Polvo de porotos

La búsqueda del aval científico convive con su desvalorización. ¿Ciencia o magia? 

 

Hablan en primera persona, relatan experiencias sobre sus cuerpos y con las comidas. Hacen recomendaciones sugeridas por los laboratorios o los productores comerciales de televisión. ¿Qué beneficio obtienen las famosas por promocionar estos productos? ¿Por qué echan mano del lenguaje médico? La búsqueda del aval científico convive con su desvalorización. ¿Ciencia o magia? 

Días después de que Viviana Canosa ingiriera dióxido de cloro en el programa de televisión Nada personal, la autopsia realizada al niño de 5 años acreditó de modo concluyente que su deceso se debió al consumo de esa sustancia. Mientras tanto, otros productos ocupan la pantalla. Aunque no son mortales, se inmiscuyen en la publicidad comercial y en las fronteras entre la ciencia, la pseudociencia y las terapias alternativas. 

Horario prime time. La pareja de participantes termina su número. El público espera el puntaje. El conductor interrumpe las devoluciones para preguntarle a un miembro del jurado: “¿Y vos qué producto querés promocionar hoy?” Desde hace algunos meses, esta escena se repite en casi todos los programas de entretenimientos de la televisión argentina. Se trata de Satial y AMPK, también conocidas como “el polvito” o “el truquito”. Sí, el polvo para adelgazar. Comer sin engordar. Parece magia, pero no lo es.  

Los famosos los promocionan como polvos milagrosos y le prometen a su audiencia que con su ingesta bajarán de peso. Sin embargo, su efectividad está en discusión. Los médicos tienen prohibido decir que se trata de tratamientos o promocionarlos como tales. Ese el motivo por el cual los laboratorios convocan a actrices, modelos y conductoras para que lo publiciten. 

Se promocionan como un tratamiento, pero no cumplen con los requisitos de un producto médico. Entonces, ¿qué son? Según sus propias etiquetas, Satial Food y AMPK son suplementos dietarios que inhiben la absorción de los hidratos de carbono porque impiden que trabaje la enzima que se ocupa de digerirlos. Para que un suplemento dietario pueda comercializarse en el país debe estar inscripto en el Registro Nacional de Productos Alimenticios. 

El laboratorio Framingham Pharma produce ambos productos y sus precios oscilan entre $1.500 y $2.200. En 2016, FP fue multado por incumplir las normas de la ANMAT que prohíben publicitar suplementos con anuncios que le atribuyan a un producto propiedades no reconocidas por la autoridad sanitaria. El laboratorio aconsejaba el consumo de Omega 3 por razones de estímulo, bienestar y salud. 

—M: Vos estás fantástica. Hay que pedirte la receta. Se te ve divina, espléndida.

—N: Tengo un truquito, el Satial. Le echo a todo lo que sea carbohidratos. Es muy bueno. No tiene ninguna contraindicación. 

(Almorzando con Mirtha Legrand.)

La publicidad tradicional perdió terreno en la nueva televisión. El polvito mágico no tiene lugar en los anuncios comerciales. “Todo va por publicidad no tradicional”, dicen los productores. El acuerdo por las PNT se realiza en las oficinas comerciales de los canales o directamente con el o la famosa. El chivo es incesante. Usualmente, la publicidad no tradicional completa los desacuerdos salariales entre los canales de televisión y los panelistas, actores o comunicadores. 

 

 

 

 

Hasta hace unos años Jorge Hané —el gurú de Reduce Fat Fast— protagonizaba los segmentos de publicidad tradicional. Fue multado por 245.000 dólares por publicidad engañosa cuando se acreditó que el producto no contaba con estudios médicos o científicos que comprobaran que las pastillas eran efectivas para “eliminar la grasa, reducir peso o disminuir medidas corporales”. Las autoridades colombianas obligaron al laboratorio a mencionar en las publicidades de forma “notoria, legible y visible” que se trataba de un “suplemento dietario” pero no de un producto para bajar de peso. Fue un antes y un después para los suplementos alimenticios, ahora relegados a las PNT.     

