Putas, al borde del allanamiento

Entrevista a dos trabajadoras sexuales de la Patagonia extractivista

 

Si la prostitución es o no un trabajo es una de las principales tensiones de los feminismos desde el siglo XX, pero hace algunas semanas el debate tomó una visibilidad inédita porque una cantante pop, Jimena Barón, lanzó una campaña publicitaria usando los papelitos que se distribuyen para ofrecer servicios sexuales. Justamente la canción que promociona se llama Puta. El debate aterrizó en los sets de los programas de la tarde y se convirtió en una puja muy poco representativa de lo que pasa con el comercio sexual en todo el país. El Cohete a la Luna se entrevistó con dos putas en la Patagonia extractivista para conocer cómo son sus experiencias.

 

 

 

 

Eme, de 20 años y Emilia de 30 —“se me está yendo el tren de la putez”— son compinches y trabajan juntas. La más joven vive en la ciudad de Neuquén y Emilia en Lago Puelo, en la provincia de Chubut. El trabajo que cuentan con orgullo es un video donde tienen sexo que ya vendieron varias veces a usuarios de Internet. Un éxito, con eso Emilia pudo pagar el depósito y el alquiler de su nueva casa. Además trabajan en departamentos que alquilan por día, en hoteles alojamiento o en casas de clientes. Promocionan su trabajo en páginas de Internet. Las dos tienen otros trabajos además de ser putas y en el tiempo que queda libre aprovechan para hacer turnos o viajar por temporadas a trabajar en otros territorios. La ciudad de Neuquén tuvo un crecimiento exponencial en la última década por el estallido de Vaca Muerta y es un buen punto para trabajar. Sin embargo, dice Eme, quienes más le piden servicios no son los “petrocas”, sino docentes, médicos, viejitos. 

El vínculo entre trabajo sexual y la industria del petróleo en la zona no es nuevo. El primer prostíbulo de Plaza Huincul (ciudad nacida a causa de la exploración petrolífera, a 120 kilómetros de la capital), habilitado a mediados de la década del '20, se conformó a partir de una decisión estratégica empresarial de los gerentes de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y la dependencia respondía al área de Recursos Humanos. Con la finalidad de retener a los trabajadores petroleros, historiza Melisa Cabrapan Duarte, e interpretada como un “mal inevitable” que podía ser controlado en base a las lógicas higienistas y morales propias de la normativa reglamentarista de la época, el área de salud de la empresa se encargó de la instalación y regulación de la casita. Las putas de YPF eran empleadas del Estado y cobraban en la misma ventanilla que el resto. Este antecedente del Estado intercediendo en el comercio sexual está ligado con las características laborales de la extracción petrolera y la construcción de un tipo de masculinidad. En el trabajo petrolero la masculinidad no es solo resultado de la disciplina fabril sino un requerimiento de la misma (como dice Palermo en La producción de la masculinidad en el trabajo petrolero, 2017). En el imaginario militante abolicionista y en sus versiones institucionales tiende a igualarse la ruta del petróleo con la ruta de la trata, pero como sugiere Cabrapan: no podemos considerar “la presencia masculina como la única justificación de la existencia del comercio sexual”, ni podemos igualar comercio sexual a trata o explotación.

 

 

Eme y Emilia, trabajando.

 

 

El abolicionismo en la ley, el feminismo y el algoritmo

¿Esta zona petrolera es un contexto de más demanda?

Eme: Para mí no. Hace dos años sí pero ya no. También depende de tu disponibilidad de horarios. Si podés a toda hora, quizás sí. Pero ya no hay tanta demanda como antes.

Emilia: Claro, a veces te la pasas respondiendo mensajes de supuestas citas que nunca se concretan. Por eso lo de Internet está bueno, el tema de los videos o las videollamadas lo manejas así, como con links en los que se te acredita la plata y podés trabajar con gente de otros lugares. Internet te salva un poco de depender de dónde estás. Y a la vez está todo re podrido en Internet, porque te bajan perfiles, te denuncian las fotos. Cada vez es más difícil por las mierdas antitrata y todo ese mambo.

