REBAÑOS

La pandemia ha estimulado tanto las intenciones y compromisos más nobles como los mayores defectos

 

Poner el foco

El 4 de octubre, los profesores Martin Kulldorff, Sunetra Gupta, y Jayanta Bhattacharya, de las universidades de Harvard, Oxford y Stanford, definidos por ellos mismos como tres epidemiólogos de enfermedades infecciosas y científicos de salud pública provenientes tanto de izquierda como de derecha, y de distintas partes del mundo, con su profesión dedicada a proteger a los demás, firmaron y dieron a conocer, desde Estados Unidos y en 33 idiomas, la Declaración de Great Barrington para enfrentar a la pandemia.

Después de considerar que las actuales políticas de «confinamiento» (término de la versión española por lockdown en lugar de aislamiento u otras), están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo, y que mantener estas medidas hasta que haya una vacuna causará un daño irreparable en los menos privilegiados, la Declaración recomienda un abordaje denominado Protección Focalizada.

Como los autores afirman saber que la vulnerabilidad a la muerte por Covid-19 es más de mil veces mayor en los ancianos y débiles que en los jóvenes, la manera más humana de abordar la pandemia, sostienen, es midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la tantas veces citada, inmunidad de rebaño. Proponen entonces permitir que aquellos que tienen un mínimo riesgo de muerte (los jóvenes), puedan vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, protegiendo mientras tanto a aquellos que se encuentran en mayor riesgo.

Así el foco estaría puesto en los asilos de ancianos, que deberían emplear personal con inmunidad adquirida y realizar test PCR al personal y los visitantes con frecuencia, limitando la rotación del personal; en los jubilados, que deberían recibir alimentos y otros elementos esenciales en sus casas y cuando fuera posible reunirse con sus familiares al exterior; y en otras medidas sanitarias para hogares multigeneracionales, etc.

Por otro lado, las escuelas y universidades deberían abrir para una enseñanza presencial, los deportes deberían reanudarse, los adultos jóvenes de bajo riesgo deberían trabajar con normalidad, los restaurantes y otros negocios deberían abrir, las actividades artísticas y culturales deberían reanudarse, y quienes se encuentran en mayor riesgo podrían participar en todo, si así lo desean, mientras la sociedad en su conjunto disfruta de la protección otorgada a los vulnerables por aquellos que hayan desarrollado inmunidad de rebaño (dos de los autores han sostenido que esta inmunidad se alcanzaría con el 20% de la población infectada).

 

 

Los iluminadores

 

 

La presentación como perspectiva académica, científica, pluralista, y políticamente neutra de los autores, para defender una estrategia supuestamente orientada a la protección altruista de los demás, aunque dicha estrategia era rechazada mayoritariamente y desde el inicio de la pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por la inmensa mayoría de los países de todas las regiones, y por el más amplio acuerdo científico sobre su falta de fundamentación, inoperancia y alto costo en vidas humanas, no era sin embargo improvisada.

Su origen estuvo en una reunión convocada por el American Institute of Economic Research (AIER) con base, precisamente, en la ciudad de Great Barrington en el estado de Massachusetts. Este instituto no sólo fue el promotor de la Declaración sino que es su principal soporte publicando artículos en su defensa en los que se tilda de imbéciles (mindless) a quienes sostienen la «narrativa convencional» del «confinamiento» con la consecuencia natural de que los expertos y políticos nos lleven en «piloto automático» por el camino de la tiranía (Barry Brownstein, 21/10). Es la terminología que puede observarse inundar las redes digitales en  oposición despectiva a la política ante la pandemia que lleva el gobierno nacional en nuestro país. Es también y claramente la opción que aparentando un equilibrio entre economía y salud tiene su causa material en la primera.

Anthony Fauci, epidemiólogo de la Casa Blanca y el más destacado especialista en enfermedades infecciosas de los Estados Unidos, sostuvo que la estrategia de protección focalizada o inmunidad de rebaño no tenía sentido (se necesitaría que el 50 a 60% de la población se infectara) y era muy peligrosa (a mayor número de infectados, mayor número de muertos). Pero el 12 de octubre, dos funcionarios de la administración Trump aceptaron desde la Casa Blanca a la Declaración como respaldo de la política sanitaria presidencial, aunque lo hicieron en forma anónima. Una semana después, Trump dijo que Fauci era un idiota, un desastre y amenazó con despedirlo. Y pasó a  apoyarse más en Scott Atlas, un neurorradiólogo contrario a varios de los más extendidos criterios científicos ante la pandemia, y profesor en la Universidad de Stanford —como el economista Jayanta Bhattacharya— de cuya conservadora Institución Hoover es miembro senior.

