Según informó el diario israelí Haaretz, la Corte Penal Internacional (CPI) ha emitido órdenes de detención secretas contra un número indeterminado de altos cargos israelíes. Una fuente diplomática indicó que las órdenes van dirigidas a tres políticos y dos militares israelíes, considerados responsables por la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania. El alto tribunal considera que la política gubernamental de traslado de civiles judíos a territorio ocupado es un crimen de guerra y que el sistema de apartheid implementado supone otro crimen de lesa humanidad. Por estos hechos los fiscales de la Corte habrían considerado procesar al ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y a la ministra de Asentamientos, Orit Strock. Esta acusación se suma a las órdenes de arresto previamente conocidas, emitidas en noviembre de 2024, contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y el ex ministro de Defensa, Yoav Gallant.
En mayo de 2025, The Wall Street Journal informó que el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, planeaba emitir órdenes de arresto contra los dos ministros ultraderechistas israelíes. Según el informe, Khan investigaba su papel en la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, hechos que violan los Convenios de Ginebra, que prohíben a los países trasladar a su propia población a los territorios que han ocupado. Desde entonces, Khan ha sido suspendido temporalmente de su cargo a raíz de una denuncia en su contra por presunta agresión sexual a una de las empleadas del tribunal, pero el caso siguió en manos de otros fiscales. En 2024, la Corte Penal Internacional encontró motivos razonables para emitir órdenes de arresto contra Netanyahu y Galant por crímenes de guerra en la Franja de Gaza. El tribunal determinó que eran responsables de hambruna masiva, asesinatos, persecución y de dirigir ataques intencionalmente contra la población civil. El tribunal había rechazado las apelaciones de Israel con respecto a su autoridad para intervenir en la guerra de Gaza y dictaminó que el consentimiento de Israel para reconocer dicha autoridad no era necesario para aceptar la solicitud de órdenes de arresto.
Los ministros procesados
El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, es el máximo dirigente del partido Sionista Religioso, formación de ultraderecha que representa un nacionalismo étnico de base religiosa. Consideran que la ocupación de los territorios de Cisjordania (Judea y Samaria) es legítima porque esas tierras han sido cedidas por Dios al profeta Abraham alrededor de 2.000 años a.C. Por consiguiente, se oponen a cualquier concesión territorial a los palestinos y alientan las formas de hostigamiento dirigidas a forzar su expulsión del territorio y la anexión de toda Cisjordania. La base social está integrada principalmente por los colonos que ocupan Cisjordania. Este partido se opone al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo por motivos religiosos y aboga por un mayor financiamiento para el estudio de la Torá y la educación religiosa.
El ministro de Seguridad, Itamar Ben-Gvir, es el líder del partido etno-nacionalista de extrema derecha Poder Judío (Otzma Yehudit). Pertenecen a una rama del kahanismo, es decir que siguen la prédica del rabino ultranacionalista Meir Kahane, quien fuera fundador del partido Kach en Estados Unidos, inicialmente denominado Liga de Defensa Judía - Israel, una organización violenta declarada ilegal en aquel país. En el año 1994, un ex miembro de la Liga de Defensa Judía y ferviente admirador de Kahane, el doctor estadounidense Baruch Goldstein, se adentró en la Tumba de los Patriarcas de la ciudad palestina de Hebrón y disparó su fusil de asalto contra los fieles que oraban en ella, matando a 29 personas e hiriendo a otras 125. A raíz de ese episodio, el partido Kach fue ilegalizado también en Israel. No obstante, muchos de sus líderes siguieron en la actividad política y en 2013 formaron el partido Poder Judío, que concurrió a las elecciones parlamentarias de Israel de abril de 2019 en una coalición electoral de extrema derecha. El rabino Kahane, en una entrevista periodística, definió las fronteras nacionales del Gran Israel de la siguiente manera: “En el sur, la frontera debe llegar hasta El Arish y abarcar el norte de la Península del Sinaí, incluido el antiguo asentamiento israelí de Yamit. Hacia el este, la frontera debe extenderse a ambas orillas del río Jordán, y anexionar una parte del Reino de Jordania. El Gran Israel debe incluir partes de Líbano, Siria e Irak, y llegar hasta las orillas del río Éufrates”.