¿Quién denuncia?

Emilia: Los algoritmos de las redes, ya ni siquiera es gente. Sí hay alguien que capaz que ve tus cosas y capaz te denuncia. Pero ya ni eso hace falta...

Eme: Claro, si ponés “puta” ya te bajan.

Emilia: Si ponés signo pesos. Hay como ciertas cosas que ya están codificadas. 

¿O sea que el algoritmo es abolicionista?

Emilia: Mal. Y es abolicionista por esas leyes. 

¿Y a ustedes qué les pasa cuando las feministas abolicionistas, las leyes o lo que sea las pone en el lugar de víctimas?

Eme: Antes me enojaba, ahora es como que todo me da igual. Pero es porque yo no estoy expuesta a ciertas cosas también.

Emilia: A mí me parece terrible que no se dimensiona. Nadie diría públicamente que es racista o fascista pero sí está bien decir que sos abolicionista. Más allá de las personas concretas que pueden decir eso, el peligro es cómo funciona lo que se dice. Generan cosas que son terribles. Pueden tener las mejores intenciones del mundo, pero son un peligro. Es un peligro. Estás llena de buenas intenciones y de repente querés rescatar a la gente y no tenés idea de su vida, ni de sus decisiones. Dentro de mis posibilidades elijo esto porque me da otros tiempos y me permite ponerle el precio que yo considero a lo que hago. Y eso es mucho mejor que tener que ir a paritarias y estar de paro. Hay una jerarquía re chota de las cosas que permite que cualquiera le diga a la gente que lo que hace reproduce el patriarcado. Yo no le voy a andar diciendo a quienes quieren parir en su casa que reproducen el patriarcado y que cada criatura contamina un montón. El trabajo sexual habilita un montón de fugas, a la sexualidad, al matrimonio, a las prácticas sexuales estandarizadas. Entonces ¿por qué de repente alguien te contrata para que le metas una cosa en el culo y no se lo pide a la persona con la que tiene un vínculo estable hace mil años? O sea, el trabajo sexual habilita prácticas más transgresoras.

¿Cómo quedan ustedes, como trabajadoras sexuales, posicionadas respecto a la lucha contra la trata?

Emilia: A nadie le cabe la trata en ninguno de sus sentidos de la explotación, ¿cómo podés estar de acuerdo con algo así? Hay un chiste callejero: “¿Cuántas veces te han rescatado?” Me acuerdo que en San Juan hubo dos personas a las que le pagaron los pasajes al país del que habían migrado porque estaban en la peor. Entonces esa es la solución a la trata, y detrás de eso hay una política migratoria re chota. Claramente no están luchando contra la trata. ¿En serio te vas a decir abolicionista, con lo que implica? Bueno, hacelo, pero hacete cargo de lo que generás, y de lo que generás concretamente en la vida de las personas. O sea, te cabe mandar a la gente a la cárcel y que se queden las familias pagando, los niños institucionalizados. Y lo peor es que piensan que están luchando contra el patriarcado.

¿Y de los feminismos que dicen no tener posición, ustedes qué piensan?

Eme: No tener posición es ser abolicionista.

Según varias investigadoras (Tarantino, Varela, Daich, etc), cuando comienzan a aplicarse activamente políticas anti-trata, en 2008, comienza una nueva fase de persecución a trabajadoras sexuales. Se pasa a identificar “a todas las trabajadoras sexuales como víctimas, clausurando sus lugares de trabajo y criminalizando distintas inserciones en el comercio sexual”, dicen Daich y Varela. Y se genera la paradoja de que “una política criminal pensada para proteger a las mujeres, está produciendo el mayor porcentaje de persecución penal contra ellas", comenta Tarantino en este artículo

La idea que se instaló por entonces fue que el sistema penal era el instrumento adecuado para conceptualizar y abordar los problemas de desigualdad social y de género que existen en el mercado del sexo y los resultados fueron y son preocupantes. Zaida Gatti, titular de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las víctimas de trata de personas, en una entrevista de 2017 reconoció que de 7.000 mujeres rescatadas, sólo el 2% se reconoce como víctima. 

