Relatos en tiempos de pandemia

Estados Unidos instala la idea de la pandemia como acto deliberado de China

 

Una nueva mutación del SARS-CoV-2 recorre el mundo y desafía a las vacunas existentes. La capacidad de este virus para reproducirse mutando rápidamente siembra muerte, terror y desesperanza. Lo mismo parece ocurrir con un capitalismo global monopólico que, herido de muerte por fenómenos que ha engendrado y no puede controlar, intenta reproducirse transformándose en algo nuevo. En su agonía, este Minotauro patea el laberinto que durante tanto tiempo lo ha ocultado, y en la penumbra del derrumbe construye nuevos relatos buscando ocultar la violencia organizada que constituye su esencia. Instilando el miedo y el odio de los unos contra los otros, estos relatos fragmentan y dividen a los ciudadanos de a pie paralizando la reflexión y el cuestionamiento al status quo.

Por estos días, la controversia desatada sobre el origen del SARS-CoV-2 continúa levantando una polvareda que, esparcida a los cuatro vientos, se esfuma hacia la estratosfera. En los Estados Unidos, los medios de comunicación y las redes sociales se empeñan en borrar todo trazo de la cara oculta del Minotauro: esa industria de guerra y espionaje que maximiza las ganancias de los monopolios, militarizando la vida cotidiana.

Los medios han colocado al doctor Anthony Fauci en el centro del torbellino político. Siendo el director del NIAID/NIH (National Institute of Allergy and Infectious Diseases, que integra el National Institutes of Health) ha sido durante décadas el asesor principal de la Casa Blanca en investigaciones vinculadas con la salud. Asimismo, ha sido responsable por la financiación de las investigaciones realizadas por científicos norteamericanos y chinos en el Instituto de Virología ubicado en el laboratorio de alta seguridad de Wuhan, China. Los dimes y diretes del doctor Fauci respecto a su apoyo pasado y presente a la manipulación genética de los virus (gain of function) contribuyen a opacar la conexión de este tipo de investigaciones con el espionaje y la guerra. Más precisamente, ocultan las razones que habrían llevado al NIAID/NIH a financiar una investigación que, centrada en la mutación genética de un virus para aumentar su letalidad, se desarrolló durante varios años en un laboratorio cuya conexión con los militares chinos era conocida por el gobierno norteamericano.

Al victimizarse y sostener que los ataques contra su persona son en realidad ataques contra la ciencia, el doctor Fauci contribuye a la confusión generalizada. Mientras él negaba la posibilidad de que el SARS-CoV-2 fuese el producto de una manipulación genética del coronavirus, una división de inteligencia (z division) de un centro de excelencia científico norteamericano (Lawrence Livermore Laboratory) concluía en un informe secreto presentado en mayo del 2020 que la manipulación genética era el origen más probable de este virus. Paralelamente, otras investigaciones científicas advertían que el virus en cuestión tenía “una huella genética imposible de encontrar en la naturaleza” y que “sin duda alguna” el SARS-CoV-2 era el producto de una “manipulación genética en un laboratorio” (wsj.com 6, 8/ 6 2021, summit.new. 28 5 2021, zerohedge.com 30 5 2021, 8 6 2021).

 

Fauci, en el centro de la escena por la manipulación genética del virus.

 

En este contexto, una encuesta reciente revela que la mayoría de los norteamericanos, tanto demócratas como republicanos, cree que “muy probablemente el virus ha tenido su origen en el laboratorio de Wuhan” y cerca de un cuarto de los encuestados cree que el virus fue “liberado a propósito para causar daño” (today.yougov 6 2021). Poco a poco, la idea de que la pandemia es consecuencia de un acto deliberado por parte de un país enemigo empieza a tomar cuerpo y a impregnar de “sentido” a las políticas del gobierno de Joe Biden. Crítico acérrimo de la política exterior de Donald Trump centrada en el ataque a China por su “competencia desleal”, Biden inició su gobierno con fuertes sanciones económicas a un gran número de empresa chinas (zerohedge.com 3 6 2021). Paralelamente, ha formulado una visión del mundo que promueve intensificar los “realineamientos de las democracias” bajo el liderazgo norteamericano para enfrentar a las “autocracias”, que constituyen la principal amenaza en este siglo.

