Puan, una película que mete púa

Un retrato de la Argentina desde la Facultad de Filosofía de la UBA

 

En Puan al 400, a la altura del 6.000 de la avenida Rivadavia, cerca de la estación del subte A, en el barrio de Caballito, está la sede principal de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es allí donde unos 15.000 alumnos cursan carreras humanísticas: Geografía e Historia, Artes y Ciencias de la Educación, Edición y Bibliotecología y también Filosofía. Ese mundo inspiró a María Alché y Benjamín Naishtat para la filmación de Puan, un intenso retrato de la Argentina actual, colmada de posibilismo, pródiga en limitaciones, caracterizada por luchas desiguales pero que siempre valdrá entablar e incluso competencias tan miserables como inútiles.

Alché, que le pone firma a su segundo largometraje después de Familia sumergida, y Naishtat, anteriormente realizador de El movimiento, Historia del miedo y la interesantísima Rojo, tienen familiaridad con ese espacio. Ella porque durante un tiempo cursó la carrera de Artes y él porque su padre ejerce la filosofía. Lo que desencadena una especie de tormenta es la sorpresiva muerte del profesor de Filosofía Política, alguien tan prestigioso como querido, y, especialmente, la duda respecto de quién se quedará con su cargo. El antagonismo es esencial en todo conflicto y de eso saben mucho los filósofos. Por eso la anécdota central de la película tiene una fuerte universalidad, porque algo similar puede ocurrir en un banco, en un supermercado, en una redacción, en la interna de un gobierno y en todo sitio en que se dirima alguna clase de poder. En este caso la puja es por ver quién de dos candidatos se quedará con la titularidad de la cátedra del doctor Eduardo Caselli, ahora vacante.

Uno de ellos es el profesor Marcelo Pena, un apellido de cuatro letras, como Puan. Vive a fondo los dilemas de todo docente universitario, multiocupado, que la pasa a los saltos, rebuscándosela en tareas docentes diversas. Cualquiera que lo vea, yendo apurado de un lado para el otro, cruzando obligaciones familiares y profesionales, simpatizará velozmente con él. Queda claro que le sobran antecedentes y conocimientos para ganar el concurso, pero de pronto le ocurrirá un percance desdichado: enterarse que otro aspira a la misma posición. Resulta que, recién llegado de Alemania, se presenta el profesor Sujarchuk, trepador, metido, manipulador. Probablemente su experiencia extranjera también lo hace merecedor del puesto, pero lo que más aparece es su postura de profesor rockstar. También como pareja de la cantante de moda. Uno –bah, quien esto firma– toma veloz partido por Marcelo y suplica no parecerse ni un poco a este soberbio que, por lindito, seduce a todo lo que se le pone adelante. El profesor Pena se la pasa abriendo cabezas y Sujarchuk es un especialista en pisarlas.

 

Leonardo Sbaraglia y Marcelo Subiotto en Filo de Puan.

 

Puan, pese a tener deliciosos momentos de humor (Marcelo se gana unos pesos dando clases particulares a una señora grande que, ajena a los esfuerzos rutilantes del profesor que quiere transmitirle nociones sobre Spinoza, se queda dormida en plena clase) no es una película fácil. Pero sí es una película apasionante porque inquieta, y conduce a preguntas. Aunque no tenga título habilitante, cualquiera que se acostumbre a interrogarse sobre lo que lo rodea será alguien interesante y, para algunas mentes retrógradas, ese proyecto de filósofo podrá también merecer el calificativo de peligroso. Filmada en escenarios universitarios reales, la película remite a la eterna crisis de la educación en nuestro país. De eso también se hicieron cargo Alché y Naishtat, porque el sábado 7, cuando recibieron uno de los dos premios que la película obtuvo en el Festival de Cine Internacional de San Sebastián –el de guión original; el otro fue para Marcelo Subiotto, como actor protagónico– la dedicatoria elegida fue significativa: “A las personas que nos enseñaron a escribir y pensar en el marco de la educación pública argentina”.

Y allí mismo toda la nutrida delegación argentina se pronunció a favor del cine argentino, amenazado por el candidato Milei (y otros: no es el único que se la tiene jurada a la cultura nacional), desde su propuesta de cerrar el Instituto de Cine. Vivir de la filosofía debe ser una empresa tan ardua como vivir del cine. Por eso capitales italianos, alemanes, franceses y brasileños contribuyeron para que esta producción pudiera realizarse.

 

Volviendo a la cuestión del humor, esta película lo tiene y mucho, pero dosificado en momentos estratégicos. Es esa clase de risa tan propia, nacida del dolor, la que nos pone entre la carcajada y la muerte, entre reírnos un poco de nosotros mismos (el profesor Pena lo hace cuando se declara orgulloso por poder leer un libro al revés haciendo la vertical) o agarrarnos la cabeza (cuando por un descuido de su adjunta, que concurre a dar clase con su bebé, el pobre profe se sienta sobre un pañal rebosante de caca). Vivimos en un país en el que, habiendo ocupado aulas en Puan o pasado por la puerta, hay que ser muy filósofo para seguir adelante. La noticia sorprende a Marcelo cuando un día llega a dar su clase: “Están cerrando todas las universidades nacionales… Puan ha dejado de existir”, escucha que grita la decana. La alternativa será, como tantas veces pasó, cortar la calle, transformar la cursada en asamblea educativa y desafiar el celo policial que pretende un desalojo rápido sí o sí.

 

 

Tal vez porque la esperanza es una de las formas finales de la resistencia, Puan termina con el tango de Cobián y Cadícamo, Niebla del Riachuelo. Marcelo Pena se lo pone al hombro como antes cargó con una biblioteca entera con los libros de los filósofos que lo sacaron a bailar la inteligencia. Nunca más volvió / Nunca más la vi / Nunca más su voz / nombró mi nombre junto a mí/ Esa misma voz que dijo adiós. Y uno, que como filósofo es un buen cantante, lo sigue, lo acompaña, lo entiende.

 

¡Qué elencazo!

Marcelo Subiotto, Leonardo Sbaraglia, Mara Bestelli, Alejandra Flechner, Cristina Banegas, Julieta Zylberberg, Damián Dreizik, Héctor Bidonde, Luis Ziembrowski, Camila Peralta, Juan Luppi, Claudia Cantero, breves apariciones de Teresa Calandra, Andrea Frigerio y Lali Espósito, el niño Gaspar Offenhenden y la gran actriz tucumana Liliana Juárez.

 

 

 

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