Retrato de las Españas imaginables

El inquilino, un film que vale la pena recordar en el centenario de Fernando Fernán Gómez

 

Hace cien años, en agosto de 1921, una compañía teatral española andaba de gira por Latinoamérica. Durante su paso por Lima, una de sus actrices dio a luz a un varón que sería registrado un tiempito después en Buenos Aires, siguiente escala de la tournée teatral. Se supone que el padre del niño, a quien nunca reconoció como hijo, era un discreto descendiente de la nobleza española dedicada a las artes escénicas y que su familia hizo todo lo posible por sabotear la relación con una actriz de prosapia no distinguida. También que este señor murió en 1942, cuando, en un confuso episodio, un submarino alemán torpedeó el barco que lo llevaba desde Buenos Aires a Bilbao. El niño se crió con su madre en España y, cuando aún no imaginaba que iba a ser toda una celebridad, volvió en su primera juventud a la Argentina durante seis meses para hacer el servicio militar. De ningún modo fue un acto de retribución hacia el país que azarosamente lo inscribió en sus registros, sino que fue una maniobra para evitar que la “mili” española le robara tres años enteros de su vida.

No vale la pena citar el nombre del padre porque él mismo se desentendió hace ya cien años de sus responsabilidades. Sí importa el de la madre. Ella se llamaba Carola Fernán Gómez y, como corresponde, su hijo Fernando llevó durante toda su vida su apellido completo. En el espejo de ella, que además de ser actriz fue una activa defensora de los derechos de sus colegas, él aprendió a concebir la profesión actoral no meramente como un arte, sino como un oficio, una forma de subsistencia, un trabajo como cualquier otro.

A fines de los años ’40, Fernando Fernán Gómez barajó la posibilidad de probar suerte en la Argentina, pero pensó que no tenía ningún sentido huir de Franco para recalar en Perón, un razonamiento que debe juzgarse según la época. Luego le llegarían los papeles protagónicos en Balarrasa y Morena Clara, piezas adaptadas a las exigencias del franquismo que lo harían muy popular en España, pese a que era un confeso, aunque no vociferante, antifranquista y a que su aspecto no coincidía con la recia estampa del galán español. Él mismo se reconocía como un hombre poco agraciado, alto, pero desgarbado, con una voz engolada y con una cabellera virada al pelirrojo que le daba un aspecto grácil, cuando no debilucho.

Para dimensionar la importancia de Fernán Gómez no alcanza con decir que protagonizó más de doscientas películas y series con papeles tan variados que lo han llevado de un punto al otro del arco dramático, o que dirigió otras notables cintas como El viaje a ninguna parte y El extraño viaje, o que escribió varias novelas y obras de teatro como Las bicis son para el verano. Su dimensión verdadera surge de nuestra memoria inmediata, que nos trae algunos personajes inolvidables como el padre de Ana Torrent en El espíritu de la colmena, el rebelde maduro de El anacoreta, el profesor idealista de La lengua de las mariposas o el noble otoñal de El abuelo. Estas películas son bien conocidas por el público argentino y están entre las más queridas del cine español y son sin dudas las piezas centrales de nuestra filmografía familiar de Fernán Gómez. Pero hubo otras magníficas obras no tan conocidas por estos lados, acaso porque datan de décadas anteriores, o porque han caído en el olvido, o porque directamente no se estrenaron, y que vale la pena recordar en su centenario.

Una de ellas es El inquilino, de 1957, dirigida por José Antonio Nieves Conde. En esta ocasión, Fernán interpreta a Evaristo, un hombre de la frágil clase media española que apenas puede sostener a su familia y que está a punto de ser desahuciado del edificio que habita porque será derribado. Algo ingenuos, Evaristo y su mujer creen que con el dinero que tienen les va a alcanzar para conseguir nueva vivienda y confían en la buena voluntad del mercado inmobiliario. Luego de acudir a prestamistas, banqueros, oficinas gubernamentales, especuladores inmobiliarios, empresas constructoras y propietarios de viviendas (hay aquí un tremendo retrato de la decadente nobleza local) terminarán dándose cuenta de que en esta España abocada a derribar y construir no hay lugar para las familias como la suya.

