Píntalo de negro

Desolador retorno de la xenofobia fundante de la Argentina

 

El 25 de noviembre se cumplieron seis años del brutal asesinato del peñi Rafael Nahuel. Hace unos pocos días se dictó la sentencia de cinco años de prisión para el asesino y cuatro años y medio para los cómplices. Increíblemente, la condena es por exceso en la legítima defensa, una defensa que consistió en disparar balas de plomo a jóvenes desarmados, por parte de un grupo de elite especialistas en mares y ríos, que las autoridades políticas del Estado enviaron a una montaña.

El veredicto llega después de seis años de impunidad y de comprobarse que ni Rafa ni ninguno de sus compañeros tenia armas de fuego, ni lanzas, ni boleadoras, como dijera Gabriela Michetti o Patricia Bullrich “Luto” Pueyrredón.

En aquella misma fecha estaban enterrando a Santiago Maldonado, que permaneció desaparecido 78 días luego de un operativo de Gendarmería, fuerza de seguridad bajo las órdenes del Ministerio de Seguridad, igual que los “albatros” de Prefectura. Es decir que estos operativos fueron una política delineada desde las más altas autoridades del Estado en esa área, a las que podemos sumar la invención de la RAM y otras acciones que el CELS detalla en una publicación muy documentada denominada Coordinación represiva contra el pueblo mapuche.

En la última década el Estado argentino pasó de ser custodio de los derechos plasmados en la Constitución Nacional y los convenios internacionales, a fuerza de lucha legal y política, a crear un enemigo interno para militarizar una zona con grandes intereses de todo el mundo.

El siguiente mapa tal vez explique parte del objetivo de esta política, pero obviamente no es la única.

 

 

En esta etapa de contraofensiva del chovinismo nacionalista, vuelven los valores constitutivos de la creación de la institucionalidad del Estado argentino. Vuelven como vuelve una enfermedad que es mal diagnosticada y, debido a ello, mal tratada. No se puede cambiar una matriz racista y genocida sin una profunda reflexión y un cambio en las instituciones nacidas bajo ese régimen ideológico, que por cierto están demostrando su obsolescencia en casi todos los rubros.

Justamente esta matriz ideológica del Estado moderno argentino está volviendo a ocupar el debate desde 2015 y retoma ahora de manera virulenta de la mano del nuevo Presidente, entre motosierras, desvaríos y un discurso amenazante, planteando volver a las “ideas liberales de Alberdi”, queriendo retrotraer 140 años las conquistas sociales y ciudadanas.

Para peor, del lado del movimiento nacional y popular no se escucha en ese debate el argumento que dice que la supuesta gloria económica de esa época –que no es tal si se mide en términos sociales– se construye sobre un genocidio perpetrado en nombre del Imperio británico y la reinstalación de la esclavitud de prisioneros mapuches. Algo bastante lejano a la libertad que pregona el ex arquero, padre de Conan y admirador de todo lo que sea inglés, incluso los kelpers.

El inminente ocupante de la Casa Rosada pertenece a una generación que recorrió su primera educación formal con un sistema que adoctrinaba en los valores de la brutal dictadura cívico-militar-eclesiástica. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional se referenció en la creación del Estado moderno argentino y la reivindicación de Alberdi y sus cómplices de la generación del ’80, como Roca, Mitre o Sarmiento.

El desolador retorno de la xenofobia fundante argentina tiene algunos hitos que deben llamarnos la atención, por ejemplo cómo muchos pasaron a hacer públicas posturas que hasta hace poco tiempo eran vergonzantes. En ese sentido, podríamos recordar las palabras que en 2016, recién asumido como ministro de Educación, pronunció Esteban Bullrich, que en su primer acto en la Patagonia propuso una nueva “conquista al desierto”.

Otro ejemplo de salida del closet ideológico puede ser el ex senador y futuro diputado Miguel Ángel Pichetto que poco a poco y tal vez con algún animo de provocación sacó del baúl de la intolerancia a Julio Roca para reivindicarlo por sobre Juan Domingo Perón, casi como una renuncia personal a su pertenencia al movimiento que nació defendiendo –y gran parte del mismo aún defiende– los derechos de los trabajadores.

Recordemos que el mismo general Roca combatió a obreros y sindicatos en su segundo mandato con represión y leyes expulsivas y sumarísimas como la Ley de Residencia, que se usó para un intento de limpieza ideológica hacia los trabajadores recién llegados, con la paradoja de que fueron traídos de Europa para intentar emblanquecer a la ciudadanía.

Pero las bravuconadas pueden terminar en acciones directas o preparar el terreno para normalizar una etapa superior de la restauración etnocida, donde los peligros aumentan porque no solo vuelven los perpetradores del asesinato estatal –como la señora “Luto” Pueyrredón– a gobernar fuerzas de seguridad que volverán mas sangrientas porque se saben impunes, sino que ahora instigan a que hordas de enajenados violentos salgan sin control. Casi como unos nuevos tontons macute haitianos que salían con sus cachiporras a cazar a cualquiera que se opusiera a uno de los más sangrientos dictadores de Latinoamérica, Papa Doc Duvalier.

Aun así, el Pueblo mapuche y muchas otras naciones originarias pre existentes saben cómo resistir y no están solos. Tienen sus leyes, su articulación internacional y artículos de la Constitución que consiguieron con lucha política y defienden tenazmente sin pausa ni especulación aun siendo minorías. Quizás de una buena vez debamos despojarnos de nuestra “pureza” occidental y cristiana y empezar a pensar en aprender de las luchas ancestrales de quienes son preexistentes al Estado mono-cultural, no sin antes comprometernos a no volver a darle la espalda por conveniencias de la coyuntura, alianzas o flojera ante titulares estridentes de medios masivos.

No podemos aprender de lo que no valoramos y eso pasó mucho en estos cuatro años del gobierno fallido. Desde el exabrupto presidencial de la descendencia de los barcos hasta el invisibilidad en el escenario público y mediático de las protestas por los graves hechos de represión al pueblo coya de Jujuy luego de iniciada la campaña electoral y uno de los verdugos de derechos, ojos y libertades del norte argentino pasara a ser casi un aliado que podía acercar un puñadito de votos.

No hay más margen para especulaciones coyunturales porque se corren grandes riesgos de que, de tanto andar con otros por conveniencia, termínenos sin saber quiénes somos, cuántos somos ni adónde queremos ir.

En esta hora de los orcos, o los ogros en su versión en español, se puede ser Shrek o uno clásico malo y feo, pero lo que no va a poder hacerse más es especular en beneficio personal o sectario con la realidad, y mantenerse al margen sin ser castigado.

Porque luego que parte de la sociedad tome conciencia de haber votado un gobierno esquema Ponzi de promesa piramidal y el péndulo vuelva del lado de la equidad, el amor y la justicia, quienes fueron tibios y colaboracionistas quedarán en la memoria y recibirán como es costumbre en la historia un castigo peor que el mismísimo loco de la motosierra y sus aliados reivindicadores de la dictadura.

Lemoria Logko Antonio Salazar, buen regreso al origen.

Marici wew.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí