¿QUÉ NOS HACE HUMANXS?

A 37 años de una peli que, más allá de sus superficies deslumbrantes, se atrevió a formular una pregunta esencial

 

Cuando vi Blade Runner por primera vez, yo tenía veinte años y vivía esa forma rastrera de la existencia que sólo prospera bajo una dictadura. Corrí al cine tan pronto la estrenaron porque reunía atractivos que la hacían irresistible: estaba basada en una novela de Philip K. Dick —el más visionario de los autores de ciencia ficción, de cuyo imaginario paranoide parece haber derivado el mundo actual—, la dirigía Ridley Scott —de quien había amado Los duelistas (1977) y Alien (1979)—, estaba protagonizada por Harrison Ford —o sea por Han Solo / Indiana Jones— y tenía música de Vangelis. Además, la promesa de mezclar la ciencia ficción con un componente noir (de hecho funciona como una novela de Philip Marlowe que ocurre en el futuro, con femme fatale incluida), la volvía aún más atractiva. Se trataba de un combo entre dos de mis géneros favoritos: ¿cómo podía perdérmela?

Pero al entrar al cine —el estreno mundial ocurrió hace 37 años y monedas, el 25 de junio del ’82—, me encontré con mucho más que eso. Para empezar, era ciencia ficción y policial negro pero también una historia de amor y una relectura de muchos mitos —entre ellos el de Orfeo, aquel artista que descendía al Inframundo para rescatar a su amada—, razón por la cual no encajaba cómodamente en ningún género. Pero eso no resultaba obstáculo alguno para su grandeza. A fin de cuentas, Casablanca tampoco puede ser definida por un único género.

 

Deckard y Rachael, u Orfeo y Eurídice: esa vieja historia de amor.

 

Pero también presentaba una visión del futuro que nunca antes se había desplegado ante mis ojos. En esa ficción que pretende transcurrir durante el año 2019 —o sea, exactamente en nuestro presente—, Los Angeles es una ciudad que vive una noche eterna y es constantemente bañada por una lluvia ácida. La elección del lugar aumenta la ironía: un escenario que suele asociarse al clima benévolo constante que todavía es propio de California, arruinado por la toxicidad de la industria humana. Scott ya había intentado generar una visión diferente del futuro en Alien, donde la Nostromo no se parecía a las naves brillantes y prístinas en las que Hollywood solía trasladarnos a la velocidad de la luz, sino más bien a un camión basurero interestelar. Pero en aquel film, la mugre, el óxido y los caños a la vista quedaban confinados a la versión espacial de Cliba, y en Blade Runner estaban desparramados por toda una ciudad a la cual convertía en el más inquietante de los espejos de nuestro mañana.

 

Gaff, el policía de origen latino que interpreta Edward James Olmos.

 

Esta peli supuso la primera vez en que avizoramos un futuro que terminaría alcanzándonos antes de tiempo. (Hace rato, como dice el Indio en Todo un palo.) Para empezar, multirracial. La gente que circula por esa megalópolis es en su mayoría de rasgos orientales y hasta latinos, como el policía Gaff que interpreta Edward James Olmos. Además está dominada por las corporaciones, a quienes la cana presta servicios a cada paso. (Deberíamos haber prestado más atención a este rasgo: en Blade Runner no hay mención alguna a la existencia de lo que debería ser el poder político —legisladorxs, gobernadorxs, Presidentxs—, todo lo que existe es el poder económico que aquí simboliza la corporación Tyrrell, y su guardia pretoriana policial.) Otro elemento anticipatorio al que nuestro tiempo también apunta es la destrucción de la pirámide social. Por lo que se ve, en el mundo de Blade Runner sólo existen una población mayoritaria que vive en condiciones casi marginales, la minoritaria casta de los servidores públicos —la yuta y los empleados de las corporaciones— y los millonarios, que son virtuales dioses. La única pirámide que existe allí es la física que funciona como morada de la corporación Tyrrell, un homenaje en vida al poder faraónico de su fundador.

Es verdad que en nuestro 2019 todavía no logramos crear autos que vuelen, y que ciertas empresas que en el ’82 parecían apuestas seguras dejaron de existir. (La bancarrota de Atari y de PanAm, cuyos logos son ostensibles en el film, sugirió la existencia de lo que alguien bautizó «la maldición de Blade Runner«.) Y aunque tampoco hemos arruinado el planeta a ese extremo, está claro que vamos en camino; cualquiera que lleve cierto tiempo caminándolo y no haya percibido que el clima está cambiando, está ciego, es medio tonto o simplemente un Trumposo profesional.

Pero su rasgo anticipatorio más perturbador es otro. A través de la creación de esos androides a los que llama replicantes —unos robots de tal perfección, que resulta difícil distinguirlos de sus contrapartes humanas—, Blade Runner planteó uno de los temas centrales de nuestro tiempo: los problemas que derivan de vivir en un mundo donde se torna casi imposible diferenciar lo verdadero de lo falso.

 

 

¿’Fake’ o posta?

En Blade Runner —como en buena parte de la obra de Dick— se pinta un universo donde las representaciones pueden ser más persuasivas que la realidad. El slogan de la corporación Tyrrell, creadora de los replicantes, apunta en esa dirección: Más humano que lo humano, promete. La trama gira en torno al peligro mortal que supone perder la capacidad de diferenciar la realidad de un simulacro. Pero en el contexto de la película, lo que a cada paso puede acabar con el protagonista, Rick Deckard (Harrison Ford), es no advertir a tiempo que está en presencia no de un humano sino de un artefacto; en cambio en este mundo, lo que puede acabarnos es nuestra capacidad —cada vez más comprometida— de desconfiar del monstruoso edificio de mentiras que el poder nos vende a diario como noticias.

Un par de años más tarde, la Terminator original retomaría esta temática frankensteiniana de creaciones que se vuelven en contra de su creador. Pero en esa saga originada por James Cameron, las inteligencias artificiales que quieren adueñarse del mundo son un villano inequívoco, la corporización de un Mal que no nos deja otra opción que destruirlo. A mi juicio, las reflexiones que inspira Blade Runner son menos adolescentes. Terminator es simplemente un gran espectáculo; Blade Runner también lo es —sigue viéndose tan nueva, tan deslumbrante como hace 37 años—, pero además es una obra de arte sobrecogedora, que nunca deja de sugerir ideas que antes no estaban allí y además cuestiona la esencia de nuestra humanidad.

 

 

A tono con su desconfianza respecto de lo que aparece como real, Blade Runner confunde nuestras expectativas de manera constante. Es un relato que de arranque presenta como villanos a los replicantes, para terminar dando vuelta el tablero por completo: los verdaderos villanos son, en este universo de superficies engañosas, la corporación y todos los que trabajan para ella; y aquel a quien identificamos desde el comienzo como el héroe debe revisar su conducta y modificarla de cuajo, para romper con el sistema y dejar de ser su cómplice.

Por detrás de sus velos deslumbrantes, Blade Runner es un film político, o al menos uno que pone la mesa para el banquete de una gran rebelión por venir — algo así como Espartaco 2019. Durante su travesía, los replicantes dejan de ser considerados apenas como máquinas defectuosas para definirse como partícipes de la humanidad y reclamar por primera vez sus derechos esenciales: aunque fueron creados como esclavos —electrodomésticos sofisticados—, defienden su autodeterminación. El planteo que expresan es el mismo de tantas minorías a lo largo de la historia: Nosotros no somos seres inferiores, y por lo tanto deberíamos gozar de los mismos derechos que ustedes, los de la casta que se tiene por superior. ¿Y cómo apuntan a demostrar la justicia de su reclamo? Cuestionando la humanidad de sus (hasta entonces) amos.

Lo que Blade Runner nos fuerza a pensar es qué demonios significa esto de ser humanos… y si en la práctica, más allá de las apariencias, estamos siéndolo de verdad.

Porque, aunque parezca imposible, existe una chance de que sólo seamos humanos virtualmente.

Así como ocurren las fake news, puede que estemos rodeados de fake humans.

 

Deckard y la maquinita que dice diferenciar lo verdadero de lo falso.

 

A orillas del Río Grande

La revelación más potente respecto de su propia humanidad la obtienen los replicantes tal como la obtuvo nuestra especie: a partir de la conciencia de la propia mortalidad. Los Nexus 6 —la más avanzada generación de androides— han sido concebidos con fecha de vencimiento, en un giro argumental con ecos mitológicos. Su creador Eldon Tyrrell sabe que ha dado a luz criaturas magníficas, y para evitar que evolucionen y desarrollen ideas propias —o sea, que cuestionen el rol para el cual han sido diseñados, que es el de servirnos sin proferir quejas ni hacer huelga—, los ha dotado de un tiempo de ‘vida’ muy breve. (Quién quiera encontrar aquí resonancias de los relatos creacionistas, con Tyrrell como una suerte de Yahvé científico, puede.) Esto es lo que impulsa su rebelión: el descubrimiento de que ‘morirán’ demasiado pronto. Por eso abandonan sus puestos de trabajo y quieren llegar donde Tyrrell, a quien creen capaz (¿o acaso no ha demostrado que es Todopoderoso al crearlos?) de alterar esa realidad y permitirles ‘vidas’ eternas’, o cuanto menos más largas. En este contexto, los que pasan por ser los últimos dos replicantes de la línea Nexus 6, Roy Batty (Rutger Hauer) y Pris (Darryl Hannah), se recortan de la historia como unos Adán y Eva trágicos, que hacen lo que sus antecesores no se animaron a hacer: lejos de desobedecer a su Creador, como pretende el mito de la manzana y el Árbol de la Sabiduría, se rebelan completa y conscientemente contra su voluntad.

 

Pris y Roy Batty: la versión rebelde de Eva y Adán.

 

Esta asunción de la mortalidad es lo que humaniza a Batty por completo, y lo compele a proferir ese monólogo antológico que desde entonces soy capaz de repetir de memoria. Después de mencionar las maravillas que ha sido capaz de ver y experimentar durante su ‘vida’, Batty dice lo mismo que diría cualquiera de nosotros en la inminencia de la muerte: Todas estas cosas se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. En los momentos finales, y a pesar de no haber nacido del mismo modo ni estar hecho de los mismos materiales, Roy Batty es tan humano —o incluso más, por mérito propio— que nosotros.

 

 

Pero para llegar a esa dolorosa conciencia, los Nexus 6 han debido atravesar una metamorfosis. Según Tyrrell explica, la ‘mente’ de los replicantes tendía a derrapar a medida que ganaban experiencia; eso les producía una suerte de psicosis, una ‘locura’ que les impedía funcionar y por ende ser controlados. La solución fue implantarles recuerdos ajenos, downloadearles una memoria humana: eso los dotaba de una historia, de identidad y de sentimientos y, al volverlos empáticos, los tornaba más dóciles, manipulables.

Acá volvemos al tema de nuestro tiempo. Aquello que los replicantes asumen como recuerdos de su infancia y juventud, sus vivencias iniciales y por ende formadoras, es falso. Me permito suponer que todos los que vimos Blade Runner desde el ’82 —y aun más a partir de la caída de la dictadura— nos hemos preguntado alguna vez qué prueba tenemos de que nuestros recuerdos son reales. Porque nos consta que mucho de lo que conservamos en materia de escenas de la infancia no es un recuerdo verdadero, sino la recreación mental que hicimos —nuestra propia ‘película’— a partir de las anécdotas que nuestros mayores contaban incansablemente. Y aunque está claro que aún no existiría la tecnología necesaria para ‘descargar’ recuerdos, entendemos que la experiencia argentina creó caminos dramáticos para lograr algo similar. ¿Qué otra cosa más que recuerdos falsos —vivencias que objetivamente le pertenecen a un otro virtual— son las memorias de lxs hijxs de desaparecidxs que siguen sin saber quiénes son y de dónde vienen?

El hecho es que, falsos o no, esos recuerdos producen efectos colaterales. Aunque la memoria se vuelva cuestionable, la experiencia afectiva permanece. Sentir es un camino que no puede desandarse. Y por eso los Nexus 6 reconocen necesidades nuevas: sufren cuando un congénere sucumbe, quieren ser libres para buscar su propia felicidad, temen por su futuro y se resisten a la idea de la muerte. ¿Acaso existe un anhelo más humano, aun a pesar de que lo experimente una criatura en la cual se entreveran tejido orgánico con máquinas y circuitos?