Según la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), durante la cuarentena las ventas de “alimentos antiobesidad” aumentaron en un 198%. La industria farmacéutica pasó de vender 237.228 unidades en los primeros seis meses de 2019 a entregar 708.220 cajas en igual período de este año. En especial destacaron dos suplementos dietarios. En la primera mitad de 2019 se vendieron 1.758 unidades de Quelat mientras que en igual período del 2020 se multiplicaron hasta las 398.526 unidades. Satial Food tuvo una variación del 256% en sus ventas. Los polvitos mágicos son productos de distribución extraordinaria en tiempos de pandemia, sólo superados por los ansiolíticos. 

—A: Te veo muy enérgica, ¿Qué estuviste comiendo el fin de semana? ¿Carbohidratos? ¿Qué comiste?Mucha pizza, ¿no?

—N: Vos sabés que yo como mucho carbohidrato.

—A: Soy testigo, con M somos testigos.

—N: Sí, son testigos. Pero, ¿sabés qué? Hay una demonización de los carbohidratos. Nosotros sin carbohidratos no podemos vivir. Como todo, cuando te excedés, no funciona. Cuando te excedés que es por estrés, por gratificarte, por muchas cosas…

—A: Por ansiedad

—N: Ahí tenemos, ya sabés... El Satial y ahí equilibrás

—A: Te clavás la torta, todo. 

—N: Porque el Satial no elimina los carbohidratos. Intercepta los que están de más, porque nosotros necesitamos carbohidratos para tener energía. 

—A: Está claro, ahí le tirás el polvito e intercepta todo.

(Cantando por un Sueño.)

Mágico, fantástico, milagroso, truquito. Estos son algunos de los calificativos publicitarios para Satial. Sin embargo, los avales de la comunidad científica también forman parte del repertorio comercial. En las publicidades, en la página web del laboratorio, en las etiquetas de los productos y hasta en las redes sociales reza una leyenda: “Avalado por la Sociedad Argentina de Obesidad”. ¿En qué consiste el aval? Para la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA) se trata de un suplemento que sirve para controlar el peso, dentro de un plan alimentario y con actividad física. 

El “respaldo científico” que sostiene FM está en cuestión, y se encuentra muy lejos de lo que se publicita en el mundo del entretenimiento. La licenciada en nutrición Jesica Lavia (MN 4824/ MP 857) dice que “la calidad metodológica de los estudios por ahora es deficiente y la mayoría son de corta duración. El muestreo es pequeño y son pocas las personas que participaron de estos estudios”. La descripción del producto también sostiene que la FDA (Federal Drug Administration de Estados Unidos) realizó estudios que confirman su efectividad. Sin embargo, este organismo solamente incluye productos similares a Satial en la lista de aditivos alimentarios considerados generalmente como seguros. El último estudio estrictamente científico realizado en Argentina data del año 2003. Lavia relativiza sus alcances: “En ensayos con ratones pareciera demostrarse los efectos que prometen, sin embargo en estudios realizados en humanos sanos donde a un grupo se le da suplemento y a otro a otro grupo se le da placebo —consumiendo la misma alimentación— no se han notado diferencias significativas entre unos y otros”. Los testimonios de las famosas contrastan con los datos.    

Quizás este sea el motivo por el cual las publicidades no incluyen claramente las leyendas que se les exigen a los medicamentos respaldados por la comunidad científica.  “La evidencia científica no es suficientemente adecuada para concluir los efectos”, insiste Lavia. A falta de profesionales que avalen sus productos, Satial echa mano de las asociaciones civiles, los PNT y el entretenimiento televisivo para publicitarlo. Al ser evaluado por especialistas, lo aparentemente fantástico queda reducido a un aditivo que no daña y apenas ayuda. El discurso mágico se combina con eufemismos médicos. ¿Por qué prevalecen los testimonios de las famosas sobre las recomendaciones médicas?

—P: Quiero volver al tema del polvo diario

—M: El polvo diario se llama Satial Food, es un polvo impresionante. Es incoloro e inodoro. Te podes comer una pizza y te bloquea los hidratos de carbono que después se iban a transformar en grasa. Eso es lo bueno y al mismo tiempo no te quita fuerza. Es muy importante —no es un chivo—, está aprobada por la cosa de la salud.

—P: ¡No sé, vos estás espléndida!

(Pamela a la Tarde.)

