RESISTENCIAS Y TRANSFORMACIONES

El FMI no puede seguir cogobernando una nación que aspira a ser libre, justa y soberana

 

La Argentina deberá lidiar con la deuda externa y el FMI para poder llevar a cabo una política de transformaciones necesarias para un proyecto de independencia económica y justicia social. El volumen de endeudamiento y las condicionalidades del Fondo son una seria obstrucción para conseguirlo.  Será imprescindible adoptar un conjunto de decisiones que logren desarticular y/o neutralizar el peso de los servicios de deuda programados y la actual injerencia del organismo multilateral en las definiciones de política. El cepo al desarrollo fue construido durante el último turno neoliberal, pero sobre la base de un esqueleto estructural e institucional cuya arquitectura comenzó a edificarse en la dictadura militar y a perfeccionarse durante los gobiernos de los 90 que desencadenaron la crisis de 2001.

Entre esas decisiones deberán estar, necesariamente, el reemplazo del actual acuerdo de refinanciación firmado con el Fondo por una reestructuración que contenga plazos, montos y tasas compatibles con un proyecto en el que la restricción de divisas causada por el endeudamiento no haga imposible alcanzar los objetivos buscados. El FMI no es un organismo neutral, sino comprometido e impulsor de una lógica neoliberal opuesta a una política popular, por lo tanto no puede cogobernar como viene haciéndolo.

Una política de desarrollo requiere de un rumbo inverso al que impone ese organismo. Este es un punto fundamental a tener en cuenta. Por otra parte, el empuje de esa política sólo es posible con un crecimiento, diversificación y despliegue de un mercado interno sustentado en un salto cualitativo y cuantitativo del consumo. Ni las exportaciones tradicionales o de otros commodities, que son tomadoras de precios y cantidades, serán el motor de los cambios necesarios, por el contrario, reafirmarían un patrón de distribución del ingreso concentrador y regresivo. No es una solución al endeudamiento proponerse la ampliación de las mismas con el objetivo de hacerse cargo de un programa de pagos externos inconsistente y exorbitante.

 

 

 

La ilusión de la inversión extranjera

Tampoco lo será la inversión extranjera.  En el libro Los sectores dominantes en la Argentina (Siglo XXI, 2022), Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli aportan evidencia y argumentos contundentes respecto del comportamiento de la inversión extranjera. En el libro se define a la economía argentina como un caso de “extranjerización temprana”, en el que “las corporaciones extranjeras se insertaron en los sectores más dinámicos en cada régimen de acumulación [y] tendieron a su vez a limitar la transferencia del excedente generado a nivel local a la apertura de nuevos campos de inversión… lo que imposibilitó la conformación de un sistema industrial en la economía argentina”.

El texto expresa que “una dimensión sumamente relevante tiene que ver con una falacia bastante instalada en el sentido común acerca de que el ingreso de inversión extranjera contribuye al ahorro de divisas… Se trata de una cuestión para nada menor, ya que las divisas constituyen ‘un activo’ escaso en la economía argentina, que se ha agravado en especial desde que se tornó una ‘economía bimonetaria’ a partir de la última dictadura cívico-militar ( esto es, desde que los sectores dominantes adoptaron una lógica financiera de acumulación). Luego se muestra que a lo largo de la historia moderna del país, y analizando distintos períodos, el drenaje de divisas por remisión de utilidades era mayor que el ingreso de inversiones. Más, cuando su cifra fue significativa su destino fue la compra de activos y no la ampliación de actividades, como en el caso de las privatizaciones. Caracteriza que “otra cuestión de importancia consiste en que el notable impacto negativo del capital extranjero se complementa con la nueva estrategia que adoptaron las transnacionales durante el patrón de acumulación en… la segunda etapa de sustitución de importaciones, que consistió en préstamos de las casas matrices a sus subsidiarias y los contratos de transferencia de tecnología… Ellos no sólo implicaron, y lo siguen haciendo, una mayor salida de excedente generado internamente al exterior, sino que bloquearon el desarrollo tecnológico local… en particular de la producción de bienes de capital”. La mirada del trabajo no es adversa a cualquier inversión extranjera, pero manifiesta los reparos respecto a las características que asume cuando no es conducida por el Estado.

Basualdo y Manzanelli sostienen que desde la interrupción de la segunda fase de la sustitución de importaciones, la fracción del capital constituida por los grupos económicos condujo el Estado utilizando a sus intelectuales orgánicos. En primera instancia a sangre y fuego mediante el gobierno terrorista del partido militar y luego desde 1983 en adelante con una nueva forma de representación denominada “transformismo gramsciano”. Dos propósitos persiguieron:

  1. Redoblar la subordinación del trabajo al capital.
  2. Anular todo intento de que se consoliden gobiernos nacionales y populares.

De acuerdo a la etapa para lograr estos objetivos y asegurar su hegemonía, aniquilaron o colonizaron a las representaciones de la clase trabajadora, descabezando al movimiento popular.

 

 

 

A sangre y fuego

El terrorismo de Estado inauguró una etapa de reformas estructurales, consistentes en derribar la arquitectura estatal destinada a la regulación e intervención en la economía. Esa arquitectura derribada estaba destinada a limitar la discrecionalidad empresaria que se expresa en la asignación mercantil cuando rigen altos grados de oligopolización. Para implementar esas reformas se desplegó un doble accionar estatal, uno legalizado con institutos que predominaban sobre la Constitución, otro de carácter clandestino no sujeto a legalidad alguna.