 

 

Construcción del enemigo externo

En una nota de opinión, el Presidente Biden explicó los objetivos de su inminente viaje a Europa: dejar en claro su compromiso de enfrentar “desde una posición de fuerza” las incertidumbres provocadas por la pandemia, la crisis climática y las amenazas de China y Rusia; reafirmar la adhesión norteamericana al artículo 5 de la OTAN, comprometiéndose a tomar “las acciones que considere necesarias, incluyendo el uso de las Fuerzas Armadas” en defensa de cualquiera de los miembros de la OTAN que sea atacado; asegurar “que las democracias de mercado, y no China o cualquier otro país, sean las que escribirán las reglas que regirán el comercio y la tecnología en el siglo XXI”, y aclarar que “nadie debe dudar sobre la decisión de los Estados Unidos de defender nuestros valores democráticos, que son inseparables de nuestros intereses” (washingtonpost.com 5 6 2021).

Estas definiciones fueron precedidas por un informe del director de la agencia federal de Defensa e Inteligencia, DIA (Defense and Intelligence Agency) en el que identifica a Rusia, China, Irán y Corea del Norte como los países que hoy amenazan al mundo. El informe reconoce que la potencia militar norteamericana no tiene rivales en el mundo. Sin embargo, la capacidad nuclear de Rusia la convierte, según el informe, en “un peligro existencial para los Estados Unidos” (zerohedge.com 4 5 2021).

Así, la política exterior de Biden reafirma la continuidad de una estrategia basada en la proyección del dominio militar norteamericano sobre el mundo para garantizar la seguridad nacional de ese país. El liderazgo “desde una posición de fuerza” que propone Biden deriva en la creciente relevancia de una industria militar y de espionaje asentada en un presupuesto militar que crece sin límites. Esto ocurre en momentos en que las turbulencias económicas y financieras a nivel mundial amenazan a la hegemonía del dólar como moneda de reserva internacional. Estos procesos contribuyen a estimular un relato centrado en el miedo ante un enemigo externo que supuestamente amenaza al mundo.

 

 

Concentración, inflación y pobreza

La guerra comercial con China desatada durante el gobierno de Trump y el impacto de la pandemia sobre la economía global han provocado cuellos de botella y rupturas de las cadenas de valor global, derivando en desabastecimientos y aumentos de precios de productos y fletes tanto a nivel mundial como local. Frente a esta desarticulación de las cadenas de valor global, el gobierno de Biden decidió dar fuerte impulso a la producción local de una amplia gama de bienes que ahora son considerados de importancia estratégica, pues permitirán generar trabajo y desacoplar a la economía norteamericana de la china.

Biden realizó su campaña electoral enfatizando el derecho al trabajo y al bienestar social y prometiendo políticas destinadas a atenuar la enorme desigualdad económica y social provocada por décadas de estancamiento salarial y de una política monetaria que concentró la riqueza en pocas manos. Una vez en el gobierno articuló una batería de estímulos económicos destinados a capear el desempleo y a mitigar el impacto social de la pandemia. Esto sin embargo ocurre en un contexto crecientemente inflacionario. En mayo la inflación anual llegó al 5%, el índice más alto de los últimos 28 años. Esta situación erosiona el poder adquisitivo de los salarios y pone en jaque los objetivos de mitigar la desigualdad social existente y generar más empleo en el corto plazo.

En este contexto, la Reserva Federal considera que la inflación es un fenómeno “transitorio” y ha prometido mantener las tasas de interés cercanas a cero en los próximos años. Un informe reciente del Deutsche Bank (DB) advierte sobre la contradicción existente entre los objetivos sociales propuestos por la política económica de Biden, la inflación y el creciente endeudamiento facilitado por la emisión monetaria sin límites a tasas de interés cercanas a cero. Para el DB el endeudamiento se vuelve insostenible cuando supera el 100% del PBI. Esto ocurre actualmente tanto en los Estados Unidos como en la economía global y contribuye a impulsar la inflación. En un contexto de mucha “polarización política” la capacidad que la sociedad tiene de aceptar un mayor desempleo disminuye drásticamente. Esto implica, según DB, que cuanto más tiempo tarde la Reserva en enfrentar a la inflación mayor será el riesgo de “desencadenar una recesión significativa y una cadena financiera de defaults en el mundo entero y en particular en las economías emergentes”. En consecuencia, según el DB, “las sociedades globales están sentadas encima de una bomba lista para explotar” (zerohedge.com 8 6 2021).

