Plutocracia no es democracia

El gobierno provoca un derrumbe económico sin precedentes

Foto: Luis Angeletti.

 

En un contexto económico y social de creciente deterioro, presenciamos una febril tarea parlamentaria –se diría, de levantamanos parlamentarios– en la cual se están definiendo temas importantísimos para el país y la sociedad, con un nivel de levedad impresionante. La sensación que queda es que las decisiones ya han sido tomadas, y que le queda a los cuerpos legislativos el triste rol de la convalidación legal de los nuevos negocios, para mayor seguridad de los interesados en las mismas.

En las últimas semanas se han tratado a la velocidad del rayo, y sin fundamento ni debate serio alguno, la ley de degradación de la vida de los trabajadores (y otras yerbas como el FAL), llamada Reforma Laboral, la adhesión argentina al Acuerdo de Asociación Estratégica entre el MERCOSUR y la Unión Europea, la baja de la edad de imputabilidad para los menores de 16 años, y la Ley de Glaciares, que ya cuenta con media sanción del Senado.

De la reforma laboral se ha dicho y escrito mucho. Es completamente pro-patronal, y funcional para los negocios financieros que se van a hacer con los 2.600 millones de dólares del “Fondo de Asistencia Laboral”, para favorecer despidos y cubrir los baches financieros del gobierno. No moderniza nada e ignora las nuevas realidades del mundo de trabajo. Hecha a pedido del capital.

En la misma línea antisocial, se está promulgando un conjunto de acciones represivas contra la delincuencia juvenil, que en ningún caso tratan de abordar el tema con la debida responsabilidad y sensatez. Todo se trataría de meter presos a la mayor cantidad posible de jóvenes, hasta agotar el “stock”. El problema es que el stock de gente que saldrá a robar algo se está volviendo interminable, por las condiciones que está generando este gobierno y quienes lo apoyan.

El Senado aprobó por 69 votos a favor y tres en contra el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Solo tres senadores peronistas resistieron. El quiebre en ese bloque ya había ocurrido en Diputados, pero en una forma más equilibrada. No conozco cuántos legisladores leyeron lo que estaban votando, ni cuántos tienen alguna formación que les permita entender algo. De los de La Libertad Avanza no es posible esperar nada, y muy poco de los del PRO. En cambio, alarma el apoyo peronista, porque o no saben que es un acuerdo asimétrico y desindustrializador, o no les importa. En cualquier caso, habla de un estado de postración de una fuerza política que reclamaba para sí un conjunto de banderas nacionales que se les extraviaron por los pasillos del Congreso.

La Ley de Glaciares aparece como otro desastre más a ser votado y aprobado. Es un tema relevante y estratégico, donde un puñado de grandes corporaciones mineras están consiguiendo más representantes que los millones de argentinos que van a ser afectados por una ley irresponsable y de corto vuelo. El tema del agua es tan o más estratégico, en muchos sentidos, que varios minerales a ser extraídos hoy con buenos precios.

Es como si de repente hubieran aflorado todas las debilidades políticas, ideológicas y culturales argentinas, expresadas en los más diversos estamentos de la sociedad, y Milei fuera el instrumento transitorio para aprovechar este momento para impulsar los peores cambios institucionales que se puedan proponer para nuestro país.

 

Contracorriente

 

Foto: Luis Angeletti.

 

Lo notable de este panorama muy desalentador, que nos muestra a un país grogui y sin reacción frente a casi ningún tema, es que se cruza con una contracorriente de fuerte aceleración del deterioro económico y social.

Las actividades que más crecieron en el período mileísta –el agro, la minería y la intermediación bancaria– tienen un punto en común: prácticamente no crecen los puestos de trabajo asociados a esas actividades. En tanto, industria, comercio y construcción son campos de destrucción de empresas y por lo tanto de puestos de trabajo.

Desde comienzos de año se han verificado importantes aumentos en el precio de los alimentos, que impactan en la canasta de todos los sectores, pero muy especialmente en la canasta de indigencia. Desde noviembre, la carne bovina aumentó casi un 50%, y los geniales acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea permitirán mayores exportaciones de ese producto, con lo que se creará presión alcista adicional sobre el mercado interno. A todo esto, las dirigencias del sector agropecuario empiezan a hablar nuevamente de retraso cambiario, aceitando los motores para el jueguito de la demora en las ventas de los granos para lograr reducciones en las retenciones.

La catarata de cierres de empresas de tamaños y características diversas, que abarca todos los rubros y regiones del país, está mostrando un cuadro de deterioro de la situación laboral y social que se expresa en múltiples indicadores micro de deterioro de la economía de las familias, endeudamiento creciente, retracción del consumo y contracción continua de la actividad económica productiva, que no puede terminar sino en golpear el entramado fiscal y financiero del propio sector público.

El endeudamiento creciente de las familias es un dato que se está abriendo paso en la realidad mileísta. En diciembre, la mora bancaria de las familias llegó al 9,3%. En las fintech, que se estima ya habrían prestado el equivalente a 9.000 millones de dólares, el porcentaje de las deudas que no se pagan superan a las del sistema bancario.

El actual tsunami de despidos puede ser interpretado del lado patronal, o sea de Milei y sus aliados, como un valioso elemento disciplinador sobre los trabajadores. Sin embargo, la masividad del movimiento que estamos presenciando supera largamente una situación normal, y está poniendo a millones de personas en situaciones dramáticas, que requerirían intervenciones públicas en la dirección contraria a las actuales políticas oficiales.

El deterioro social se aceleró, así como las decisiones empresariales de discontinuar actividades por no rentables o generadoras de quebrantos. El gobierno puso todos los elementos macroeconómicos para que esto ocurra, y ahora se viene un tiempo de derrumbe, de sinergia recesiva, si no se hace algo para frenarlo.

Lo novedoso del caso de Milei y este gobierno de aventureros e irresponsables es que no piensa hacer nada, y seguir adelante con la apertura indiscriminada, el dólar atrasado, las tasas altísimas y el gasto congelado.

Una receta infalible para un crack económico a no muy largo plazo.

 

Ideología mata comprensión

Según la Agencia Bloomberg, en una nota publicada el 26 de febrero, “las acciones argentinas se están perdiendo un aumento en las acciones latinoamericanas este año, ya que la euforia pasada del mercado por las victorias electorales del Presidente Javier Milei se desvanece ante la preocupación por las débiles ganancias corporativas”.

Vale la pena detenerse en ver cómo piensa esta gente.

Muchos analistas de mercado son, ante todo, gente de derecha, que cree en una serie de dogmas religiosos sobre los mercados desregulados, la bondad de las privatizaciones y la maravilla de la iniciativa privada que todo lo resuelve. En síntesis, desconocen cómo funciona el capitalismo contemporáneo, la importante función que tiene el Estado, tanto en sostener y alimentar a los mercados financieros como en promover y financiar las grandes innovaciones tecnológicas.

Ignoran básicamente la imbricación profunda entre política y economía, y la relación entre hegemonía política, cultural y militar vigente en el mundo actual. Viven en el tupper de la ideología neoliberal y, en ese sentido, Milei representa una especie de sobredosis de afirmaciones extravagantes, extremistas, que satisfacen ampliamente el paladar religioso y autocomplaciente de los neoliberales.

Pero la realidad del modelo actual es muy mala, más allá de que se puedan concretar apetecibles negocios –como el de las mineras, por ejemplo– a costa del resto de la sociedad y de su futuro.

Sin idolatrar en absoluto al modelo brasileño, Lula puede exhibir un conjunto de logros económicos, productivos, sociales, y desplegar una actividad diplomática internacional con resonantes éxitos recientes en la India y Corea del Sur. Brasil se expande, se despliega.

La Argentina, por contraposición, se está fagocitando, está autodestruyendo su Estado nacional, empobreciendo a su población, corrompiendo y degradando su sistema político y dinamitando los logros en materia de desarrollo que consiguió a lo largo de décadas. Por si algo le hiciera falta, el actual gobierno cipayo apuesta a la híper dependencia de una potencia que no ofrece un gramo de progreso a nadie.

Los mercados financieros se sorprenden de repente de que la Argentina no sea un boom, luego de tanta cháchara pro “libertad” que los entusiasma, de tanto voto popular por el ajuste que los tritura. No pueden entender cómo los que producen riqueza en el país, salvo muy limitadas excepciones, muestren tan malos resultados, y a la larga no tengan destino con el actual esquema económico.