 

 

Cuando Batty muere, todos sentimos que ha llegado a ser infinitamente más humano que Deckard — y Deckard es el primero en creerlo. (Dejo aquí de lado la tesis de Scott respecto de que también Deckard es un replicante, que las distintas versiones de la peli no han establecido de modo inapelable y que la secuela Blade Runner 2049, de Denis Villeneuve, tampoco ha hecho suya.) Lo que importa es que, a pesar de que sus recuerdos sean una estafa y de que no esté hecho del todo de carne y hueso, en sus últimos momentos Batty siente un amor tan descomunal por la vida que elige perdonar a quien hasta entonces trató de matarlo; le regala a Deckard la posibilidad de seguir experimentando esa maravilla que a él se le está escurriendo entre los dedos.

Si tuviese que decir cuál es la esencia de nuestra humanidad, yo diría que es esa misma de la que Batty hace gala al morir: la capacidad de experimentar piedad por otro(s) y de exponerse a consecuencia de ese sentimiento. Ese gesto resume lo mejor de nuestra especie, porque aquel que se abre a la empatía está haciendo uso a la vez de su capacidades de sentir y de pensar en su grado más excelso, empleando su inteligencia de un modo que el resto de las especies parece desconocer: asumiendo sus emociones y dirigiéndolas a un fin que va más allá de la autopreservación. Por algo la cultura universal confluyó en el acto de retratar a aquellos incapaces de sentir nada por los demás como monstruos, humanos defectuosos y por eso dignos de etiquetas patológicas como la de psicópata. Quien no puede vibrar con nadie ni conmoverse ante alguna belleza de las que produce nuestra especie, se hace merecedor del calificativo hiperbólico de inhumano aun cuando siga figurando en los documentos como parte de nuestra especie.

El drama de las sociedades de hoy pasa por la virtualización de casi todas sus experiencias. Cada vez tenemos menos contacto entre nosotros. Nuestras emociones dependen en medida creciente de estímulos tecnológicos, y aunque se verifiquen como reales (nuestra bronca ante ciertos tweets sigue siendo palpable, las lágrimas que inspiran ciertos programas de TV siguen siendo húmedas), se tornan superficiales y por ende fugaces y —en último término— biodegradables. Se esfuman sin comprometernos ni dejar rastros. No nos arrasan, son emociones sin calorías. Y así llega el día en que nos conmovemos con historias que circulan por las redes y sin embargo, al bajar a la calle, somos incapaces de registrar la existencia de los otros y de estremecernos ante sus necesidades más desnudas. A eso nos empujan: a ser empáticos tan sólo dentro del universo virtual, donde —como diría un amigo— no hay ninguna esencia en juego; y a ser perfectamente inhumanos (prescindentes, y en consecuencia crueles) con nuestros congéneres.

¿Cuán humanx sigue siendo aquel o aquella cuya vida pública tilda cada casilla de la corrección política de la época —por ejemplo, expresando sensibilidad en su muro de FB y defendiendo en las redes causas que considera loables—, pero sería incapaz de tocar la piel percudida de una persona sin suerte? Para ser humanos de verdad y no fake humans, hay que experimentar la piedad. En lugar de navegarla en piloto automático, para surfear esta existencia —la única de la que disponemos— hay que estar dispuestxs al sacrificio, o al menos al acto sacramental de resignar algo por el bien de alguien que no sea uno mismo.

Mientras juego con estas ideas se me cruza la foto que Julia Le Duc sacó para Associated Press (y que no reproduciré aquí, porque mi deseo no es provocarles una angustia irremontable sino que pensemos en comunidad): la imagen cenital del inmigrante Oscar Martínez Ramírez y su hijita Valeria, de 23 meses, muertos en una orilla del Río Grande que no alcanzaron a cruzar en su busca de una vida más digna. Al contemplarla se me cruzan los cables, recuerdo que en Blade Runner se menciona a un replicante que se electrocutó al tratar de colarse en el mundo de los humanos y vuelve a maravillarme la capacidad del arte para expresar lo esencial de nuestra circunstancia en un par de pinceladas. Vivimos en un mundo manejado por psicópatas que quieren achicar nuestras vidas y reducirlas al puro instinto animal, convertirnos en seres sin mañana que pasan sus días tratando de extinguir los incendios del momento y nada más (o para ponerlo de otro modo: lidiamos con fuerzas que no pueden ser más ostensiblemente antidemocráticas, esto es una dueñocracia); pero incluso así, aun cuando nuestras energías se dilapidan en el esfuerzo de llegar a fin de mes y de proveer y proteger a lxs nuestrxs, tenemos claro que no podemos hacerlo de cualquier modo — que se trata de seguir haciéndolo pero no al precio de dejar de ser humanos de verdad.

 

 

 

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60 Comentarios
  1. Ana dice

    Excelente nota que analiza la belleza y sabiduría de este film, que he visto varias veces y siempre me pareció nuevo.
    Me parece meritorio tu análisis y las relaciones que establecés y las conclusiones a las que arribás .
    Me gusta mucho leerte.
    Ana

  2. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Muy buen análisis del film y la referencia con nuestra realidad. También comparto el gusto por este tipo de películas.
    En prácticamente todas las pelis de ciencia ficción siempre se puede encontrar un mensaje, una advertencia bien camuflada o simplemente una mirada crítica respecto del devenir de los acontecimientos en su extrapolación a futuro, dejándole claro a ese mundo corporativo y globalizado, con los títeres de turno ocupando ficticiamente las altas magistraturas que: No es por aquí.
    Metrópolis (1927) es sencillamente imperdible y muy premonitoria.
    Hablando de futuro y visto cómo anda el mundo que nos incluye, hay una película del año 1973 titulada: “Cuando el destino nos alcance”.
    Otra, pero del año 2014: “Divergente”, tiene algunas cuestiones para pensar respecto de ese futuro.
    2001. Odisea en el Espacio, también trata de la inteligencia humana y la artificial.
    El mundo laboral que se avecina podría estar caracterizado por lo que describe la película “El Método” (2005)
    En “El expreso del miedo” (2013) se ve cómo la diferencia entre clases sociales queda intacta hasta el final de los finales.
    De Jurassic Park (1993) destaco el mensaje del científico que alertaba respecto del experimento: “La vida siempre se abre camino”.
    Naturalmente “The Matrix” (particularmente la primera). “Brazil” (1985). “Star Wars (1977)”. “The Quiet Earth” (1985). “Niños del hombre” (2006).“The Man from Earth” (2007). “Ex Machina” (2014). “Arq” (2016). “Anon” (2018). “Tau” (2018). “I Am Mother” (2018); etc., etc.
    Me resultaron interesantes las series “Mr. Robot” (2015), “Person of interest” (2011), “Black Mirror” (2011), “Altered Carbon” (2018), entre otras.
    Seguramente, no estará ajeno al devenir de los tiempos La Corporación Umbrella de Resident Evil.

