Paridad en las listas

Una oportunidad para avanzar en la equidad de género en el ámbito legislativo

A menos de una semana del cierre de listas, el país se prepara para su segunda elección en la historia desde la entrada en vigencia de la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política. Se trata de una nueva oportunidad para consolidar la participación de las mujeres y otras identidades en la arena política legislativa. En buena parte esto dependerá de cómo se conformarán las listas, quienes las encabecen –sobre todo, en las provincias con menos representantes– y de cuán polarizada sea la elección. Aunque ya se revelaron varios nombres de las candidatas que irán en los primeros lugares –impensado hace una década, cuando eran ocupados casi en su totalidad por hombres– la paridad de representantes en el Congreso podría tener que esperar algunas elecciones más para por fin concretarse.

El objetivo primordial de la Ley de Paridad número 27.412 es garantizar la igualdad de género en los órganos legislativos. Para ello exige incluir en las listas de candidatos un cincuenta por ciento de personas del género femenino y masculino en forma alternada y secuencial por binomios (varón-mujer o mujer-varón). La iniciativa fue presentada por la entonces senadora peronista de Jujuy Liliana Fellner y aprobada por la Cámara Alta el 19 de octubre de 2016. Un año más tarde, en noviembre de 2017, cuando estaba por perder su estado parlamentario, la ex diputada Victoria Donda propuso que fuera tratada sobre tablas y obtuvo su sanción por una amplia mayoría.

Su implementación llegó recién en 2019, cuando se renovó la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Como resultado de la elección, la Cámara Baja quedó conformada por 106 mujeres, un 41,2 por ciento del total, y hubo un aumento de casi 3 puntos porcentuales en comparación con la conformación anterior (2017-2019). En tanto, en el Senado fueron electas 29 mujeres, un 40,3 por ciento. La composición fue prácticamente igual a la que ya tenía. Así permanecerán hasta la asunción de los nuevos legisladores elegidos este año.

Para la ex diputada y fundadora del colectivo Ojo Paritario –que monitorea y controla el cumplimiento de la Ley de Paridad–, Marcela Durrieu, la ley vigente tiene como mayor problema el “mandato de reemplazo”, que se realiza según el género. Cuando de alguna de las Cámaras se va una mujer, tiene que entrar una mujer, y cuando sale un hombre, debe ingresar un hombre. La regla funciona bien en el Senado porque en cada elección se ocupan dos bancas de la lista ganadora y se garantiza la paridad, pero no así en Diputados, en donde los representantes son más. “Cada vez que, por ejemplo, hay cambios de gobierno, son los varones los que suelen irse a formar parte de los ejecutivos, tanto nacional como provincial y municipal, y son siempre reemplazados por otros varones. Entonces, puede darse la situación de que el varón que estaba número 24 en la lista asuma salteando un montón de mujeres que estaban más arriba”, explicó la ex diputada a El Cohete a la Luna.

 

Virgina Franganillo y Marcela Durrieu, de Ojo Paritario.

 

En vista de que la regla de los reemplazos complica la paridad, los diputados del Frente de Todos Máximo Kirchner y Cristina Álvarez Rodríguez presentaron en 2020 un proyecto que plantea que en caso de renuncias de diputados asuman mujeres hasta que conformen la mitad de la Cámara. La iniciativa espera ser tratada y no podrá aplicarse aún.

Otro inconveniente para la paridad aparece cuando los primeros lugares de las listas están ocupados por hombres. Si se eligen pocos cargos, serán electas menos mujeres. Además, si es mayor la cantidad de partidos que obtienen un porcentaje importante de votos, las bancas se distribuyen entre más agrupaciones y las mujeres tienen menos chances de formar parte del cuerpo legislativo.

Victoria Tesoriero, subsecretaria de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, señaló que “la paridad es nuestro piso y el mínimo que nos corresponde por el aporte que hacemos las mujeres en los partidos, las organizaciones sociales y la política y sociedad en general”. La funcionaria resaltó que la gran participación femenina en los ámbitos políticos no se ve representada en los cargos jerárquicos de los tres poderes del Estado porque existe “una superestructura política” que “reproduce la lógica masculina”. Al respecto, agregó: “En los cierres de listas nos cansamos de escuchar que no hay mujeres, y eso es algo que hay que poner en discusión. ¿Cómo no va a haber mujeres si en las organizaciones somos mayoría? ¿Qué pasa en el medio? ¿Cuáles son las dificultades que enfrentamos en los lugares de discusión de poder? ¿Qué pasa con la violencia política?”.

 

Para Victoria Tesoriero, la paridad es el piso que le corresponde a las mujeres en el ámbito político.

 

Camino a la paridad

La Argentina tiene una vasta historia de participación femenina en política, con grandes referentas y con experiencias pioneras en la región y en el mundo, como es la sanción de la ley de cupo femenino, sancionada en 1991. Es el antecedente más directo de la paridad. Establecía un piso mínimo del 30 por ciento de candidatas en las listas para cargos electivos nacionales. Durrieu, quien fue una de las pocas mujeres que votó esa ley, contó que la aprobación en los ’90 se logró por la unión de las legisladoras de las distintas fuerzas políticas. “Era absolutamente imposible, por la correlación de fuerzas, si no nos juntábamos y hacíamos que ese reclamo fuera transversal a todos los partidos políticos”, explicó.