El riesgo país tuvo una clara tendencia ascendente durante todo febrero, cerrando en 570 puntos. Lo decimos por enésima vez: no hay pirueta, no hay verso, no hay achicamiento del Estado ni ley anti obrera que puede reemplazar dólares frescos obtenidos de la única forma económica genuina: con producción y exportaciones.

Insistimos: eso no está en la agenda de Milei.

 

El amigo poderoso que no ayuda

 

 

Trump tuvo en estos días un traspié importante: la Corte Suprema de Estados Unidos dijo que el Presidente se excedió en sus facultades al imponer aranceles usando la ley IEEPA (Ley de emergencias económicas de 1977), que le permite bloquear operaciones y restringir importaciones, pero no crear impuestos.

El argumento legal es que regular importaciones no incluye la facultad de cobrar aranceles. Es decir que, para aplicar aranceles, el Presidente necesita autorización expresa del Congreso. No puede hacerlo unilateralmente aduciendo una emergencia.

En síntesis: la Corte conservadora y amiga lo está obligando a bajar tarifas, y tendrá que devolver 130.000 millones de dólares a las empresas que pagaron de más. Como respuesta al fallo, Trump puso un arancel universal del 15%.

Pero esto ha significado grandes cambios en los “beneficiados” y “perjudicados” por los premios y castigos arancelarios de Trump, que pierden el efecto disciplinador y amedrentador que él quiso imponerle al mundo.

Además, este fallo afecta la credibilidad económica internacional de los Estados Unidos, dado su conflictivo marco institucional interno. Buena parte del planeta no sabe qué esperar de la gran potencia.

En el caso del acuerdo que armaron con el gobierno de Milei, se evaporan todas las “grandes ventajas especiales” que le otorgaron a la Argentina en esa materia, con lo cual el acuerdo es aún más un catálogo de concesiones unilaterales de nuestro país hacia el amo del actual gobierno.

Muy interesante es la situación planteada recientemente entre Estados Unidos y Chile.

Según datos de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI) y el Banco Central de Chile, en el año 2000 ese país exportaba a Estados Unidos el 16,5 % de sus ventas externas totales, y sólo el 5% a la República Popular China.

Un cuarto de siglo después, en 2025, Chile le exporta 15,9% de ventas externas a Estados Unidos –prácticamente lo mismo que antes–, y en cambio el 38,2% a China. Se proyecta para este año que los envíos a la República Popular superarán el 40%.

No cabe duda del impresionante vuelco en el comercio exterior chileno, y su vinculación comercial muy fuerte con la gran potencia asiática.

Como parte de este proceso, surgió la idea –que no es nueva– del tendido de un cable de internet, a través del Océano Pacífico, que una Valparaíso con Hong Kong. Ya durante la gestión de Sebastián Piñera se había hablado del tema, pero por presión norteamericana se dejó de lado. Ahora, Estados Unidos ha tomado medidas de castigo “preventivo”: le han cancelado las visas a funcionarios chilenos vinculados a las tratativas del posible cable transoceánico, que beneficiaría mutuamente a los países de las dos puntas del cable. Jorge Heine, ex embajador de Chile en China, ha publicado en la prensa chilena muy claras explicaciones sobre las bondades de la empresa conjunta. La agresividad norteamericana parece no tolerar ningún tipo de acción independiente por parte de países de nuestra región, incluso aquellos que como Chile pueden mostrar un alineamiento muy fuerte con Estados Unidos en el último medio siglo.

Quizás parte del arco político argentino ya haya internalizado en su propio comportamiento la asertividad norteamericana, lo que constituye una clara restricción de nuestras capacidades soberanas.

Trump es para el régimen de Milei una apoyatura clave, y en estos días está frente a una decisión de relevancia internacional.

Está enfrascado en negociaciones con el gobierno iraní, habiendo trasladado a las cercanías de Irán una importante formación bélica para amedrentar a la cúpula de la República Islámica. Irán, vale la pena decirlo, no es Venezuela. Es más grande, más desarrollado, maneja tecnologías avanzadas. Está mucho más preparado militarmente y tiene capacidad de hacer daño tanto a los militares norteamericanos en la zona como a otros aliados occidentales, e incluso puede generar una importante disrupción en el abastecimiento internacional de petróleo.

