PELÍCULAS ESCONDIDAS (9)

Cuando Saer llegó al cine

 

El cortometraje Un acto, realizado en 1962 por Federico Padilla, permanece hasta hoy prácticamente desconocido aunque constituyó la primera versión cinematográfica de una obra de Juan José Saer. El rescate de una copia en 16mm. se debe a la gestión combinada del realizador Patricio Coll, del guionista Jorge Goldenberg y del fotógrafo y preservador Luis Príamo. Los tres tienen un pasado común como alumnos del Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral —también conocido como Escuela Documental de Santa Fe—, donde Saer fue docente. En el corto participaron otros nombres relacionados con el Instituto: Edgardo Pallero, que luego fue un productor y distribuidor clave del cine latinoamericano, Diego Bonacina, fotógrafo, ocasional director y uno de los fundadores del mítico cineclub Liberarte, y Adelqui Camusso, un innovador director de fotografía que quedó a cargo de la dirección del Instituto tras la partida de su fundador Fernando Birri.

No obstante esas presencias, Coll se apresura a aclarar que Un acto es un cortometraje porteño. Su director Federico Padilla (1931-2008) no tuvo relación con la Escuela Documental pero es uno de los eslabones perdidos de la llamada Generación del ’60, ese vasto e informal conjunto de realizadores que constituyeron el primer Nuevo Cine argentino. Hermano de la actriz Haydée Padilla, estudió en la Escuela de Bellas Artes, se especializó en escenografía, trabajó en cine, teatro y televisión y quedó en la memoria de quienes lo conocieron como un profesional de primer nivel en su rubro. A juzgar por Un acto, Padilla también podría haberse destacado cómodamente como director y guionista.

El cuento de Saer se titula El balcón y puede leerse aquí:

 

http://www.lapalabraprecisa.com.ar/-96-el-balc%C3%B3n-por-juan-jos%C3%A9-saer.html

 

Curiosamente, El balcón llegó al cine antes que al libro. Cuando Padilla lo eligió, el cuento estaba aún inédito y tenía otro nombre, Tormenta de verano. Recién en 1965 Saer lo incluyó con su nombre definitivo como parte de su libro Palo y hueso. Es casi seguro que Padilla conoció al escritor a través de Frida Niklas, en cuya casa paraba Saer cuando venía a Buenos Aires. Niklas aparece como continuista de Un acto, era amiga de Haydée Padilla y eventualmente fue la primera esposa de Federico.

 

 

Padilla en el balcón (izq.), ayudante Osvaldo García Conde (der.)

 

 

La transposición concentra el tema aún más que el cuento, elimina la voz de la protagonista y prefiere dar cuenta de su estado de ánimo sólo mediante la imagen y el sonido ambiente. Su cansancio y desilusión se apunta en el rostro de la actriz Zulema Katz, en los tiempos de cada plano y por supuesto en cada elemento de la pieza que habita. Las breves evocaciones del cuento aparecen en el film sin ningún artificio, mediante el uso ingenioso de espejos y de una cámara que se mueve con absoluta precisión narrativa. Lo real, el recuerdo y lo imaginario se confunden en un mismo tono y culminan en una escena de suspenso casi insoportable. Luego hay un alivio, subrayado por la lluvia y una guitarra, pero las últimas tomas, como las últimas frases del cuento, explicitan que esa distensión no alcanza al niño, que interpela perplejo a su madre y también a nosotros.

En 1962 las fuerzas conservadoras del cine argentino acostumbraban atacar toda pulsión independiente y renovadora, replicando lo que pasaba al mismo tiempo en la política. Al margen de la comisión que determinaba las restricciones a la minoridad, el INC exigía una calificación industrial, A o B, para determinar si un film merecía o no los beneficios de la ley de cine vigente, entre los cuales se destacaban premios en efectivo y la obligatoriedad de exhibición. La rémora de la industria del cine tenía colonizada esa instancia y a lo largo de la década calificaron B a films independientes que hoy son imprescindibles: Los de la mesa diez de Simón Feldman, Los inundados de Fernando Birri, La herencia de Ricardo Alventosa y El dependiente de Leonardo Favio, entre varios otros, sufrieron este obstáculo legal con mayor o menor virulencia.

Con esa misma lógica y a pesar de sus evidentes virtudes, Un acto fue considerada B y por lo tanto sólo pudo verse en muestras puntuales organizadas por cineclubes o por el propio Instituto de la UNL. Padilla decidió no insistir, volvió a dedicarse la escenografía y tuvo también una productora de cine publicitario. En 1968 solicitó una recalificación de Un acto como parte de una presentación conjunta con otros cortos que también habían sido segregados por el INC. Todos pasaron a ser A excepto Un acto, que siguió maldito. Padilla entendió el mensaje y nunca más filmó nada propio. Ese mismo año hizo por encargo de Manuel Antín un largometraje titulado Somos los mejores, sobre un libreto de Norberto Aroldi, donde conviven Sergio Renán, Luis Brandoni, Javier Portales, Aníbal Troilo, Dringue Farías y Carlitos Balá. Es un film de intención popular bastante digno pero en las antípodas de las densidades expresivas manifestadas en Un acto. En 1970 Padilla viajó a Brasil para explorar una propuesta laboral y un año más tarde se radicó definitivamente allí con su segunda esposa, María Eva Bottiglieri, para desarrollar una prolongada y exitosa trayectoria como escenógrafo de Rede Globo Televisión. Falleció en Rio de Janeiro en junio de 2008. Ni su hija María ni su hijo Pablo, ambos nacidos en Brasil, supieron hasta ahora que alguna vez había dirigido cine.