En la provincia de Neuquén la última ola de políticas antitrata se aplicó a partir de 2010 con la primera ordenanza municipal que prohibió los prostíbulos y casas de citas en la capital provincial, medida que posteriormente se propagó en la mayoría de los municipios incluyendo las comarcas petroleras. En 2016, la localidad de Plaza Huincul sancionó la última de las ordenanzas de prohibición que causó el cierre de tres locales en los que trabajaban al menos setenta mujeres, la mayoría migrantes de Paraguay y República Dominicana, quienes se organizaron para solicitar al Concejo Deliberante la revisión de la decisión. Argumentaban que la medida no contemplaba propuestas laborales alternativas, que ellas trabajaban por propia voluntad y bajo condiciones que les resultaban seguras y económicamente favorables. En la actualidad, la oferta y demanda de servicios sexuales en prostíbulos y espacios privados sigue vigente, algunos municipios incluso exigen controles sanitarios a las trabajadoras, como en el contexto higienista de la normativa reglamentarista. Como explica la criminóloga transfeminista Agustina Iglesias Skulj refiriéndose a la Ley Sueca, que —como en la provincia de Mendoza— además penaliza a los clientes: “Aun cuando se haya producido una diversificación de las maneras de publicitar y acceder a servicios sexuales, la aplicación de este modelo ha conducido a mayores niveles de indefensión y clandestinidad para las prostitutas a las que en principio se dice que se intentaba proteger”. Así, las políticas anti trata aplicadas en la provincia de Neuquén aumentaron la violencia institucional y el estigma social, a la vez que acotaron los márgenes de negociación de las condiciones laborales y las posibilidades de autonomización para quienes ejercen el trabajo sexual. 

 

 

Eme y Emilia, fragmentos de un video laboral.

 

 

¿Les da más miedo esa violencia que quizás viene de algunos feminismos abolicionistas, que tiene su correlato en la violencia institucional, que lo que les puede pasar con una persona desconocida?

Eme: Es una violencia legitimada y pedida por esos feminismos. Sí, da más miedo eso que lo que pueda pasar con un cliente.

Emilia: Tenemos nuestras maneras de sentirnos seguras con una persona desconocida, estamos organizadas y, además, nada te deja exenta de una situación de mierda: ni casarte ni encontrarte a coger por Tinder (app de citas) con un desconocido. En todo caso el tema de las violencias está, pero excede al trabajo. Pero bueno, el stress post-traumático es del trabajo sexual…

Eme: De los 30 clientes por día...¡ojalá!

Emilia: ¡Tendría zapatillas nuevas! Tienen la idea ridícula de que es mejor estar sentada mil horas cosiendo por dos mangos, eso es súper clasista. ¿Por qué preferís que alguien de un barrio trabaje mil horas por dos mangos y no que trabaje menos por más plata y estar piola?

Eme: Se dice que las trabajadoras sexuales vendemos el cuerpo, y las personas que están cocinando todo el tiempo no lo están haciendo. Además, lo que me sorprende de las abolicionistas es que son todas muy chicas, muchas menores. 

Emilia: Yo soy de San Juan y allá la media de las abolicionistas está toda matriculada en instituciones, en los juzgados, en los ministerios, en las direcciones de mujer, de niñez, de familia. Si bien discursivamente podés ser abolicionista, quien se posiciona además políticamente, tiene una situación particular.

¿Por ejemplo?

Emilia: Y...una abogada de la Municipalidad. Una trabajadora social, una psicóloga….

Todas las de “la industria del rescate” (refiere al libro de Laura Agustín Sexo y marginalidad: emigración, mercado de trabajo e industria del rescate), ¿no?

