¿Quién le teme al Nitrato?

Conservación, fuego y confusión

 

Durante los últimos cien años de historia del cine argentino, museos y archivos públicos y privados han tenido que lidiar, pese a la falta de una política estatal consistente, con la tarea de conservar y mantener tecnologías y soportes que hacen a la historia, aunque el resto de la sociedad la considere irrelevante. Trabajamos para preservar estos objetos, pero nada dura para siempre y la mayoría de los materiales pasan por algún tipo de deterioro y cambios químicos a lo largo del tiempo. A veces estos objetos no solo se deterioran y pierden, sino que ese deterioro puede producir otros peligros, vinculados a la seguridad. Es el caso del nitrato de celulosa, soporte iniciático del cine, a veces demonizado por su composición química combustible.

El soporte se usó en nuestro país aproximadamente hasta 1950, antes de ser reemplazado por las cintas de acetato. Hay varios tipos de nitratos, evolucionando su estabilidad a medida que pasaron los años y avances técnicos. Mientras que el nitrato es inestable y combustible, su preservación es imprescindible por varios motivos: primero, por su valor histórico: los inicios del cine están producidos en ese formato. Después, por las cualidades estéticas de las imágenes que producía. El contenido de plata en la formulación de las cintas de nitrato permitía un luminoso contraste de claros y oscuros en los films en blanco negro. La calidad  y precisión superiores, nunca alcanzadas por ningún otro soporte, permiten que de la imagen en nitrato se pueda extraer muchísima información visual.

 

 

Una clara imagen de nitrato en el cine clásico: «The Yearning» (1946) de Clarence Brown.

 

 

En la Argentina, hay films de nitrato en todas partes, mucho aún por descubrir y relevar. Un ejemplo de color: cuando se removió la estatua de Cristóbal Colón para trasladarla, se hallaron en su base dos rollos de nitrato, que a modo de cápsula de tiempo mostraban el proceso de su emplazamiento original. Generaciones de estudiantes porteños transitaron los pasillos del Nacional Buenos Aires mientras simultáneamente se alojaban allí las películas de nitrato producidas a principios de siglo por Pablo Ducrós Hicken, hasta su traslado al Museo del Cine. Aunque no se produce material fílmico en nitrato hace más de 70 años, todavía se descubren, cada tanto, films en ese soporte que han existido durante un siglo sin inconvenientes. En Buenos Aires, hay tres instituciones que albergan colecciones de nitratos, con diferentes grados de conservación: el Museo del Cine, en la Boca, el Archivo General de la Nación y el INCAA. Esta última colección, que duerme en un depósito de Floresta y que fuera originada por una donación, es la que está, definitivamente, en peores condiciones de seguridad.

¿Es peligroso alojar colecciones de nitratos? Sí y no: todo depende de la situación y condiciones de su preservación. Sin embargo, la manipulación inapropiada puede significar un riesgo importante para su proyección y guarda, personas y el ambiente. El fuego que produce el nitrato es difícil de extinguir. Las latas que pasan muchísimas décadas cerradas pueden contribuir a la generación de explosiones y los gases derivados de las mismas son altamente tóxicos.

La prensa y la literatura tienden a sensacionalizar los peligros de los nitratos, llegando a afirmar, temerariamente, que una tragedia derivada de su sola existencia “es una cuestión de tiempo”. Esta perspectiva se asienta sobre sobre mitos originados en una época donde la conservación segura era una quimera tecnológica, como el de la supuesta combustibilidad espontánea del material. Hoy, después de grandes saltos tecnológicos, estos argumentos pertenecen a los libros de ciencia ficción y no a los manuales de conservación. Afortunadamente, hoy los peligros del film de nitrato son manejables y hay consenso científico y técnico respecto a acciones básicas para custodiar el material de forma segura:

  • La creación y sostenimiento de un ambiente refrigerado en determinado rango de temperaturas (bajas) y condiciones de humedad, además de una ventilación adecuada.
  •  La separación de las colecciones de nitrato de aquellas producidas en otros soportes.
  •  La regular revisión de los materiales, para advertir de forma temprana el comienzo de su deterioro.
  • La promoción de alternativas del traslado de la información a formato de acetato o digital en caso de que el material deteriorado deba desecharse.

En archivos filmicos y fotográficos, los esfuerzos de preservación activa se basan en los materiales soportes de los films. Mantener en un mismo recinto material de celulosa de acetato y de nitrato es un problema. Por eso, el desorden también es un gran enemigo de la preservación de films (y de la seguridad). Es muy importante poder diferenciar estos materiales. A simple vista, es difícil: una lata que contiene film de acetato y una que contiene nitrato son indistinguibles. Hay que abrir, mirar, tocar, oler, saber qué buscar y cómo hacerlo. La conservación requiere un nivel de atención importante y demanda manos y cabezas, es decir: presupuesto.

