POR LA VEREDA (DE LA PARTUZA) TROPICAL

Novela sobre una droga que afecta sólo a las mujeres descalabra una sociedad nada imaginaria

 

“Hace un año descubrieron por accidente las propiedades psicoactivas de una flor del género Datura, utilizada comúnmente por las campesinas de la cordillera para fabricar jabones artesanales. Un empleado del laboratorio que estaba de vacaciones por la zona observó que en algunas épocas del año las lavanderas de estos pueblos entraban en una suerte de éxtasis colectivo cuando bajaban al río a hacer su trabajo (suponemos que absorbían la sustancia de manera involuntaria por vía cutánea). De inmediato los gerentes y yo decidimos enviar un equipo de becarios que regresó al laboratorio con muestras de los jabones y de las distintas flores utilizadas en su fabricación. Al cabo de unos meses ya habíamos conseguido sintetizar el principio activo”.

Quien relata el hallazgo es el médico que pone la firma en los productos de una farmacéutica poco escrupulosa, afincada en un país tropical. Hombre mediocrón, vagoneta y fracasado en la práctica clínica, proviene de una familia oligárquica, está casado con una artista plástica, snob y dominante, con quien comparte los tropezones propios del aburrimiento burgués. El doctor cumple la función de voz narrativa en Ornamento, la primera novela que arriba a estas costas del colombiano Juan Cárdenas (Popayán, 1978), cuya acción gira en torno a los personajes encargados en probar las cualidades recreativas de esta droga casi inocua en los varones, pero de cachonda acción sobre las mujeres. Son cuatro las damas que por pocos billetes se someten a la experimentación de la sustancia cuyos efectos resultan “chévere, te da un sueñito bien bueno, ganas de tener cosas íntimas” a una; a otra “Nose bien zabroso, rico, como que te salen halas y se te erisa el lomo. Como que sos la más perra, como que te da un ardosito bien bacano por acá abajo”. La más avispada señala: “Es una droga peligrosa porque te da lo que necesitas, siempre, una droga inteligente que suple tus necesidades, satisface los deseos…”

 

El autor, Juan Cárdenas.

 

 

Variaciones en el lenguaje que pintan con precisión las raíces sociales y culturales sin necesidad de descripciones adjetivas para un manojo de personajes que son toda acción, en una trama tan enredada como transparente en la que no se precisan nombres ni apellidos. Además del doctor está la esposa frívola, los gemelos gerentes que conducen el laboratorio, la madre, la niña, el testaferro, el esbirro y las mujeres conejillos de indias, numeradas del uno al cuatro. Es esta última, la Número 4, que con su misterioso encanto engatusa al doctor, al punto de llevársela al hogar conyugal y armar una insigne partuza.

Negocio redondo, la pildorita con la droga sintetizada se populariza a velocidad del rayo sin hacer distingos de clase merced a su bajo costo. Popularización que al poco tiempo desata una revuelta femenina que se empodera y asalta las bocas de expendio para extenderse en los distintos estratos urbanos. Despelote que se espeja en el matrimonio del doctor y la artista, con las mujeres en constante avance y los varones en el correspondiente, cobarde retroceso. Entre los monólogos psicodélicos de Número 4, la voracidad de los contadores que rigen el laboratorio, las veleidades intelectuosas de la esposa y las reflexiones pastoriles del médico, se va tejiendo un mosaico que describe con sutileza una sociedad y su historia reciente, evitando en todo momento la arenga panfletaria.

La extraordinaria reseña de un desconocido crítico de arte sobre la exposición de la esposa da marco al título de la novela, y a la vez condensa una ideología: “Consigue algo sencillamente divino: reduce todo atisbo de gestualidad radical a un mero ejercicio de decoración de interiores. Esta señora cree que se puede hacer arte simplemente amparándose en su buen gusto de señora fifí, pero a la larga ni fu ni fa. Eso sí, el estupendo andamiaje conceptual me ha sorprendido por su falta de coincidencia con la pobreza del lenguaje plástico”. El comentario al respecto de Número 4 redondea la idiosincrasia de los personajes: “El autor de la reseña tiene algo de razón. De otro modo (…) no estarías dándole tantas vueltas. Quizás necesitas cambiar algo”.

 

 

 

 

Aparecen en forma esporádica alusiones más o menos indirectas a la trayectoria política colombiana; algunas explícitas como la emergencia narco en los años ’80, otras metafóricas como la alusión al Ministerio de la Destitución o al Ministerio de la Restitución de los Destituidos “aunque sin Título de Expropiación Revictimizadora”. También referencias políticas elípticas aunque históricamente situables, como la mención de un tal “Laureano Gaitán-Gaitán con el mismo traje, ni siquiera una mísera máscara, ese ente fantástico que ora se agazapa bajo un canapé, debajo de un policía envenenado, debajo de toda la poesía militar camuflada, sobre un montón de plumas de gallinazo, para servir de testigo a una anécdota inventada por un parte radiofónico emitido desde la jungla”. El mentado Laureano Gaitán-Gaitán condensa dos personajes antagónicos de la política colombiana de medidos del siglo XX, el fascista Laureano Gómez y el izquierdista asesinado Jorge Eliécer Gaitán.

Sin embargo, que se ignoren estos detalles telúricos distantes de todo pintoresquismo mágico en nada restringe la comprensión de una escritura cuidada desde todos los ángulos, en los que Cárdenas presenta una diversidad atrapante. Dotada de una acción persistente en la que pasan cosas todo el tiempo y aborda lo trágico desde una polícroma gama desopilante, hace de Ornamento una nouvelle donde refulge el estilo por encima de la retórica.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Ornamento

Juan Cárdenas

 

 

 

 

Buenos Aires, 2020

140 páginas

 

 

 

 

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