Perú, la elección del bicentenario

La campaña sucia de Keiko Fujimori equiparó sus chances en el balotaje frente al maestro Pedro Castillo

 

En medio de una campaña de confrontación de altos decibeles, no registrada en el recuerdo, hoy se elegirá al Presidente que desde el 28 de julio supuestamente gobernará el país durante el próximo quinquenio. Hasta ayer las encuestas daban un empate técnico a los candidatos Pedro Castillo, de Perú Libre, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, con diferencias que varían entre 1 y 0,1 puntos porcentuales. En este escenario, cualquiera podría ser el elegido, a pesar de la feroz e inescrupulosa campaña contra el maestro del lápiz, que tiene a sus opositores desesperados, como la canción de José José.

Lo más importante de Castillo, como señala el sociólogo Sinesio López, no es su calidad como candidato sino lo que encarna y representa. Él encarna y representa a los nadie, a los despreciados y expoliados de siempre, a los excluidos. Castillo representa la protesta, la voluntad del cambio, la identidad y la esperanza del pueblo descontento. Así lo evidencia el multitudinario respaldo en las zonas andinas y en el interior del Perú donde tiene el respaldo de 70% de la población.

 

 

Desde que culminó la primera vuelta electoral las encuestas fueron favorables a Castillo. Inicialmente lo favorecían por unos 5 a 10 puntos porcentuales sobre Fujimori. Para disminuir esa brecha se incurrió en una estrategia de campaña basada en la amenaza de la llegada del comunismo y del terrorismo de Sendero Luminoso, realizada sin ningún escrúpulo o respeto a la inteligencia ciudadana, o en la divulgación de la presencia de brigadas cubanas y venezolanas supuestamente encargadas de organizar a los militantes de Castillo.

La campaña ha incluido también el “terruqueo de guante blanco”, en el marco del cual se advierte que los ahorros serán confiscados, las empresas –incluidos kioskos y bodegas– estatizados, y se insta a los trabajadores de algunas empresas del cada vez más reducido sector formal de la economía a votar por la candidata Fujimori pues de lo contrario se producirán despidos. El Banco Central ha tenido que intervenir para frenar la devaluación del sol, la moneda nacional, tradicionalmente estable, y se ha producido fuga de capitales ante la posibilidad de un triunfo de Castillo.

Castillo es un hombre abierto al diálogo. Militó entre 2003 y 2017 en el Partido Perú Posible, del ex presidente Alejandro Toledo. Lideró en 2017 una huelga magisterial donde tuvo entre sus múltiples aliados a grupos radicales. Después de esta experiencia quiso formar su propio partido, para lo cual intentó sin éxito juntar firmas para su inscripción. Es entonces cuando se juntaron el hambre y las ganas de comer. Vladimir Cerrón, el secretario general del partido Perú Libre, autodefinido en su ideario programático como marxista leninista mariateguista, lo invitó a postularse por su partido en las elecciones presidenciales, toda vez que está impedido de ejercer la función pública debido a una condena de corrupción mientras fue gobernador de su región, Junín. Encumbrado en un partido cuyo ideario no necesariamente abraza –Castillo es un cristiano evangélico– no imaginó ganar las elecciones presidenciales en la primera vuelta. Las encuestas, el espejo en el que se miran los candidatos, lo tuvo fuera de su radar.

Keiko Fujimori, en cambio, intenta por tercera vez consecutiva alcanzar la presidencia en una segunda vuelta electoral. En 2011 perdió frente a Ollanta Humala, y en 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski por apenas 0,2 puntos porcentuales, algo que nunca perdonó. Desde el Parlamento, donde su partido tenía mayoría, fue artífice y responsable de la inestabilidad política del último quinquenio, que se expresó en la renuncia de varios gabinetes ministeriales, la disolución y nueva elección del Congreso y el nombramiento de cuatro presidentes.

Durante los casi dos meses transcurridos después de la primera vuelta, Castillo se ha esforzado en armar un programa y un equipo de gobierno que lo acompañe, en medio del rechazo que genera el ideario programático del partido de Cerrón. A ello se suma la difusión de audios y videos de desafortunadas declaraciones del líder de Perú Libre y de la de un congresista electo del partido, quienes manifestaron intenciones de quedarse en el poder si ganaban la elección. Pero ni siquiera eso afectó el respaldo a Pedro Castillo, quien de todos modos se deslindó públicamente de Cerrón y anunció que no participaría en su gobierno.