La objetivos sociales de la política de Biden tienen además otro límite: la consolidación del poder de la Reserva Federal sobre el conjunto de la economía, una Reserva que ha prometido mantener bajas las tasas de interés. Este poder ha aumentado aceleradamente durante los primeros meses del gobierno de Biden a partir del rápido nombramiento de funcionarios de carrera de la propia Reserva en los cargos directivos de todos los organismos de control y regulación financiera del país. Si bien cierta migración de esta índole también ha ocurrido durante otros gobiernos, hoy alcanza una amplitud desconocida (prospect.org 3 6 2021, wallstreetonparade.com 8 6 2021).

En este contexto, es posible que las promesas electorales de Biden caigan en el vacío una vez que se agoten los estímulos al desempleo por la pandemia otorgados recientemente. En ese caso, la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios y la escasez de empleo contribuirán a sembrar el miedo y la inseguridad en una sociedad crecientemente polarizada en términos político partidarios.

 

 

El populismo en una economía dominada por monopolios

La llegada de nuevos contingentes de vacunas a la Argentina, el inicio de la producción local de la Sputnik V, el aumento del ritmo de vacunación en todo el país y las declaraciones en el Congreso de los ejecutivos de los laboratorios desmintiendo las acusaciones del macrismo respecto a supuestos negociados del gobierno en la compra de las vacunas no lograron desactivar a una oposición política cuyo objetivo principal es sembrar confusión, odio y miedo, e instalar un relato impregnado de bronca contra el populismo y de desesperanza, en condiciones de emergencia nacional y en una situación preñada de enormes dificultades económicas. Nada va a cambiar esta realidad. La mentira es la táctica preferida en una guerra que no se detiene ante nada. Así quedó en evidencia con la reaparición pública del ex senador a cargo interinamente de la Presidencia, Eduardo Duhalde, anunciando: “Voy a intentar que este gobierno no siga gobernando… se va a generar un clima peor al ‘que se vayan todos’ del 2001, ya que puede terminar en una especie de guerra civil” (ámbito.com 7 6 2021). Atrás quedó el deseo de “formatear a la democracia” formulado recientemente por un periodista de la tribu guerrera. Ahora se apela públicamente a la lucha de los unos contra los otros y se deja entrever cuál va a ser el nuevo campo de batalla: una economía desbordada por una inflación incontrolable.

Así, el macrismo se unifica sotto voce con la cúpula del empresariado argentino, que forma sus precios según le convenga, decreta lockouts desabasteciendo de alimentos al país y atropella a la oposición empresaria en la Unión Industrial Argentina (UIA) para copar todos los cargos directivos y eliminar cualquier posibilidad de disenso. Este es un empresariado que tiene por objetivo acumular y fugar rentas monopólicas de distinto tipo, que invierte poco y nada en el país, evade impuestos, sobrefactura importaciones, subfactura exportaciones y especula con los distintos tipos de cambio incluso en épocas en que rige un cepo. Este empresariado se desentiende totalmente de la pandemia, la pobreza y la desnutrición y su norte es el brillo light del Primer Mundo. Esto, sin embargo, no es algo nuevo. Lo nuevo es la profundidad del daño que le han ocasionado al país. Esta emergencia nacional muestra la necesidad de una pronta intervención ágil y fuerte del Estado que castigue con penas drásticas y visibles los desvíos del capital monopólico; controle efectivamente a las exportaciones y a las transferencias financieras y cambiarias, y organice nuevas formas de empresas productivas que, con participación del Estado y de cooperativas comunitarias, inviertan en el desarrollo de una industria nacional y de una producción agroecológica tendiente a poner fin al modelo extractivo agroindustrial que hoy desertifica al territorio y domina al país.

La post-pandemia no sólo pasa por activar la demanda, también exige más crédito subsidiado para estimular la inversión productiva de este tipo de empresas mixtas a ser desarrolladas tanto en el campo como en la industria. El presente que hoy vivimos y las políticas económicas que se toman determinan cómo será la post-pandemia. El Estado tiene recursos de toda índole para ponerle límites a los intereses y al poder de los monopolios y aplicar políticas que impulsen un desarrollo inclusivo y nacional. Paradójicamente, las turbulencias de la economía y las finanzas globales y los realineamientos geopolíticos brindan la oportunidad de articular, en medio del río revuelto, nuevas alianzas internacionales que contribuyan a nuestro desarrollo nacional.

 

 

 

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