¿Progresistas contra ecologistas?

Un 24 de marzo que se vistió de verde

La última semana algunos intelectuales del campo progresista salieron en una cruzada contra el ecologismo. “Ecologismo bobo” y “piedras contra el desarrollo” fueron algunos de los títulos editoriales.

Me parece muy peligroso que los intelectuales del campo progresista y ¿popular? estigmaticen y desprestigien un movimiento social de carácter global, que junto con el/los feminismos posee en su interior las más profundas críticas a problemas estructurales.

Bajo la idea de que existe un ecologismo serio y un ecologismo berreta, bobo, simplista, en realidad cancelan a la totalidad. El ecologismo, como el feminismo o incluso el peronismo es un fenómeno complejo que se caracteriza por su diversidad, esto no es una falencia sino una fortaleza. Con fines didácticos solamente voy hablar de dos ecologismos. Uno podría ser el académico científico y el otro el ecologismo desde el grito de la resistencia y la desesperación de los territorios afectados.

El relato progresista que se opone al ecologismo deja a la luz el pensamiento colonizado por el cual existe un solo camino de desarrollo posible. Y estamos hablando de un desarrollo para la inclusión social, la ampliación de derechos y la mejora en la calidad de vida de la totalidad de la población. No confundir fines y medios. El crecimiento económico es, en la actual coyuntura, quizás uno de los mejores medios para alcanzar ese fin, pero solo con crecimiento económico no es suficiente. Mentes colonizadas refiere a la idea de que para lograr los fines antes descritos, el medio es repetir el camino de industrialización, consumo y crecimiento económico que siguieron los países de Europa.

Las restricciones históricas de los denominados países del capitalismo periférico, la teoría de la dependencia de Raúl Prebisch y la historia colonial de América Latina requieren una revisión contemporánea que los complemente con una aguda crítica a los modelos de desarrollo. Desde los sectores de poder con representación en organismos internacionales se habla de desarrollos alternativos: teoría del desacople, mejoramiento de la limitaciones de instrumentos contables como el PBI, empleos verdes, economía circular y otras herramientas más deplorables como los “bonos de carbono”. La crítica, válida por cierto, desde los países del sur global es que el desarrollo sustentable, capitalismo verde, decrecimiento con equidad y economía circular es algo que primero deben hacer los principales culpables de la contaminación global y que nos dejen a los países del llamado tercer mundo crecer a niveles iguales a ellos para después si transitar una vía en donde la racionalidad económica y la racionalidad ambiental estén alineadas.

 

 

Megafactorías de cerdos

Desde el foro agrario Nacional y popular no se está diciendo “no a la producción de cerdos y a la exportación”. Se está diciendo que existe otra forma en que productores pequeños y medianos con escalas de 300 a 400 madres y no de 15.000 sería la alternativa. Los beneficios son múltiples en lo ambiental, en la generación de empleo, en el arraigo rural y en el desarrollo territorial equilibrado.

 

Minería metalífera a cielo abierto

La discusión tampoco es mina sí o mina no. Está claro que se puede hacer minería de bajo impacto ambiental, está claro que el litio es un mineral fundamental en la transición hacia una mayor electrificación de las matrices energéticas. Lo que también está claro es que la minería aurífera no se justifica por su bien de uso sino por su valor de cambio como commodity. También que no ha habido prácticas de bajo impacto ambiental en la minería de oro a gran escala en nuestro país. Y que las multinacionales que se asientan acá para ese tipo de extracción buscan la mayor rentabilidad a partir de estándares ambientales y de disposición de agua y energía barata que no encontrarán en otros lugares del mundo. Ventaja comparativa llamarían algunos economistas, desarrollo ecológicamente desigual le llamaríamos algunos académicos. Y el “agua vale más que el oro” dirán los movimientos ambientalistas desde la trinchera de sus territorios que entienden perfectamente que como bien de uso una cuenca hídrica con agua de calidad tiene mucho más valor que todo el oro del mundo.