  3. Palo dice

    Hay un tema que se escapó en la nota:Tanhauser y Rutger Hauer ,vestido como un miembro de la Hitlerjugend en la famosa escena.
    A propósito del mundo que el film describe aquí tenemos una explicación muy actual.

    Byung-Chul Han: En el enjambre. Raúl Gabás (tr.) Barcelona: Herder, 2018. 8ª reimp.

    En el capítulo “En el enjambre” (pp. 25-32) Han advierte que hoy nos encontramos ante un momento de crisis tal y como supuso en su momento la irrupción de las masas. El factor de cambio hoy día es la revolución digital que convierte a la masa en enjambre digital con unas propiedades totalmente nuevas.

    El enjambre carece de alma o espíritu. No desarrolla ningún nosotros. Está compuesto de individuos aislados, de Hikikomoris que se sientan absortos ante su monitor. El enjambre no es capaz de cuestionar las relaciones de poder, sólo se precipita sobre personas particulares convirtiéndolas en motivo de escándalo, la shitstorm. Frente al enjambre ya no tienen validez los conceptos de clase y lucha de clase. No existe una clase dominante que explote a la multitud pues hoy “cada uno se explota a sí mismo y se figura que vive en libertad”. (p. 31) El enjambre hace posible una sociedad de explotación sin dominación.

    Otra repercusion de la revolución digital es, por ejemplo, la eliminación de la mediación. En el mundo de la información cada uno la produce y la envía dejando así a los periodistas, representantes o sacerdotes de la información, sin función alguna. Esta desmediatización afecta también a la política. Se exige estar presente porque el medio digital lo hace posible y la figura del político como representante se ve amenazada. Esta es una crítica a la democracia de carácter platónico.

    Cabe mencionar también el smartphone, tan orientado al “me gusta” que borra toda forma de negatividad y complejidad. Genera una mirada a corto plazo y la mirada del otro es cada vez más débil por la victoria de la pulsión narcisista del smartphone.

    Un fenómeno propio de la revolución digital es la huida hacia las imágenes. El miedo a la facticidad, los cuerpos, el tiempo, la muerte, se sana con una cantidad delirante de imágenes domesticadas que nos protegen de lo real. Son imágenes optimizadas, privadas de su verdad, y preparadas para ser consumidas.

    Por último, insistir en cómo los habitantes del medio digital no son prisioneros de una caverna. Viven en la ilusión de la libertad. Alimentan a Facebook y Twitter voluntariamente. No es sólo que se autoexploten, cuestión fundamental que garantiza el sentimiento de libertad, sino que se autoiluminan. Nadie les coacciona para que pongan en común su esfera privada, donde no puede distinguirse la libertad y el control.

    La biopolítica sería el estudio del modo en que el biopoder vigila, controla y mueve a los hombres desde fuera mientras que la psicopolítica sería el modo en que lo hace desde dentro. La psicopolítica digital ha echado la zarpa al inconsciente digital y desarrolla rasgos totalitarios. (p. 109)

  4. Jorge Vargas dice

    Notaza. De antología.

  5. Cori dice

    Excelente! Conmovedora nota. Gracias.

  6. Cristina Lozano dice

    “La razón es la que engendra el amor propio y la reflexión la que lo fortifica. Ella repliega al hombre sobre sí mismo, ella separa al hombre de todo lo que le molesta y lo aflige. La filosofía es la que lo aísla; por ella dice en secreto ante un hombre que sufre, muere si quieres, yo estoy en seguridad. (…) El hombre salvaje no tiene ese admirable talento y, carente de sabiduría y razón, se lo ve siempre entregarse imprudentemente al primer sentimiento de humanidad. En las revueltas, en las peleas callejeras, el populacho se reúne, el hombre prudente se aleja. (…)
    Es por lo tanto muy cierto que la piedad es un sentimiento natural que moderando en cada individuo la actividad del amor a sí mismo, contribuye a la conservación mutua de toda la especie. Ella es la que nos lleva sin pensarlo en auxilio de quienes vemos sufrir; ella es la que en estado de naturaleza reemplaza la ley, las costumbres y la virtud con la ventaja de que nadie está tentado de desobedecer su dulce voz.(…) Ella es la que, en lugar de esta máxima sublime de justicia razonada : Haz a otro lo que quieres que se te haga a ti inspira a todos los hombre esta máxima de bondad natural, mucho menos perfecta, pero acaso más útil que la anterior: Haz tu bien con el menor mal posible a los demás.”
    J.J, Rousseu, Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres. Primera parte

    Si la sociedad- el progreso de las artes y las ciencias-corrompen al ser humano, ¿cómo es el genuino ser humano, o sea, el que aún no ha sido corrompido por la sociedad? La hipótesis del estado de naturaleza postula a un ser humano sano, robusto y resistente; feliz
    deambulando libremente de un lugar a otro, en medio de un hábitat fértil, que le ofrecía cuanto alimentos necesitaba.

       En tal situación, se regía por sus sentimientos naturales, de los cuales los dos más importantes eran el “amor de sí” y la “piedad”. Gracias al primero, se preocupaba por la conservación de su propia vida y, gracias al segundo, sentía conmiseración por sus semejantes y tendía a colaborar con ellos.