Eme: Sí, tal cual. Al borde de quitar niños, prefieren que no estén con su madre y dejarlos en una institución del Estado... Prefieren que esté con el padre golpeador en lugar de con la mamá, porque ella es puta...

Emilia: Y así obligan a la gente a mentir, imaginate qué paja tener que mentir y decir que cuando te vas de noche es porque cuidás viejos.

 

 

 

Un feminismo que te prefiere en la cárcel

¿Qué les da miedo o preocupa de este estigma que hace que muchas trabajadoras sexuales tengan que mentir? ¿Cómo opera el estigma en ustedes o en otres que conocen?

Emilia: Las diferentes visibilidades tienen que ver con que no te echen del departamento... 

Eme: O de otro trabajo.

Emilia: Ya vivir es suficientemente una cagada como para que lo que vos hagas para comer y estar te exponga a que se haga más inhabitable el mundo. No conseguir un lugar para vivir es un montón y se complica más si tenés gente a cargo, o no tener comida, o que salgas a laburar y que te metan en cana. Si te meten 5 días y tenés un bebé, ¿quién le da de comer? Eso es lo peor, lo que tiene que ver con las vidas en general, y eso es lo que hace el reconocimiento como trabajo, la vida un poco más habitable, organizarte mejor.

Que se achiquen tus márgenes de riesgo, de persecución, criminalización…

Emilia: Que te choreen en la calle, que te caiga la cana y te quiera cobrar…

¿Ustedes pasaron alguna de esas situaciones? ¿Por la modalidad de trabajo no están expuestas a la policía o sí?

Emilia: Sí, estás expuesta; y a los allanamientos. No estás en la calle, pero si estás en un departamento y se corre la bola… Todo el tiempo estás hablando con gente y nunca sabés con quién hablás, si es un cana que está en una investigación. Si cae un allanamiento y estamos nosotras dos juntas en un departamento, quien abra la puerta va a ser quien regentea, quien está adentro es la víctima. Las pruebas son ridículas: los mismos forros que te da el Estado son la prueba que luego usa el Estado para demostrar que ahí había explotación. ¿Cómo medís la explotación? Yo me autoexploto. Tengo amigas en la feria de El Bolsón que cosen 10 millones de cuadernos por día, nadie les va a ir a allanar la casa.

Las antropólogas especializadas en comercio sexual Daich y Varela analizan que “en contraste con la visión dicotómica entre explotadores varones e inocentes mujeres propia de las retóricas anti-trata, las mujeres se encuentran muchas veces involucradas en el comercio sexual como terceras partes”. Las mujeres que ya son grandes para ser trabajadoras sexuales asumen el rol de coordinadoras o de cuidados: “Tal es el caso de las recepcionistas y encargadas, quienes frecuentemente son ex trabajadoras sexuales de mayor edad que buscan otras inserciones en el mercado”. Y esa participación es leída por las instituciones de rescate de mujeres tratadas como un rol de regenteo y proxenetismo. 

¿En su experiencia o en las de conocidas, hay criminalización del trabajo sexual?

Emilia: Sí, terrible. Cuando hablamos de que es un trabajo decimos que una señora que ya no puede trabajar tenga jubilación porque además si pertenecés a una organización de putes y ya no podés trabajar y empezás a hacer otro rol dentro de ese espacio, quedás súper expuesta a terminar encanada por “facilitación de la prostitución” y de eso a ser “tratante” no hay nada, un delito federal, cárcel preventiva, un escándalo. A nadie le cabe la trata, pero ¿por qué el abolicionismo va contra putas que se están organizando? Putas que son de diferentes edades, vidas, esto que te contamos es concretamente una experiencia pero hay miles, más o menos precarizadas, con más o menos privilegios. ¿Cómo puede ser que tu activismo termine metiendo en cana a viejas pobres con familia? Es un núcleo delirante, un loop del terror. Con una maquinaria publicitaria enorme, llena de sangre joven escribiendo carteles de mierda que son terribles, victimizando, hablando por otra gente, suponiendo cosas que ni saben, porque la mayoría de la gente nunca habló con una puta. Porque la mayoría del estigma es eso: estamos en todos lados y nadie sabe cómo vivimos. El estigma de la precarización te expone a mierdas: esta semana mataron a una puta en Rosario, a 10 días del paro feminista. ¿Quién habla de eso? ¿Hay panelistas clase B emocionados hablando de eso? 

