En el principio fue el Hoyo 19

La patria grande del country Highland Park: de Corach, Beraja y Nisman a Bonadío.

Siempre me llamo la atención mi nombre: Carlos Federico. Me lo pusieron mis padres cuando eran jóvenes militantes comunistas. Por Carlos Marx y Federico Engels, me decían. De chico me entretenía buscando conexiones entre los nombres de pila de una persona y su ideología familiar.

Por razones que no tiene sentido explicar acá, pase mi adolescencia en un country de Pilar. En el Highland Park Country Club. Corrían los años 90 y mi obsesión con los nombres de pila ideológicos encontró en un vecino del club un foco de atención: Carlos Vladimiro Corach. (A Federico Carlos Ruckauf lo dejamos para más adelante.)

Si no eras un adolescente fanático de los deportes, la vida en un country solía ser bastante aburrida. Pero como el Highland no era cualquier country y había todo un mundo de gossip sobre políticos, empresarios famosos y alguno que otro del mundo del espectáculo, los más curiosos teníamos con qué entretenernos.

Un domingo a la tarde de 1997, cuando comenzaba a caer la desazón de los domingos previos a clase, con mis dos mejores amigos fuimos al descampado conocido como “17 Hectáreas”. Las “17” son una zona alejada de las viviendas del country, en la zona norte del club donde están las canchas de futbol profesional, cerca del Hípico y del arroyo Pinazo. Es una delimitación geográfica que divide el Partido de Pilar con el Partido de Escobar y era la zona elegida para desplegar el protocolo de seguridad, para que aterrizara el helicóptero del Ministro del Interior de Carlos Menem, Carlos Vladimiro Corach.

Plano de las «17» hectáreas.

Fuimos en bici desde el club house donde solíamos matar el tiempo adolescente hasta “las 17”. M., B. y yo. Íbamos siguiendo el trayecto del helicóptero que escuchábamos atravesar el country cada viernes hasta dejar a Corach para su reposo de fin de semana. Se movilizaba la guardia de seguridad del country, patrulleros de la policía bonaerense, los bomberos voluntarios de Del Viso y hasta un camión de bomberos comprado especialmente por el country.

Llegamos al atardecer a toda velocidad y dejamos las bicis. Nos escondimos detrás de unos montículos de tierra, cerca del lugar de aterrizaje del helicóptero Eurocopter 145 de la Policía Federal Argentina ( el mismo modelo que también buscaba hasta hace poco al Jefe de Gabinete de Macri, Marcos Peña, en Campo Austral, propiedad de la familia Pérez Companc, en Pilar) y seguimos el movimiento de la luz buscahuellas de la aeronave que se movía desde el aire, recorriendo la zona para aterrizar. Iluminaba el área chica de una cancha de fútbol, el área grande, el centro, los arcos, los árboles, el quincho. No había un movimiento nervioso y desincronizado, era más bien el movimiento típico de la luz de los helicópteros de la policía que vigila desde arriba.

Atrás de los montículos vimos que la luz aterrizó. Una vez en tierra, sentimos la ráfaga de miles de watts de potencia eléctrica del buscahuellas por encima nuestro. Era una aventura esquivar la luz, nuestros cuerpos ya no podían estar escondidos. A la segunda pasada del buscahuellas vimos que la luz frenó de manera brusca y volvió para atrás. Con B, cuerpo a tierra, nos miramos y nos mantuvimos agazapados. Pero la luz apuntó directo por encima nuestro a nuestro tercer amigo, que estaba parado con los brazos en alto y una sombra eterna detrás suyo. Vimos a lo lejos como unos autos se ponían en marcha y venían hacia donde estábamos. Llegaron, se bajaron unos hombres vestidos de civil con chalecos antibalas, armados con Itakas y aspecto de policías retirados y nos dijeron en seco: “Váyanse de acá pendejos. Acá no se jode. Porque tiramos a matar”.

Campo de fútbol donde aterrizaba el Helicóptero de la PFA que transportaba a Corach.

