Pobre Trump

El Boca-River se suspendió sin fecha

 

El presidente Maurizio Macrì y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quienes proponían que se admitiera la presencia de hinchas visitantes en los partidos entre Boca y River por la Copa Libertadores, no fueron capaces de montar un operativo policial que protegiera el acceso al estadio del micro que traía a los jugadores visitantes. Bullrich acusó a la Ciudad por el deficiente operativo. Sin embargo, el tramo en el que fue apedreado el bus estaba bajo responsabilidad de las fuerzas federales que controla Bullrich, Prefectura y Gendarmería.

Cuando se discutía la posibilidad de la presencia de visitantes, Bullrich desdeñó las objeciones y dijo que «si vamos a tener el G20, el partido es un tema menor». El partido se suspendió para el domingo 25 a las 17, luego de varios intentos de jugarlo en la tarde del sábado. Pero el domingo volvió a suspenderse, sin fecha y Boca reclamó sanciones a River por el ataque que dejó fuera de combate a varios de sus hombres.

Al acercarse al estadio, hinchas de River arrojaron piedras contra el vehículo. La Prefectura los dispersó con gases, que ingresaron al micro a través de las ventanillas rotas. Con el chofer del micro desvanecido, lo que obligó a que un dirigente tomara el volante en plena marcha, con varios jugadores de Boca descompuestos por los gases, algunos de ellos vomitando o con dificultades respiratorias, y heridas en un ojo del capitán de Boca, Pablo Pérez, lesionado por astillas de los vidrios que le ulceraron la córnea, el partido debió suspenderse. La asociación del fútbol regional, Conmebol, y el ente mundial, FIFA, intentaron que se jugara más tarde, primero fijaron las 18 y luego las 19.15, y sus médicos dijeron que no habían  podido constatar las lesiones, pero había tres jugadores con serias afectaciones físicas y el resto en estado de shock. Pablo Pérez fue trasladado a la clínica Otamendi, de donde se retiró con un apósito en el ojo izquierdo. El derrame de sangre en su ojo era notable a simple vista.

El problema es que tampoco estaban dadas las condiciones para suspenderlo, con 70.000 personas en el estadio y una ciudad no preparada para recibirlos, por lo cual la decisión se fue demorando, sin que nadie explicara lo que estaba sucediendo. En los alrededores de la cancha, las fuerzas de inseguridad siguieron arrojando gases sobre quienes pugnaban por entrar, aunque no habían conseguido entradas. Sobre el filo de las 19, se anunció la suspensión, acordada entre los dirigentes de ambos equipos. El público que trataba de salir se encontraba en la calle con aquellos que querían ingresar. En su retroceso reingresaron al estadio, donde se produjeron corridas. La policía golpeó a personas pacíficas que se retiraban.

Hace siete años, cuando River descendió a la 1ª B, sus partidarios realizaron destrozos hasta la medianoche.

 

El domingo la Conmebol y Ríver ratificaron que el clásico se jugaría a las 17 pero poco después el ente regulador anunció la suspensión sin fecha. Impresiona el desprecio oficial y de la Conmebol por las personas que el sábado aguardaron horas bajo el sol y el domingo volvieron al estadio, sin que se les informara si el match tendría lugar o no.

La intención de jugarlo pese a todo, evoca la breve película vasca La Gran Carrera, que es una amarga reflexión sobre la condición humana. La pusimos hace meses y la repetimos ahora. Podés verla aquí:

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El viernes está previsto que se reúnan en Buenos Aires los jefes de gobierno del Grupo de las 20 naciones. El partido se jugará después, si se juega, en fecha a determinarse. Pobre Trump.

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