 

 

La oveja negra

 

 

Si algo caracteriza a la inmunidad de rebaño como estrategia, es el dejar a los seres humanos librados a las leyes naturales que ordenan la actividad del coronavirus o SARS-Cov-2 en su transmisión, replicación y efectos, con el fin de alcanzar un número suficiente de infectados cuya inmunidad adquirida por el contacto con el virus impida que éste se siga transmitiendo. Pero toda estrategia para las acciones humanas no está determinada por las leyes naturales sino por una racionalidad de intereses guiados, o no, por la racionalidad moral. En este sentido, la protección focalizada o inmunidad de rebaño es una estrategia cuando menos de dudosa moralidad si es que no es francamente inmoral.

Pero las estrategias de ensamblaje científico, político y económico no son nuevas en los Estados Unidos, y sus ejemplos contrarios al consenso internacional son numerosos. El más destacado de ellos, para ilustrarlo en el campo de la salud pública, es el del cuestionamiento  a la estrategia de atención primaria de salud de la OMS.

En 1978, la OMS con el auspicio de UNICEF aprobó la estrategia de atención primaria de salud fijada por la Declaración de Alma-Ata como propuesta para alcanzar salud para todos en el año 2000. A pesar del amplio consenso y prestigio logrado por la misma, al año siguiente la Fundación Rockefeller convocó a un congreso en su centro de Bellagio y dos de sus miembros, Julia Walsh y Kenneth Warren, se pronunciaron en su contra sosteniendo que la estrategia era poco realista, muy cara, y que si se quería avanzar en la situación mundial de salud debían implementarse acciones dirigidas a grupos especialmente vulnerables con acciones eficientes, de una “atención primaria de salud selectiva”.

En 1993, el Informe Invertir en Salud del Banco Mundial, que abrió paso a las privatizaciones neoliberales en América Latina, completó esa estrategia al definir un paquete de servicios esenciales de salud establecidos en orden a análisis de costo-efectividad. Su idea básica era poder identificar prioridades de servicios e intervenciones en salud atendiendo a los grupos más desventajados.

Por eso es claro que la estrategia se renueva pero es siempre la misma: recortar la universalidad  del derecho a la salud. Y tiene una misma estructura: dos o tres operadores clave del ámbito académico-económico introducen la idea central («atención primaria de salud selectiva», «paquete de servicios esenciales de salud», «protección focalizada»), que se dirige a los «especialmente vulnerables» o «más desventajados», y es reproducida a escala mundial (por la Fundación Rockefeller, el Banco Mundial o el AIER), en 33 idiomas o los que sean necesarios. Viendo esto, no es que uno se haya quedado en los ’70 sino que desde hace 50 años es siempre la misma estrategia imperial. Aunque siendo la misma, los actores y el poder se actualizan al paso de los años.

 

 

Hoy resulta que es lo mismo

 

Yago Partal, Zoo Portraits, 2013-2019.

 

En junio de 1905 Einstein publicó en la revista Annalen der Physik, que entonces sólo se publicaba en alemán, los dos postulados de la relatividad especial y la conclusión de que la masa era equivalente a la energía y viceversa, prefigurando la tan divulgada ecuación E=mc², descubrimiento que revolucionó a la física.

El 25 de abril de 1953, James Watson y Francis Crick publicaron en inglés, en la revista Nature, un artículo de una página titulado Molecular Structure of Nucleic Acids, sobre su descubrimiento de la estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN) como código de la información genética de los seres vivos, un descubrimiento que revolucionó a la biología.

Esos artículos son parte de las muestras del inconmensurable valor de la actividad científica. Pero la que hoy llamamos ciencia, aunque algunos investigadores y centros sigan sosteniendo aquel paradigma, no es la de principios o mediados del siglo pasado y seríamos muy ingenuos si creyéramos lo contrario. Por un lado porque la categoría de «lo científico» ha sido apropiada y es aplicada a las más difusas, oscuras y oportunistas pretensiones de poder, prestigio y otros intereses que se presentan con la aspiración de un aura tradicional de seriedad intelectual y evidencia de verdad que esas pretensiones no tienen.

Y a la vez, porque el desbordante desarrollo tecnológico desde la segunda mitad del siglo pasado ha puesto a la ciencia al servicio de la técnica, convirtiendo lo que era una búsqueda desinteresada de la verdad en una creciente presión de individuos y grupos por lograr la subordinación de las verdades científicas a los intereses de esos individuos y grupos.

La situación de pandemia se ha convertido en un escenario en el que esas presiones se multiplican. Hay investigadores que buscan apoyo mediático y luego reclaman sin pruebas serias de seguridad y eficacia que los gobiernos autoricen el uso de excepción como medicamentos  de sustancias no registradas.

Y hay gobiernos que avalan esos pedidos con actos irresponsables o, aún peor, con iniciativa propia dando origen a pedidos que vulneran la protección administrativa como es el caso de Trump en los Estados Unidos frente al Centro de Control de Enfermedades y a la FDA como organismo regulador de los medicamentos semejante a nuestra ANMAT. Así fue como Mark Meadows, jefe de gabinete, y Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, llamaron desde la Casa Blanca a Stephen Hahn, director de la FDA, para pedirle que acelerara la autorización de emergencia de tratamientos y vacunas, y se olvidara de exigir un seguimiento preventivo inicial de dos meses en un número limitado de personas, antes de aprobar su comercialización.

En Argentina también están los que piden inmunidad de rebaño, los antivacunas, y los que quieren acelerar tratamientos y vacunas aunque las evidencias de seguridad y eficacia sean débiles. Y es que la pandemia ha estimulado tanto las intenciones y compromisos más nobles como los mayores defectos individuales y colectivos. Por eso es que la firmeza en la defensa de los valores éticos y el respeto de los derechos fundamentales es una virtud que hoy se nos reclama más que nunca.

 

 

 

10 Comentarios
  1. Albor Justo Arechaga dice

    Con la cantidad de informacion controvertida,con la enormidad de «trabajos cientificos» publicados en los primeros 2 meses (mas de 6.000 papers),con toda la desinformacion interesada o ignorante que recibimos: Cual seria el indicio que hace pensar en que una o unas conductas aconsejadas por la autoridad sanitaria van a ser observadas con responsabilidad y solidaridad por la poblacion???Llevamos treinta y cinco años discutiendo temas medicos,con miles de millones gastados x la industria,con miles de papres (seria bueno recordar que el renunciante editor del New England Journal dijo en su momento que menos del 10% de lo publicado tiene valor,pero,prima el interes editorial.Y decia nuestro Rene Favaloro que es inutil hacer congresos medicos todos los años ya que solo se podia hallar algo de valor cada 5 años aproximadamente) y seguimos discutiendo sobre lo mismo: cirugia o tratamiento medico?? Intervencion precoz o no?etc,etc y vamos a confiar en la responsabilidad de la poblacion bombardeada por todo tipo de estupideces???Vamos…