       Rousseau sostiene, en contra de Hobbes, que el ser humano en el estado de naturaleza era bueno y vivía feliz. Rodeado de cuanto necesitaba, satisfechas todas sus necesidades y con unos sentimientos positivos, ¿qué motivos podrían empujarle al mal? Si en el estado de naturaleza era bueno y feliz, ¿por qué lo abandonó? Rousseau ha dicho que esto se debió a la institución- al invento- de la propiedad privada. Para él, dicho acontecimiento poseyó una importancia crucial, ya que señaló el fin del estado de naturaleza y el inicio de la sociedad.
       Con la institución de la propiedad privada surgió la rivalidad económica, y con la  rivalidad, la ambición y la desigualdad social. Las relaciones del ser humano con  la naturaleza fueron sustituidas por el dominio de unos individuos sobre otros y, en consecuencia, comenzó la “guerra de todos contra todos” ; para poner fin a tal situación se recurrió a un pacto social.
       Ahora bien, dicho pacto nació viciado, ya que se trataba de un pacto impuesto por los ricos, los cuales, mediante el mismo, añadieron a la desigualdad económica la desigualdad política. Como consecuencia de tales desigualdades, en todas partes reina la injusticia y la opresión. La cultura, las ciencias y las artes contribuyen a sustituir los sentimientos humanos por la razón, y el “amor de sí mismo” por el “amor propio”. Debido a tales transformaciones, el ser humano se vuelve ambicioso: la piedad se transforma en rivalidad, y la libertad y la igualdad naturales son reemplazadas por el poder y la esclavitud social.
       No obstante, Rousseau también indica que la desigualdad y la injusticia no pueden durar para siempre y que el poder político no puede residir, ni en el derecho del más fuerte, ni en un contrato inicuo. Frente al derecho fáctico, es decir, frente al derecho vigente, existe un derecho ideal que pone de relieve que todos los seres humanos son libres e iguales. En consecuencia, dado que el ser humano es bueno por naturaleza, la sociedad injusta y opresora, tarde o temprano, dará paso a este nuevo derecho que garantizará la libertad y la igualdad entre todos los seres humanos.

  7. Raúl Perea dice

    Muy buena la nota. Existe otra mirada, la que brinda David Harvey en «La condición de la posmodernidad», parece que esta es una película que pone en evidencia varios de los postulados posmodernos. El geógrafo marxista pondría en duda aquello que vos señalás como «rebelión», ya que la lucha de los replicantes no está planteada de manera colectiva, mata a su creador hundiéndole los ojos, etc. sus reivindicaciones no tienen salida posible, al menos en dicho sistema…se trata, creo, de apenas un detalle en el muy buen análisis que hacés, que para nada descuida la cuestión política y social.

  8. McYugal dice

    El autor de la nota ha preguntado ¿Qué nos hace humanos? Y creo que es un gran artículo y, no obstante, da la impresión de quebrarse al final cuando dice: “…que quieren achicar nuestras vidas y reducirlas al puro instinto animal…”

    Eso de “instinto animal”, de “superación” de lo animal que involucra la frase, es un lugar común de gran parte de la antropología tradicional. No es que pretenda responder a semejante pregunta en cuatro frases, pero lo que nos hace humanos es algo diferente a la piedad.

    No es que no comprenda el punto que señala Marcelo —si se me permite llamarlo solo por su nombre, como si lo conociera. Ese punto distingue, sin duda, a gran parte de la humanidad de otra parte de la humanidad. Pero esa interpretación tiene que ver con lo coyuntural, con el combate diario en el que estamos empeñados, más que con una búsqueda dirigida a una comprensión más esencial que pueda independizarse —hasta donde eso es posible— de las urgencias del momento.

    Si el problema se plantease en términos de piedad yo bien podría contestar, con el temple de un combatiente: no te apiades de mi, no me disminuyas, quiero morir como un guerrero. Piedad es un concepto que empequeñece al otro. Y tenemos esta tendencia a empequeñecer a los otros porque, ya de entrada, no queremos que “achiquen nuestras vidas” a lo animal. Es decir, porque nosotros mismos ya hemos empequeñecido a parte del mundo.

    Me parece que una forma de comenzar a contestar mejor a la pregunta ¿Qué nos hace humanos? es acotarla un poco en la forma ¿El hombre es hombre por lo que es o por lo que tiene? Referida a la cuestión animal, sería algo al estilo de ¿Somos hombres porque tenemos conciencia —mientras los animales no la tienen?

    Este camino, el de no somos animales porque tenemos conciencia, porque pensamos, porque construimos herramientas, nos lleva directamente al desastre actual, que nosotros mismos justificamos con nuestra propia “antropología”, es decir, con nuestra propia forma de ver el mundo. Entonces, es obvio que, si toda la técnica la tienen los otros, lo único que nos queda es pedir piedad, pues claro, ellos son —necesariamente, según tal concepción— “más humanos que nosotros”.

    El hombre, en el contexto de los animales, es solo un animal distinto. No hay una enorme diferencia entre la ramita que utiliza el mono para atrapar termitas y una flecha. Pero sí hay una distancia abismal entre una flecha y un espectrógrafo de masas. Entonces, el problema no es “el hombre”. Es el hombre técnico o, simplemente, la técnica —que presupone a un hombre disminuido que echó mano de un artilugio con el que se engaña a sí mismo.

    El hombre no es “animal rationale” sino animal a secas. Pero un animal caído.

    Los indígenas intentan disminuir esa desventaja haciendo lo menos posible para diferenciarse de los animales. Por eso se llaman a sí mismos “toro sentado” y no, por ejemplo, “oficinista en cuclillas”.

    1. Patricia dice

      Interesante por donde vas…👍

  9. Hector dice

    Muy buenas las asociaciones Marcelo. Muy buena nota. Saludos!

  10. Luis dice

    Quizás mi comentario sea desubicado, en todo caso es como me siento. Ninguna de las dos pelis le asigna a la mujer un papel central. En los planteos filosóficos están ausentes. Apenas Rachel se anima a preguntarle a Deckard si él mismo se autoadministró el test para saber si él es replicante. Después no son más que receptáculos de nuevos seres o meras máquinas al servicio de hombres. El único rol distinto parece tenerlo la creadora de sueños, aunque allí no se profundiza mucho. Este artículo de Marcelo Figueras me parece buenísimo, aunque no hace referencias al tema. Tal vez yo estoy desubicado nomás. O quizás no entendí nada. Puede ser…

  11. Ignacio dice

    Para Tiqqun la alienación última está en que lo que creemos más personal e individual, nuestra interioridad, es lo más formateado y replicado. Como las memorias genéricas de los replicantes.

