Pantaleón en la cumbre

Gracias por tanta belleza en medio de semejante horror.

 

Hace poco te propuse escuchar la suite troileana, que Pantaleón escribió en Italia conmovido al saber que había muerto Pichuco. Corría el horrendo año 1975.

Un año antes de la suite troileana, Pantaleón grabó en Milán con Gerry Mulligan esta Reunión Cumbre. No me parece su mejor obra y en algún sentido hasta podría considerarse una involución que, no por casualidad, coincidió con su gran éxito internacional. Esto de ninguna manera implica menoscabar la calidad de una obra bellísima. Sólo consignar que es un Piazzolla más simple, y que la melodía asume un rol preponderante.

Ese rumbo se había abierto en 1969, en Buenos Aires, cuando grabó Chiquilín de Bachín y Balada para un loco. Astor quería ser popular, que su obra llegara a un público masivo, cosa que le había sido esquiva con sus formaciones más innovadoras, por la resistencia a lo nuevo y complejo que proponía.

Claro que no es lo mismo asociarse con Amelita Baltar y Horacio Ferrer que con Gerry Mulligan. Astor tenía seis años más y ambos habían pasado la infancia en Nueva York, pero el saxo barítono de Mulligan ya tenía una resonancia universal, desde que siendo un veinteañero acompañó a Miles Davis en la invención del cool jazz, en 1949. Piazzolla recién dejaba de acompañar a Fiorentino, empezaba a componer y formaba su primera orquesta revolucionaria.

Un cuarto siglo después la historia era otra. En 1974 Piazzolla dejó una Argentina invivible y se instaló en Milán. Allí ambos se encontraron como pares y acordaron esta grabación, con  Pocho Gatti al piano y un conjunto de músicos italianos en percusión, bajo y guitarra eléctricos, marimba, violín, viola y cello. Un indicio de la talla mundial que había alcanzado el argentino es que todos los temas del disco son suyos, incluyendo el bellísimo Años de Soledad, salvo uno, que compuso Mulligan con el sugestivo título de Aires de Buenos Aires.

Perdoname si me repito pero estas notas salen de un tirón sin verificar nada con el archivo. Tal vez ya te dije cuánto me impresiona el contraste entre los recuerdos personales y las otras cosas que ocurrían sin que me enterara o las valorara. Cuatro meses antes había muerto Perón, comenzaban los asesinatos de la Triple A y el inexorable descenso hacia los espantos de la dictadura.

Gracias Pantaleón por tanta belleza en medio de semejante horror.

 

 

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