Después de sucesivas mudanzas por barrios de la capital, hasta su desembarco definitivo en La Boca, la dirección del Museo del Cine se volcó, con trabajadores y especialistas, a estas tareas, pese al escaso apoyo que el gobierno de la ciudad le brinda a la institución.

De esa forma se logró identificar la totalidad del acervo en nitrato y su traslado seguro a un depósito con las características técnicas necesarias para su adecuada preservación, aislado del resto de los fondos en acetato. Los avances en la conservación y catalogación del material, especialmente en los últimos dos años, se cristalizaron en el proyecto Nitrato Argentino, que mediante varias plataformas conformó un catálogo minucioso de los primeros años del cine nacional.

 

 

Nitrato Argentino: Salida de la fábrica de cigarrillos "La sin bombo", producido 
en algún momento entre 1904 y 1911.

 

Aunque fue objeto de varias polémicas que se sirven del desconocimiento general del formato y del pánico, es erróneo afirmar que el depósito del Museo del Cine, en pleno barrio de La Boca, sea “una bomba de tiempo” o “un polvorín”. La distancia entre la explosión de los depósitos del puerto libanés y el presente de los almacenes de nitrato en La Boca es tan grande como la de Beirut y Buenos Aires. La futurología que augura al depósito porteño el destino de las grandes tragedias del nitrato, como la destrucción de la bóveda de la Fox en 1937 o el incendio de la Cineteca de México en 1982, es ingrata e imprecisa: aún nadie puede determinar exactamente qué factor desató el incendio que hizo humo el acervo fílmico del país hermano, y se barajan hipótesis que van desde el descuido hasta el sabotaje. Este último factor era una constante en la causalidad de incendios de nitratos. En nuestro país hubo varios. Quizás el más notable fue el de los Laboratorios Alex, en 1968, que se llevó consigo casi todo el archivo del cine clásico argentino, joyas del patrimonio cultural nacional. Se presume que ese, en particular, tenía como motivación la reclamación del seguro. A menudo, los incendios servían para “tapar” el robo del componente de plata de las cintas para su reventa.

Hasta el más reciente incendio ocasionado por nitratos, el de un sector de la bóveda de films de la hiper moderna y prestigiosa Cinemateca de Bolonia, se debe, según la propia admisión de la institución, a factores externos al nitrato, vinculados a su (mala) manipulación, y no a la inestabilidad del nitrato en sí. De acuerdo al británico Kevin Brownlow, uno de los historiadores de cine más prestigiosos del mundo, “tener nitratos en las condiciones apropiadas de cuidado, no es más peligroso que la nafta que lleva tu auto”.

Por supuesto, pese a no estar cerca de tragedias de dimensiones épicas –al menos en La Boca— es necesaria la construcción de instalaciones especialmente dedicadas a su guarda, tal como exigen al  unísono desde hace décadas la comunidad del cine nacional, expertos y trabajadores. La promesa del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el gobierno nacional de construir una en el polo audiovisual permanece vacía: ni un ladrillo se ha puesto pese a los anuncios rimbombantes producidos el año pasado. Es imperioso que se asigne presupuesto para la realización de esta obra que garantizaría un hogar apropiado no solo para el nitrato, sino para la mayoría de las colecciones que hacen memoria sobre nuestra rica historia cinematográfica.

Entre seguridad y conservación no debemos elegir: van de la mano. El mayor peligro de una colección de nitrato es no conocerla. Orson Welles decía, en referencia a las cintas de nitrato, que “el film tiene una personalidad autodestructiva. El trabajo del archivista es anticiparla y prevenirla”. Insistir en el hipotético peligro intrínseco sin ahondar en las posibilidades de anticipación y prevención –la conservación de los materiales— es naturalizar el riesgo de autodestrucción y eludir la responsabilidad sobre las acciones necesarias para la guarda. Estamos en condiciones de anticiparnos y debemos hacerlo, porque el cine es memoria.

 

4 Comentarios
  1. Hipólito dice

    Buen esclarecimiento de varias cuestiones muy importantes. Por lo que se lee en este y otros espacios la representación gremial del museo sigue tergiversando opiniones de expertos y desviando el foco del objetivo de fondo, parecen tener más interés en sus egos que en atenerse a los hechos.

