Román y el virus

La rueda de la reproducción alocada del capital está en pausa. Y la incertidumbre crece

 

I

Una de las poses más características de Román en el campo de juego era aquella que le veíamos cuando, generalmente cerca de la línea de banda, ponía la pelota bajo la suela de su pierna derecha, arqueaba el cuerpo y  «echaba culo» hacia atrás para defenderse de los 2 ó 3 rivales que venían a disputarle la posesión. Frenaba el juego y pensaba.

En la dinámica futbolera, esto es una exquisitez estratégica. Desconcentra al rival, frena el ritmo y genera ansiedad sobre lo que sucederá… Eran quince o veinte segundos de quietud en medio del vértigo.

Sobremanera, esto molestaba a los jugadores del fútbol europeo; acostumbrados a la intensidad de un alto rendimiento físico, a la voracidad de la condición atlética, a la performance del homo-machina.

—Digresión: Europa es la cuna del capitalismo. Y es la dueña de la pelota.

Lo que sucedía luego de la pausa, era o una finta humillante para los defensores, un pase imposible por lugares inesperados, o una falta impiadosa sobre su Humanidad.

Más que la pausa, lo que generaba el desconcierto era la sorpresa de la continuidad. La impronta del fantasista —para decirlo con una de sus palabras— que ponía en evidencia la precariedad lúdica de los opulentos.

El fútbol europeo, con su enorme poder económico, contrató a Román. Y pretendió imponerle el sistema a su juego.

Román se volvió, no sin antes hacer jugar a una ciudad entera a su manera.

No pudieron con él.

 

 

 

II

Dice José Luis Juresa —fortinero velezano—, amante del fútbol y psicoanalista perspicaz: «Lo que no parece capaz de tolerar (el capitalismo) es el parate económico, la parálisis de la acción, el tiempo para frenar y pensar, eso es lo peligroso».

Hoy el mundo se ha detenido. Millones de trabajadores permanecemos en nuestros hogares a consecuencia de la pandemia.

A consecuencia de ella también otros miles de trabajadores heroicos, desde médicos hasta recolectores de basura, arriesgan sus vidas para protegernos.

Pero la rueda de la reproducción alocada del capital está quieta. Está bloqueada. Está en pausa.  Y la incertidumbre crece.

Y en nuestro país, y otros lugares del mundo, esto no se tolera. Suprema herejía para los dueños del juego.

Importa lo económico, no la vida. Ansiosos y asustados por la incertidumbre del porvenir, los poderosos del planeta presionan para arrancar. Importa lo económico, no la vida.

Que millones de trabajadores no trabajen los pone ante la realidad de la hecatombe.

Así, alucinados por la codicia, pretenderán imponer sus condiciones a los pueblos del mundo.

 

 

 

III

Con Román no pudieron.

¿Podrán con nosotros?

 

 

 

 

 * Director del Centro de Estudios Políticos y Sociales John William Cooke, Punilla.

 

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