Por la derecha, que hay lugar

Arma de verdad en mano, Abascal emprende la recuperación de España para el franquismo

 

La derecha radical española logró una voz clara, incluir en el programa de gobierno algunos temas propios de su ideario y en agenda los que aún no logra imponer, y estar en un camino de crecimiento en España y en Europa en un año pleno de elecciones.

La novel formación de ultraderecha Vox logró 12 de las 109 bancas de la Junta de Andalucía en los comicios anticipados del 2 de diciembre, un año de realineaciones políticas en todo el espectro ideológico, decisivas para que el gobierno del Partido Popular (PP) y Ciudadanos (Cs) superen la mayoría de 55, poniendo fin a 36 años de gobierno del PSOE.

La participación de Cs, que se lleva la vicepresidencia, es un paradigma de hipocresía política: no se contaminó con las negociaciones con Vox por su apoyo, que dejó por entero a cargo del PP, porque el Presidente francés François Macron se lo prohibió, so pena de ser excluido del frente liberal del Parlamento Europeo.

La aparición de Vox es un tema de fondo. No integra el gobierno que aporta a formar, para no tener Cs que reconocer su apoyo, aunque le resulte imposible negarlo. Disimular la presencia de Vox es un reconocimiento del carácter vergonzante que todavía tiene predicar valores conservadores, arraigados en el catolicismo ultramontano y la monarquía, y sus variedades: el integrismo, el catolicismo corporativo, el carlismo, el fascismo, el franquismo y demás variantes de la derecha extrema. Para la iglesia católica española, este resultado tiene que haber sido muy positivo, pues el avance de la ultraderecha la retrotrae al crecimiento económico, social y cultural que tuvo a mediados del siglo XIX, cuando reafirmó su integración al Estado, se hizo cargo de la educación y sus arcas florecieron. De aquella situación surgió la dictadura de Francisco Franco.

El líder de Vox, Santiago Abascal (un ciudadano vasco de 42 años), que hasta 2013 militó en el PP, seguirá el proceso con el revolver en la cintura que usa “para proteger a mis hijos”. El video de publicidad para Vox que hizo lo muestra a la cabeza de un grupo de jinetes, en la recreación de la reconquista de España para el catolicismo en 1492, y lo cierto es que encabeza el primer éxito electoral de la derecha extrema desde la muerte de Franco en 1975.

La derecha ya había intentado resurgir, pero el fracaso del golpe de Estado del teniente coronel Antonio Tejero el 23-F (de 1981) ahogó hasta ahora el esfuerzo, lo que habilitó los muchos cambios producidos en España en cuatro décadas, y que ahora Vox se propone revertir.

Vox tiene un programa de 19 puntos que los muestra continuadores de quienes expulsaron a los judíos y a los moros de España en 1492. Uno de los puntos (rechazado por ahora por sus aliados PP y Cs) era pasar la fecha nacional de España al 2 de enero: en ese día de 1492, los reyes católicos lograron la rendición del sultán moro de Granada, Boabdil, y con ello el cumplimiento de lo que los reyes estimaban “la asignatura pendiente de la cristiandad”.

En la agenda de intenciones de Vox está derogar las 17 autonomías regionales, pasar al gobierno nacional los temas de educación, sanidad, justicia y orden público; la condena al discurso “de odio y exclusión contra Vox”; recorte del 75% de las subvenciones a partidos y organizaciones sindicales y patronales como paso hacia su eliminación completa; supresión de subvenciones “a ONGs ideológicas que no acrediten fuera de toda duda” su utilidad pública (quién controlará al controlador); la eliminación de ayudas exteriores, competencia exclusiva del Estado, rechazo de toda sentencia judicial proveniente del extranjero, supresión de embajadas comerciales y auditoría a todas las subvenciones.

También rebajas fiscales: bonificación al 99% del impuesto a sucesiones y donaciones (riquezas que quedan así en familias con tradición y propiedad), y eliminación de impuestos sobre la propiedad. Quiere Vox el acceso policial a los archivos civiles (asistencia sanitaria, social, etc.) para localizar 52.000 inmigrantes musulmanes a ser expulsados. Esto no se aprobó, pero sí el control del fundamentalismo islámico, de su educación y la supresión de subvenciones que hoy reciban.

En materia de prensa, liberalizar la concesión de frecuencias. En materia familiar, se instaura una Consejería de Familia y Natalidad, “con especial atención a mujeres con embarazos no deseados para evitar el drama del aborto”, e impulsar la adopción. Y en materia de educación, los padres elegirán el modelo educativo para sus hijos. Además, impone “la garantía de no difusión de ideologías que nieguen hechos indudables (¿qué duda quien duda?), con especial atención a la biología”.

