El pasado lunes 17 de agosto, Nicolás Lantos reveló que la Fundación Argentina Global había abierto la inscripción a la iniciativa Future Leaders Programme Argentina para estudiantes universitarios avanzados y graduados recientes de todo el país. Esta actividad está auspiciada no solamente por la Fundación “argentina”, sino también por la Embajada Británica en nuestro país y el Programa de Becas Chevening.
Ahora bien, la mayor sorpresa no es que los británicos financien becas para visitar nuestras Islas Malvinas o este tipo de actividades, sino que funcionarios argentinos se presten a ellas, trabajando en los dos lados del mostrador. En esta oportunidad, la licenciada en Ciencia Política Paola Di Chiario no solo es la secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, sino que también es miembro fundadora de la Fundación Argentina Global y su actual tesorera; mientras que Fulvio Pompeo es su presidente. Adicionalmente, expone esta actividad el principal asesor de Di Chiaro en la Cancillería: el capitán de navío (RE) Máximo Pérez León Barreto. Este marino retirado también atiende en dos mostradores. Por un lado, se desempeña como “asesor ad honorem” con legajo Nº 3083XX del Grupo D —de acuerdo con un diplomático consultado por este medio—, y, por el otro, integra la Fundación Argentina Global, a cargo del área de “Estrategia de Seguridad Nacional y Defensa”.




El concepto de “Soft Power” (o Poder Blando), acuñado por Joseph Nye en 1990 [1], ha tenido un largo recorrido exitoso en la disciplina de las Relaciones Internacionales. Pese a ello, académicos provenientes de países que son destinatarios de ayuda de potencias del primer mundo sostienen que no todo es “Poder Blando”; que se corre el riesgo de etiquetar erróneamente a una persona física o jurídica como espía, colaborador o, como se dice en nuestro país, cipayo. Coincidimos: si un argentino realiza una actividad en el Reino Unido de Gran Bretaña y/o recibe financiamiento británico, no necesariamente se trata de un caso de “Soft Power” ni se está frente a un colaborador de la periferia. En función de lo expuesto, sostendremos que estamos en presencia de una acción de “Poder Blando” cuando existe una intención manifiesta —no necesariamente escrita— de la potencia de influir en temáticas que son estratégicas para ésta y cuando el destinatario, consciente o inconscientemente, realiza actividades cuyos efectos terminan favoreciendo a los intereses de ese país central. Veamos, entonces, las acciones del Reino Unido y cuáles son las aquiescencias argentinas en esta temática.
Los británicos
En enero de 2025, el gobierno británico institucionalizó su política de “Soft Power” cuando anunció que “el ministro de Asuntos Exteriores y el Secretario de Estado de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte [habían] puesto en marcha el Consejo de Poder Blando del Reino Unido para impulsar el crecimiento y la seguridad del país”. Durante dicho lanzamiento, varios funcionarios se pronunciaron a favor y sobre la importancia del “Soft Power” británico. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, declaró: “El poder blando es fundamental para el impacto y la reputación del Reino Unido de Gran Bretaña en todo el mundo. A menudo me impresiona el enorme afecto y respeto que nuestra música, nuestro deporte, nuestra educación y nuestras instituciones generan en todos los continentes. Sin embargo, como país, no hemos adoptado un enfoque lo suficientemente estratégico respecto a estos enormes activos. Aprovechar eficazmente el poder blando puede ayudar a construir relaciones, profundizar la confianza, reforzar nuestra seguridad e impulsar el crecimiento económico”.