    1. Víctor dice

      Muy probable, teniendo en cuenta los conocimientos actuales de la neurociencia.

  12. Guillermo dice

    Lástima que no sobreviva. ¿Pero quién sobrevive?

  13. Nestor Ayala dice

    Gracias Marcelo, confirmo en este articulo la misma sensación que me quedo al verte ayer con Cristina en Resistencia, la de un hombre sensible, que buena elección la de la Jefa al llevarte para compartir todas las presentaciones de su libro!! que buen articulo Marcelo!!

  14. Estela dice

    Muy complejo el análisis que realizas Marcelo, da para seguir pensando!! Pongo en signo de pregunta que sea el sentimiento de «piedad» lo que nos hace humanos.

  15. Cuca Rapoport dice

    No puedo dejar de mencionar q. esta nota es tan admirable y tan cercana a mi pensamiento, seré una replicante, pero siento empatia cuando leo q otra persona o personas sean pesimistas en cuanto a la continuación de nuestra especie. Es terrible porque somos provenientes de una lucha a muerte con otros bípedos q habían alcanzado nuestras habilidades, tenemos rastros en la sangre de neaderthalensis q perdieron
    Llegamos hasta este siglo con guerras y alta tecnología al servicio de los más ricos, progresos en la ciencia q tienden a cambiar nuestra biología genética con métodos cada vez más requeridos por los q pagan por CRISP,
    Peligroso corte en nuestro ADN y mutaciones inseguras, superhumanos? Qué castas dividirian las sociedades?
    Soy pesimista y mis lecturas como Lord of the Flies, Un mundo feliz ,La historia de tu vida( TED Chiang)
    SIVAINVi (sistema de vasta inteligencia viva) Philip Dick. Brasil(película) y la que vos maestro describis y explicas y ves con ojos humanos y sensibles e inteligentes.
    Qué será de nosotros?
    Te saludo con admiracion y respeto

  16. Víctor dice

    Me siento identificado completamente con la descripción y el analisis de esa imperdible obra. Y en cuanto a la empatía, como vivo en un pueblo, cada vez que regreso de un viaje a CABA, no puedo dejar de escuchar a Phil Collins en Otro dia en el paraiso…

  17. Elisa dice

    Piedad, Marcelo! No se puede ser tan inhumanamente humano… A tu riesgo de escribir, el riesgo de leerte. Gracias, de verdad.

  18. Guillermo Maldonado dice

    Muy buen analisis Marcelo. La nota destila inteligenica e intelectualidad. Pero también grita y te pega una bofetada. Es increíbla la cantidad de capas que tiene esa película. Hace poco la volví a ver, esta vez con mi hijo de 18 años. Le envidié mucho la posibilidad de verla por primera vez, y se lo dije antes de que empiece. Una vez que la película terminó, me pidió volver a verla otra vez, en ese momento, y eso hicimos. Después nos quedamos varios días «charlando» la película, cambiando ideas. Pasamos por un poco de psicología, otro poco de filosofía, algo de sociología, mitos y alegorías. O sea, un recuerdo juntos, imborrable. Gracias Dick, gracias Scott, gracias Figueras.

  19. María Alvarez dice

    Brillante! Realmente brillante. Gracias Marcelo

  20. Jorge Diez dice

    Genial tu análisis sobre lo que propuso la película en ese momento y como esas preguntas que parecían un poco alejadas de la realidad ahora se hacen cada vez más vivenciales. Gracias Marcelo. abrazo

  21. Clemente dice

    Difícil saber si Scott y sus dirigidos imaginaran tu relectura y tantas otras. Siento gran empatía por tus planteos. Y celebro la humanidad q me provoca ver una y otra vez esta pelicol. Casi tanto, como intentar día a día, vivir d modo tal, q no haga falta imaginar «replicantes» en los otrxs. Y encontrarnos.

    1. Manuel dice

      Gracias Marcelo por tu lectura de una de las más emblemáticas películas de los últimos tiempos.

  22. Sofi dice

    Excelente!! Me provocó “ lágrimas en la lluvia “ recordarla y sentir a cada paso la falta de empatía y de crueldad que existe en buena parte del género humano

  23. Mariano dice

    Brillante. No puedo decir otra cosa. Gracias por esta hermosa reflexión.
    Vi de chico Blade Runner, la volví a ver de más grande. Nunca deja de sorprenderme esta película. Y sus connotaciones con nuestra realidad asombran y asustan un poco también.

  24. Pablo E dice

    Muchas gracias Marcelo, está nota me ha recordado que debemos intentar ser humanos en cada paso. Lo cual es difícil en un mundo tan falso e hipócrita que justifica permanente las injusticias, el hambre, el frío, la contaminación, el hacinamiento y por sobre todas las cosas la indiferencia.
    PD Dekland era un replicante !!!

  25. Gabriel dice

    Marcelo, vi Blade Runner a los 13 años con una amigo de la escuela secundaria. Recuerdo el impacto que me produjo, sin poder todavía a esa edad procesar el porqué. Mi amigo al salir del cine me dijo «que bodrio!» y yo no sabía explicarle que para mi había sido lo mejor que había visto en mi vida. 37 años después, todavía nunca me pasó lo mismo con otra película. Impecable tu nota. Gracias.

  26. Dario Alonso dice

    Si no hacemos algo aquí y ahora, el mundo avanza hacia una distopía espantosa, mezcla de Blade Runner y 1984. Porque, amigos, a la larga LA CIENCIA FICCIÓN SIEMPRE TIENE RAZÓN.

  27. Antonio dice

    ECOLOGICAL MEDITATION, ACCIÓN NO ACTIVA QUE VA MÁS ALLÁ DE LA PIEDAD!

  28. Palo dice

    En el Enjambre – Byung Chul Han
    56 k vistas

    Marcelo,excelente tu nota.
    En YouTube pone a este filisofo Coreano Aleman que ya profetizo esto igual que Harari en Humo Deus

  29. Alejandra Kandus dice

    Maravillosa nota. Leerla es otra forma de seguir disfrutando de Blade Runner.