 

 

La campaña de JImena Barón que masificó el debate.

 

 

¿Y qué les pasa cuando ven estas organizaciones Radfem (Feminismo Radical es una rama que excluye del feminismo a cualquier identidad que no sea mujer cis y además son abolicionistas) ahora resurgiendo?

Eme: Son un montón, me acuerdo en el 3 de junio (Ni Una Menos) que eran una bocha acá las del Bloque abolicionista

Emilia: Para mí tiene que ver con una movida fascista y de derecha. ¿Cómo puede ser que tu discurso se pueda confundir con la gente de Con mis hijos no te metas? Hay algo muy raro, son más evangelistas que otra cosa. Les re cabe jugar al Estado, ser paternalistas. Habla una puta y dicen “no”. Y si no tienen argumento bardean a todas diciendoles “fiolas”. Con ese criterio todas somos fiolas.

Eme: Nos pasamos los números, nos pasamos los clientes, nos recomendamos.

Emilia: Es muy peligroso que la organización sea penalizada. Y ahí es donde están las redes pero es un bajón estar todo el tiempo al borde del allanamiento. Ni hablar del bardo que es conseguir un lugar para alquilar, a veces nosotras alquilamos por día, ahora nos pasan contratos donde está escrito que no podés alquilar para laburar de prostituta ahí. 

¿Eso antes no les pasaba?

Emilia: No, nadie quiere quedar pegado. Un escrache al departamento puede terminar en tu teléfono pinchado, es súper peligroso. Y eso coarta las posibilidades de las diferentes experiencias. No podés tener experiencias partiendo de lo represivo. Y si no podés tener experiencias, es siempre resistir, nunca podés estar como existiendo. Siempre estás dándotela contra la pared, resistiendo, resistiendo. Por eso la utopía futura, no se puede vivir si siempre estás resistiendo, ¿cuando te toca vivir eso como vos querés o mejorar tus condiciones? Mirá si le vas a decir a un maestro que no puede dar clases particulares en su casa. Es una jerarquía con lo sexual y con lo que se cree que es lo sexual.

 

 

Vacaciones gracias a la prostitución

Vos decías hace un rato: “yo lo que no quiero es trabajar”, pero esta actividad, ¿la considerás un trabajo?

Emilia: Claro. 

Eme: Mucho trabajo. Te seca la mente contestar mil mensajes por día, no es uno solo. ¿Nos vemos hoy? Es una charla previa de 5 horas, te preparás, vas hasta el lugar, es un montón de tiempo.

Emilia: Como todo trabajo tiene sus puntos de mierda. Desde mi experiencia me ha pasado de estar bastante bien, que no me ha pasado en otros trabajos. Fui camarera y la pasé mal.

¿Estabas bien en el sentido económico?

Emilia: Económico y de tener tranquilidad. Cuando empecé a trabajar me pasó de tener unas ansiedades, unos miedos. Pero son pelis de temer algo que no había hecho antes. Fui camarera y fue de terror, no había ninguna abolo queriéndome rescatar del (restaurante de) sushi donde trabajaba. Tampoco me quieren rescatar ahora porque no hay ninguna queriéndome pagar el alquiler, esa es la posta. Del 1 al 10 de cada mes sufro y no veo a nadie mandándome plata para salvarme de la prostitución. Sí es un trabajo, ahora nos vamos de vacaciones gracias a la prostitución y creo que me merezco las vacaciones.

¿Están organizadas con otras trabajadoras o trabajadores sexuales? ¿Qué implica el reconocimiento social como trabajo?

