Reconstruir la dignidad

La jubilación anticipada es un paso para reconquistar derechos arrasados por el macrismo

 

Generalmente las personas del común, y muchos periodistas también, piensan que la jubilación o la pensión representan una mera cuestión económica. Y quizás la prueba más elocuente de esa situación sea el tratamiento de los temas de seguridad social que realizan los grandes medios, que suelen ocuparse de ellos en los suplementos económicos. Tanto es así que para la mayoría de los periodistas de radio y televisión, los razonamientos sobre noticias o medidas en materia de protección social se circunscriben, exclusivamente, a indagar a cuántas personas involucran, a dimensionar cuál es el costo o gasto de la medida y si tiene identificada la fuente de financiamiento y su sustentabilidad. Sólo muy pocos comunicadores abordan la otra cara de la moneda: los beneficiarios y su humanidad.

La jubilación y/o la pensión son mucho más que un manojo de pesos. Es el reconocimiento a alguien que trabajó durante 30 años en suelo argentino y que ayudó a construir el país del que hoy disfrutamos, con nuestras virtudes y defectos. También el reconocimiento social a quien, producto de su agotamiento físico, ya no puede seguir trabajando, y es también la posibilidad de darle una segunda vuelta a la vida: hacer aquello que uno siempre soñó pero fue postergando por la necesidad de trabajar. O de ver crecer a los nietos y nietas con más soltura que a los hijos o, si tiene pareja, la posibilidad de compartir en plenitud grandes y pequeños momentos que el fragor de las obligaciones le hizo olvidar. Es la oportunidad de realizar alguna otra tarea, incluso remunerada, que siempre quiso hacer, como cultivar una pequeña huerta y ver brotar cada ramita, e incluso, hablarle con afecto a las plantas para ver si crecen más rápido y más fuertes. Es recuperar el valor de la música, o de leer, tal vez de atreverse a escribir, de tomarse un café en el bar de la esquina, de compartir con amigos. Eso y mucho más es una jubilación. Es una nueva dimensión de la humanidad y de la dignidad de una persona que ha vivido y provisto de su fuerza laboral y de su imaginación a la sociedad de la que forma parte. Por ello, resulta irritante que se la reduzca a una mera estadística con dos variables: pesos y cantidades.

Sin embargo, algo debería sorprendernos sobremanera, y es que todos y cada uno de los trabajadores, tarde o temprano, buscarán acceder a un beneficio previsional. Si algo aprendí en el ejercicio de mi profesión es que no importa que alguien sea rico o pobre: todos, sin excepción, si tienen la edad y los aportes requeridos, quieren su beneficio. Sin embargo, aquellos que aún les falta edad no ponen en valor lo que es una jubilación. En este punto, existe un bache cultural producido por los recurrentes gobiernos neoliberales, acompañados por sus medios de comunicación acólitos, que es uno de los grandes cambios que debe encarar un gobierno nacional y popular.

Para que se tome dimensión del daño que produce el neoliberalismo en estos temas, téngase en cuenta que, cuando Néstor Kirchner asumió la Presidencia, en la Argentina había alrededor de 3,2 millones de beneficiarios, de los cuales 1,4 millones eran pensionados. Kirchner, en el marco de la crisis sin precedentes vivida partir de diciembre de 2001, decidió otorgar doce aumentos consecutivos de los haberes previsionales y promulgar la ley de jubilación anticipada, a la que se le incorporó el artículo 6, el cual creó el plan de inclusión jubilatoria votado en diciembre de 2004 que permitió incorporar en el sistema previsional, a lo largo del tiempo, a 4 millones de personas. Cristina Fernández de Kirchner también tuvo un rol protagónico en materia de seguridad social: recuperó las AFJP para el Estado, dictó la ley de movilidad jubilatoria, creó la Asignación Universal por Hijo (AUH) y prorrogó el plan de inclusión jubilatoria. El resultado de estas medidas permitió mostrar que la Argentina era el país de América Latina con la jubilación mínima más alta de la región y que ostentaba el mejor índice de cobertura previsional de la zona. El país también podía hacer gala de un sistema de financiamiento sólido, a partir del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, creado en aquellos tiempos, el cual sumaba 66.000 millones de dólares. Por otro lado, es importante señalar algo que siempre se olvida: hasta el gobierno de Néstor Kirchner, los jubilados cobraban un mes atrasado. Ahora perciben los haberes por adelantado.

