Patriotas de otros

El embajador Sersale busca agradar a un superior que no se preocupa por el interés nacional

 

En 1821, preocupado por las ideas universalistas de la Revolución Francesa, el renombrado diplomático conservador británico George Canning acuñó una de sus frases más reconocidas: “Un constante patriota del mundo todo es un amigo de cada país, excepto del suyo”.

El insólito tweet del embajador Carlos Sersale del 14 de diciembre pasado en el que reconocía como máximas autoridades de las islas Malvinas al gobierno impuesto por la potencia colonial usurpante es inescindible del llamado “Acuerdo Foradori-Duncan” de septiembre de 2016.

 

Las islas usurpadas por Gran Bretaña

 

Ambos fueron protagonizados por diplomáticos de carrera, lucen favorables y cándidos respecto a la posición ilegítima del Reino Unido en Malvinas e inexplicables bajo el prisma de la defensa del interés nacional. De manera que resulta inevitable preguntarse qué motiva este tipo de comportamiento. El hecho de que sus protagonistas sean diplomáticos de carrera llama la atención, ya que no deberían ser neófitos o improvisados respecto a qué se puede decir y qué no en relación a la cuestión Malvinas. De manera que uno se ve obligado a ensayar hipótesis que van desde poner en duda la capacidad profesional que adquieren nuestros diplomáticos en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación –y en su práctica profesional cotidiana– o bien cuestionar si este comportamiento inefable y desviado tiene por móvil promover el agrado de un superior que pueda ulteriormente facilitar alguna forma de promoción profesional.

 

Carlos «Roca» Foradori y Alan «Runciman’ Duncan

 

Como asesor legislativo me tocó, en septiembre de 2016, ser testigo de las dos reuniones de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados en la que se discutió el “Acuerdo Foradori-Duncan” con el Reino Unido. De las versiones taquigráficas surge claramente que ningún legislador defendió dicho acuerdo (https://www.hcdn.gob.ar/comisiones/permanentes/creyculto/reuniones/vt/vtcom.html?id=3500). Bueno, en rigor de verdad hubo una sola excepción. Como era previsible, todos los bloques opositores se manifestaron en muy duros términos. En el interbloque Cambiemos prefirieron bajarle el precio al asunto: “Se trata de una declaración conjunta que hicieron en la Cancillería con la Cancillería de Reino Unido, pero no de un acuerdo ni de un tratado” dijo Mario Negri en aquella ocasión. El único legislador que parecía cómodo con el acuerdo fue Eduardo Amadeo, para quién “lo importante es plantear un paradigma nuevo, y el nuevo paradigma es que el diálogo es mejor que el enfrentamiento”.

 

Diputado Amadeo: Volvé Winnie Pooh, te perdonamos

 

Una semana después asistió ante esa misma Comisión parlamentaria el propio Foradori para tratar de explicar lo inexplicable. Impreciso y dubitativo, el vicecanciller tuvo que soportar el cuestionamiento de muchísimos diputados e inclusive que la diputada Elisa Carrió lo mandara a callar y le solicitara que no dijera más estupideces (sic, https://www.hcdn.gob.ar/comisiones/permanentes/creyculto/reuniones/vt/vtcom.html?id=1001).

 

Diputada Carrió: no diga más estupideces

 

Respecto a las manifestaciones del embajador Sersale, el 18 de diciembre la Cámara de Diputados sancionó un Proyecto de Declaración censurando sus expresiones. Obviamente esto incluyó a los diputados del Interbloque Cambiemos y nuevamente la diputada Carrió tuvo una posición muy crítica y agresiva con su propio gobierno, solicitando inclusive la comparecencia del Canciller Faurie.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué el Poder Ejecutivo opera de manera tan disfuncional a los intereses de la República Argentina? ¿Por qué la Cancillería firma un acuerdo que propone “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”? ¿Por qué para nuestro embajador ante el Reino Unido la máxima autoridad de las islas Malvinas es el gobernador designado por su majestad Isabel II y no la gobernadora Rosana Bertone?

 

Gobernadora Bertone, la máxima autoridad

 

Si lo que se pretende es “empujar” a los británicos al diálogo –como pide ampliamente la comunidad internacional– para eventualmente poder ejercer una soberanía plena en Malvinas, no se me ocurre una forma más clara de analizar cualquier iniciativa que aquella que sugirió el entonces diputado Ricardo Alfonsín en esas reuniones de 2016: “No debemos hacer absolutamente nada que pueda reducir los costos, facilitar y resolver la incómoda situación que puede estar atravesando Gran Bretaña por su usurpación de las Malvinas”. En efecto, si queremos sentar a los británicos en una mesa de negociación tenemos que aumentar día a día el costo político y económico de su situación ilegítima e ilegal en el Archipiélago. Pero lo dicho resulta tan elemental y los hechos tan incompatibles con lo elemental, que es inevitable cuestionarse si el gobierno –o parte de él– realmente tiene interés en resolver favorablemente la cuestión Malvinas.

No nos equivoquemos. Nadie puede dudar que el Reino Unido es un referente en materia de políticas públicas en muchas áreas de gobierno. Bien haría el gobierno de Cambiemos en emular la consistencia y eficacia con la que el Foreign Office defiende sus intereses nacionales. Bien harían en analizar y copiar su praxis, procedimientos y estrategias. Pero bien harían en ponerlo en práctica para beneficio de la República Argentina.

 

 

Dr. en Seguridad Internacional. Docente Universidad Nacional de Quilmes

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