  30. Alejo dice

    Gran nota como de costumbre Figueras, sólo lamento que no te detuvieras más en la secuela de Villeneuve, porque aún sin llegar a la perfección de la original es un gran película que transita otros bordes del género como la estética paradójicamente luminosa al estilo «Dune» de Lynch. Y sobre la apatía de la sociedad hiperdigital de hoy, las entrañas del monstruo están en el tejido capitalista, ya lo vislumbró Goerge Simmel cuando destaca la indolencia del sujeto moderno para lograr (sobre)vivir en las urbes capitalistas

  31. María Laura dice

    Fantástica nota!

  32. Cris dice

    Es una película fuerte, estetica y critica. La vi en su estreno, y fue tal el impacto, que la vi varias veces.
    La presenté a mi hija, la cual la valora. Se convirtió en una referencia para clases o escritos.
    Me encantó tu nota Marcelo, porq tiene la misma emoción y pensamiento critico que la película.

  33. Flavio dice

    Excelente nota Marcelo. También Blade Runner es una de mis películas preferidas, la vi varias veces y ese final todavía me conmueve. Sigue siendo inquietante la pregunta «realmente quien soy al decir que soy humano'». Adhiero a tus palabras; somos humanos al sentir empatía por el otro, por ponernos en el lugar en el que está el otro. Fuerte abrazo

  34. fredy ronald dice

    Que estoy «haciendo ahora», frente a la pantalla y ahí » afuera»está la realidad que me es más fácil, cómodo, etc. verla «verla?». apago ……

    Gracias.

  35. Diego dice

    Muy buena nota. Cuál sería la traducción al español de «Blade runner» ?

    1. Marcelo Figueras dice

      No hay ninguna que funcione bien. Los guionistas tomaron una expresión de William Burroughs («blade» es hoja de metal, filo, y «runner» es corredor, aquel que corre) y la usaron para definir en el film a aquellos policías que se especializan en «retirar» —matar— mutantes.

      1. Mario Poliak dice

        en el diccionario inglés-español figura como «cazarrecompensas»

      2. Guillermo dice

        De hecho no es un nombre creado por Dick en su novela (la que se usó como argumento del film de Scott), es como bien decís, alquilada a Burroughs por los guionistas.

        1. Ignacio dice

          De hecho tampoco «replicante» está en la novela, lo tomaron de otro autor (Dick usa «androide»). Hablando de la novela («¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?»), allí Priss y Rachael son iguales entre sí: siempre me pareció que ahí Scott se asustó ante lo enroscado de la cosa.

  36. Myriam dice

    Vi Blade Runner hace 37 años. Me impactó y llevó, inevitablemente, al mundo real. Quién es quién? Pregunta que nunca llegué a responderme con seguridad. A esta altura de mi vida, me dejo llevar por el instinto de supervivencia. Grande Figueras!

  37. José dice

    Gracias Figueras. Reviví, recreé, enriquecí, mi recuerdo imborrable de Blade Runner, que siendo tan intelectualmente tan joven cuando se estrenó sólo pude percibir acríticamente como un fortísimo impacto emocional que no olvidé jamás. Te aseguro que los sentimientos que me provocaste/reviviste no fueron ni serán -para mi orgullo- olvidados en la vida cotidiana.

  38. Diana Laurencich dice

    Recuerdo el día en que la vi, junto a un amigo cubano. Lloré como una bendita con el final, no había consuelo para mi. Hoy leo tu crónica y no puede ser más perfecta. Gracias Marcelo, por este bombón de cada domingo.

  39. Patricia dice

    Impresionante nota, medular. Algo de esto se ve también en la serie Westworld.

    1. Ignacio dice

      «Westworld» nació inspirada en una vieja película de Michael Crichton, el autor de «Jurassic Park» (tenía un mambo con los parques temáticos). Pero la serie es muy dickiana en todos sus aspectos: memorias implantadas, androides que creen que son humanos, gente que murió y no lo sabe, desfases temporales, etc.

  40. Alicia Inés Maxuach de Díaz dice

    Marcelo,tu nota es tiene un grado de excelencia tal que cuesta encontrar las palabras para elogiarla, pero se pueden sacar conclusiones, todo el mundo vio Blade Runner hace 37 años pero nadie le dió pelota

  41. Emiliano Gatti dice

    Gracias, es un gran articulo.
    Dejaste plasmado con gran precisión cada uno de los conceptos de la película y de la realidad que vivimos como sociedad y habitantes de este mundo. Porque son conceptos universales.

    Hace un tiempo escuche una frase en verdad muy cierta…»con nada llegamos a este mundo, y de él solo nos llevaremos recuerdos» y me hizo pensar en cuán importante es para una persona algo tan intangible.

    Así como los Nexus 6 eran de comportamiento mas previsible gracias a los recuerdos implantados, fueron sus propias vivencias (recuerdos nuevos) los que los movieron a intentar cambiar su destino. En nuestro caso las noticias diarias, fakes o no, son las que generan sentido comun y si son fakes nos hacen de comportamiento mas previsibles.

    La realidad que enfrentamos dia a dia, es la que nos mueve a intentar cambiarla. Van los siguientes ejemplos.

    -La democracia fue ganada por madres y abuelas que marcharon cada semana hasta que visibilizaron esa otra realidad que no era publica.

    -La inconsistencia en sus propios recuerdos es lo que mueve a los hijxs de desaparecidxs a buscar su verdadera identidad.

    -No fueron las noticias de color de los noticieros de la television, sorpresa y media, el sorteo del numero de los billetes de 2 pesos, Expedicion Robinson ni los titulares inventados de los diarios los que nos llevaron a los eventos desencadenados en el 2001, sino las consecuencias de la realidad que viviamos de primera mano, la que enfrentabamos dia a dia.

    De recuerdos y empatia, nuestra historia cercana tiene ejemplos claros, desde Eva Peron con su frase «Donde existe una necesidad, nace un derecho» hasta Cristina Fernandez de Kirchner con su discurso del 2013 «La patria es el otro»(1), la capacidad de empatizar con el sufrimiento de nuestros hermanos, vecinos, compañeros o por aquellos que cayeron en la indigencia por politicas aplicadas por quienes creen que son «la patria», es lo que nos mueve a los argentinos a transformar nuestra realidad.

    Vivir en la realidad que construyen los «meritócratas» es la que mueve a los migrantes a intentar buscar transformar su realidad en alguna «ciudad del norte».