La ministra de Asentamientos y Misiones Nacionales Orit Strook es diputada de la Knéset por el Partido Sionista Religioso y sirvió como miembro de la Knéset por el partido Tkuma entre 2013 y 2015. Es firme partidaria de la expansión de los asentamientos y es una de los líderes de los colonos sionistas judíos radicados en la ciudad palestina de Hebrón. Fundó la ONG israelí Organización de Derechos Humanos de Judea y Samaria. En 2007, Zviki Strook, uno de los 11 hijos de Orit Strook, junto con unos amigos, entraron en un barrio palestino, capturaron a un chico de 15 años, lo esposaron, lo golpearon, lo desnudaron y lo atropellaron con un vehículo todoterreno antes de dejarlo atado en el campo. La víctima escapó horas después, con heridas graves. Zviki Strook fue condenado a dos años y medio de prisión por secuestrar y torturar al niño palestino, aunque salió en libertad al cumplir la mitad de la pena.
Desde el ataque de Hamás del 7 de octubre, ocho países han prohibido la entrada de Ben-Gvir y Smotrich a sus territorios: Eslovenia, Australia, Canadá, los Países Bajos, Noruega, Bélgica, España y Nueva Zelanda. Además, en julio del año pasado, el gobierno holandés incluyó a los ministros en una lista negra y les prohibió la entrada a los 29 países europeos signatarios del Acuerdo de Schengen.
Las andanzas de Ben-Gvir
Ben-Gvir es el promotor de la reciente ley aprobada por la Knéset, que permite la pena de muerte para los árabes acusados de terrorismo. Su aprobación, con el apoyo de la mayor parte de la coalición gobernante y de figuras de la oposición, marca un claro progreso de la revolución kahanista que ha conquistado a la derecha israelí y a la sociedad israelí en general. La foto de Ben-Gvir agitando una botella de champán en la Knéset, en una celebración de la nueva ley racista, fue publicada en la página web del parlamento. Durante semanas, Ben-Gvir y sus amigos han estado luciendo alfileres con forma de soga en sus solapas, y el día de su cumpleaños, mostró una torta con el dibujo de una soga con un nudo en el centro.
El ministro de Seguridad Nacional publicó el miércoles pasado un vídeo en el que se ve a los participantes detenidos de la flotilla interceptada con destino a Gaza, atados y arrastrados en el puerto israelí de Ashdod, y escribió: “Así es como recibimos a los partidarios del terrorismo. Bienvenidos a Israel”. En el video se ve a policías enmascarados empujando a los activistas de la flotilla al suelo, obligándolos a ponerse a cuatro patas y arrastrándolos por el piso. Los activistas aparecen alineados dentro de un almacén, obligados a arrodillarse con la cara contra el suelo y las manos atadas con bridas de plástico a la espalda. Se ve a Ben-Gvir entrando al almacén y ondeando una bandera israelí mientras grita: “Bienvenidos a Israel. Somos los dueños”, seguido de “buen trabajo, así se hace”. También se le ve diciendo “buen trabajo” mientras pasa junto a agentes enmascarados que atan a una mujer.
Para el diario israelí Haaretz, “el espectáculo carcelario de Ben-Gvir evidencia la caída del gobierno en la brutalidad sin ley”. La reacción de los gobiernos de España, Italia, Irlanda, Francia y Surcorea, con algunos connacionales integrando la flotilla, no se hizo esperar y expresaron públicamente graves recriminaciones al gobierno israelí. En medio de la creciente disputa diplomática, Netanyahu se vio en la obligación de reprender públicamente al ministro. “Israel tiene todo el derecho a impedir que las provocadoras flotillas de simpatizantes terroristas de Hamás entren en nuestras aguas territoriales y lleguen a Gaza”, dijo en un comunicado. “Sin embargo, la forma en que el ministro Ben-Gvir trató a los activistas de la flotilla no se ajusta a los valores y normas de Israel”, continuó, añadiendo que había dado instrucciones a las autoridades israelíes para que deportaran a los activistas “lo antes posible”.
