PLANETA PLASTIFICADO

Tres cuartas partes del plástico generado en el marco de Covid-19 inundarán vertederos y mares

 

En un laberinto prácticamente indescifrable, el planeta se confronta a un reto mayor. Debe optar por el uso de medios protectores para controlar la pandemia que, a su vez, producen consecuencias nefastas para el clima.

Tres cuartas partes del plástico generado en el marco de Covid-19, como mascarillas, guantes, botellas de desinfectantes para manos, van a convertirse en residuos que inundarán vertederos y mares, con un enorme costo para el medio ambiente y la economía. Y aunque las medidas de confinamiento motivaron la caída del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, la explosión de plástico tendrá un impacto negativo para la naturaleza.

Si de proyecciones se trata, la Grand View Research anticipa que las ventas globales de barbijos desechables aumentarán de 800 millones de dólares estadounidenses en 2019 a 166.000 millones en 2020. Salto que se suma a la avalancha de productos envueltos en una gran cantidad de envases exigidos por el distanciamiento social. Resultado de la compra en línea y de la comida ya preparada para consumir en los hogares.

Retomando una encuesta elaborada por el periódico Los Angeles Times, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), que presentó la última semana de julio un informe sobre el tema, señala como ejemplo lo que vivió Singapur, que en 8 semanas de confinamiento —y con apenas 5,7 millones de habitantes— botó 1.470 toneladas adicionales de envoltorios plastificados de comida para llevar.

 

 

Basura recolectada en una playa de Bali.

 

 

El impacto negativo de los desechos de plástico para el turismo, la pesca y el transporte marítimo implican pérdidas anuales mundiales de unos 40.000 millones de dólares según cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Entidad que desde años viene alertando sobre las consecuencias nefastas de la producción y de los residuos de este material para la salud de la Tierra.

 

 

Mitos sobre el reciclaje

Greenpeace Suiza acaba de poner nuevamente el grito en el cielo. A través de un informe de la última semana de julio, subraya el impacto negativo “en nuestros ecosistemas… El plástico contamina todo el planeta. Lo encontramos en todas partes: en el fondo de los océanos, en los bosques más alejados, en los hielos del Ártico y en las playas donde las tortugas se reproducen”. No se sabe exactamente cuánto tiempo se necesita para que los plásticos se degraden. Lo cierto, subraya la ONG ambientalista, es que una vez que está en los suelos, ríos y océanos, es casi imposible recuperarlo. (https://www.greenpeace.ch/fr/agir/pour-avenir-sans-plastique/tout-savoir-pollution-plastique/)

Y aclara que solo el 9 % del plástico mundial —de los 9.000 millones de toneladas ya vertidas en la Tierra— es reciclado. Incluso en los países desarrollados, la tasa de este producto recuperado es inferior al 50%. Y una muy pequeña parte de este porcentaje es utilizado nuevamente como envoltorio. Constatando que la gran parte de lo “reciclado” se encontrará luego en productos de menor valor, no reciclables. “Lo que significa que este proceso produce como efecto, simplemente, retardar el viaje inevitable en tanto residuo”, subraya.

América, Japón y la Unión Europea son los mayores productores de desechos por cápita. Con el agravante que una gran parte de los envoltorios recolectados en los países del Norte para ser “reciclados” son exportados a los países del Sur, explica Greenpeace. En particular hacia el sudeste asiático, “donde la falta de infraestructuras y reglamentación complica la gestión de los flujos de desechos”.

Los plásticos son producidos en un 90% a partir de combustibles fósiles, recuerda la ONG. La polución mundial, resultante de su producción y su incineración, solo en 2019 equivalió a las emisiones de 189 centrales de carbón. De continuarse con la actual tendencia, hacia mediados del siglo el 20% del consumo mundial de petróleo estará destinado a producir plástico. Las emisiones de gas de efecto invernadero producto de este ciclo amenaza la capacidad de la comunidad mundial a mantener el aumento de la temperatura del globo por debajo de 1,5° C, subraya la organización ambientalista.

