PARA ARMAR AL TARTA BARRAZA

La desaparición de Felipe Vallese en 1962 y le costó la vida al periodista polimorfo que, un año después, la descifró

 

El cuerpo de Pedro Leopoldo Barraza apareció con veinticinco impactos de bala en un descampado de Villa Soldati, a la vera del arroyo Cildañez, el 13 de octubre de 1974. A su lado, Carlos Ernesto Laham, con cincuenta y cinco balazos. Eran pareja. El asesinato fue perpetrado por la Triple A. Tenían 36 y 21 años, respectivamente.

El fascismo parapolicial lopezrreguista se cobraba una antigua cuenta. En la prensa semiclandestina peronista, once años antes Barraza (Buenos Aires, 1938) había denunciado a quienes, el 2 de agosto de 1962, secuestraron, torturaron y desaparecieron a Felipe Vallese, obrero metalúrgico y dirigente de la Juventud Peronista en la Resistencia. También, en 1971, en el diario La Opinión, había dado a conocer —en una nota pletórica de ironía— el libro Astrología Esotérica de José López Rega, secretario privado de Juan Domingo Perón, luego ministro de Bienestar Social y creador de la Alianza Anticomunista Argentina.

Personaje oscurecido por el fárrago criminal desatado a partir de entonces, se le adeuda a Pedro Barraza una historia de vida que comprenda las tan diversas como superpuestas instancias de una experiencia que abarcó un fuerte compromiso militante tanto con el peronismo como con los derechos homosexuales y una injerencia profunda en la vida cultural. Un comienzo alentador de esa tarea se hace presente en el conciso mas contundente trabajo de Pablo Waisberg (Buenos Aires, 1974), cuyo adelanto oportunamente fuera brindado por El Cohete a la Luna: /www.elcohetealaluna.com/la-historia-amor-revolucionario/

 

Pablo Waisberg.

 

Merecidamente publicado por el Colectivo de Trabajadores de Prensa en la colección que rescata hitos del periodismo local, Operación Vallese alterna tres planos de lectura, nunca en sucesión ordinal sino de contenidos que se superponen y atraviesan mutuamente. En conjunto elaboran una historia colectiva capaz de anudar factores habitualmente dispersos. Por lo pronto –aunque hacia el final del volumen— figura la investigación que Barraza diera a la luz entre el 12 de febrero y el 23 de julio de 1963 en los periódicos 18 de Marzo y Compañero. Redactados al fragor de la lucha, con pasión militante y al vertiginoso ritmo de la máquina de escribir, aquellas notas reproducen el lenguaje de época tanto como la estética de un periodismo singular, donde se privilegiaba el cuidado de la verdad por encima de la prolijidad propia del corrector que filtra los pifios de tipeo al linotipista.

Sobre este factor opera una ética que ya había horadado a fuego las pautas de construcción de la investigación periodística: “Será una tarea difícil; peligrosa quizá: no importa (Operación Masacre de Rodolfo Walsh marcó el camino a seguir)”, subraya Barraza al anunciar la serie. La obra magna de Walsh había aparecido por primera vez en 1957, seis años antes.

Esa arbitraria asociación de una supuesta cultura gay unívoca y dedicada a la frivolidad, desfasada de la política y de la construcción cultural, en compartimentos estancos, resulta un engendro ideológico post dictatorial que no se condice con lo que ocurría en aquellos tiempos. Si bien primaba una fuerte naturalización machista y patriarcal, esa misma pacatería engendraba paradojalmente un pudor por el cual a nadie definía lo qué hacía cada quien con lo que portaba entre el ombligo y las rodillas, frente y dorso. De manera que personajes como Barraza podían fundar el Frente de Liberación Homosexual luego de haber participado en forma activa en la resistencia. Según relata Horacio Verbitsky en Vida de Perro ( https://www.elcohetealaluna.com/un-perro-con-mas-vidas-que-ese-gato/ ), Barraza pertenecía, con Osvaldo Lamborghini, Horacio Eichelbaum y Osvaldo Agosto, al grupo que se afanó el sable corvo de San Martín del Museo Histórico Nacional. También quien junto al director de El Cohete redactaban hacia 1964 parte de las cartas que Andrés Framini le enviaba a Perón; o era amigo de Joe Baxter y el grupo fundador de Montoneros. Quien podía organizar una pintada de Perón Vuelve a la mañana y un happening a la noche, al modo de lo que ocurría en el Instituto Di Tella. Para todo ellos era El Tarta, obviamente por un eventual tartamudeo que en absoluto le amedrentaba en la charla y misteriosamente cesaba a la hora de imitar políticos y artistas.

Entrañable, alegre, querible amiguero, Pedro Leopoldo Barraza es una historia en si misma y esa es la que explaya Waisberg en su primera aproximación a los hechos, en la que está presente el barrio, la familia, la profesión del trabajador del teclado que tanto le apasionaba. Ese riesgoso oficio que pendula de la denuncia de los asesinos de Vallese a la advertencia en forma de mofa que constituye la nota sobre la psicótica propensión de López Rega a la astrología. La tragedia del asesinato junto a Carlos, su pareja, agrega a la función social una historia de amor que el prólogo –y sólo el prólogo— de Carlos del Frade instala en un lugar central, en el afán de “ir mucho más allá de las consignas por más repetición de la palabra revolución que contengan”. Relato que Waisberg incorpora con el testimonio de conocidos y familiares de ambos, en un paralelo estatuto con la producción periodística y la participación en la historia política. Alternativas no siempre semejantes que el lector sabrá sopesar a medida que avance, de acuerdo al privilegio de sus prioridades.

 

 

FICHA TÉCNICA

Operación Vallese – Barraza, el hombre detrás de la historia

 

 

 

 

 

 

Pablo Waisberg

Buenos Aires, 2018

104 páginas

1 comentario
  1. Eduardo Javier dice

    Intrigante, ya que hace unos cuatro años atrás vi un documental los “Putos Peronistas” donde se muestra ese espacio de tolerancia. Como profe de historia sabía lo de Vallese pero desconocía quien lo difundió y su vida. Bueno un incentivo para entrarle en su lectura.

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