  2. Hugo Vicco dice

    La desinformación al respecto es monumental. Escuchamos a periodistas hablar sobre la pandemia como si fueran epidemiólogos… bueno, de hecho, los periodistas parecen ser «doctores en todo». Por ejemplo dicen que esta pandemia es «algo nunca visto». En realidad, la mayoría de ellos no lo vio pero en 1957, no tan atrás en el tiempo, hubo una pandemia que mató en menos de dos años a más de un millón de personas en el mundo…y en argentina. Para quienes quieran corroborarlo se llamó «Gripe Asiática». Se cerraron escuelas (por no más de quince días, creo recordar), cines, teatros y casi nada más. El mundo siguió corriendo, la economía no se detuvo y el mundo no quedó en la ruina, como va a quedar ahora. Y si de pandemia hablamos LA pandemia fue la Peste Negra en Europa entre los años 1348 y 1353 ó 54, que mató a casi un tercio de la población de aquel continente. Tuvieron que pasar casi doscientos años para que re recuperara el número de habitantes.
    Otros componentes que influyen enormemente en la información que nos suministran los medios, son los intereses creados alrededor de aquellos que piensan muy bien las pérdidas y los beneficios económicos antes de tomar una posición. Peor aún, toman posición en lugar de informar en forma ecuánime y honrada. La falta de conocimientos del idioma inglés es otro enorme componente de la cháchara sin fundamentos. Sabemos que la inmensa mayoría de las publicaciones científicas son escritas en ese idioma. ¿Cuántos periodistas habrán leído que el PCR es un procedimiento que no estuvo pensado ni desarrollado para el diagnóstico de ésta u otra enfermedad? ¿Cuántos leyeron que los fabricantes de los kits de testeos han aumentado la sensibilidad de los aparatos por un factor de 40, lo que hace que el mínimo rastro de un virus, muerto inclusive, de un resultado positivo? ¿Cuántos leyeron que el presidente de Tanzania envió a un laboratorio en europa, para analizar, un número importante de muestras humanas y entre ellas las de una cabra, una oveja y la de un fruto (paw paw) y TODOS dieron un resultado POSITIVO?
    Hay mucho para debatir sobre las acciones y decisiones de los gobiernos con respecto a esta pandemia que, nuevamente, va a dejar la economía mundial en ruinas. A los ricos, más ricos aún y a los pobres sumidos en una miseria irremontable.

  3. Pablo Grigera dice

    Usando como excusa la desagradable y ya trillada comparación entre rebaño de ovejas y humanos victimas del CoV2 (inclusive en la imagen asociada) el artículo intenta una especie de síntesis entre lo biológico y estrategias de contención viral con lo moral y termina siendo una, digamos, ensalada. Sumando, de paso, el lugar ya recontra común en cualquier artículo «progre» que se precie en estos días de elección 2020 en USA de usar al míster del jopo ridículo como punching bag y razón de todos los males (no que DT no se lo merezca quizás, tanto como otros de sus rivales que zafan, pero eso es otro tema. Digresión aparte, y a proposito del tema, los Gobernantes Demócratas de NY y NJ comparten la responsabilidad de la alta mortalidad inicial en sus Estadosen las casas de ancianos, nada sorprendente dado el disfuncional sistema de salud estatal y federal yankee). Siguiendo con el artículo, el autor, cuya especialidad parece NO ser la virología ni la inmunología, se dedica a criticar casi al borde de lo ad-hominem a científicos que más allá de su pertenencia institucional e ideológica saben muchísimo más del tema de inmunidad viral que el susodicho. Nadie afirma que haya homogeneidad de pensamiento entre científicos de clase mundial en este tema, claro. Confrontar argumentos no es el problema, al contrario está en la base de cualquier intento de entender que pasa con este y otros virus y sus portadores infectados, pero sería bueno dejar a los que saben para que expliquen sobre un tema de alta complejidad biológica como lo es la generación de inmunidad poblacional anti viral. Precisamente, y solo un ejemplo de varios, el cambio en la relación positivos a fallecidos en los últimos 5 meses en Suecia, donde no hubo cuarentena estricta y se permitió la libre circulación de la poblacion, sugieren niveles de inmunidad poblacional protectiva con % de población infectada mucho menor a los previstos. Cosa difícil de explicar sin inmunidad celular preexistente en gran parte de la poblacion que justificaría, precisamente, estrategias de contención viral y minimización de daño tachadas como «inmorales» por el autor. El tema, pasados los primeros meses de cuarentena y el acierto del Gobierno de Alberto Fernández en centralizar esfuerzos en el fortalecimiento del sistema sanitario destruido desde siempre por nuestros neoliberales autoctonos, pasa ahora, más que por lo moral, por entender la experiencia global adquirida en lo referente a la interacción entre nosotros los humanos con el SARS-CoV2, que pasara a ser endémico como todo virus, y su regulacion y control.

  4. Graciela Gigli dice

    Demasiado negocio detrás de las enfermedades y ni hablar del Covid…..indefensión.