En el mes de febrero, Ben-Gvir había dado lugar a un incidente similar al visitar un centro penitenciario donde se encuentran recluidos presos de seguridad. Al finalizar su visita, publicó un video en su cuenta de X mostrando su visita, en el que se enorgullecía y glorificaba el despreciable espectáculo que había protagonizado. Mientras señala con el dedo a los prisioneros encadenados que los guardias de la prisión arrojaron a sus pies, manifestó a los gritos que: “Deben ser ejecutados, por ahorcamiento, por inyección letal, en la silla eléctrica; lo importante es ejecutarlos”. Ninguno de esos detenidos ha pasado por un proceso judicial tras más de dos años de permanecer en prisión. Tampoco han recibido ninguna visita de representantes de la Cruz Roja, como exige el derecho internacional, dado que Israel no permite las inspecciones de la Cruz Roja desde el 7 de octubre de 2023. Entre los prisioneros hay algunos cuyas familias en la Franja de Gaza desconocen su paradero. Estos prisioneros se encuentran recluidos en condiciones extremas y pasan la mayor parte del día encadenados. En noviembre de 2025 la organización humanitaria Médicos por los Derechos Humanos publicó un informe que reveló que 94 prisioneros murieron en cárceles de Israel desde el comienzo de la guerra en la Franja de Gaza.
Las reacciones de la sociedad
Como es comprensible, los judíos israelíes liberales, que han estado protestando contra Netanyahu y su contrarreforma judicial mucho antes del genocidio de Gaza, contemplan horrorizados las acciones de la ultraderecha mesiánica kahanista en Cisjordania. Consideran que el primer ministro y sus secuaces son los que han lavado el cerebro a los israelíes y secuestrado al país. Sostienen que Netanyahu tiene la culpa de la escandalosa respuesta de Israel al ataque de Hamas del 7 de octubre, y que está utilizando todos sus recursos para derrocar a la democracia israelí con el fin de asegurar su supervivencia política. Sin embargo, en opinión de Ori Goldberg, analista y comentarista israelí independiente, autor de una nota que ha titulado “La decadencia moral de Israel”, los críticos liberales de Netanyahu no registran todavía la responsabilidad que cabe al Estado de Israel por el genocidio cometido en Gaza. Otro tanto acontece con judíos liberales laicos que no viven en Israel. Para ellos la guerra de Gaza fue fruto de una necesidad provocada y no un genocidio. “¿Qué más podríamos haber hecho después de haber sido atacados tan cruelmente?”
Esa mirada exculpatoria tiene que incorporar ahora el dato incontrastable de que la política de encarnizamiento con los palestinos es una política de Estado que se lleva a cabo en Cisjordania con la complicidad de las Fuerzas Armadas de Israel. El proyecto kahanista de expansión para configurar el Gran Israel ha sido alentado desde largo tiempo atrás por los sucesivos gobiernos de Israel, pero en forma velada. La única diferencia es que antes se consideraban “excesos” de la ultraderecha y hoy se asumen abiertamente, sin embozo alguno, por los ministros más audaces de la coalición gobernante. Esa enorme carga de perversidad de los ministros mesiánicos se vincula con una palabra cargada de significado: racismo. Según el investigador británico David Livigston Smith, autor de Inhumanity, una obra en la que explica las causas del Holocausto, “el racismo termina y la deshumanización comienza en la frontera que separa a los seres humanos de los animales considerados inferiores. El racismo es la creencia de que algunas razas están compuestas por seres humanos inferiores, mientras que la deshumanización es la creencia de que los miembros de algunas razas son menos que humanos. Comprender esta diferencia es crucial, porque arroja luz sobre por qué los grupos casi siempre son racializados antes de ser deshumanizados, y por qué las actitudes racistas se transforman tan fácilmente en deshumanizadoras. La deshumanización es racismo en su máxima expresión”.
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