Poppy Ogier, del Foreign Policy Centre, sostiene, en un informe denominado Playing to our strengths. The future of the UK’s soft power in foreign policy, que “es necesario adoptar un enfoque centralizado dentro del FCDO respecto al «poder blando» y a las organizaciones no gubernamentales correspondientes que operan en este ámbito; por ejemplo, mediante la creación de un departamento dedicado al poder blando que integre entidades como el British Council, las Becas Chevening y el John Smith Trust, frente al actual enfoque fragmentado”. Cabe aclarar que el FCDO es el Foreign, Commonwealth & Development Office y que junto al Department for Culture, Media and Sport (DCMS) han constituido —como adelantamos— “un órgano consultivo integrado por 26 expertos en poder blando y política exterior, cuya misión es asesorar al gobierno sobre una estrategia de poder blando, la proyección global del mismo mediante campañas y el desarrollo de un enfoque sistémico para las asociaciones estratégicas y el calendario de eventos”. Asimismo, y respecto al “Soft Power”, el FCDO remitió un memorándum al Parlamento Británico, denominado Soft Power: the UK´s unique selling point, donde afirma que:
- “En una era de turbulencia geopolítica y rápidos avances tecnológicos, la capacidad de proyectar influencia y forjar asociaciones basadas en la confianza mediante el «poder blando» es, posiblemente, más importante que nunca. El poder blando otorga la capacidad de lograr un resultado deseado a través de la atracción y la persuasión, en lugar de recurrir a la coerción, el dinero o el sacrificio de algo valioso.
- Las investigaciones demuestran que la participación cultural en programas de arte, educación e idiomas liderados por el Reino Unido aumenta la confianza y la familiaridad, lo que hace más probable que las personas vuelvan a interactuar con el país. Asimismo, los datos sugieren que quienes confían en el Reino Unido tienen el doble de probabilidades de comerciar o hacer negocios con nosotros, y que una percepción positiva de un país puede impulsar el comercio de manera significativa. El poder blando de un Estado tiene un impacto cuantificable en la prosperidad y la influencia. Un estudio realizado por Andrew Rose, de la Haas School de la Universidad de California en Berkeley, destaca el impacto estadísticamente significativo y medible del poder blando en las exportaciones de un país: «los países admirados por su influencia global positiva exportan más, manteniéndose constantes los demás factores». Un estudio de la Universidad de Edimburgo reveló que un aumento del 1% en el número de países cubiertos por las instituciones de relaciones culturales de un Estado se traduce en un incremento del 0,66% en la inversión extranjera directa y del 0,73% en el número de estudiantes internacionales. La investigación también halló que las principales «superpotencias del poder blando», como el Reino Unido y Estados Unidos, ejercen una influencia considerablemente mayor en foros internacionales como las Naciones Unidas. En términos de comercio y crecimiento, las industrias creativas del Reino Unido contribuyen de forma significativa tanto a la influencia internacional como a la prosperidad interna”.
El documento resalta que han participado del Programa Chevening alrededor de 20 ex o actuales Jefes de Estado o Gobierno; entre ellos el Presidente Jakov Milatovic, de Montenegro. Agrega que “los objetivos estratégicos del gobierno para un mejor aprovechamiento del poder blando se perfeccionarán mediante la elaboración de una Estrategia de Poder Blando y las deliberaciones del Consejo de Poder Blando (…) Entre los elementos emergentes que podrían considerarse figura:
- Crecimiento: impulsar un mayor crecimiento para el Reino Unido fomentando el comercio en los sectores de industrias creativas, educación y deportes; mediante campañas (…); y aprovechando la influencia de las comunidades de la diáspora. Como ya se ha señalado, la educación constituye una herramienta clave en este ámbito, ya que permite forjar relaciones positivas y duraderas con los futuros líderes mundiales. Un informe de KPMG de 2016 estimó que 217 millones de libras esterlinas en inversiones empresariales adicionales en el Reino Unido podían atribuirse al Programa Chevening entre 2002 y 2014”.
Desde la Argentina
La licenciada Paola Di Chiaro se desempeñó como asesora de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, a cargo de Fulvio Pompeo, durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019). Como analizó Luciano Anzelini, fue una de las redactoras de la Directiva de Política de Defensa (DPDN) 2018, debido a la incapacidad del subsecretario de Planeamiento Estratégico y Política Militar, coronel (RE) Hugo Pierri, y del director nacional de Planeamiento y Estrategia, coronel (RE) Jorge García Mantel, del Ministerio de Defensa, y/o a la extravagancia —incluso para nuestra derecha— del borrador elaborado en dicha jurisdicción. Así y todo, el documento final de la DPDN 2018 se refiere una sola vez a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y afirma ingenuamente que nuestro país mantiene el reclamo de soberanía, pero que “la reciente mejora en la relación con el Reino Unido contribuye al logro de este objetivo nacional irrenunciable, ya que favorece un espacio de oportunidad para incrementar la cooperación bilateral y promueve el interés nacional de preservar y explotar los recursos naturales allí existentes”.