 

 

Otro de los afiches del film.

 

 

Historia simple y directa, El inquilino puede verse como un film social porque a través del drama de Evaristo y su familia señala el sometimiento que aún hoy le impone el mercado inmobiliario a los aspirantes a una vivienda digna. Pero si la película resulta eficaz es porque, a su vez, presenta un cariz de comedia costumbrista, con situaciones que simulan ser pasatistas o absurdas pero que son dardos perfectamente apuntados al blanco y con múltiples personajes secundarios que componen un sumario de la sociedad española. Los más humildes harán de contrapeso a las constantes humillaciones de Evaristo, como los vecinos que le buscan alguna que otra changa y los obreros que demoran lo máximo posible la demolición de la casa para darle tiempo de conseguir un nuevo piso. En su versión original, la película tenía una escena final con este espíritu, pero como las autoridades españolas la retiraron de las salas apenas estrenada, los realizadores se vieron obligados a incorporar un final alternativo mucho más digestivo para su reestreno. Aquel final se recuperó y es por eso que las copias que circulan hoy en día (como la que complementa esta nota) suelen tener los dos desenlaces.

 

Evaristo y su casa en demolición.

 

 

Evaristo y su esposa buscando vivienda.

 

 

Por esos años hubo otras cintas con esta temática mucho más conocidas, como El pisito (Marco Ferreri, 1958) y El verdugo (Luis García Berlanga, 1963), ambas con guión de Rafael Azcona. Si algo tienen en común estas películas es que nos advierten, partiendo desde del problema de la vivienda en las ciudades, que aquella idea de la “España profunda”, la del pueblo sometido a un estado de retraso económico y cultural con severas necesidades insatisfechas, ya no era exclusivo de las zonas rurales, sino que se estaba replicando en el espacio urbano.

Corresponde citar al director, porque a diferencia de otros con los que trabajó Fernán Gómez (Berlanga, Víctor Erice, Fernando Trueba, Carlos Saura y hasta Pedro Almodóvar) no se puede decir que Nieves Conde fuera un hombre de ideas progresistas. Muy por el contrario, había participado como falangista durante la Guerra Civil Española, lo cual no le impidió hacer películas de corte social como El inquilino y Surcos, revelándose como un inteligente observador de los conflictos persistentes entre la España tradicional y la que pretendía emerger como una sociedad moderna. En este sentido, la escena que resulta absolutamente definitiva de El inquilino es aquella en la que el desesperado Evaristo acepta participar de una corrida de toros haciendo el papel de “Don Tancredo”. No debo dar más detalles al respecto por respeto al futuro espectador, pero sólo diré que esta secuencia está entre las más maravillosas de la carrera de Fernán, una dolorosa síntesis de la esperpéntica sociedad española protagonizada por quien será para siempre el gran actor de todas las Españas imaginables.

 

 

El director español José Antonio Nieves Conde.

 

 

Todo lo que he citado en esta nota, su nacimiento por estas tierras y su niñez, su juventud y su popularidad, sus grandes actuaciones y su poca pinta, la desgraciada figura de Don Tancredo en la corrida de toros y por qué no también las películas en las que no participó Fernán, cumplen en estos días cien años. Porque el centenario de Fernando Fernán Gómez es, a la vez, el de nuestro vínculo con el cine español y con aquella España que conocimos y seguiremos conociendo a través de las películas.

 

 

 

 

 

 

Ficha técnica

Título original: EL INQUILINO / Año: 1958 / Duración: 85 minutos / País: España / Dirección: José Antonio Nieves Conde / Guión: Manuel Sebares, José Antonio Nieves Conde / Música: Miguel Asins Arbó / Fotografía: Francisco Sempere / Reparto: Fernando Fernán Gómez, María Rosa Salgado, José Marco Davó.

 

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