 

Hidrovía

Puede ser que en las manifestaciones aparezcan slogans como «no a la hidrovía». Pero no creo que todos hagan un análisis del discurso fino sobre cada pancarta de toda manifestación para deslegitimar un reclamo. La hidrovía existe hace 25 años. El problema es que frente a la reciente bajante extraordinaria y el proyecto de aumentar la profundidad y ensanchamiento del dragado podría tener efectos hidroecologicos muy graves y debería primar el principio precautorio frente a la ausencia total de estudios de impacto ambiental por parte del ministerio de transporte de la nación. ¿No hay otras alternativas portuarias?, ¿No se podrían sacar las cargas por tren hasta puertos marítimos en vez de fluviales?. Nuevamente prima el discurso único, la idea de que no hay otra opción.

 

Agrotóxicos

Está claro que la soja y el maíz son uno de los grandes complejos exportadores que posibilita el ingreso de dólares necesarios para la balanza comercial de nuestro país. Pero también está claro que la exportación no necesariamente tiene que estar atada a una concentración de tierras y de renta, a una evasión fiscal a gran escala, a un avance violento sobre los territorios, deforestando, contaminando y haciendo crecer constantemente la conflictividad social. Por un lado la discusión está en torno al mercado interno de los alimentos. Hay otras formas de producir un alimento más sano para las personas y para el ambiente, desmonopolizando  la cadena de valor, favoreciendo el consumo de cercanía y las cadenas cortas de comercialización. Y por lo tanto haciendo frente a dos grandes problemas de agenda de los argentinos, por un lado la malnutrición y por el otro la especulación, la concentración y la formación de precios de los alimentos por parte de un puñado de empresas y que consumen los argentinos y las argentinas . Y eso no está tocando los intereses de la soja y el maíz para exportación. Pero si le está poniendo un límite, una regulación, un ordenamiento territorial a que se produce, cómo se produce y en donde.

Además, el grito desesperado de, principalmente, madres que se movilizan contra los agrotóxicos no piden que se deje de exportar soja. Sólo piden que alejen las fumigaciones tóxicas de sus casas. Llamar a esto ecologismo bobo tiene una gravedad mayúscula. Y ni siquiera me atrevo a indagar en el sujeto sociopolítico golpista, prepotente y desestabilizador del empresariado agroindustrial y chacarero.

 

Fracking

El fracking viene sobreviviendo gracias a incesantes inyecciones de subsidios económicos. De la historia reciente del fracking en Estados Unidos, país que más lo ha desarrollado, podemos aprender algunas lecciones. Por un lado se conoció la recurrente práctica de declarar mayores niveles de volúmenes potenciales de ser extraídos. Esto servía para la valorización de las acciones de una empresa con fines de especulación financiera. Esta burbuja llevó a la quiebra de muchas empresas medianas (las pequeñas no existen en este rubro). Si hay algo que debemos saber a esta altura de la historia de la economía es que el sistema financiero funciona mediante engaños, trampas, rumores, especulación y asumiendo cada vez mayores niveles de riesgo.

Otro aprendizaje de Estados Unidos, fue el aumento de los sismos, lo cual llevó a que muchas compañías aseguradoras dejaran de cubrir esta actividad frente al aumento de juicios por daños sísmicos y ambientales de todo tipo.

Con estos argumentos no me opongo radicalmente al fracking, pero si a que lo vendan como la salvación y la promesa discursiva épica del futuro de la nación, porque no lo es. Hay que discutir alternativas rigurosas en las políticas energéticas antes de embarcarse en estos megaproyectos.

No se están discutiendo alternativas de inversión a gran escala para procesos de eficiencia energética, lo cual incluye modalidades de transporte y logística de las mercancías en el interior del territorio nacional, cuando debería estar en la primera plana del debate energético, mucho más que el desarrollo de Vaca Muerta, los volúmenes de petróleo refinado que nos ahorraríamos los argentinos ¿a cuantas perforaciones de fracking equivaldrían? Los estudios sobre el ahorro exorbitante de gas que significa el recambio de calefones tradicionales por los de autoencendido por un lado y los solares por otro no está en la agenda de políticas públicas. Una política de mejoramiento en la eficiencia térmica de las casas, edificios e industrias ¿cuánto gas y electricidad para calefacción y refrigeración nos ahorraría?

