Salmoneras, divisas y normas laxas

El desarrollo no puede concebirse a costa del ambiente

 

En una nota periodística, Roy Hora cuestiona el reciente rechazo (y posterior prohibición) de la salmonicultura por parte de la sociedad fueguina, a partir de lo cual elabora una serie de argumentos a favor de lo que él denomina un “verdadero desarrollo cuidando el ambiente”.

Considero de interés desmenuzar el planteamiento de Hora ya que proviene de un intelectual muy formado, enrolado en un sector “progresista de centro”, mientras que la mayoría de los cuestionamientos a los asuntos ambientales provienen de sectores del campo nacional y popular, que alegan que un país con tantas necesidades insatisfechas de inmensos sectores de la población no puede darse el lujo de introducir restricciones ambientales al crecimiento económico. Y curiosamente en este último punto coinciden ambos argumentos, que denominaré “desarrollistas” aunque más bien son pro-crecimiento.

Tanto unos como otros grupos desarrollistas afirman que en lugar de prohibir se debería regular la salmonicultura. Y que los fueguinos “eligieron el camino fácil de la prohibición y, con ello, toda la Argentina apaga un motor de crecimiento, pierde empleo y pierde dólares”. La Argentina, dice Hora, es un “país sediento de divisas” y, por lo tanto, con semejante prohibición “perdemos todos, o casi todos”.

Argumentan que habría que adoptar un esquema regulatorio como el que tiene Noruega para su territorio, sin considerar que precisamente los noruegos buscan fuera de su país otros territorios donde las regulaciones sean más débiles o más sencillas de burlar para expandir su actividad allí, obteniendo de esa forma mayores beneficios empresariales. De hecho la salmonicultura chilena, tomada como modelo de pujante actividad exportadora generadora de divisas, la hacen empresas de origen nórdico radicadas allí para aprovechar la laxitud normativa mientras dejan altamente contaminadas vastas zonas marinas contiguas.

Asimismo, ambos grupos desarrollistas se creen con derecho de indicarle a los fueguinos (u otra sociedad provincial o regional) qué deben hacer, lo cual no sólo constituye una indebida intromisión en dichas jurisdicciones sino también una falta de consideración para con el derecho de autodeterminación de cada sociedad.

Interesantemente, la ONG Manekenk, de Tierra del Fuego, señala: “La ley aprobada no prohíbe el desarrollo de la salmonicultura en la provincia. Por el contrario, eleva los estándares de calidad y seguridad, evitando que los criaderos se instalen en aguas abiertas pero permitiendo los criaderos en piletones cerrados. El método de jaulas instaladas en el mar es antiguo e inseguro y actualmente la tendencia son los criaderos con sistemas RAS, que consisten en piletones ubicados en tierra, lo que permite un mayor control y minimiza significativamente el riesgo de daño ambiental”. La llamada prohibición es en realidad una protección del ecosistema marino del Canal de Beagle. Y ciertamente la cría de salmones fuera de las aguas marinas resulta tecnológicamente compleja y cara, ya que los impactos ambientales negativos deben ser endógenamente resueltos.

A propósito de ello, Juan Ignacio García, secretario de Industria de la provincia de Tierra del Fuego afirma, que “hay un proyecto productivo que es contradictorio con las consecuencias ambientales que genera la salmonicultura. La provincia está apostando al desarrollo del mejillón y la centolla, que además son especies nativas del Canal de Beagle. También al turismo”.

“Se trata de ver con qué actividades compite y cuáles son los escenarios alternativos que tenemos. Elegimos una estrategia diferente porque es más redituable desde lo ambiental y económico y consistente con una demanda social que en la provincia es fuertísima. Hay un análisis simplista que evalúa esta actividad como si se pudiera desarrollar sin tener en cuenta el resto de las actividades”, agrega García.

Además de Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), referentes científicos del Conicet y entidades académicas como la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) se habían pronunciado en contra de la cría de salmones en el Beagle.

A propósito de los cuestionamientos a la ley fueguina, valen estas palabras de Mauro Fernández: “Denuncian prohibicionismos con un discurso que nos remonta al siglo pasado, parándose discursivamente en la defensa de la libertad mientras defienden a los privilegiados ganadores de un modelo que voló por los aires. Son los aplaudidores del teatro que denuncia Greta Thunberg y la juventud despierta de la Argentina”.

 

 

 

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