Vox debió renunciar a la derogación de las leyes andaluzas contra la violencia de género y para la no discriminación y promoción de la igualdad de género. Otro de los puntos de Vox no aprobados es la derogación de la ley de “Memoria histórica y democrática de Andalucía” por “su visión sesgada de los acontecimientos entre 1931 y 1982”. La ley fue aprobada en 2007 bajo el gobierno de José Luis Zapatero, y recién en 2017 el PSOE planteó ampliarla a las víctimas del franquismo, casi medio siglo después de que Franco muriera. Lo cierto es que, si se hubiese actuado en tiempo y forma en materia de derechos humanos, la derecha radical española no hubiese podido resurgir como hoy lo hace, porque la situación política general imperante sería muy otra. Ahora, en cambio, se sigue discutiendo si se trasladan los restos de Franco y adónde.

Los resultados electorales del 2 de diciembre se proyectan sobre las elecciones en 8.093 municipios de España y en las del Parlamento Europeo, ambas el próximo 26 de mayo, luego las autonómicas en 13 de las 17 autonomías y, al estar de la política contingente, las elecciones nacionales.

Vox venía en ascenso, y es posible que, si las elecciones de Andalucía hubiesen sido en una fecha posterior, hubiera obtenido más de los 400.000 votos que registró. En un acto para las elecciones europeas que Vox hizo el 7 de octubre –dos meses antes de las elecciones andaluzas— en el estadio Vistalegre, de Madrid, llenó las gradas con 10.000 personas, dejó a 3.000 afuera y tuvo un seguimiento por las redes sociales –Vox dixit—de 100.000 personas. En la opción bipolar de una España cerrada al resto del mundo y una España abierta a las derechas europeas, la amistad forjada entre Abascal y la francesa Marine Le Pen y su Frente Nacional abrió el crecimiento de Vox al de la derecha europea.

Hoy no son pocos los avances de la derecha radical europea, que exhibe el común denominador del racismo y de ser contrarios a la inmigración, principalmente musulmana: tienen el gobierno de Italia y Hungría, y parlamentarios en Bélgica, Alemania, Eslovaquia, Holanda, Suecia, Francia, Austria y Grecia.

En España, la corrupción del PP y del PSOE propició que movimientos alternativos a los partidos políticos tuvieran su espacio, y tras grandes movilizaciones previas, el feminismo hizo el pasado 8 de marzo tal vez la mayor manifestación de su historia. La crisis constitucional de 2018, a consecuencia del independentismo catalán, aumentó la percepción de vulnerabilidad.

Hay mayor inseguridad económica y mayor desempleo (un 16%), que en la lectura simplificada de la realidad se vincula habitualmente con la inmigración como lastre.

Esto, dicho sea de paso, no le da la razón a Abascal y a Pablo Casado, del PP, que agitan el fantasma de la invasión de migrantes. Ellos gustan referirse a la amenaza de “millones de africanos” ante las costas españolas. Casado cita estudios, que no especificó, sobre “un millón de africanos esperando en Libia para cruzar”, y “estudios de ONG que aseguran que hay 50 millones de africanos juntando dinero para hacer lo mismo”.

Nada que ver con los hechos. Entre 2008 y 2017, España recibió a 558.467 inmigrantes. En verdad, el número de migrantes hacia Europa viene en franca caída, y tras un pico excepcional de 221.454 en octubre de 2015, volvió a sus cifras habituales históricas de 10.000 por mes.

Que la realidad no estorbe los discursos de la derecha. Por supuesto, el órdago es la manera de Abascal de ser moderado: la crisis en España “es total”, la crisis económica “es tremenda”, la institucional “es gravísima”, y también lo son “la crisis moral y la de valores”. Pero éste es el discurso que ganó en Andalucía, que tiene un crecimiento promisorio en el resto de España —que en estos términos se integra a la Europa de verdadero tradicionalismo contrarrevolucionario, pues plantea hacer retroceder medio siglo de evolución social y cultural— y que es llevado adelante por una fuerza política nueva que logró una representación parlamentaria.

Mucho indica que Vox ha llegado para quedarse y crecer. Es una fuerza que no tiene mancha de corrupción –estigma de los tiempos—, y sus votantes no son sólo los anti sistémicos, sino que votan con la percepción de que es un voto útil, legítimo y socialmente aceptado. Y, además –el acto de octubre en Madrid, dos meses antes de los comicios en Andalucía lo demuestra—, tiende a crecer en el resto de España, y por extensión, también en Europa.

 

 

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