  5. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo el doctor Tealdi expresa:

    “Si algo caracteriza a la inmunidad de rebaño como estrategia, es el dejar a los seres humanos librados a las leyes naturales que ordenan la actividad del coronavirus o SARS-Cov-2 en su transmisión, replicación y efectos, con el fin de alcanzar un número suficiente de infectados cuya inmunidad adquirida por el contacto con el virus impida que éste se siga transmitiendo. Pero toda estrategia para las acciones humanas no está determinada por las leyes naturales sino por una racionalidad de intereses guiados, o no, por la racionalidad moral. En este sentido, la protección focalizada o inmunidad de rebaño es una estrategia cuando menos de dudosa moralidad si es que no es francamente inmoral”.

    El autor critica, con sólidos fundamentos, la inmunidad de rebaño. En la Argentina, lamentablemente, también fracasó el confinamiento o, si se prefiere, la cuarentena. Hoy el número de contagios asciende a un poco más de un millón (hay expertos que sostienen que, en realidad, dicho número asciende a 8 millones) y en pocos días el número de muertes ascenderá a 30 mil. ¿No ha llegado la hora de que la estrategia pase a sustentarse en la responsabilidad individual, en la madurez de cada uno de nosotros para hacer frente a la pandemia?

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir el siguiente artículo de Carmen M. López titulado “Covid-19: cuando la decisión individual es tan imprescindible como la decisión de país” (Gaceta Médica-10 de marzo de 2020).

    La decisión individual en una crisis sanitaria como la del coronavirus es casi tan importante como las decisiones que pueden tomar los gobiernos. Así lo ponen en valor investigadores del Imperial College de Londres; Universidad de Oxford; junto con la Universidad de Utrecht y el Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente de los Países Bajos.
    Estos expertos han puesto sobre la mesa sugerencias que pueden ayudar a minimizar la propagación y el impacto del coronavirus. Lo han hecho en un comentario publicado en The Lancet, que analiza además las novedades sobre el nuevo virus.
    Como pone de manifiesto uno de los autores de este trabajo, Deirdre Hollingsworth, “las estrategias de comunicación del gobierno para mantener informado al público serán absolutamente vitales”. Adelantan que mantener la mortalidad lo más baja posible será la máxima prioridad para las personas. En cuanto a la crisis económica, “los gobiernos deben establecer medidas para mejorar la inevitable recesión“.
    La realidad, aseguran, es que el Covid-19 se ha convertido en una pandemia. “Probablemente, la propagación del virus en la mayoría de los países en las primeras etapas, se haya dado antes de que las medidas tengan un impacto”. Para estos investigadores, lo que ha sucedido en China muestra que la cuarentena, el distanciamiento social y el aislamiento de las poblaciones infectadas pueden contener la epidemia. “Este impacto de la respuesta de COVID-19 en China es alentador para los muchos países donde el virus está comenzando a extenderse. Sin embargo, no está claro si otros países pueden implementar las estrictas medidas que China finalmente adoptó”.
    Dos ejemplos son Singapur y Hong Kong, ambos con epidemias de síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) en 2002. En la actualidad, ambos países son ejemplo también en el buen manejo del coronavirus. “A pesar de los primeros casos, la acción temprana del gobierno a través de medidas de distanciamiento social tomadas por individuos están teniendo efecto”, resuelven.

    ¿Cómo se mide una epidemia?

    El curso de una epidemia se define por una serie de factores clave, algunos de los cuales actualmente no se conocen bien para Covid-19. El número básico de reproducción (R0) define el número medio de casos secundarios generados por un caso primario. Esto ocurre cuando la población es en gran medida susceptible a la infección. Así, se determina el número total de personas que probablemente estén infectadas.
    Los investigadores explican que para que se produzca una epidemia, el valor RO debe ser mayor que la unidad de valor. Por ejemplo, el sarampión, el R0 se estima en alrededor de 15. Para el coronavirus, la estimación de R0 está en alrededor del 2,5. A medida que avanza una epidemia, el número de reproducción efectiva (R) disminuye. De hecho, cae por debajo de la unidad de valor cuando la epidemia alcanza su punto máximo y luego decae, ya sea por el agotamiento de las personas susceptibles a la infección o el impacto de las medidas de control.
    La velocidad de propagación inicial de la epidemia, su tiempo de duplicación o el intervalo en serie relacionado (el tiempo promedio que tarda una persona infectada en transmitir la infección a otros), y la duración probable de la epidemia están determinados por factores como el tiempo transcurrido desde la infección hasta que una persona es infecciosa para otros, y la duración media de esa infección.