 

 

Farmacia de Nueva York en época de pandemia.

 

 

 

 

Plástico hasta en la sal de mesa

Para el 2050, si no se toman medidas drásticas los vertederos y los mares concentrarán 12.000 millones de toneladas de desechos plásticos. Ya en el 2018, las Naciones Unidas calculaban que cerca de 13 millones de toneladas son vertidas anualmente en los océanos.

Ya para entonces la radiografía de la situación era preocupante: anualmente se usan 5 billones de bolsas de plástico y 1 millón de botellas de ese material son compradas por minuto. Se habla de hasta miles de años como el tiempo necesario para que esos materiales – y los contenedores de espuma de poliestireno— se descompongan. Mientras tanto, con el paso del tiempo se dividen en fragmentos pequeños llamados microplásticos que, al ser consumidos por animales marinos, pueden entrar en la cadena alimenticia humana, poniendo en peligro la salud. Esos fragmentos han sido detectados, por ejemplo, en la sal de mesa comercial. Algunos estudios, según señala ese documento de las Naciones Unidas del 2018, muestran que el 90 % de agua embotellada y el 83% de la de grifo contiene partículas de plástico.

 

 

Soluciones ciudadanas

El 20 de julio pasado, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Iniciativa del Ciclo de Vida publicaron un documento trascendente. Se trata de la Guía Nacional para identificar puntos críticos de contaminación por plásticos (https://www.unenvironment.org/es/resources/informe/guia-nacional-para-identificar-puntos-criticos-de-contaminacion-por-plasticos). La misma pretende proporcionar un marco metodológico para identificar los puntos críticos de contaminación, encontrar sus impactos a lo largo de toda la cadena de valor del plástico y priorizar acciones.

La solución estratégica, sin embargo, deberá surgir de la acción de consumidores, productores y Estados. Greenpeace lanzó en las últimas horas una campaña mediática exigiendo a las autoridades suizas definir como prioritario el uso de máscaras de tela como protección contra la pandemia. Reduciendo así, significativamente, los barbijos desechables y su impacto antiecológico.

La ONG habla de dos tipos de soluciones. Una a corto plazo, promoviendo la supresión de embalajes no esenciales o imposibles de reciclar. Y, al mismo tiempo, propiciando el uso de sistemas reutilizables para el transporte o el depósito de las mercancías. A largo plazo “vamos a tener que cambiar los hábitos de consumo. Vamos a tener que consumir menos comidas ya cocinadas o productos transformados que producen enormes desechos”.

Ya en 2018, en el Día Mundial del Medio Ambiente, la ONU invitó a la comunidad planetaria decirle “no más” a ese material. “El mundo necesita urgentemente repensar la manera en que se manufactura, se usa y se maneja el plástico”, subrayaba el mensaje entonces del Secretario General.

Su reflexión concluía que “la solución está en los gobiernos, las empresas y la gente”. Si bien la prohibición de las bolsas de plástico en los supermercados es importante, no es suficiente. Los gobiernos deben asumir la dirección, establecer políticas e incluir leyes nacionales de control. Es fundamental que “mejoren los sistemas de residuos e introduzcan incentivos financieros para cambiar los hábitos de los consumidores, los minoristas y los fabricantes”.

Las principales organizaciones ambientalistas del mundo ponen, además, el acento en la importancia de la tarea informativa y de sensibilización que debe promover el poder público junto con la sociedad civil.

El combate contra el plástico es hoy tan complejo como la confrontación contra el Covid-19. Uno, más estructural. El otro, más coyuntural. Ambos, sin embargo, entrelazados. Un rompecabezas para la inteligencia humana: lograr mayor protección sanitaria sin descuidar aún más la salud del planeta.

 

 

 

  • Desde Berna, Suiza

 

 

 

 

 

 

 

 

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