Posteriormente, como secretaría de Estrategia y Asuntos Militares del Ministerio de Defensa, junto al subsecretario de Planeamiento Estratégico y Política Militar, capitán de navío (RE) León Barreto, contribuyeron al nuevo proceso de desmalvinización y al alineamiento a las prioridades estratégicas del Reino Unido en el Atlántico Sur: que la Argentina no moleste.
Desde la Fundación Argentina Global, ambos compilaron el libro Hacia una estrategia marítima argentina (2025), donde el ex secretario de Asuntos Internacionales para la Defensa y actual funcionario de otras dependencias, Juan Battaleme, critica la postura del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) por no participar del ejercicio UNITAS porque participaba la Armada británica.
En un artículo publicado el año pasado, reconstruíamos —a partir de entrevistas a diplomáticos argentinos— que la postura de la Secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, a cargo de Paola Di Chiaro, era cumplir solamente con “la liturgia” de la presentación en el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas y no protestar por los ejercicios británicos en nuestras Islas y/o violaciones a los Acuerdos de Madrid I y II para “no cargar las tintas”. En síntesis, nos ilustraba otro diplomático, la Cuestión Malvinas no interesa porque “no es parte de la agenda con Estados Unidos e Israel (…) Esto lo podemos ver, por ejemplo, en la eyección de Mondino solamente por votar a favor del interés nacional al apoyar a Cuba, ni siquiera apoyar, sino abstenerse en el voto en relación con el bloqueo (…) hay una toma de decisión en política exterior (…) sesgada únicamente por un alineamiento absoluto y directo con Estados Unidos e Israel. [Como a estos países no] les interesan las Malvinas y el Atlántico Sur, no hay ninguna política relativa hacia [las Islas del Atlántico Sur] (…). [Éstas no son] de interés de esas dos potencias, a las cuales Milei se pone detrás de manera absoluta y completa (…) y los pequeños elementos de decisión o de libre decisión respecto a la [Cuestión Malvinas] están basados únicamente en el mantenimiento de ciertos elementos (…), como es el caso de la pesca ilegal, el caso de la liturgia de Malvinas (…) simplemente se mantiene la máquina andando en automático sobre esos temas por una cuestión también de política interna: para que no le peguen o para no recibir un golpe por ese lado”.
Esta pareja o dupla que integran Paola Di Chiaro y Máximo Pérez León Barreto sobrevivió a la canciller Diana Mondino, a Gerardo Werthein y —nos ilustra otro diplomático— no responde a Pablo Quirno, y por ello continúan “trabajando” en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto hasta el día de la fecha. Asimismo, agrega que este marino retirado “es detestado en la Armada Argentina por su maltrato (…). En la actualidad, en su rol de asesor, es el que toma todas las decisiones en la Secretaría (…). Todas las acciones y propuestas de las Direcciones (…) deben tener su visto bueno o no avanzan. Asimismo, es el que propone —desde la época de Mondino— cooperar con los británicos. [Fue el] ideólogo del [Acuerdo] Mondini-Lammy [2024 y] tiene entre sus objetivos la firma de un tratado de libre comercio con el Reino Unido; objetivo que comparte con la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza. A su vez, es el que propuso no avanzar en acciones más concretas y duras con las empresas que expolian nuestro Atlántico Sur (Rockhopper y Navitas) y el que no quiso adoptar medidas más contundentes cuando ocurrió lo del HMS Medway, lo que generó nuevamente que sea detestado en la Armada Argentina. [También es resistido] y ha tenido varios encontronazos con el cuerpo diplomático por soberbio e ignorante de todos los temas (…) Ese es el perfil de Máximo Pérez León Barreto, que va a exponer junto a la Embajada británica”.
