Pobreza y proyecto de país

La necesidad de controlar los precios y el riesgo de que medidas para facilitar la inversión terminen en fuga

 

A poco más de un año de iniciada la pandemia, sus cimbronazos continúan exacerbando los conflictos que sacuden a un mundo en crisis. En su afán por la vida, el coronavirus muta y da origen a nuevas variantes más letales. Multiplica así el caos y lo desparrama por el mundo. En un contexto de incertidumbre creciente, los conflictos geopolíticos se agudizan mientras la economía y las finanzas globales revelan una fragilidad creciente. Detrás de estos fuegos de artificio avanza la concentración del poder. Su otra cara, la enorme pobreza, ocupa paulatinamente el centro de la escena mundial.

En muy poco tiempo, el gobierno de Joe Biden ha expuesto su voluntad de imponer a cualquier precio la hegemonía mundial norteamericana. Los intentos de Trump de “Recuperar la Grandeza Norteamericana” (Make America Great Again) son hoy llevados adelante bajo una nueva consigna: “America ha Vuelto” (America is Back). En la práctica, esto ha derivado en un enfrentamiento explícito entre China y Rusia, por un lado, y los Estados Unidos, la OTAN y países aliados por el otro. Las recientes sanciones aplicadas por todos estos países contra China y Rusia por supuestas violaciones de los derechos humanos han encontrado esta vez una respuesta nueva. El 23 de marzo pasado los cancilleres de ambos países han denunciado conjuntamente a los Estados Unidos por desestabilizar al orden internacional para imponer sus intereses y su “forma de democracia”, y han advertido que enfrentarán juntos las sanciones que les impongan respondiendo con medidas similares, estrechando los lazos de cooperación y disminuyendo su dependencia del dólar en las transacciones comerciales y financieras (Rusia Insight 18 3 21, Reuters.com 19 3 2021; afr.com 23 3 2021; apnews.com 23 3 2021; theconversation.com 25 3 2021).

Las relaciones internacionales parecen haber entrado en el callejón de una nueva guerra fría. El avance geoeconómico de Rusia y China y la conjunción de sus intereses estratégicos desafía al liderazgo norteamericano. Desarrollando tecnologías de avanzada, industrias estratégicas, instrumentos financieros y corredores comerciales, China y Rusia avanzan conjuntamente en la integración de enormes masas terrestres con gran potencial de recursos naturales y humanos. Si bien no se habla todavía de acciones militares conjuntas, la creciente tensión geopolítica en distintas regiones –especialmente en Ucrania, el Mar Negro, Siria y el mar de la China– abre la posibilidad de que un enfrentamiento localizado se desparrame a nivel global y tenga consecuencias imprevisibles.

Este ruido geopolítico es la música de fondo de otra turbulencia explosiva: el rápido crecimiento de la pobreza en los países del centro y de la periferia. La dinámica actual del capitalismo multiplica la pobreza y la convierte en un desafío a la estabilidad política mundial. Las elites intentan contener las demandas insatisfechas de vastos sectores de la población acudiendo progresivamente a un fascismo aggiornado que, erosionando la legitimidad de las instituciones democráticas, radicaliza los conflictos existentes. Así, la intolerancia norteamericana en las relaciones internacionales crece al calor de los conflictos sociales y raciales que sacuden a este país.

En ese contexto, el aumento de la pobreza a nivel global obliga a bucear en sus causas más recónditas y a analizar la coherencia existente entre las políticas que se toman en el corto plazo para enfrentar a la pandemia y una estructura de poder que siembra la tempestad de un futuro incierto.

 

 

Estados Unidos: pobreza y crisis financiera

Uno de los motivos principales de la desigualdad económica y social que impera en Estados Unidos radica en la brecha creciente entre el incremento de la deuda y el de la producción. Las políticas implementadas desde la crisis financiera del 2008 han profundizado esta tendencia: cada dólar de aumento del PBI requiere hoy de 4 dólares de endeudamiento y de 12 dólares de emisión monetaria.

Esta situación se agravó a principios de 2020: el impacto del cierre de la economía global como consecuencia de la pandemia llevó a la Reserva Federal a inyectar billones de dólares al mercado financiero a bajas tasa de interés. Buscaba así impedir el colapso de grandes corporaciones altamente endeudadas. Esto derivó en un frenesí especulativo que benefició a un sector muy reducido de la población: el 10% que posee el 88.5% de los activos financieros del país. Así, hacia diciembre del 2020 este 10% había aumentado su riqueza en 8 billones (trillions) de dólares. La mitad de ese total (4.2 billones o trillions) fue a parar a los bolsillos del 1% más rico de la población (wolfstreet.com 19 3 2021).

El crecimiento letárgico ha sido acompañado por salarios bajos y estancados y empleo precario. Hoy más del 20% de la población percibe salarios semejantes a los que tenían en el 2009 y registra un alto endeudamiento para cubrir sus necesidades básicas. Más aún, un tercio de la población recibe ayuda estatal para sobrevivir (zerohedge.com 11, 27 3 2021). En paralelo, la inversión de las corporaciones ha sido sustituida por la recompra de sus acciones a partir de un endeudamiento creciente. En un ir y venir: el endeudamiento corporativo alentó a la especulación financiera y creció a la par de este fenómeno.

El gobierno de Biden ha anunciado recientemente un plan de estímulos de 1,9 billones (trillions) de dólares para enfrentar los estragos de la pandemia y un plan de 2,25 billones (trillions) de dólares para proyectos de inversión en infraestructura y de otro tipo, ejecutados a lo largo de ocho años. Estos proyectos son empujados por los sectores progresistas del partido demócrata y responden a promesas hechas durante la campaña electoral. Buscan dar respuesta a las necesidades inmediatas de la población, agudizadas por la pandemia, y reactivar a la economía con inversiones de largo aliento. Sin embargo, han sido paridos al mismo tiempo que la Reserva Federal se comprometía a mantener la actual política de facilitación monetaria con bajas tasas de interés (wsj.com 19 3 2021; zerohedge.com 23 3 2021). Así, desde el vamos, la posibilidad de generar un crecimiento sostenible de la economía real aparece limitada por el chaleco de fuerza de una política monetaria que ha encerrado a la economía en la trampa del endeudamiento ilimitado. Esta paradoja ya impacta sobre la realidad inmediata.

En efecto, el compromiso de la Reserva de inyectar mensualmente 120.000 millones (billions) de dólares al sistema financiero durante los próximos dos años ha fogoneado el endeudamiento corporativo para la especulación financiera. Según el análisis del Bank of America, la recompra de acciones por parte de grandes corporaciones tecnológicas, bancos y corporaciones farmacéuticas ha alcanzado en los últimos tiempos la intensidad que tenía en el 2009 (zerohedge.com 28 y 29 3 2021). Esto expone la dinámica autodestructiva del endeudamiento ilimitado. Otros fenómenos ocurridos esta semana también apuntan en la misma dirección.

La debacle de un poderoso fondo de inversión, Archegos Capital Management, expuso a la luz del día la persistencia y profundidad del sobre-endeudamiento en las maniobras especulativas con derivados (activos complejos que derivan su valor de otros activos). Las acciones de Archegos no tenían respaldo de cobertura y la rápida caída de su valor obligó a un conjunto de poderosos bancos internacionales que operaban como sus brokers a desprenderse de sus tenencias para cubrir las posiciones del fondo. En la vorágine, algunos bancos pudieron vender rápidamente pero otros no lo lograron, agravando sus pérdidas. El episodio fue finalmente contenido y sirvió para iluminar por un instante la magnitud y profundidad de las operaciones con derivados y el desconocimiento por parte de todos los involucrados en estas operaciones de los enormes riesgos corridos. Asimismo, muestra cómo un incidente de esta índole puede propagarse rápidamente y, afectando a múltiples actores y a activos de distinta índole, derivar en una crisis de liquidez con implicancias para el conjunto del sistema financiero (zerohedge.com 29, 30 y 32/3; 1 4 2021).

La especulación con criptomonedas y especialmente con el bitcoin tuvo esta semana un nuevo capítulo: la presentación ante el ente regulatorio norteamericano SEC (Security and Exchange Commission) del primer ETF (exchanged traded fund, artefacto financiero que incluye a múltiples activos y sigue la performance de una determinada variable) emitido por Fidelity y basado en el comportamiento de un índice bitcoin creado por esta corporación. Con esto, Fidelity busca “facilitar el acceso del inversor al mercado de bitcoins a través de un broker tradicional… evitando así los riesgos implicados en la tenencia y compra de bitcoins físicos, minados o adquiridos en el mercado” (sec.gov 24 3 2021; zerohedge.com 2 3 2021). Se inicia así una nueva fase de especulación, esta vez con papeles derivados del bitcoin, que seguramente contribuirá a opacar el valor de referencia de esta criptomoneda y a aumentar su volatilidad.

Así, la lógica del endeudamiento ilimitado fogonea una especulación que puja por desbordar la capacidad de control ejercida por la Reserva Federal sobre el sistema financiero. Al mismo tiempo, esta dinámica parece ser un obstáculo al desarrollo de un crecimiento sostenible capaz de dar respuesta a la pobreza.

 

 

Matriz productiva, pobreza y soberanía alimentaria

Esta semana se conocieron algunas cifras que interpelan el camino elegido para concretar un crecimiento con inclusión social. En teoría, en el sistema capitalista tan elogiado por los grandes empresarios argentinos, una verdad de Perogrullo establece que sin inversión privada no hay producción posible. Esto, sin embargo, estalla ante nuestra realidad inmediata.

Datos recientes del INDEC muestran que “los argentinos” tienen hoy una montaña de dólares, equivalente a seis veces las reservas internacionales del BCRA, guardadas fuera del sistema financiero local. Esta situación contrasta con una estimación del crecimiento anual de la inversión del orden del 12% en febrero de este año (ámbito.com 29 3 2021). Si bien esto último apunta a un inicio de recuperación económica después de la brutal recesión del año pasado, también indica que la misma no se hace en base a nuevas inversiones. La reciente evolución del mercado de trabajo, centrada en la expansión del empleo informal y cuentapropista, corrobora que esta recuperación es endeble y puede ser insostenible a corto plazo.

La escasez de inversión privada no es algo nuevo. En las últimas décadas, este indicador llegó a su punto más alto: 24% después de la crisis del 2002. A partir de entonces fluctuó por debajo del 20% del PBI, con una marcada tendencia a la baja. Esta insuficiencia se asocia a una industrialización centrada en la sustitución de inversión productiva por todo tipo de subsidios del Estado incluyendo, a medida que crecía el endeudamiento externo, una sistemática fuga de capitales. Se fue así conformando una matriz productiva industrial con control monopólico (de capitales locales y extranjeros) en áreas estratégicas; con fuerte dependencia de importación de tecnología incorporada en bienes intermedios y de capital; con sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, fogoneada por la estrategia de acumulación de las multinacionales que dominan las cadenas valor en las que estas ramas se encuentran insertadas. Esta matriz productiva generó endeudamiento crónico y una sistemática carencia de divisas para enfrentar el crecimiento de las importaciones, fenómeno que en años recientes se ha agudizado al ritmo del volumen de la fuga de capitales y del enorme peso de la deuda externa.

La contrapartida de esta acumulación ha sido un mercado de trabajo cada vez más restrictivo y el crecimiento de bolsones de pobreza estructural. Esta semana, nuevos datos del INDEC muestran que la pobreza abarca al 42% de la población, cifra que llega al 57,7% de los niñxs menores de 14 años. La indigencia, a su vez, llega al 10.5% de la población.

Este drama humano habría sido mucho mayor si el gobierno no hubiese adoptado el año pasado medidas de contención específicas. Sin embargo, estas medidas no fueron suficientes y la eliminación del IFE en el cuarto trimestre del 2020, junto con la inflación, ha empeorado la situación de los más carenciados. Esto coloca a la falta de soberanía alimentaria en el centro de la escena política. Su solución exige transformaciones radicales de la matriz productiva. Si bien este proceso llevará tiempo, no se puede postergar su inicio ni tomar medidas que en el corto plazo lo refuerzan y complican su reestructuración futura.

En este contexto, las medidas recientes adoptadas por el gobierno para facilitar la inversión directa extranjera, básicamente la libre aplicación del 20% de las divisas obtenidas de ventas externas vinculadas a nuevos proyectos de inversión; y la flexibilización de la norma que rige el acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) permitiendo a las empresas el pago anticipado de importaciones siempre y cuando se trate de bienes de capital, encienden una alerta sobre la dirección que toman las políticas de corto y mediano plazo. En una economía como la nuestra, estos incentivos pueden derivar, como ya ocurriera el año pasado, en fuga de capitales, sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones. Esto ocurrió a pesar del control de cambios vigente.

Por otra parte, las demandas de exenciones impositivas de todo tipo formuladas por las organizaciones empresarias, el Foro de la Convergencia y el Consejo Agroindustrial; su cuestionamiento al control de precios en las cadenas de valor; su impugnación de las sanciones a la remarcación de precios, muestran que el control de precios involucra una pelea que no se puede dar a medias. Concierne al corazón de la estructura de poder que multiplica la pobreza y condena al hambre. El inicio de una campaña de la CTA para denunciar públicamente las remarcaciones de precios con el fin de aumentar ganancias es un gran paso en la dirección correcta, pues permite visibilizar la causa de los problemas que nos aquejan, y se empieza a cambiar el escenario de la disputa y las reglas del juego que se utilizan para la desestabilización política.

 

 

 

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