Dice Guadalupe Nogués en su libro Pensar con otros, una guía de supervivencia en tiempos de posverdad que “una anécdota no es un dato. Muchas anécdotas, tampoco. El plural de la anécdota no es datos. El problema aparece cuando usamos esas anécdotas como si fueran datos que nos permiten tomar decisiones, y no con la intención de contar una historia o embellecer una idea”. El discurso publicitario basado en las anécdotas crea una verdad confiable y se resiste a ser evaluado. “Si alguien refuta nuestra postura con evidencias concretas y confiables, no podemos defendernos diciendo que muchísima gente concuerda con nosotros. La realidad no es un concurso de popularidad”.     

La ANMAT cuenta con pautas éticas que deben cumplirse en toda publicidad dirigida al público. Según el organismo, los suplementos no deben ser confundidos con los medicamentos porque, a diferencia de estos, se encuentran destinados a personas sanas. Además agrega que no deben ser consumidos con la esperanza de mitigar, curar o tratar alguna dolencia. Para promocionarlos, el organismo obliga a los comunicadores a decir que simplemente “suplementan dietas insuficientes”, algo que no se escucha en la pantalla chica. Es decir, no cuentan con los controles de calidad que requieren los productos de especialidad médica. Entonces, ¿qué estudios se les exigen a los suplementos dietarios? Los mismos que a cualquier alimento. Deben acreditar que no producen un daño y en qué condiciones pueden ser consumidos. El Satial —presentado como mágico— cuenta con el mismo control que una mermelada. 

 

 

 

 

Como se dice en los programas de televisión, la gente pregunta mucho. A veces pregunta sobre los beneficios del producto, pero en otras ocasiones pregunta sobre los efectos secundarios. El sello de la Sociedad Argentina de Obesidad se imprime como estampita, pero no es tan fácil encontrar las contraindicaciones. De hecho, ante las consultas de los consumidores, FP niega que tal cosa exista. La licenciada Lavia disiente: “No sólo no fomentan hábitos alimentarios saludables, sino que promueven hábitos alimentarios muy poco saludables y promueven una muy mala relación con la comida. Son muy peligrosos a nivel psíquico y a nivel social”. Entre los posibles efectos se encuentra la producción de meteorismo, distensión, dolor abdominal, náuseas y diarrea, entre otros. Lavia resalta que estas consecuencias potencian un posible trastorno alimentario. 

—C:  Encontré un polvito que le saca los carbohidratos.

—M: La gente ya está llamando y preguntando.

—C: Es buenísimo porque me gustan todas las comidas malas, antes comía o salteaba cosas nutritivas.

—M: X también lo toma, está flaquísima.

—C: La verdad que me dio un resultado porque no me privé de nada y comí de todo.

—M: ¿Cómo se llama?

—C: Satial Food. Con esto me mantuve toda la temporada. Aparte es re natural, hace que no se te fijen tanto las grasas y a su vez te ayuda a digerir.

(Almorzando con Mirtha Legrand.)

Lo natural es bueno. Es el mantra de las publicidades que buscan aval científico pero no lo encuentran, y recurren a la naturaleza para sustentar los beneficios que la ciencia no acepta. De hecho, el componente natural de Satial es tan natural como el cianuro de las almendras. En la era de la posverdad parece necesario aclarar que lo natural puede ser tan bueno como malo para la ingesta humana.     

Para derribar las restricciones de la farmacovigilancia —que no acepta ni aceptará que los suplementos dietarios son un medicamento o un tratamiento médico—, las publicidades necesitan del amparo natural. Es el común denominador de los suplementos (naturales), cosméticos (naturales) y aceites (naturales). 

Satial está compuesto de quelato de zinc (sintético para favorecer la absorción, también cuestionada por su uso en terapias alternativas, sólo probada como agente que facilita la eliminación de metales pesados) y faseolamina estandarizada del extracto Phaseolus vulgaris. Es decir, polvo de porotos comunes. Los primeros estudios que buscaron probar la eficiencia de la faseolamina para inhibir la amilasa datan de la década del '70. Estas pruebas dieron resultados negativos. Aunque se han realizado innumerables pruebas, los resultados fueron los mismos. Ninguno de los ensayos clínicos realizados muestra una pérdida de peso en los sujetos que lo consumen. El polvo mágico y natural con respaldo científico no es otra cosa que polvo de porotos con agregados sintéticos. El resto es publicidad.  

 

 

 

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