  2. María Clara Albisu dice

    Hola Valeria, gracias por tu comentario. En mi nota se reconocen los esfuerzos de los trabajadores y se exige lo mismo que piden ustedes: la mudanza a un lugar más seguro. Es imperioso que se concrete pronto. Por supuesto que consulté con trabajadores del Museo para la nota. Además, me nutrí de debates que involucran a diferentes actores del tema en todo el mundo, a la FHF, a los National Archives, etc. Cuando las condiciones de guarda eran distintas, me encargué yo misma de difundir el reclamo de les trabajadores por medios a mi alcance. En lo que escribo no agredo a les trabajadores ni a su representación gremial, y los respeto profundamente. Sobre tema «Beirut», en mi nota linkeo al artículo que mencionás y donde, en la primera línea, los dichos sobre Beirut le son atribuídos a una trabajadora.
    No soy responsable de lo que que a su vez opinan otras personas que se sumaron al diálogo, ni me parece que mi opinión sea tributaria de otras. No trabajo en Tiempo Argentino, ni en Notas, y sólo puedo hablar de lo que firmo yo.
    Estoy de acuerdo con vos en que la solución es política y espero que la notoriedad que alcanzó el tema, con sus matices, sirva para concretar prontamente la construcción del laboratorio y facilidades de guarda, que es, por otro lado, lo que piden absolutamente todes les que se manifestaron por el tema desde distintos lugares e ideas. Te saludo y agradezco como archivista y como ciudadana por los esfuerzos de conservación que emprenden los trabajadores. Un abrazo!

  3. Valeria Pedelhez dice

    Hola Maria Clara, me gustaría aclararte algunas cuestiones respecto a la nota que publicaste en El cohete a la luna. Soy la Coordinadora de Gestión de Colecciones de la Cineteca del Museo a partir junio de 2012. Desde ese momento, conozco las condiciones en las que se encontraban entonces y como se encuentran en el presente las colecciones de películas.
    Desde ya que hoy están en mejores condiciones que cuando el Museo se encontraba en circunstancias de extrema inseguridad en un galpón del Correo argentino en la calle Salmún Feijóo. Y esto, en buena medida, es mérito de los trabajadores que cumplieron su parte en la lucha por lograr esas mejoras para la conservación de las colecciones y, también, por sus condiciones de trabajo. Tal vez, no tengas esa información ya que no consultaste a ninguno de nosotros.
    En cuanto a quien le teme al nitrato, tu nota parece sumarse a la opinión expresada por Fernando Peña en Tiempo argentino en la que fuimos agredidos ya que se nos llamó irresponsables por decir que el lugar es peligroso cuando pusieron en nuestra boca palabras que nosotros no dijimos, nunca comparamos esto con Beirut. Ese título fue puesto por los autores de la nota. Lo que si dijimos es que es peligroso y lo es. Así lo refrendan los informes de inspectores del ministerio de seguridad, del ministerio de trabajo y de bomberos.
    Las condiciones necesarias para la conservación del nitrato que expresas, las conocemos. También conocemos el trabajo realizado para tratar de que se mantengan lo mejor posible. El caso es que esas condiciones de guarda NO SE CUMPLEN porque más allá del esfuerzo que hacen los especialistas en el tema, existen problemas edilicios que atentan contra esos esfuerzos. Porque queremos nuestro trabajo y somos responsables, esperábamos de los expertos, los que tienen prensa, que apoyaran este reclamo que hemos llevado a la justicia justamente para lograr lo que pedís en otra parte de la nota, un depósito en las mejores condiciones posibles para la conservación y la seguridad que no son contradictorias sino complementarias. Por eso, nos sorprendió sobremanera que nos injuriaran.
    Leer las redes sociales y que algunos en el mundo del cine sin conocernos, sin saber cuál es el trabajo que hacemos todos los días hagan comentarios descalificadores, nos duele y no podemos pasarlo por alto.
    De todo lo que se expresa en la nota, de lo que estoy segura es que si es político, nosotros como trabajadores, pedimos, exigimos una Política de Estado que proteja el patrimonio invaluable del museo y a sus trabajadores, que desde siempre, con cada funcionario de turno, cuidamos y seguiremos cuidando el patrimonio.
    También quiero agradecer a los trabajadores de los diferentes archivos que nos llamaron para apoyarnos ante este maltrato que recibimos.
    Quedo a tu disposición para lo que quieras saber de nuestro trabajo, saludos
    Valeria Pedelhez

  4. Fernando Cots dice

    Rescatar las imágenes. Son testigos de varias épocas.
    Los nitratos, si se puede.

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