    Incertidumbres en cuanto al grado de infección.

    Los autores aseguran que existen pocos estudios clínicos para medir la viremia de Covid-19 y cómo cambia con el tiempo en los individuos.
    Otras de las incertidumbres que mencionan estos expertos es si existe una gran cantidad de casos asintomáticos de Covid-19. Las estimaciones sugieren que aproximadamente el 80 por ciento de las personas con Covid-19 tienen enfermedad leve o asintomática, el 14 por ciento tiene enfermedad grave y el 6 por ciento está gravemente enfermo. Esto implica, según esta investigación, que el control basado en los síntomas es poco probable que sea suficiente a menos que estos casos sean solo ligeramente infecciosos.
    Estrechamente relacionado con los determinantes epidemiológicos de este virus está el impacto de diferentes políticas que se lleven a cabo en el curso de la epidemia de Covid-19.Un tema clave para los epidemiólogos es ayudar a los decisores en los objetivos principales de las medidas que se lleven a cabo. Por ejemplo: minimizar la morbilidad y la mortalidad asociada; evitar un pico epidémico que sobrepase los servicios de atención médica, mantener los efectos en la economía dentro de niveles manejables y aplanar la curva epidémica.

    Impacto económico

    Para hacer frente al Covid-19, el impacto económico potencial del autoaislamiento o la cuarentena obligatoria podría ser sustancial, como ocurrió en China.”Es probable que ninguna vacuna o medicamento antiviral efectivo esté disponible pronto. El desarrollo de la vacuna está en marcha, pero los problemas no son si se puede desarrollar una vacuna, sino dónde se realizarán los ensayos de fase 3 y quién fabricará la vacuna a escala“, apuntan.
    La fabricación a escala requiere que uno o más de los grandes fabricantes de vacunas asuman el desafío y trabajen en estrecha colaboración con las compañías de biotecnología que están desarrollando opciones frente al virus. Un proceso que, tal y como apuntan, llevará tiempo —entre un año y 18 meses de producción—. En este escenario, las opciones que existen se centran en la cuarentena voluntaria obligatoria; interrumpir reuniones masivas; el cierre de centros educativos o lugares de trabajo donde se ha identificado la infección; o el aislamiento de determinadas zonas.

    Las medidas

    La experiencia con la gripe A se puede aplicar para coronavirus, aunque con matices. “Con un valor epidémico temprano de R0 de 2-5, el distanciamiento social tendría que reducir la transmisión en aproximadamente un 60 por ciento o menos, si el potencial de transmisión intrínseca disminuye en el verano”. Una pregunta para la que todavía faltan evidencias, aunque, no hay que olvidar el ejemplo de China.
    El cierre de escuelas tuvo éxito con la gripe A pero los científicos aseguran que puede ser poco eficaz, dada la baja tasa de infección en niños, aunque los datos son escasos. “Evitar grandes reuniones de personas reducirá el número de difusión del virus, sin embargo, si se requiere de un contacto prolongado para la transmisión, esta medida solo podría reducir una pequeña proporción de transmisiones. Por lo tanto, es probable que se necesite un distanciamiento social a mayor escala, como se estableció en China“. Esta medida, explican, previene la transmisión de casos sintomáticos y no sintomáticos, por lo tanto, aplana la epidemia. “El distanciamiento social a mayor escala proporciona tiempo para que los servicios de salud traten casos y aumenten la capacidad y, a largo plazo, para desarrollar vacunas y tratamientos”.
    Los interrogantes para estos expertos son: ¿Qué proporción de individuos infectados tiene síntomas leves? ¿Se autoaislarán estos individuos? ¿Tendrá efectividad? El comportamiento individual, por tanto, “será crucial para controlar la propagación de Covid-19”. La acción personal, más que la acción gubernamental, en las democracias occidentales podría ser, en opinión de estos investigadores, el tema más importante. “Autoaislamiento precoz, la búsqueda de asesoramiento médico de forma remota a menos que los síntomas sean graves, y el distanciamiento social es clave. Las acciones del gobierno para prohibir las reuniones masivas son importantes, al igual que las buenas instalaciones de diagnóstico y el asesoramiento de salud de acceso remoto, junto con el tratamiento especializado para personas con enfermedades graves”.

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