La colaboración y participación civil con el Estado terrorista fue amplia. Algunos de los grupos hegemónicos tuvieron participación directa en actividades represivas clandestinas. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación publicó recientemente el trabajo “Responsabilidad empresarial en las violaciones de los derechos humanos en Argentina”, que fue elaborado por Victoria Basualdo, Andrea Copani, María Alejandra Esponda, Marianela Galli, Carina Wittenstein y Marisol Machado. En el mismo se dice: “Las causas relativas a responsabilidades civiles y empresariales en delitos de lesa humanidad tuvieron un desarrollo complejo, que mostró avances y retrocesos”. De hecho su avance y despliegue constituye todavía una deuda pendiente. La corporación empresarial resiste el enjuiciamiento de la participación civil. Dice la publicación que “sin embargo, son muchas las asignaturas pendientes. Diversos juicios que llegaron a la etapa oral únicamente con imputados de las fuerzas armadas y de seguridad pusieron de manifiesto, a partir de testimonios de víctimas y de expertos/as, la existencia de múltiples trabas y la deficiente recepción y escucha de las responsabilidades empresariales en la represión de trabajadores/as y sindicalistas. Algunos de los casos son la Megacausa de Jujuy, que incluye trabajadores/as de Ledesma y Mina El Aguilar, diversos tramos de la causa de Campo de Mayo, con casos de trabajadores/as y delegados/as de una gran cantidad de empresas del cordón industrial de zona norte y oeste de la Provincia de Buenos Aires”.

Respecto de la causa de Ledesma, el diario La Nación publicó el 9 de noviembre un editorial en el que realiza una defensa del empresario Carlos Blaquier, del que el trabajo de la Secretaría dice: “Otro caso emblemático fue el de las actuaciones judiciales referidas a trabajadores/ as del ingenio Ledesma, sus familias y allegados en Libertador General San Martín, Jujuy, que permitieron poner de manifiesto la magnitud del proceso represivo sobre trabajadores/as de esa empresa, así como de militantes políticos y activistas sindicales de la zona que fueron brutalmente perseguidos durante la dictadura. Quedaron claros los aportes logísticos y materiales realizados por la jerarquía de la empresa liderada por Carlos Pedro Blaquier, una figura empresarial de gran importancia nacional”. La participación y colaboración de grandes empresarios con el terrorismo de Estado, se agrega a los pronunciamientos de grandes asociaciones patronales que dieron su apoyo a las políticas económicas y a la dictadura en general. El régimen de liberalizaciones y valorización financiera fue prohijado en esos ámbitos. Los objetivos a conseguir, enumerados más arriba, tuvieron centralidad en la política dictatorial.

Decía La Nación, que hoy defiende a Blaquier y pide la libertad de militares sometidos a proceso por crímenes de lesa humanidad, en su editorial del 11 de febrero de 1977: “La Argentina, entre otros casos, es un típico ejemplo de una nación empujada –contra su voluntad  y contra la de las Fuerzas Armadas— hacia esa línea intermedia de conflicto permanente y de acción bélica no convencional dentro mismo de sus fronteras, mediante formas de guerra mucho más despiadadas que todas las conocidas hasta hoy”. Otros medios de comunicación seguían la misma conducta.

 

 

 

Hebe

La muerte de Hebe de Bonafini encontró en los medios de comunicación que editorializaban a favor de la dictadura terrorista un tratamiento que indica continuidades. Esas continuidades explican la gran divisoria de aguas en la política actual entre un proyecto popular, nacional y democrático y otro de orden neoliberal, y por lo tanto no democrático. La Tribuna de Doctrina que justificaba a la dictadura militar, encabezó la nota del día siguiente a la muerte de la madre de Plaza de Mayo con el título: “De los derechos humanos a la feroz defensa del kirchnerismo”, como si ambas cosas fueran opuestas. La conducta respecto del kirchnerismo le merece a La Nación el calificativo de feroz, en cambio los derechos humanos refieren a un espacio, ni siquiera a un ámbito de su defensa.

Horacio González se refería a Hebe diciendo en una nota del 1° de octubre de 2010: “Hebe no proviene de esas cautelas. Sus mayores actuaciones fueron frente a los templos de los poderes habituales, sean ministerios o abadías. No es que antes o ahora no distinga alianzas o preferencias, pero su voz esencial es un grito apenado que surge de un antiguo sentimiento: es la corriente subterránea sin trabas que pronuncia las frases atrevidas  sobre las tomas de edificios sacros, lugares ceremoniales o despachos canonizados”. Los medios de comunicación concentrados, en cambio, son parte de los palacios del poder.

 

 

Legados

Hay luchas, programas, tradiciones que recogen como legado los movimientos populares en distintas etapas históricas del país. Se reinscriben en formatos diferentes y renovados en los distintos momentos. Pero las ideas de justicia social, que son palabras que resuenan en el valor de la igualdad; independencia económica que hace eco en el espíritu de lucha por la liberación nacional y la soberanía política que expresa la irreductibilidad de la democracia soberana y plebeya, atraviesan a esos movimientos en forma permanente. Los derechos humanos, comprenden a todos esos valores y se refieren a la dignidad humana. Si hay liberalismo neo no hay tal dignidad. Por eso el movimiento de derechos humanos surgido en la lucha contra la dictadura terrorista se identifica con el proyecto nacional y popular.

 

 

 

 

 

 

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