Querido Perú

Un homenaje musical, en el mes de la fiesta patria

 

Buena parte de esta música ya la escuché hace dos años, en el día de la Independencia del Perú, declarada por San Martín en 1821. Este año, la fecha del 28 de julio tiene un valor adicional porque es el tope para la proclamación de la victoria electoral del maestro rural Pedro Castillo, que los poderes fácticos intentan impedir, amagando con un nuevo golpe. Además, en el primer día de la semana, el equipo peruano de fútbol no pudo torcer una historia de derrotas frente a la superpotencia regional, en la Copa América que organiza la Comegol, y el viernes se batió por el tercer puesto con Colombia.

Comenzamos por Lucha Reyes, la Morena de Oro, que es la equivalente peruana de Gardel. Ídolo ante todo del pueblo llano.

 

 

Huérfana de padre a los 5 años, con 14 hermanos que la madre pobrísima dejaba donde podía porque no le era posible mantenerlos, con internaciones periódicas desde los 22 años por la diabetes, su vida y su arte guardan paralelos con lxs de Billie Holiday. El autor teatral y guionista Eduardo Adrianzén la define como «mujer, negra, pobre y fea», es decir todas las contras imaginables. O, en sus propias palabras, «criollaza ruidona». Recién durante la revolución de Velasco Alvarado,  en un clima cultural nuevo que Pedro Castillo es el primer líder político en reivindicar, pudo ser reconocida, allí donde nunca se había admitido a un negro y menos a una negra. Pocos años antes, la gran noticia para la prensa comercial era que la esposa del Presidente Manuel Prado había llorado por la muerte de miles de indios en un terremoto. El racismo era tan natural como el sol o la lluvia.

Su voz es desgarradora, como las letras de sus canciones, plagadas de golpes, traiciones, mentiras, celos, engaños y abandonos, que se pagan con devoción incondicional hasta después de la muerte. Unos pocos botones de muestra:

  • «Es la ley del amor, siempre inconstante / cuando menos se piensa, se va el amante», canta con pasmosa naturalidad.
  • «Odiame, no tengas miedo / y aunque me odies te amará mi corazón».
  • «Que no me perteneces, que sé que no me amas / y sin embargo quiero vivir solo en tí».
  • «Así como te quise, así te odio ahora./ Tu me obligaste a ello, no te podrás quejar».
  • «Sacrifiqué mi vida por lograr que me quisieras./ Por tu beso traicionero porque nunca me quisiste, por eso te digo adiós».
  • «Si me fallaste tu, ya en quién creer / para qué comenzar de nuevo a andar, si siempre tendré miedo a tropezar con otro como tu».
  • «Quisiera desgarrar tu pecho buscándote el alma / para ver si en ella se encuentra la infamia / que una vez te hiciera con mi amor jugar./ Quisiera que una vez quisieras como yo te quise / y así comprendieras por qué se maldice un amor / nacido para hacer llorar».
  • «Perdón por adorarte con tanta devoción./ Más que a mi propia vida, más que a mi santa madre / mis hijos y mi Dios».
  • «Para que sepan todas que tu me perteneces / con sangre de mis venas te marcaré la frente / para que te respeten aun con la mirada / para que sepan que eres mi propiedad privada… Mi pobre alma se retuerce de celos / y no quiero que nadie respire de tu aliento».

Con sus arterias y su corazón destruidos por la enfermedad, grabó Mi última canción. Su voz impresionante estaba intacta, pero pocos días después un infarto acabó con su vida, a la ridícula edad de 37 años, en 1973, como se narra en este documental, que registra las imágenes de su procesión fúnebre, con decenas de miles de personas en la plaza mayor de Lima, frente a la Catedral.

 

 

En un registro muy distinto, José María Arguedas trae otra faceta de su país. Arguedas es el más grande novelista que dio el Perú y su novela Todas las sangres tiene pocas pares en la literatura americana. Como antropólogo, recorría las comunidades registrando huaynos ancestrales, tan dolorosos como las marineras de Lucha Reyes, que luego grababa. Aquí, un par de muestras de esa tarea.

 

José María Arguedas.

 

 

Un cuento leído por Arguedas, que mantiene el suspenso hasta la última línea.

 

 

Y parte de la tarea etnográfica a la que dedicó su vida.

 

 

Por último, la prodigiosa voz del Zambo Cavero, con Oscar Avilés en la guitarra.

 

El grandioso Zambo Cavero.

 

Además de la exacerbación amorosa se desahoga aquí un patriotismo delirante, con P de patria, la E del ejemplo, la R del rifle, la U de la unión…

 

En el mes de su cumpleaños, lo mejor para el querido Perú.

 

 

 

 

 

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