    Es lo que movió a la fimilia de Alan Kurdi a cruzar el Mediterraneo o a Oscar Martínez Ramírez a cruzar con la suya el Rio Grande. Eso es los que, en palabras de Manu Chao, los convirtió en una «raya en el mar»(2).

    Luchar contra la «realidad» que crea titulares como «La crisis causó dos nuevas muertes» en referencia a la muerte de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán es, en definitiva, luchar contra la «dueñocracia».

    Dicen que el Ingles es el mejor idioma para acuñar nuevos términos, pero yo prefiero el castellano porque te permitió acuñar «dueñocracia» que es una forma de ser y manejarse con los demás. Una forma que no deja lugar para el otro, porque no es dueño. «Mi vida va prohibida, Dice la autoridad» si, otra vez Manu Chao.(3)

    La dueñocracia es la que no concibe el derecho a huelga o tener que sentarse a negociar salarios…es la de la patagonia revelde la pelicula basada en el libro de Osvaldo Bayer.

    La «dueñocracia» es esa cree que la democracia es sólo una pantomima.

    (1)“La patria es el otro, es el que todavía no ha podido conseguir trabajo, o que consiguiéndolo no está registrado (…) la patria es el que todavía trabaja y lucha para tener su casa propia; la patria es el joven que no estudia porque tiene que trabajar para ayudar en su hogar; el otro es el que sufre adicciones, y que tenemos que rescatarlo; la patria es estas mujeres que han luchado 35 años pidiendo justicia; la patria es esos miles y miles de emprendedores”.

    (2)»Pa’ una ciudad del norte
    Yo me fui a trabajar
    Mi vida la dejé
    Entre Ceuta y Gibraltar
    Soy una raya en el mar
    Fantasma en la ciudad
    (3) Mi vida va prohibida
    Dice la autoridad»

  42. José Luis dice

    «Vivimos en un mundo manejado por psicópatas»… estoy tan de acuerdo… Todos somos los nexus 6… que queremos entrar en el juego de la vida que unos pocos hacen invivible salvo para ellos… Muy buena pluma Marcelo… La verdad es que cada nota tuya toca resortes impensados… muchas gracias… Te leo siempre Saludos..

    1. Luis dice

      Huy! José Luis, había pensado que esa era la única frase que me hacía ruido, por inexacta. Pienso que tenemos la ilusión que algunos manejan el mundo, eso abriría una esperanza, ilusa, de que alguna vez se lo maneje mejor. La peor noticia es que detrás de la ilusión no hay nadie manejando este desastre, éste mundo está a la deriva y no hay tablero de control, ni timón ni vela, ni nada que permita manejarlo.

  43. manuels dice

    Gracias por esta increíble nota. Lo que escribiste altera la conciencia, la realidad en la que creemos vivir y la evolución de nuestro ser humano. Nos aturden con ficciones, nos adormecen en el capitalismo desmembrado por compras Express de amor y otras cosas por internet y en el vértigo de pertenecer a algo que nos hacen creer. así, olvidamos quiénes somos y que podemos hacer. En esta sociedad fake, el prójimo se televisa con el hambre de África, o apoyar con un símbolo la muerte de un atentado en cualquier parte del planeta sin que tenganos tiempo adverrtirnos de los que realmente pasa. La humanidad está dormida, de emociones, de realidad de nosotros mismos y depende de algunos el poder despertar con amor, aunque nos digan ingenuos o nos tildan de bobos a los que sabemos que existe otra manera, otra verdad esa que olvidamos de vivir en este plano terrena, ganándole con el único sentimiento que ellos no poseen, ni conocen el amor y la piedad.
    gracias genio por poner en palabras la verdad desnuda!!!!!!

  44. Ana N Berezin dice

    Es excelente. Es urgente. Es un trabajo que toma muchas aristas acerca de lo humano y de lo inhumano que habita en el corazón de lo humano. Voy a tratar de hacerte llegar mi libro «Sobre la crueldad. La oscuridad en los ojos». Decime si te interesa y en tal caso, dónde te lo alcanzo o lo dejo.

  45. Carmen dice

    Nadie lo hubiera dicho mejor. A veces pienso que nuestro destino es ser esclavos, convencidos de que tenemos la libertad de elegir. La Humanidad entera bajo el yugo de 10 poderosos. Ojalá me equivoque. Gracias una vez más Marcelo.

  46. Liliana Esther Sosa dice

    ¡Simplemente gracias! ¡Cuántas sensaciones!

  47. MARÍA jOSÉ dice

    Totalmente de acuerdo. Soy optimista parece. Cosas que yo pensaba que no se iban a tocar hasta dentro de décadas, ahora forman parte de ese caldero enorme de decisiones de la gente en todas partes del mundo: No solo la discusión sobre los atroces términos del trabajo humano, sino la reivindicación de nuestros ancestros, de tribus originarias o no, el cuidado de los niños, los ancianos, los vulnerables, los animales y la naturaleza, la lucha por el aire puro, el retorno de la escritura manuscrita! las grandes familias de amigos ensambladas, la necesidad de vivir con aire alrededor, todo ello unido a formas mas sencillas de ordenar este consumo despiadado, de buscar una vida mas HUMANA como vos decís. Lo veo a mi alrededor, por supuesto frente a estos enemigos inmensos poderosos, despiadados, pero no cesa, no se cae, y el que se cae, persona, grupo, sindicato, movimiento, se levantan y usan toda su creatividad humana para decir «Asi no queremos vivir más» Y vayamos a tener éxito o no, esto, nadie lo puede negar. ASI NO QUEREMOS VIVIR MAS

    1. Enrique dice

      Esta nota me trae el recuerdo de una novela terriblemente premonitoria, «Un mundo feliz» de A. Huxley. Recuerdo el muro separando ricos de pobres, los humanos creados en probeta para obtener trabajadores incapaces de solicitar derechos propios. Los ricos viviendo enpromiscuidad y evitando los embarazos con una píldora anticonceptiva y otras cosas que hoy reconocemos como una premonición bastante cercana de lo que vivimos hoy. El muro no separa solamente ricos de pobres, separa dos culturas, separa valores, separa formas de vivir, de sentir, de valorizar al otro. Les suena?

  48. Daniel dice

    Gracias por la nota Marcelo

  49. Chelo Broier dice

    Que bien reflexionas y escribís, chabón…

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