Estos hechos dificultaron la conformación de su equipo de gobierno. Su soledad y la ausencia de cuadros técnicos fue otro de los blancos de ataque preferidos por la oposición, que se jactaba de contar con un conjunto de profesionales provenientes de las más prestigiosas universidades, con experiencia de gobierno, aunque varios trabajaron también con la dictadura de Alberto Fujimori y están acusados por la fiscalía por corrupción.

Recién el jueves presentó a su equipo de gobierno con profesionales del partido Juntos por el Perú, de Verónika Mendoza, otros partidos de izquierda de menor envergadura y algunos independientes. Varios intelectuales de izquierda o antifujimoristas se resisten a optar entre lo que denominan la “improvisación” y la mafia fujimorista, por lo que optarán por el voto en blanco.

Por su parte, Keiko dejó de lado su tajante defensa del modelo económico y no se hizo problema en presentar un monumental programa de ayudas durante el último debate presidencial. Entre otras promesas, dijo que se haría entrega del bono oxígeno (10.000 soles, equivalentes a unos 3.000 dólares) a todos los ciudadanos que hubieran perdido a un familiar por causa de la Covid-19. En el Perú suman 181.000 muertes. Pero no fueron sus propuestas sacadas de la galera las que acercaron el nivel de respaldo de Keiko Fujimori al de Castillo.

 

El ataque terrorista

El margen de apoyo a favor de Castillo en las encuestas se fue reduciendo hasta convertirse en un empate técnico después de dos hechos importantes que ocurrieron el 23 de mayo: la pobre performance de algunos profesionales del equipo que acompañaba Castillo, en ese momento, en el debate técnico de ambos partidos y, sobre todo, la masacre de 16 civiles a la misma hora en que se realizaba el debate en Vizcatán, una región del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) donde se concentra el 50% del cultivo de coca en el Perú, gobernada por el narcotráfico.

Al día siguiente, sin que medie una investigación, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas atribuyó la masacre al Comando Terrorista de Sendero Luminoso, que todos los medios replicaron al unísono. Ante la contundente pero no probada aseveración del Comando Conjunto, el juez del pequeño poblado donde ocurrió la masacre les exigió que investigaran antes de atribuirle a Sendero Luminoso la autoría de la masacre. Efectivamente, dos días después, el Ministerio de Defensa informó que la acción armada correspondía a narcoterroristas, liderados por el mando del denominado “Militarizado Partido Comunista del Perú”, una fracción que rompió con Sendero Luminoso cuando se firmó el acuerdo de paz en 1993, convertida hoy en una suerte de guardia armada protectora del narcotráfico, dirigida por los hermanos Quispe Palomino. Es decir, se trataría de un atentado del crimen organizado del narcotráfico, similar al Grupo Bermelho de Brasil o al cartel de Sinaloa en México.

Sin embargo, los medios continuaron atribuyéndole a Sendero Luminoso la autoría de esos crímenes y señalando que un triunfo de Pedro Castillo implicará la llegada de ese grupo terrorista al gobierno. Este fue el mayor golpe que recibió el candidato de Perú Libre.

 

Cada quien con sus amigos

Pero Castillo no está solo. Uno de los primeros en apoyar su candidatura fue Evo Morales. También lo han hecho el ex canciller de Brasil, Celso Amorín, la dirigencia del Partido de los Trabajadores (PT), el ex presidente Lula da Silva y José Mujica, quien sostuvo una charla virtual con Castillo en un “Encuentro entre maestros” el jueves. Mujica le dijo que se daba cuenta de su lucha desigual al no disponer de los recursos económicos para enfrentar las campañas de miedo que se crean para asustar a la gente pobre. Le aconsejó no caer en el autoritarismo y “apostar al corazón de tu pueblo permanentemente”.