Si cuantificáramos el trabajo de esta dupla, sería poco lo que obtendríamos.
Hace unas semanas, se conoció que a principios de julio el buque de guerra británico HMS Medweay se dirigió hacia el Estrecho de Magallanes a través del Mar Argentino, sin comunicación previa con las autoridades argentinas, tal como establece el Acuerdo de Madrid II de 1990. Dicho documento creó el “Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas (…) [con el objetivo de que] Londres y Buenos Aires notificaran previamente los movimientos de unidades militares en el Atlántico Sudoccidental. El protocolo estableció comunicaciones permanentes entre las autoridades navales y aéreas de ambos países, pruebas periódicas de los sistemas de enlace y avisos anticipados cuando un medio militar operara en zonas sensibles”. Dicho movimiento fue seguido, como corresponde, por “una aeronave de la Armada Argentina, un avión Beechcraft B-200M ‘Cormorán’, equipado con tecnología de vigilancia WESCAM MX-10”. La Cancillería Argentina recién protestó el 13 de julio; dos días antes del partido del mundial que nuestra selección le ganó a la de Inglaterra.
Por otro lado, el lunes 24 de agosto se conoció públicamente que, de acuerdo con el Automatic Identification System (AIS), el buque petrolero VS Promise había salido de Río Cullen el 13 de agosto a las 17:28 y llegado al puerto de Ushuaia a las 7:08 del 24 de agosto, realizando operaciones que no han sido precisadas. Solamente la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y algunos legisladores nacionales presentaron una protesta por este incidente. Cabe recordar que, el puerto de la ciudad de Ushuaia fue intervenido por el gobierno nacional a través de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN).
Dos botones bastan para una muestra.

La bandera de Malvinas
El “Soft Power” no es cualquier tipo de acción, ni todos los que han estudiado en universidades británicas o les gusta el rock inglés son cipayos. En efecto, como sostiene el coronel mayor (RE) Gabriel Camilli, “pertenecer a una fundación que mantiene vínculos internacionales no constituye ninguna irregularidad. Tampoco debería considerarse sospechosa la cooperación académica con instituciones extranjeras. Una Argentina encerrada intelectualmente sobre sí misma sería exactamente lo contrario de lo que necesita un país que aspira a comprender y actuar en un mundo cada vez más complejo”. Por el contrario, como sostiene Camilli, hay que aprender del Reino Unido y de Estados Unidos; hay que estudiar allí y saber cómo piensan; cuál es su pensamiento estratégico; y cuáles son las últimas novedades en el arte de la guerra y en la frontera tecnológica. Esto mismo es aplicable a China. Sin embargo, y como decía Raúl Prebisch en 1963, todo lo anterior no nos exime de “la obligación intelectual de analizar nuestros propios fenómenos y encontrar nuestra propia imagen en el empeño de transformar el orden de cosas existentes” [2].
Un colega me comentaba recientemente que lo llamaron politólogos de otros países para preguntarle por la Cuestión Malvinas; no precisamente de Bangladesh, sino de países como España, Italia y Francia. Los jugadores de la selección argentina de fútbol habían contribuido más a la Causa Malvinas que el gobierno de Mauricio Macri y Javier Milei. El gobierno argentino no avanzará con la pelota donde la dejaron los jugadores. Tal vez deberíamos ser nosotros los que llevemos esa bandera en nuestras mochilas y remeras todos los días, en el país y en el exterior, si somos alguno de los afortunados que pueden viajar. ¿Se imaginan un millón de argentinos con esa bandera, la de la selección y/o la bandera nacional marchando desde la Casa Rosada a la Embajada Británica?
[1] Nye, J. (1991). La naturaleza cambiante del poder norteamericano. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano (GEL).
[2] Prebisch, R. (1963). Hacia una dinámica de desarrollo latinoamericana. México: Fondo de Cultura Económica, p. 20.
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