido intento desarrollista de Frondizi y Frigerio, las dictaduras de Onganía y Lanusse.  Son los del eclipse de Cámpora, hasta que vía sus hijos y sobrinos, lo rescaten del ostracismo Perón y una nueva generación de militantes.

Los años del regreso de Cámpora, Perón y la JP al poder, como culminación de una insistente lucha popular, son los de la internacionalización irreversible de Pantaleón, reconocido como una de las figuras centrales de la música del siglo XX. El Libertango popularizado por la torre humana Grace Jones, que no es un androide ni fue creada con Inteligencia Artificial, aunque lo parezca. Créase o no, esta versión tiene ya 37 años.

 

 

 

 

Su encuentro cumbre con Gerry Mulligan en Milán en 1975, donde todos los temas son de Astor, salvo uno que el creador del cool jazz le dedica, Aires de Buenos Aires; la suite troileana, escrita y grabada en Roma bajo la conmoción de la prematura muerte del Gordo; el dúo con el vibrafonista Gary Burton ya durante el gobierno de Alfonsín.

 

 

 

 

En 1988, Fernando Solanas le pidió que escribiera la música para el tango de su película Sur, sobre una bella letra del propio Pino. Coincidió con la debacle del alfonsinismo y el regreso de un peronismo distinto, neoliberal, donde el almirante Rojas tenía un sitio más prominente que Cámpora.

 

 

 

 

Hay un sitio oficial con todas las actividades por el centenario, que incluyen una función presencial en  el Colón. Y también hay unas líneas demoledoras, posteadas por el crítico Diego Fisherman:

  • «No debería importarme. Y, con certeza, me convendría mucho más no meterme donde no me llaman. Pero los escorpiones y yo tenemos nuestra naturaleza. Y entonces no puedo sino azorarme de que, habiendo tanta música por ordenar y por sacar a la luz, cierta página más o menos oficial dedicada al centenario del nacimiento de Astor Piazzolla incluya conversaciones, anécdotas y opiniones de otros pero nada de música. Sin ir más lejos el INAMU tiene una grabación inédita del Octeto, realizada por el sello TK, que no aparece en ningún listado ni catálogo, y las grabaciones del bandoneonista junto con la cantante María de La Fuente permanecen inéditas desde su única edición en 1950. Pero, además, las opiniones de «grandes músicos». Qué provincianismo. Al Di Meola o el guitarrista de Megadeth diciendo que Piazzolla, que estaba (y estará) mucho más alto que ellos en cualquier consideración posible, era un genio es equivalente a cuando la revista Para Tí, a raíz de su muerte, opinó sobre Jean-Paul Sartre (en esa ocasión en contra pero la desmesura es la misma). ¿Quieren homenajear a Piazzolla? ¿Se sienten en deuda con el ancestro que aun les da de comer? Hagan una página donde esté toda su discografía ordenada y accesible y, por si a alguien le interesa, con datos acerca de los registros y de sus períodos estilísticos precisos».
Diego sabe más que yo de esas cosas. Yo sólo amo a Pantaleón, desde el reportaje que le hice a mis 15 años para una revista escolar, pasando por las madrugadas en 676, con el violín de Jaime Gosis, que había sido amigo de infancia de mi papá, el piano de Atilio Stampone, el cello del tano Bragato y la guitarra de mi querido amigo Oscar López Ruiz,  y Jamaica, donde se mezclaba hasta el amanecer con los jazzeros: el Mono Villegas, Titín Giacobbe, Sergio Mihanovich, el infaltable Negro González.

Si tenés Flow, no te pierdas Los años del tiburón, el extraordinario documental que dirigió Daniel Rosenfeldt, y que podés ver desde acá. Combina en dosis perfectas goce y melancolía.

El Tío murió en el exilio mexicano, en diciembre de 1980. Pantaleón fue abatido diez años después por un derrame cerebral en París, y traído a Buenos Aires, donde agonizó dos años antes de morir, en 1992. Pocas veces mejor dicho que, como la Evita del relato oficial, entró en la inmortalidad.

 

 

 

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