El arribo del neoliberalismo al poder, a fines de 2015, trajo las peores noticias para los beneficiarios de la seguridad social. El macrismo usó el sistema previsional como variable de ajuste y se esfumaron más de 33.000 millones de dólares del Fondo de Garantía de Sustentabilidad en un abrir y cerrar de ojos. La debacle continuó con el dictado de la ley que considero más ignominiosa de toda la historia previsional argentina: la ley de reparación histórica. Venía acompañada de un blanqueo financiero inmoral que eliminó, por asfixia, el último plan de inclusión jubilatoria y creó la pensión universal para el adulto mayor que paga el 80% de la jubilación mínima y no genera derecho a pensión, ni siquiera, para los hijos discapacitados. A su vez, en diciembre de 2017, se modificó la ley de movilidad jubilatoria en un marco de represión y golpes contra aquellos que no estábamos de acuerdo. El resultado fue que los beneficiarios de la seguridad social –17 millones de personas– perdieron el 20% de haber en un solo año. Hasta el mismísimo Mauricio Macri hablaba de que el sistema previsional era insustentable, cuando era su obligación hacerlo sustentable. Un párrafo aparte merece lo que ocurrió con las tarifas públicas y los medicamentos. Mientras las primeras aumentaron en forma desmesurada en términos de porcentajes de tres cifras, en el caso de los medicamentos desregularon los precios al mismo tiempo que el PAMI dejó de brindar un número significativo en forma gratuita y complejizó la burocracia para obtener los descuentos pertinentes en la compra de remedios, por lo que el trámite asociado se transformó en una tortura. En pocas palabras, en sólo cuatro años destruyeron todas las conquistas alcanzadas tras dura labor y dejaron al sistema previsional en una situación catastrófica.

La llegada de Alberto Fernández a la presidencia, en diciembre de 2019, encontró al país en el medio de una crisis económica sin precedentes, particularmente, en los temas vinculados a salarios y jubilaciones. La primera decisión fue otorgar un bono de 10.000 pesos, pagadero en dos cuotas de 5.000 pesos cada una. En paralelo, se derogó la ley de movilidad de Macri, con la idea de que en junio de 2020 hubiera una nueva, pero la pandemia iniciada a partir de marzo modificó el escenario completo. Finalmente, en diciembre de ese año se sancionó una nueva ley que contemplaba los lineamientos la vieja ley de movilidad promulgada por Cristina Fernández de Kirchner, pero mejorados. En vez de computarse cada seis meses, ahora la actualización sería trimestral. Luego hubo más bonos para los que menos ganan, mientras se congelaron las tarifas públicas y se resolvió entregar una canasta importante de medicamentos gratis a todos los afiliados del PAMI, al tiempo que se simplificaron de manera notoria los procedimientos administrativos para acceder a beneficios y trámites. Posteriormente, vino el reconocimiento de años para las mujeres por el cuidado de sus hijos y, por último, esta semana se aprobó, mediante un decreto de necesidad y urgencia, un esquema de jubilación anticipada, con una prestación a ser recibida por hombres entre los 60 a 65 años y mujeres entre los 55 y los 60 años de edad, que tengan todos los años de aportes requeridos y se encuentren desocupados antes de junio de este año.