El desarrollo de la eficiencia energética toca los intereses del negocio de las empresas de energía.  Esto requiere pasar de la idea de la energía como mercancía a la idea de energía como bien estratégico del estado, como bien común y como derecho fundamental.

 

Hacen falta dólares

Discutamos alternativas. Parte de los dólares están en la evasión fiscal masiva que se produce en los puertos, otra parte está en la economía del narcotráfico de sustancias legales e ilegales, para este segundo caso sería interesante discutir regulacionismo frente al prohibicionismo, sumando a lo económico la perspectiva de la salud pública. Hacen falta dólares, discutamos el bimonetarismo de la economía argentina. Discutamos, dialoguemos, construyamos puentes y acuerdos, pensemos alternativas creativas, salgamos de los lugares comunes. Es este el momento histórico de hacerlo, es un momento extraordinario para el cual no podemos buscar la solución en las mismas recetas de siempre. Celebremos la diversidad, ahí está el caldo de cultivo para pensar los medios alternativos para el fin de la equidad, la justicia social y la felicidad de los pueblos. Desde los ámbitos científicos, académicos y políticos progresistas creo que estamos en condiciones de consensuar que el problema no es el ecologismo. El problema es el sistema financiero internacional, los fondos buitres, las formas criminales de endeudamiento externo a las que históricamente estamos sometidos, el problema son algunos sectores concentrados de la economía que conspiran sistemáticamente contra el pueblo. Los ecologistas, no son un problema, sino todo lo contrario dentro de los ecologismos está, me atrevo a afirmarlo, la solución

 

Para concluir

Creo que hay un sector del progresismo que ha comprado el discurso del desarrollo de las instituciones que nacieron de la posguerra. Una mirada simplista y evolucionista respecto a las fases que debe seguir un país para alcanzar el pleno empleo, la inclusión social y una democracia estable. Pero Europa no siguió los mismos pasos que América latina. Así como nuestra historia es distinta nuestro horizonte no debe ser el mismo. Europa tiene estándares ambientales al interior de su territorio que no quiere para los países que le proveen sus materias primas. Tenemos que crear diferentes horizontes de los de los países europeos y diferentes caminos para alcanzar esos horizontes. Ya no existe en la complejidad global una distinción tan clara entre primer mundo y tercer mundo, países desarrollados y en vía de desarrollo u otras visiones binarias que son la ideología que nos impuso el pensamiento dominante.

Europa no ha sufrido el despoblamiento de sus territorios y la aparición de megalópolis en periodos de tiempo tan cortos.Tampoco ha tenido el proceso histórico de concentración de la renta de la tierra de los países latinoamericanos. Europa no tuvo, ni tiene el porcentaje de excluidos del mercado formal laboral que tiene América Latina. Por eso no podríamos hablar en Europa de un sindicato de la economía popular, de pueblos originarios reclamando la soberanía sobre sus territorios. Estas diferencias no deberían ser un problema para América Latina sino la principal característica para dar soluciones creativas frente a los problemas emergentes globales con recetas que no son las europeas. Pero estos intelectuales del campo progresista tienen una visión europea de latinoamérica. Su horizonte pareciera ser el de las socialdemocracias europeas, negando así las distintas historias, territorialidades y un momento histórico que nos reclama pensarnos globalmente mediante modelos de desarrollo distintos a los ya conocidos y practicados hasta hoy por los países mal llamados del primer mundo. Por primera vez en la historia de las marchas por la memoria, verdad y justicia, este año desde la agrupaciones de derechos humanos entendieron que el ecologismo es una de las nuevas banderas que hay que enarbolar por los derechos humanos, la campaña “Plantamos memoria”, es una demostración de las importancia de los ecologismos en los nuevos tiempos que nos toca transitar.

 

Docente de Antropología Económica de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador del área de Soberanía Alimentaria del Taller Ecologista.

 

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