Emilia: Sí, estoy dentro de la Red nacional por el reconocimiento del trabajo sexual, que sale de unos encuentros de Ammar Córdoba, que es un sindicato. Yo estoy como una puta suelta pero está bueno ir formando redes. Las redes abarcan un montón de cosas: dónde vivo, cómo habitamos el lugar, cómo nos relacionamos. Cuando vas a trabajar mandás un mensaje y avisás que está todo bien y en la red también hay gente que no trabaja de esto.  No está bueno que alguien que no trabaja de pute hable por nosotras, pero no es necesario ser pute para sostener la contienda contra el abolicionismo. No vas a dejar pasar algo racista por más de que no seas una persona negra, esto es lo mismo.

¿Vos también formás parte de la Red?

Eme: Sí, más o menos. Estoy en una bastante anti con todo. Fui al encuentro de putas que se hizo en Córdoba en 2018, pero estoy con otras cosas que me tienen ocupada.

Emilia: Más allá de las maneras de estar, nos sabemos parte. Hay vínculos de cariño, y además tendés lazos con gente que no conocés, por ejemplo: hay una puta presa y juntamos plata para que le llegue, porque tiene varios hijes y prisión domiciliaria, no puede laburar y la red sostiene, son cuidados. La red funciona más allá de las cuestiones concretas del pedido de reconocimiento.

¿Qué implica el reconocimiento?

Emilia: Me parece que es super importante, más allá de que tengo mis mambos con el tema del trabajo, sé que hay otras personas que están en otra situación, que ya están grandes, que no quieren trabajar más y que no puede ser que no tengan ni obra social ni jubilación. 

Antes de hacer este trabajo, ¿qué pensaban de la prostitución? Todas crecimos en la misma sociedad donde ser puta no está bien visto, ¿recuerdan un antes?

Emilia: No tengo recuerdo muy claro pero sí, seguramente tenía una mala imagen.

Eme: Y cuántas veces hicimos favores a cambio de algo, eso también es trabajo sexual. Coger con un amigo para que te lleve a algún lugar, para que te dé ciertas drogas, te das cuenta de que lo hiciste siempre.

Emilia: Las personas que nos contratan suelen estar muy nerviosas, o sea que si es por detentar el poder y manejar la situación... te das cuenta de que vos manejás todo, está re bueno. Las personas te buscan, tienen hasta miedo de decirte lo que quieren, están nerviosas, están en una. Te piden perdón. Una vez tuvimos un cliente juntas, un señor de 70 años con boina, panzón, el turno fue a las 10 de la mañana, se había escapado de la señora y del trabajo para llegar ahí a que le metieramos cosas en el culo, lo amo. Hay un mundo de cosas que está por fuera de la imaginación punitiva y ese morbo de que te quieren violar y quemarte puchos. Esas cosas pasan en todos lados, es terrible, pero no tiene que ver con el trabajo sexual en sí, no es intrínseco, al contrario. Yo he visto más cosas de experimentación y liberación de las personas que otra cosa. Pero imaginate que alguien por fin se anima a experimentar y salta en el diario que está penalizado el cliente de prostitución. Es todo terror, terror, terror, pánico moral, miedo, prohibición.

¿Al final entonces terminaron deconstruyendo sus propias ideas, los miedos?

Emilia: Sí, hasta las corporalidades con las que te vinculás. Los tamaños, los colores, las capacidades, hay un mundo de diferentes discapacidades que si no tienen una asistencia no tienen una sexualidad. Hay cuerpos que si alguien no te agarra la mano y te la lleva a algún lado vos no llegás a tocarte. Pero ahí... bueno, estás al borde de la violación de una persona con discapacidad. Y hay un mandato muy heterosexual, andá a pensar que el disca se quiere culear a un pibe.

 

 

 


Eme y Emilia son los "nombres de atorrantas" de las dos entrevistadas, prefirieron también resguardar su imagen.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí