Política y sindicalismo

¿Qué puede frenar el rumbo de colisión del barco en que navegamos todos?

 

Acerca del Poder

Es común que se haga referencia al Poder cosificándolo, como si se tratara de algo que se puede aprehender y por ello se posee o no. En similar sentido suele también identificárselo con una posición o cargo tanto sea en el sector público o privado, o indicarlo como un atributo subjetivo que tienen determinadas personas.

Sin embargo esa conceptualización es incorrecta, toda vez que el Poder consiste en un fenómeno dinámico y relacional, en tanto fruto y expresión de relaciones intersubjetivas individuales o colectivas, personales, familiares, grupales, culturales, sociales y económicas.

 

Poder y Política

Desde la perspectiva antes señalada, la Política se muestra como la expresión por antonomasia de las relaciones de poder en cualquier de esos campos y su normativización a través del Derecho regula las manifestaciones de potencia e impotencia de los sujetos que interactúan. De allí que la anomia, falta de normas o desregulaciones extremas, deja que las relaciones de poder queden libradas a las fuerzas, resistencias y vulnerabilidades que se verifiquen en cada situación.

La institucionalización de la Política se refleja en las diversas organizaciones de la sociedad civil, en los ámbitos laborales que podemos —por simplificación— denominar o asimilar a la noción de empresa y, obviamente, en el Estado.

 

Sindicalismo y Política

Desde su origen la organización de los trabajadores tuvo por razón y propósito poner en cuestión tanto como disputar las relaciones de poder imperantes, confrontar en defensa de sus intereses de clase con los del Capital que denotaba una influencia o promiscuidad ostensible en las acciones del Estado.

La acción sindical estuvo siempre inmersa en la Política, excediendo en mucho la mera reivindicación gremial o profesional más allá de que estos rasgos pudieran en ocasiones constituir un objetivo determinado o disimular las pujas de Poder que les daban verdadero sentido.

En la Argentina el movimiento obrero ha demostrado su vocación transformadora de la realidad y de las relaciones de poder, reivindicando el lugar central que le corresponde en el diseño de las políticas pero no sólo de aquellas referidas a cuestiones laborales y gremiales. Tal caracterización que con el peronismo se acentuó con su incorporación clara, y desde entonces inexorable, en la escena política, puso de manifiesto que no era posible pensar la Nación desatendiendo sus inquietudes, planteos, pretensiones y sin convocarlo a una participación activa.

 

La falaz disyuntiva del 21 de febrero

En estos días hubo declaraciones de dirigentes sindicales que con distintas excusas no adhieren o se bajan de la movilización del 21 de febrero, incluso algunos de cuya convocatoria participaron.

Unos, los siempre institucionalistas para que nada cambie o los independientes — dependientes de un solo interés, el suyo. Otros, los de permanente doble discurso, provocativo inicialmente para aparentar lo que no son y reculando o recalculando para no distanciarse de sus verdaderos mandantes que no son, justamente, los trabajadores que formalmente representan.

Aducir que se están mezclando cuestiones políticas con temas estrictamente gremiales o exclusivamente sectoriales es de una puerilidad mayúscula. Pero que eso lo sostengan dirigentes que se dicen o asumen como peronistas constituye una contradicción insalvable, ¿o es que el 17 de octubre de 1945 no anticipo una huelga general prevista para el día siguiente y tuvo como principales protagonistas a los sindicatos?

 

La confrontación sindical

El conflicto laboral no tiene por solo y exclusivo antagonista al empresario. Lo gremial es por definición inherente a la Política.

En ocasiones puede circunscribirse al conflicto Capital-Trabajo, pero es recurrente que aún en esos casos el Estado no esté ausente cuando por acción u omisión resulta ser un aliado del sector empresarial.

En otros casos el Estado es el principal destinatario del reclamo gremial que se expresa en diversas formas de protesta sindical, cuando las políticas públicas afectan o directamente están animadas por propósitos contrarios al interés social que en buena medida representan los sindicatos.

Transcurridos más de dos años del gobierno de Cambiemos cuyas políticas se encuadran en la caracterización precedente, siendo claras muestras de ello el vergonzoso papel del Ministerio de Trabajo, el perverso rol desempeñado por el Ministerio de Modernización, el desaprensivo accionar del Ministerio de Energía o la absoluta falta de equidad que informan las medidas adoptadas por los Ministerios de Hacienda y de Finanzas o por el Banco Central, la inacción de cierta dirigencia gremial no puede entenderse como el silencio de los inocentes.

 

Orígenes y sentido de la movilización

Que en un inicio haya sido el emergente de un conflicto gremial sectorial, en nada incide sobre la legitimidad de la amplitud que esa convocatoria ha provocado, logrando la adhesión de otros sindicatos como de las tres Centrales, de organizaciones sociales y de referentes políticos.

Justamente, el crecimiento cuantitativo y cualitativo generado por esa Movilización se asienta en el hecho incontrastable de que el inicial reclamo sectorial era sólo reflejo y consecuencia de políticas estatales contrarias a los intereses como a los derechos de los trabajadores en su conjunto, sus organizaciones y la inmensa mayoría del Pueblo.

El Movimiento Obrero no sólo tiene derecho a la protesta a través de una movilización como la anunciada, sino que le cabe la responsabilidad principal de encabezar una amplia convocatoria que detenga el rumbo de colisión —en términos marítimos— del barco en el que estamos todos y que conduce el hijo pródigo de Macri, timonel en permanente estado vacacional.

Cada cual elegirá dónde estar, cada quien demostrará lo que realmente es, frente a un llamado que nos involucra a todos sin excepción.

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