Estados Unidos puede destruir parte de la infraestructura iraní –Trump no querría destruir la infraestructura petrolera–, pero no puede forzar un golpe interno, ni cambiar a las autoridades del país sin invadirlo por tierra, cosa que no está dispuesto a hacer. Irán, a su vez, puede generar caos regional, con fuerte impacto en precios de insumos clave y cotizaciones de activos bursátiles en todo el mundo. Ejemplo: en estos días circuló la noticia de que no había acuerdo con Irán –y por lo tanto, inminencia de guerra–, lo que generó una pérdida de valor de 750.000 millones de dólares en los mercados financieros norteamericanos.

Al haber concretado el ataque a Irán y haber recibido una inmediata respuesta, el ídolo de Milei puede llegar a ser víctima de sus propias fanfarronadas y de su diplomacia apretadora, pero de “bajo costo”.

 

Conclusiones

La aceleración del deterioro económico y social, que se va a profundizar en los próximos meses, está desconectada de un proceso de índole electoral inmediato. Seguramente con eso especula el gobierno y sus estrategas.

Alguien puede pensar, por lo tanto, que lo que pase socialmente hasta el año que viene no tiene importancia desde el punto de vista de los números electorales. “La gente se olvida”.

Es un error: el deterioro que estamos observando no es lineal, sino que se está acelerando. UBER y Rappi no pueden contener a la masa de gente que quedaría desempleada en pocos meses. El impacto sobre amplias masas, en términos de sus vidas cotidianas, puede ser contundente y perentorio: no se resolverá el malestar con una perspectiva de cambio que recién se pondría en marcha en diciembre de 2027. Es demasiado tiempo para una sociedad sin reservas económicas ni instituciones de amparo.

Aquellos que estén pensando exclusivamente en términos electorales pueden perder la posibilidad de liderar el malestar creciente e incluso ser considerados como candidatos. Estamos pensando en un escenario donde parte de una población se va a salir de los moldes normales de la política, porque la situación será completamente anormal: el gobierno los lleva al desempleo y la pobreza, y ni siquiera simula tratar de ayudar.

Habrá un descalce, una descoordinación entre los tiempos sociales y los tiempos electorales.

Lo que pasó con la ley esclavista, o lo que ocurra con la Ley de Glaciares, nos permiten explicar lo que después se llama elegantemente la “desafección democrática”: los parlamentos, los partidos políticos, las elecciones, terminan no sirviendo para nada, porque no cambian nada, o cambian las cosas para peor.

Sin embargo, el rumbo de la sociedad no es azaroso. Si el sistema deja de representar a las mayorías y sus problemas es porque pasó a representar la agenda de los poderosos, de los ricos, de los intereses particulares. ¿Cómo pedirle a la población que adhiera a algo llamado democracia que no la considera en absoluto, que no le tira ni un hueso, porque es un festival de negocios de un puñado de ricos?

¿Es desafección democrática o es desvinculación de las instituciones democráticas de los intereses populares más elementales?

En este 2026 es patente que el mismo gobierno que está provocando un derrumbe económico sin precedentes, ni piensa que deba tomar medidas paliativas para evitar daños mayores. ¿Cómo se llama un régimen así?

El voto mileísta tiene un elemento de alucinación colectiva, donde mucha gente diversa metió la fantasía que quiso, sin saber ni pensar demasiado qué estaba votando. Es, en muchos, una adhesión bastante superficial y milagrera. Cabe preguntarse: ¿qué ocurre en la vida social, y en la cabeza de las personas, que hace que se supere la alucinación colectiva y se reconecte con la realidad?

Es un momento duro para muchos, pero es un momento de clarificación política.

¿Puede seguirse reivindicando a la “unidad peronista para ganar elecciones” sin importar para qué? ¿Vale la consigna “con todos adentro” luego de las votaciones que estamos presenciando?

Y una pregunta crucial que debe ser contestada para saber si una oposición quiere ser verdadera, u ofrecer una mera continuidad más piadosa del régimen: ¿van a plantear construir a partir de la nueva realidad creada por el mileísmo, de sus nuevas bases distributivas, de su Estado desmantelado, de su subordinación externa insólita? ¿O nos van a proponer demoler, entre todos, este monumento a la desigualdad y la insensatez que es hoy la sociedad argentina?

 

 

 

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