Hasta ese entonces, sólo el 5% de las bancas del Congreso eran ocupadas por mujeres. Así comienzan a incorporarse como cuadros políticos, y para cuando se sanciona la ley de paridad, se había logrado romper el techo de la ley de cupo. Con esa ley entraron políticas como Cristina Fernández de Kirchner, Elisa Carrió, Patricia Bullrich o Myriam Bregman. “Si hubiera más independencia política, las mujeres solas podrían lograr hoy el quórum y seguir votando leyes que impliquen a todas, como fue la del aborto”, remarcó Durrieu.

 

En las provincias

El cumplimiento de la paridad resulta más difícil en las legislaturas provinciales, en donde también se renuevan bancas este año. En promedio, las mujeres componen el 33 por ciento del total de las cámaras de Diputados y un 24 por ciento de los Senados provinciales. Pese a que sólo tres provincias (Corrientes, Tucumán y Tierra del Fuego) aún no cuentan con una ley provincial, existen casos como el de Salta, que tiene ley de paridad, pero en su Senado provincial hay sólo una mujer, o Catamarca, en donde no hay ninguna.

La vinculación entre las leyes de paridad y los sistemas electorales provinciales, que muchas veces están incluidos en la Constitución provincial, generan trabas para la equidad. En Formosa, La Rioja y Santa Cruz, donde todavía funciona la Ley de Lemas, los resultados de la última elección muestran que hubo menos mujeres electas.

Por otro lado, en aquellas provincias cuyo ámbito legislativo está dividido en dos cámaras, los porcentajes de legisladoras, en particular de senadoras, son mucho menores.

La provincia de Buenos Aires, el distrito más grande del país y que cuenta con mayores representantes, tiene una legislatura bicameral. En las últimas dos elecciones dobló la participación de mujeres y se espera que alcancen el cincuenta por ciento este año. La razón es que en territorio bonaerense rige desde 2016 una ley de paridad, aplicada por primera vez en las elecciones de medio término de 2017. Actualmente las mujeres son el 48 por ciento en Diputados y un 43 por ciento en Senadores. La ley provincial no fija que los reemplazos se tienen que hacer por género, lo que beneficia a la equidad.

En 2020, muchas provincias avanzaron en leyes de paridad en cargos legislativos provinciales. Santa Fe y Entre Ríos alcanzaron legislaciones más amplias, llegando a la paridad en los tres poderes del Estado. Tanto Durrieu como Tesoriero coincidieron que debe tomarse esas experiencias como camino a seguir, para el resto del país.

 

La campaña por la paridad de género en Santa Fe.

 

Según un informe realizado por la subsecretaría a cargo de Tesoriero, la mayor participación de mujeres en los últimos años en el ámbito legislativo no se traslada a los cargos ejecutivos ni al poder judicial. “Al techo de cristal en el acceso a esos cargos, se suma la exclusión de las mujeres que se da de manera previa: por la afectación a tareas de cuidado, por las lógicas políticas masculinizadas, por la discriminación que sufrimos en todos los ámbitos, las situaciones de violencia política que desaniman a seguir participando y con lo que todavía le cuesta a nuestra sociedad ver a mujeres en espacios de poder y decisión. Hay lógicas, hasta institucionales, que nos juegan en contra y con las que hay que lidiar todos los días para transformar”, destacó.

 

Feministas en las listas

Ojo Paritario lanzó una campaña en 2019, que continúa en las elecciones de este año, con la consigna “Feministas en las listas”. La representante del colectivo aclaró que “no les da lo mismo que cualquier mujer se incorpore a las listas”, pero alertó que “todavía no tenemos poder para imponer nuestras candidatas, entre otras cosas, porque muchas de nuestras legisladoras son muy dependientes del poder territorial del gobernador”. Consideró que el poder sigue siendo masculino, pero que “a medida que se incorporan, aumentan la cantidad de leyes en favor de la equidad”.

Para Tesoriero, es fundamental una democracia paritaria que además “avance en cómo es la participación de las mujeres, en qué espacios de gestión se desarrollan, qué agendas tienen, qué presupuesto, cuáles son las dificultades para aumentar su participación, cómo se manejan los recursos para apoyar a un candidato o a una candidata”.

La idea no es entonces contar mujeres, sino generar medidas que modifiquen su participación. “Nuestra visión tiene un impacto concreto en las políticas públicas, en la construcción de un país más igualitario y debe estar representada”, señaló la funcionaria.

Las elecciones de noviembre son así una nueva oportunidad para achicar la desigualdad en el ámbito político y garantizar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. En buena parte, esto dependerá de quiénes encabecen las listas, de qué tan dividido se encuentre el voto entre las distintas fuerzas políticas y de las leyes y el sistema electoral de cada provincia.

 

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