 

 

Persistencias

El niño protagonista de Un acto figura en títulos como Alejandro Stivelberg y es el hijo real de la protagonista Zulema Katz con David Stivel, hombre esencial de la televisión argentina. Zulema hizo televisión y teatro, participó en films como Operación: masacre y La Raulito, fue pareja del poeta y militante Paco Urondo y en 1976 se exilió con su hijo en España. Con el nombre Alejo Stivel, el joven llegó a ser una estrella del rock español como vocalista del grupo Tequila. Zulema falleció en agosto de 1996 y Alejo mantiene una muy exitosa carrera como productor y solista hasta la fecha.

La mayor parte de Un acto se rodó en la planta alta de un antiguo edificio situado en el 1419 de la calle Bartolomé Mitre. En las escenas del balcón se puede ver el antiguo Teatro Argentino, que había sido fundado en 1892 y fue incendiado en mayo de 1973 por un grupo de fanáticos obstinados en impedir el anunciado estreno de la obra Jesucristo Superstar. Casi toda esa cuadra de Bartolomé Mitre ha cambiado por completo, pero el edificio donde se hizo el film persiste intacto, con sus balcones.

 

 

 

 

 

UN ACTO (Argentina-1962) dirección y guión: Federico Padilla, sobre cuento de Juan José Saer. Asistente de dirección: Rodolfo Puglia. Ayudante de dirección: Osvaldo García Conde.  Script: Frida Niklas. Fotografía: Adelqui Camusso. Ayudantes de fotografía: José M. Teijido, Diego Bonacina. Foto-fija: Enrique Grimberg. Escenografía: Jorge Vede. Escenotécnico: Armando Sánchez. Música: Leda Valladares. Guitarra: Jorge Panisch. Montaje: Héctor Gazzolo. Títulos: Mario Rodríguez. Elenco: Zulema Katz (la madre), Alejandro Stilverberg (el niño). Dirección de producción: Edgardo Pallero. Colaboración producción: Alberto Parrilla. Producción: Federico Padilla, con subsidio del Instituto Nacional de Cinematografía. 11’.

 

 

 

 

Las fotos del rodaje de UN ACTO se reproducen por gentileza de María Ilke Padilla. Un agradecimiento adicional a Alejandro Sisco, Norberto Cristóbal, Tadeu Catharino. 

 

 

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3 Comentarios
  1. héctor dice

    Te escribo para agradecer tu artículo. Somos un grupo de «adultos mayores», alguno participamos en cursos de análisis cinematográfico que se dictan por intermedio del Pami. En estos tiempos, gracias a la posibilidad de los encuentros virtuales,
    nos hemos seguido reuniendo, compartiendo películas, intercambiando pareceres.
    Tu artículo, mas allá de la fiesta que es encontrar un film tan maravilloso, nos permitió debatir sobre el tema del cine y la literatura.
    Nuevamente, gracias Fernando
    Héctor

  2. Ana Gabriela Camusso dice

    Muy emocionada me encontré con esta película que papá filmó y que nunca pude ver hasta este momento. Me emocioné mucho, y admiré nuevamente su capacidad para construir en forma muy lenta y reflexiva a través de la luz la psicología de los personajes. La actuación de Zulema es maravillosa. Me motiva mucho para leer el cuento de Saer. Y ya que escribo esto quisiera recordar que hay otra filmación –apenas una escena pequeña pero encantadora, tambien inspirada en un cuento de Saer, que papá filmó para Sarquís. El tema es que papá estaba trabajando la idea del super 16 con sonido digital amarrado, como solía decir él. Con esa tecnología Sarquís filmó Facundo, por ejemplo. Pero recuerdo que cuando papá presentó esta tecnología a una grupo de interesados, todos nos juntamos en un lugar y Sarquís hizo una pequeña presentación del proyecto. Y allí ví esa obrita de arte: eran unos pocos minutos pero quedé muy impresionada. Una actriz sobre una amaca se columpiaba, y la escena transcurría así. Muchas gracias!

  3. Alejandro Areal Vélez dice

    ¡Qué hallazgo extraordinario! Desde ese cuarto, sin una palabra, el corto pinta una época y una ciudad que hoy casi no existe. Lo que se mantiene inalterable son las pulsiones, los desencuentros, la desazón de esa mujer…Me pregunto cuantas películas, largas y cortas, deben estar ocultas, perdidas o guardadas, esperando que alguien sepa de su existencia y las vuelva a la luz.
    Curiosamente yo dirigí, junto a la directora alemana Claudia Sandberg, un largometraje documental con el mismo título de la nota: “Películas Escondidas”. Allí contamos la historia de un cuerpo de películas filmadas por chilenos y latinoamericanos en Alemania del Este en los 70 y 80, films que nunca se estrenaron en Latinoamérica, donde son prácticamente desconocidos. Nuestro film termina con imágenes- ¡gracias Peña!- del proyector de 35mm del ENERC proyectando fílmico, por supuesto. Alejandro Areal Vélez

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