¿Qué sabemos de África?

Prejuicios, racismo e invisibilización

 

¿Qué sabemos de África? Ese fue el nombre de una actividad que organizaron la semana pasada el portal sobre dinámica internacional Tektónikos y el programa radial Hilando Fino, de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. La pregunta tiene respuesta fácil: poco y nada, al menos en la Argentina. El continente con más países del mundo, el de mayor juventud y crecimiento demográfico, el de la historia humana más larga y con una diversidad cultural, lingüística y en todo sentido tan vasta, al igual que sus riquezas alimenticias, minerales y energéticas, es olímpicamente invisibilizado por los grandes medios e ignorado por sus dirigentes, salvo cuando pasan tragedias, guerras, miseria. El prejuicio, el racismo y el ocultamiento campean.

Marisa Pineau y Andrés Ruggeri, ambos profesores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con otras pertenencias institucionales, conocen el paño y compartieron sus saberes y experiencias sobre y en África en la sede del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBa), junto con Gustavo Ng y Néstor Restivo, editores de Tektónikos (donde Pineau y Ruggeri colaboran), y Gabriel Wainstein y Daniel Symcha, de la radio de la Universidad de Florencio Varela.

 

Charla en el SiPreBa.

 

 

Lo primero que ambos académicos señalaron fue la imposibilidad de ver en África una entidad unívoca, aunque sí marcaron varios rasgos comunes de su largo y ancho territorio. Oficialmente, según la Unión Africana, está dividida en seis regiones:

  1. El Norte, más ligado a la historia musulmana y su vinculación al Mar Mediterráneo y Europa;
  2. Una zona occidental muy marcada por el colonialismo competitivo de Francia, Gran Bretaña y Portugal, que derivó por eso mismo en la división de, en general, pequeños países (con algunas excepciones como Nigeria, gran territorio y con toda su riqueza petrolera o en producción de cine, por ejemplo) y que fueron los principales emisores de esclavos (colonia y esclavitud, dos tragedias que dejaron tanta huella);
  3. El Este, más pobre, con extensos países como Etiopía, Sudan o Kenia y más ligada al Índico;
  4. El Centro, con la impronta del Congo y el terrible pasado colonialista de Bélgica (alguien recordó: donde está la sede de la Unión Europea y sigue la misma casa real sin pestañarse por su pasado genocida),
  5. El Sur, con el peso Sudáfrica, también con su pasado de apartheid y hoy su rol en los BRICS (con otro gran país, Angola, en el medio); y
  6. Una sexta “región”, así considerada: los Africanos de Ultramar, producto de la tragedia esclavista, cuyo mayor receptor fue Brasil, y de las migraciones que por otras razones siguen hasta hoy.

A pesar de tanta diversidad entre 54 países soberanos, Pineau marcó algunos rasgos comunes en el concepto de familia, ciertas producciones artesanales o culturales, valores especiales en torno a las relaciones humanas y a la relación con la naturaleza, entre varios más.

Otro rasgo que domina el continente es la diversidad genética. Después de todo, fue ahí donde nació la humanidad y africanos y africanas la llevaron y distribuyeron a todos los rincones del mundo. Si bien su genética se debilitó en parte, allí permaneció una variedad extraordinaria que hoy sigue investigando la ciencia, lo mismo que con la flora y la fauna.

 

El Sahel

En la actualidad, varias noticias de África se cuelan en la agenda internacional. Una de ellas es lo que sucede en el Sahel, una región del centro donde están, entre otros países, partes de Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Camerún, Sudán y Eritrea. En algunos como Malí, Burkina Faso y Níger hubo golpes de Estado recientes encabezados por jóvenes militares que rechazan el neocolonialismo francés y retoman de alguna manera, quizá con otros paradigmas o sin tanta “pureza” (al menos desde la mirada occidental) ideológica, banderas de lo que alguna vez fue el sueño panafricanista de líderes como el egipcio Nasser, el ghanes Nkrumah o el congoleño Lumumba. Particularmente, ha llamado la atención el liderazgo del burkinés Ibrahim Traoré, quien tomó el poder en 2022 y hoy asume un simbolismo continental y también en foros del Sur Global considerables. A diferencia de otros países colonialistas, una Francia menguante sigue operando en la zona, militarmente, con control de la moneda, con manejo de recursos naturales, y estos levantamientos de los últimos años comenzaron a rediseñar ese largo proceso que trabó la posibilidad de un desarrollo autónomo y más justo del África en esa región. Levantamientos que también combaten contra el islamismo radical que, muchas veces con complicidad de Occidente, afecta y en ocasiones ha destruido a muchos pueblos y Estados nacionales africanos.

Hoy en África se estima en un tercio la población de ingresos medios –si bien muy diferenciada por región–, es el continente que tiene las tasas de fecundidad más altas del mundo y posee grandes reservas estrategias que van del petróleo al uranio y del fósforo a su gran biodiversidad.

 

Ibrahim Traoré, líder de Burkina Faso.

 

 

G-20, Latinoamérica y BRICS

Sobre otro tema de actualidad, se comentó que este diciembre habrá, en Johannesburgo, una cumbre del Grupo de los 20 (G-20), donde el gobierno sudafricano, uno de los fundadores del grupo BRICS, planteará como anfitrión temas de seguridad alimentaria y sobre la deuda que afecta gravemente a más de medio continente. Se sabe, ya, que Estados Unidos boicoteará la reunión en el marco de la batalla contra el multilateralismo y el Sur Global que despliega su Presidente Donald Trump y siguen sus aliados, como la Argentina de Javier Milei, quien aparentemente tampoco irá. Por el lado latinoamericano, a diferencia del caso argentino (también se recordó que cuando durante los gobiernos kirchneristas de 2003-2015 se quiso establecer negocios con algunos países africanos, el establishment mediático se burló y ninguneó esa iniciativa, pese a que en simultáneo visitaban África con el mismo fin líderes como la alemana Merkel, el francés Holland o el Vicepresidente de China, Li Yuanchao), se destacó la tradicional cooperación que países como Cuba y Brasil han sostenido con África por largo tiempo, igual que, ahora, Colombia con Gustavo Petro. Se estima que una cuarta parte de los colombianos tiene raíces africanas, y más de la mitad de los brasileños, que a través de los gobiernos de Lula da Silva han fijado una política de Estado con África. Igual Cuba, que no solo apoyó a procesos de liberación en el pasado, sino que es quizá el único país latinoamericano con embajadas en todos los países de ese continente. Una mayor cooperación de la Argentina con África o al menos con su costa occidental fortalecería posiciones en el Atlántico Sur, sus islas del sur ocupadas ilegalmente por Gran Bretaña y la OTAN, y el acceso a la Antártida, por ejemplo.

Pineau y Ruggeri recorrieron diversos conflictos que vive África, muchos surgidos de la infame división de su territorio por parte de las potencias colonialistas que se reunieron en la conferencia de Berlín de 1885, que dividió artificialmente y según sus intereses comunidades y regiones aun dentro de los países inventados, y también respondieron varias preguntas de los presentes. Algunos indagaron sobre dónde informarse mejor de lo que sucede en África y que en la Argentina, como en otros países americanos u occidentales en general, se oculta. Algunas de las fuentes que sugirieron los expositores fueron estas: All Africa, Africa is a country, Instituto Tricontinental, Africa Confidential o Editorial Empatía. A quien les guste, asimismo, puede ver en alguna plataforma películas del estudio nigeriano Nollywood, la tercera industria cinematográfica más grande del planeta.

 

 

 

 

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