PLUTOCRACIA Y RESISTENCIA

Los herederos de Ongaro y la CGT de los argentinos trazan un balance del cuatrieno 2015-2019

 

Más de 25 millones de argentinos y argentinas ejercieron su derecho al voto en las elecciones nacionales del 22 de noviembre del año 2015. Fueron poco más de 670.000 los que marcaron la diferencia para que una coalición de partidos políticos llamada Cambiemos, accediera al gobierno de la República Argentina.

Esa diferencia de 2 puntos y pico a favor, le permitió al ingeniero Mauricio Macri ocupar la Presidencia de la Nación a partir del 10 de diciembre de 2015 y anunciar, entre ridículos bailoteos en el balcón de la Casa Rosada, que a partir de ese momento se iniciaba la “Revolución de la Alegría” en nuestro país.

El resultado electoral producto de aquella segunda vuelta fue inobjetable, en realidad lo novedos resultó ser que las ideas –o ausencia de ideas– de la fuerza política que acababa de ganar los comicios y en particular del propio Presidente, afamado miembro de una familia enriquecida al ritmo de las zozobras económicas nacionales, no eran desconocidas para el conjunto del pueblo argentino; conservadores con respecto a la defensa del tradicional modelo económico exportador basado en las actividades primarias y poca industria muy concentrada, liberales de la boca para afuera, proteccionistas de sus negocios, defensores del Estado siempre y cuando esté al servicio de sus intereses, predicadores de un imaginario derrame que recién habría de llegar al conjunto del pueblo cuando los poderosos estén indigestados de riqueza.

Admiradores del “gran” país del norte y de sus políticas de “libre” mercado y activos practicantes del oscuro juego de las finanzas globalizadas. En esta ocasión no necesitaron de golpe de Estado militar ni de la instrumentación de algún tipo de fraude patriótico, tampoco llegaron enmascarados bajo la identidad de ningún movimiento nacional, lo hicieron a cara descubierta, más allá del rosario de promesas desparramadas en campaña e incompatibles con sus esquemas mentales.

La cuestión es que a través del vetusto y en apariencia inalterable sistema demoliberal de partidos políticos, tan distante de la democracia social proclamada desde su origen por el peronismo, los grandes grupos económicos, que nunca dejaron de influir de manera condicionante en las desgracias de nuestro país y de nuestro pueblo, desde el día 10 de diciembre de 2015 tomaron el control total y absoluto, sin intermediarios, del gobierno nacional en Argentina.

La democracia daba paso así a otro sistema de gobierno muy distinto, un gobierno de los ricos para los ricos, indiferente y completamente alejado de aquel principio que define el acceso del pueblo al poder.

Desde un primer momento el gabinete gubernamental pasó a estar controlado por representantes de los bancos extranjeros (JP Morgan, Deutsche Bank, HSBC), de multinacionales como Shell y de poderosas empresas y asociaciones corporativas nacionales como Farmacity, Techint, La Nación, Supermercados “La Anónima” y la Sociedad Rural Argentina, entre muchas otras. Un informe hecho público a mediados del año 2018 por el Observatorio de Elites Argentinas del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín, dio cuenta de que 269 funcionarios del gobierno nacional ocupaban 890 cargos en empresas privadas nacionales y multinacionales.

Por la composición del gobierno en los distintos ministerios secretarías y direcciones, la democracia se transformaba sin más vueltas en un gobierno manejado por los ricos, plutocracia como la definiera 400 años antes de Cristo Jenofonte, aquel gran historiador, militar y filósofo de la Antigua Grecia. Corrupción de la democracia que ignora los intereses del Estado, la responsabilidad social y los problemas políticos empleando el poder para su propio beneficio como lo definiría Tucídides, otro gran historiador de aquella misma época.

 

 

La cuestión de los 70 años

“En tres años no se puede salir de una fiesta de 70 años” dijo Macri a principios del año 2019, como si él, su padre y buena parte de sus amigos, no hubieran participado de esa fiesta cada vez que fue derrocado un gobierno peronista.

Persuadido de que el peronismo, máximo ejecutor de innumerables derechos conquistados por las mayorías populares, permanece naturalmente arraigado a la cultura de las mismas, el gobierno de Cambiemos no ocultó jamás que su principal objetivo sería provocar un “cambio cultural” de la sociedad argentina.

“Macri, el profeta del cambio cultural”, fue el titular de una nota periodística del diario La Nación allá por el mes de marzo de 2017. La revolución económica y social que provocó el peronismo a partir de su entrada en el escenario político nacional, es una herida abierta en el frío y egoísta sentimiento de la oligarquía que no ha podido cicatrizar con sus bombardeos, proscripciones, violentos golpes de Estado, persecuciones, fusilamientos y genocidio. El peronismo ha quedado instalado dentro y fuera de territorio argentino como un fenómeno maldito que no sólo perturba a los plutócratas locales, también fue una obsesión para la Gran Bretaña en tiempos de Churchill y para los Estados Unidos que a partir de los gestos de Braden y hasta los días que corren, lo ve como un peligro de contagio capaz de contaminar su patio trasero obstaculizando sus planes de dominación imperial.

