Pichetto, ¿peronista?

Detrás de la aparente confusión ideológica está el pantano ético

 

Pichetto volvió a calificar de “colectivista” al ex Ministro de Economía Axel Kicillof. Insiste así en expresiones vertidas hace un par de meses cuando dijo que “el proceso anterior, con cuatro años de Kicillof con una intervención semi colectivista-soviética… Control de cambio, cepo, es inviable”.

Con tal calificación, el Senador que votó casi todas las leyes de entrega y exclusión de Cambiemos fundamenta que “Unidad Ciudadana es un espacio y el peronismo es otro”, con lo que pretende excluir del peronismo a CFK y erigirse en un verdadero peronista.

Debemos asumir que siempre hubo varias corrientes en el peronismo. Hasta la ruptura formal del 1° de mayo de 1974, el propio Perón realizaba una política pendular, que si bien se terminó deteniendo en uno de los lados, se orientó a incluir a izquierda y derecha en el marco de su conducción. No viene al caso analizar ahora la trama de esas contradicciones, pero sí mencionar que Perón, durante los años más duros de la resistencia, tuvo como delegado personal a John William Cooke, quien fue precursor del Peronismo Revolucionario. El máximo líder del movimiento apoyó durante varios años a las juventudes combativas e incluso, cuando propuso la actualización doctrinaria, reemplazó el concepto original de “comunidad organizada” por el de “socialismo nacional”, con todos los equívocos que generó.

Pero aun sin referirnos a la épica de la resistencia peronista, lo que no podemos obviar son las políticas de los dos primeros gobiernos peronistas, del ’45 al ’55. Al respecto debemos rememorar el conjunto de medidas proteccionistas, de intervención estatal en la economía, las nacionalizaciones de los recursos estratégicos, los depósitos bancarios y los servicios públicos, la concreción de un enorme abanico de conquistas laborales y sociales, el rechazo a ser parte del FMI, etc. Políticas de soberanía y de redistribución del ingreso, que naturalmente produjeron una enorme grieta social y política, de las cuales nace el odio gorila que aún perdura y rebrota entre los sectores del privilegio. Pero hay también una memoria histórica que se mantiene en los sectores populares, y que volvió a florecer con las políticas nacionales y populares del kirchnerismo. Memoria que se simbolizó alguna vez en la magnífica frase atribuida a Cooke: “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”, a la cual algunos citan como “el peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina”. Por eso intentan borrarlo o tergiversarlo una y otra vez. Porque las clases dominantes añoran los años pre-peronistas, de trabajadores con bajos salarios y sin derechos, tal como lo expresa Cambiemos con su descalificación a los últimos 70 años de nuestro país, signados por ese hecho maldito.

Comparada con las políticas del primer peronismo, las medidas graduales de Kicillof y de otros ministros kirchneristas podrían calificarse de superficiales. De modo que Pichetto debería ser más sincero y en todo caso reconocer que lo que él piensa está en las antípodas de las propias políticas de Perón, ya que si considera colectivista a Kicillof debería calificar de ultraizquierdista al propio Perón. La verdad es que él mismo debería preguntarse qué le queda de peronista. Pregunta que obviamente no se va a hacer. Aunque quizás, para no llevarse ninguna sorpresa cuando sea abandonado por la CEOcracia, no le vendría mal reflexionar sobre la frase bíblica según la cual “a los tibios los vomita Dios”.

 

 

 

* Militante de Derechos Humanos de Santa Fe