Carlos Vladimiro Corach iba a pasar los fines de semana al Highland. A veces alternaba los vehículos por razones de seguridad y llegaba en automóviles oficiales del gobierno. Su llegada en helicóptero al country era un ritual conocido por todos. Tan conocido como sus reuniones con otro socio del club, Carlos Beraja, en el “Hoyo 19”, el café restaurante del Club House del Golf. Allí se los veía conversar, solos o acompañados, al ministro del Interior de Menem y al Presidente de la DAIA y directivo del Banco Mayo, ambos imputados en la causa por encubrimiento del atentado al AMIA. Estos encuentros eran vigilados y protegidos por personal de seguridad del club, provisto por el que por aquel entonces era dueño de la empresa de seguridad “Diamedes S.A”, Atilio Alberto “Mono” Gutiérrez, un ex policía retirado. Personal de seguridad hoy retirado me confirma la presencia allí de Claudio Bonadío, aunque ya no existen los registros de ingreso.

Bonadío era la persona de confianza de Carlos Corach en la Secretaría Legal y Técnica de Presidencia de la Nación, antes de convertirse en uno de los jueces de la servilleta. La relación entre Corach y Beraja es de público conocimiento entre los vecinos y socios del club. No así la que pudiera haber existido entre éstos y otros vecinos y socios del club como Carlos Ávila, Roberto Dromi, Marcos Cytrimblum o Lucio Pagliaro, del Grupo Clarín.

Quien solía ser visto corriendo en la cinta del gimnasio cerca de las canchas de tenis del Highland era el Fiscal a cargo de la UFI AMIA, Natalio Alberto Nisman. Se había mudado al country poco después de su casamiento con la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Asiduo atleta, traspiraba en la cinta. ¿Pensaría tal vez en alguna estrategia judicial para esclarecer el atentado a la AMIA y la responsabilidad de sus vecinos del country Ruben Beraja y Carlos Corach?

Post Scriptum a este recuerdo prehistórico

Foto de ingreso al Highland Park Country Club.

 

Por El Cohete A La Luna

  1. Beraja y Corach están procesados por el encubrimiento, en un juicio que los medios oficialistas han invisibilizado.
  2. En el gobierno nacional se discuten tres hipótesis:
  3. mirar para otro lado como si la justicia fuera independiente, y que sea lo que Dios quiera;
  4. salvar a Beraja, como reclaman el Secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj y el diputado de PRO Waldo Wolff, que fueron sus colaboradores en la DAIA.
  5. que no haya ni una sola condena, porque el foco debe ponerse únicamente en CFK y Héctor Timerman.
  6. El doctor Glock fue apartado por la Cámara Federal de la causa por encubrimiento del atentado, por su ostensible protección a Corach y Beraja.
  7. Nisman lo denunció por un posible atentado en su contra.
  8. Pese a ello, el gobierno con sus asociados de la DAIA y la AMIA inventaron una causa paralela a aquella ya cerrada en la que se investigaba la famosa denuncia de Nisman contra Cristina. Así consiguieron reabrirla y en un asombroso acto de prestidigitación judicial fue a parar al juzgado del doctor Glock, que pasó sin transición ni pudor de acusado a inquisidor.
  9. En una decisión que Human Rights Watch calificó de descabellada y sin fundamentos serios, Glock procesó y ordenó detener a Cristina, Timerman, Carlos Zannini y otros funcionarios por traición a la Nación, un delito que la Constitución reserva únicamente a quienes durante una guerra tomen las armas contra ella o asistan al enemigo. Ese artículo 119 fue redactado pensando en los Glocks, Wolffes y Avrujes del siglo XIX, rápidos para identificar la oposición política con traición a la Patria.
  10. En cuanto cumplió esa tarea sucia, Glock obtuvo su jubilación, que entra en vigencia dentro de ocho días, el 1º de enero.

 

Federico Gaitán Hairabedian es abogado penalista, especialista en derecho internacional de derechos humanos.
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