 

 

Esa deformada idea de independencia

El régimen plutocrático en la voz de Macri como referente en el gobierno, no ocultó en ningún momento su visión de la historia nacional, la postura que los poderosos, ambiciosos y egoístas ricos tuvieron desde aquellos años del siglo XIX en que se gestaba la independencia de nuestra Patria.

A los 8 meses de iniciado su mandato, con motivo de la celebración del bicentenario de la Independencia Nacional, el Presidente Macri no se privó de expresar sin vergüenza alguna su opinión en ese sentido.

Con motivo del acto central realizado en la histórica Casa de Tucumán y en presencia del Rey de España, manifestó: “Acá es donde empezó la historia, acá es donde un conjunto de ciudadanos se animaron a soñar y hoy estamos movilizados con los gobernadores que estuvimos ahí dentro asumiendo compromisos de futuro y tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en éste momento, claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido rey, de separarse de España”.

Ese planteo de angustia expresado por el presidente aquel día representaba coherencia con el pensamiento de los que firmaron el pacto Roca-Ruciman durante la década infame sin ocultar su convicción de que Argentina debía cumplir el rol de una colonia británica, iba en la dirección de la proclamada “inserción inteligente en el mundo” impulsada por Cambiemos, que no fue otra cosa que un brutal endeudamiento externo para acentuar vergonzosamente la dependencia nacional en el corto período de 4 años.

Hablar mal del peronismo resultaba imprudente durante ese período, es por eso que se prefirió elegir la denominación de “populismo” para referirse con desprecio a las históricas políticas de redistribución de la riqueza inspiradas en la doctrina de Juan Perón. De esa manera se evitaba afectar el arraigo cultural del peronismo sin dejar de sugerir el cambio tratando de instalar los valores de la meritocracia en desmedro de la solidaridad social.

“Llegar a la meta por el esfuerzo personal y no por la vía del atajo, de la viveza criolla mal entendida”; cada persona “tiene lo que se merece”; “Nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo porque deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo”, fueron algunas de las frases reiteradas con insistencia por Macri durante su gestión, mientras los medios que controlan la mayor parte de la comunicación masiva, apuntalaban sus conceptos despotricando contra la corrupción y el despilfarro de los gobiernos de Néstor y Cristina por la distribución excesiva de planes sociales y moratorias previsionales.

Quienes comprendimos desde un primer momento que la llegada del gobierno de Cambiemos no era ni más ni menos que un nuevo intento de restauración del modelo oligárquico en el país, como es el caso de nuestra Federación Gráfica Bonaerense con su larga y gloriosa historia, no dudamos un instante en denunciar en las tribunas sindicales y políticas que las medidas que comenzaban a ejecutarse representaban una burla para los propios sectores que permitieron la llegada de Macri al gobierno, bastardeando la democracia y haciéndole perder legitimidad más allá de que haya surgido por voluntad del voto ciudadano.

Fortalecimos nuestra organización como trabajadores y trabajadoras creando junto a otros sindicatos hermanos la Corriente Federal de Trabajadores y retomamos la línea de pronunciamientos del movimiento obrero organizado, entre ellos el de la siempre recordada CGT de los Argentinos, elaborando un programa de 27 puntos que reafirma la concepción histórica de sindicalismo comprometido con un proyecto nacional de liberación y ganamos las calles en unidad de acción con otras organizaciones sindicales, sociales y políticas convencidas de la necesidad de resistir sin pausa alguna a las políticas de destrucción de derechos y saqueo nacional que se proponía ejecutar el régimen plutocrático.

En el marco de esa resistencia se inscriben los textos diariamente escritos y publicados a los largo del período en que gobernó la alianza Cambiemos en nombre de las grandes Corporaciones transnacionales y que en éste libro son recopilados, conjuntamente con los periódicos comunicados emitidos por la Federación Gráfica Bonaerense y la Corriente Federal de Trabajadores.

Observarán los lectores que en ningún instante se dudó acerca del fracaso que tendrían las políticas instrumentadas por el gobierno de Macri y las Corporaciones, tampoco del tremendo daño que ocasionarían al conjunto del pueblo y la nación argentina, ni se ocultó la certeza de que al final del camino no nos esperaba otro destino que el retorno del peronismo al gobierno.

Así ocurrió. Por la persistente resistencia, el histórico arraigo cultural del peronismo y la voluntad mayoritaria del pueblo argentino expresada en las urnas, desde el 10 de diciembre de 2019 hemos recuperado una democracia que habrá que profundizar y perfeccionar para que las esperanzas que hoy cubren el cielo de la Patria nunca más terminen en frustración.

 

 

 

 

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