Los apoyos también se han otorgado a Keiko. Faltando pocos días para el fin de su presidencia, el ecuatoriano Lenin Moreno sentenció sobre Castillo: “Es chavista y creo que tiene origen en Sendero Luminoso. (…) yo creo que lo único que eso va a traer para el Perú es lo mismo que ha traído para Venezuela: miseria, opresión, exilio, esta diáspora no provocada”. Con un tono más diplomático, Keiko recibió el respaldo de Álvaro Uribe, quien pidió que el Perú reflexione para la segunda vuelta y proteja su democracia, mientras que Juan Guaidó espera que el Perú decida bien por la democracia y por la libertad.

Pero hay un apoyo que implica la injerencia extranjera en la contienda electoral, sobre la que nada ha dicho el gobierno peruano: la participación del dirigente opositor del Partido Voluntad Popular y prófugo de la justicia Leopoldo López, condenado a 13 años de prisión por participar e instigar las manifestaciones de 2014 en Venezuela, que provocaron la muerte de 43 personas y cientos de heridos. Desde su exilio madrileño, llegó a Lima en un avión privado para participar en la campaña de Keiko Fujimori esta semana. López desfiló por los canales de televisión y participó al día siguiente del debate presidencial, en Arequipa, junto a Álvaro Vargas Llosa, en una ceremonia en la que Keiko pidió perdón por sus errores y prometió defender la democracia. López dio cátedra para evitar que el Perú corra la suerte de Venezuela.

La cereza del postre fue la inconcebible invitación que le extendió Mario Vargas Llosa para que asistiera a un evento sobre democracia organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, en Quito, Ecuador. Lo hizo a sabiendas de que la lideresa de Fuerza Popular tiene impedimento para salir del país. Absurdamente, Vargas Llosa la expuso a que un juez le negara el permiso de salida aduciendo “la gravedad de los delitos que se le atribuyen, la acusación de 30 años de prisión y la subsistencia de peligro procesal y obstaculización de la investigación, vía amenaza o inducción a los testigos”.

La preocupación por el eventual triunfo del maestro Castillo ha dado lugar también a una conferencia, en junio, cuyo objetivo principal es evitar que Perú pueda ser la “cabecera de playa de un renovado intento comunista para controlar Latinoamérica”. El ex candidato presidencial por Avanza País, Hernando de Soto, ha convocado a diversos políticos internacionales como Bill Clinton, George Bush, Emmanuel Macron y y Guy Verhofstadt a dicha conferencia.

 

¿Quién pone en peligro la democracia?

La oposición sabe perfectamente que en el Perú no hay posibilidad de un gobierno marxista leninista o chavista si ganara Pedro Castillo. El maestro del lápiz no tiene respaldo en el Congreso. Cuenta con apenas 37 congresistas de un total de 130, de los cuales 20 son del Partido Perú Libre y 17 invitados por él. Es rechazado por el poder económico, mediático y por las fuerzas armadas. Si resultara electo, Keiko Fujimori en alianza con otras fuerzas del Congreso opositoras a Castillo se encargaría de organizar su salida de la presidencia, de la misma forma que organizó la disolución de varios gabinetes ministeriales y la salida de tres Presidentes durante el actual período de gobierno.

Keiko Fujimori está acusada por la Fiscalía por los presuntos delitos de liderar una organización criminal, lavado de activos, obstrucción a la justicia y falsa declaración en procedimiento administrativo, por los que ha pedido una pena de prisión de 30 años. Si perdiera la elección, podría terminar en la cárcel. Y si ganara la presidencia y quisiera salvarse de ella, muy probablemente intentaría interferir en el Poder Judicial como lo ha hecho manipulando a su bancada mayoritaria hasta hace un par de años, y como lo hizo también su padre Alberto Fujimori mientras fue presidente.

La democracia y la independencia de poderes con las que tanto se llenan la boca sus defensores no les preocupa. Lo que les importa es mantener el statu quo y preservar el modelo y sus privilegios a cualquier precio. Aunque vociferen que un triunfo de Castillo significaría convertir al Perú en Corea del Norte, Venezuela o Cuba, saben bien que sólo son mentiras para ganar la elección. Un eventual triunfo de Castillo, por el contrario, expresa la voluntad de cambio que podría viabilizar una salida democrática y popular a la crisis, cerrando el paso a la opción autoritaria y corrupta que representa el fujimorismo. Así están las cosas en el año en que el Perú cumple doscientos años como república.

 

 

 

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