Pero quizás lo más importante sea aquello que no está escrito en el decreto, y es tomar conciencia y tratar de solucionar el problema generado por el desastre económico y social dejado por Mauricio Macri. Demasiada gente se quedó sin trabajo a una edad avanzada, sin posibilidad de reincorporación en el mercado laboral, y no encontró la forma de conseguir empleo ni de acceder a una jubilación. La solución reflejada en este esquema de jubilación anticipada, con una prestación proporcional a la que le correspondería acceder a la edad requerida, significa devolverles la dignidad a las personas, que pueden sentirse un trabajador o una trabajadora que gana su sustento en base al esfuerzo realizado, sin necesidad de mendigarle nada a nadie. Algunos critican la medida porque cubre un universo pequeño, pero el sistema previsional se conforma de un conjunto de pequeños universos, los cuales juntos forman parte de un sistema destinado a resolver los problemas generados en el seno de una sociedad. Otros la denostan porque es un nuevo dispendio populista y orientan su diatriba a impedir que les quiten sus propios privilegios. El susto es que esta situación pueda obligarlos a pagar algún impuesto más.

Pero lo que me interesa en esta nota, además de mostrar la utilidad de la nueva prestación, es destacar la importancia que tiene para los jubilados/as y pensionados/as que el timón de las decisiones lo ostente un gobierno nacional y popular y no uno neoliberal. Yo he visto en mi vida adulta a muchos gobiernos neoliberales que, invariablemente, han destruido con sus acciones el sistema previsional de los argentinos. Desde el dictador Juan Carlos Onganía –que se quedó con los fondos de las cajas de jubilaciones que existían en aquel tiempo–, pasando por la dictadura cívico-militar de Jorge Rafael Videla y compañía, el menemismo en los ’90 y, finalmente, el gobierno macrista de 2015 al 2019, todos emprendieron el mismo camino, sin importar si han sido más o menos estructurados. Por el contrario, todos los gobiernos nacionales y populares, cada uno con sus virtudes y defectos, hicieron lo que estuvo a su alcance para mejorar la situación de los más vulnerables. Sin embargo, la etapa kirchnerista representó el momento de mayor esplendor del sistema previsional en sus casi 120 años de vida.

En este marco debe inscribirse el decreto que pone en marcha a la jubilación anticipada. Como manifesté anteriormente, la anterior ley de jubilación anticipada traía de regalo el plan de inclusión jubilatoria, o la moratoria, como cada uno quiera llamarla. Esa experiencia me permite mantener la ilusión y soñar con la idea de recrear un nuevo plan de inclusión jubilatoria que permita incorporar a los beneficiarios actuales de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), a fin de que todos sean jubilados de un mismo tipo de beneficio y, de esta manera, se les devuelva la dignidad perdida en tiempos del neoliberalismo a todas las mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65 años de edad.

Como he expresado, quizás demasiadas veces, no existen jubilados ricos en una sociedad pobre. He conocido casos a la inversa, es decir, jubilados pobres en una sociedad rica. También creo que destruir es muy fácil. El problema está en reconstruir lo que otros destruyeron. Hay que empezar con lo que se tiene e ir avanzando poco a poco. En el caso del sistema previsional argentino, hace falta lograr un equilibrio entre el gobierno, que tiene que exhibir los recursos con los que cuenta, y los trabajadores activos, que deben mejorar sus ingresos. Estos son los mayores aportantes al sistema previsional y deben reflejar la plataforma de mejora de los haberes. Sé que es una tarea ardua, pero vale la pena dar la batalla. Como decía William Beveridge, “la liberación de la necesidad no puede ser impuesta ni concedida a una democracia. Debe ser conquistada por ella misma. Para conquistarla necesita valor, fe y sentido de unidad nacional: valor para hacer frente a las dificultades, y superarlas; fe en nuestro futuro y sentido de unidad nacional que se imponga a los intereses de clase o grupo”.

Soñar no cuesta nada, pero cuando ese sueño se multiplica por millones, mueve montañas y genera un virtuoso camino donde se juntan la solidaridad social, la unidad nacional y el amor a la patria.

 

 

 

 

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