Saltar la grieta

Una dirigencia joven apuesta al consenso en el Congreso

 

Las dirigencias que hoy conducen el Parlamento, donde las posiciones oficialistas y opositoras se expresan de manera proporcional a la cantidad de votos que recaban, apenas superan los 50 años. Se formaron como dirigentes en democracia y, básicamente, en los territorios. Excepto el radical Mario Negri –que ya pisa los 67 años– el resto de la conducción de las principales fuerzas políticas en Diputados tiene entre 40 y 55 años. “Muchos nos conocemos porque nos constituimos como dirigentes desde los barrios en los años ‘90 o en el 2001”, desliza a El Cohete a la Luna un alto referente opositor. Y sigue: “Hay un espíritu democrático, de debate de ideas muy respetuoso”.

Cuando se juega un clásico en Avellaneda los mensajes saturan los teléfonos personales de Máximo Kirchner y de Cristian Ritondo. Fanáticos de equipos adversarios, los jefes políticos de los principales bloques en Diputados comparten la ansiedad que desatan los enfrentamientos entre Racing e Independiente. Si el equipo pierde, no tardan en recibir memes. Y el 10 de abril no fue la excepción. Con el pícaro pelotazo del “Toro” Copetti llegó la chanza de Máximo. Esa camaradería que se teje en el entramado del fútbol tiene su correlato en las preocupaciones que se generaron con los contagios de Covid-19. Más de una veintena de diputades atravesaron la enfermedad y reconocen con alegría, la solidaridad y los apoyos de sus colegas.

 

Cristian Ritondo, Máximo Kirchner y Sergio Massa durante una sesión en la Cámara de Diputados.

 

La grieta instala una ilusión de posiciones irreconciliables y confrontadas. Pero, en el debate parlamentario, las nuevas generaciones parecen trabajar la búsqueda de consensos que contradicen en el detrás de escena la sonada polarización.

 

 

Mujeres arriba

A la diputada bonaerense del PRO Silvia Lospennato, politóloga de la Universidad de Buenos Aires, de 44 años, y a la diputada de la Unión Cívica Radical Brenda Austin, abogada, de 40 años, se las ve siempre juntas. Cumplen un rol fundamental para el ordenamiento y la organización interna de los 115 miembros que integran el interbloque de Juntos por el Cambio (JxC). Comparten con Juan Manuel López –de 38 años y de la Coalición Cívica– un grupo de WhatsApp donde coordinan el trabajo, pero fundamentalmente reflexionan (en tiempos pre-pandémicos, lo hacían entre asado y largas charlas). A las diputadas, y en menor medida a las senadoras, el feminismo las unió transversalmente. Se cruzan en debates y jornadas por fuera de su labor parlamentaria, que tiene en el centro de la agenda la desigualdad de género. Públicamente, pero también en articulaciones con las ONGs feministas, aúnan las luchas y comparten diagnósticos y las propuestas de políticas que luego, de forma conjunta, defienden en el recinto.

Off the record lamentan la radicalización de algunos discursos dentro de los espacios que representan –con los que tienen que lidiar–, pero aseguran que son minoritarios y que “por suerte, no conducen”. Mucha de la pirotecnia parlamentaria se sofoca en la apuesta de garantizar legislaciones con el mayor consenso posible. “Se trata de una generación forjada en el Nunca Mas”, afirma otra de las voces referentes del interbloque de JxC en conversación con El Cohete: “Nunca hay que negar la visibilidad del otro, es solamente adversario político y nada más que eso, y no la negación del otro”, y reflexiona que “el compromiso está en reconocer los aportes de los demás a la democracia, más allá de estar de acuerdo o no con la idea”. Advierte que son más los encuentros que los desencuentros con el oficialismo. Y confiesa que es “más preocupante la confrontación en la sociedad que entre quienes hacemos política”.

El 68 por ciento de los integrantes de la Cámara de Diputados tiene menos de 60 años. Incluso quienes tienen entre 29 y 50 años ocupan 111 de las 257 bancas. La gran mayoría se formó en democracia: militantes en tiempos de campañas y elecciones. En tanto sólo el 31,5 por ciento son mayores de 60. Esta composición mayoritariamente sub 50 está en sintonía con el padrón electoral, del cual un tercio son personas de hasta 29 años. Y casi un cuarto tienen entre 16 y 24 años.

Dos de las tres bancas de Mendoza en el Senado están ocupadas por mujeres que nacieron en la primera mitad de la década del ‘80. Se sentaron en el recinto la radical Pamela Verasay con menos de 40, y con 30 recién cumplidos, Anabel Fernández Sagasti. Junto con la correntina Ana Claudia Almirón juraron en 2015 y se convirtieron, así, en las más jóvenes de la Cámara. Ambas militantes peronistas presiden comisiones claves en el Senado y Fernández Sagasti, además, es vicepresidenta del bloque oficialista y fue candidata a gobernadora con 35 años.

En las elecciones de este año se renuevan 24 bancadas de ocho provincias: Mendoza, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Catamarca, La Pampa, Chubut y Tucumán. De las 28 mujeres que hoy ocupan su lugar en el Senado, el 68 por ciento tiene menos de 60 años. La Constitución Nacional prevé en el artículo 55 el piso de 30 años para poder acceder a una banca en representación de las provincias. Mientras que el artículo 48 define que los 25 años es la edad base para ser parte de la Cámara Baja.

 

 

El club de los siete

Hay una agenda de demandas sociales que en los últimos años fue tomando mayor relevancia. Empujada por las generaciones más jóvenes de la sociedad, provocó acercamientos entre las fuerzas políticas. El desarrollo científico-técnico, el cuidado del ambiente, los derechos sexuales, las políticas de inclusión, entre otras cuestiones, desenfocaron la grieta. Algunos relevamientos sobre expectativas de futuro entre jóvenes de la Argentina muestran que las principales preocupaciones de los menores de 30 años son la crisis laboral, la ambiental y la incertidumbre de futuro.

Un grupo de siete diputades oficialistas sub 40 presiden comisiones clave donde canalizar muchas de estas inquietudes. Con 37 años, Vanesa Siley preside la comisión de Legislación del Trabajo, desde donde condujo el debate sobre teletrabajo. Es la primera vez en la historia que una mujer ocupa ese lugar. También Daniela Villar, presidenta de la comisión de Modernización, dirigió la adaptación telemática del funcionamiento parlamentario para sesionar de forma remota y virtual. Leonardo Grosso, de 38, acumula una década ya en la Cámara, y ahora preside la comisión de Recursos Naturales. El más joven es José Ruiz Aragón (34), que preside Agricultura y Pesca, donde se debaten alternativas productivas.

Una de las comisiones que mayor tensión política concentra es la que analiza los decretos de necesidad y urgencia (DNU). Integrada por ocho senadores y ocho diputados, alterna la presidencia cada año. Este período, a cargo del santafesino Marcos Cleri, de 39 años, enfrenta los rechazos sistemáticos de la oposición respecto a las medidas de cuidado en el marco de la pandemia.

Completan la lista de dirigentes sub 40 que conducen los debates centrales para las generaciones más jóvenes: Carolina Gaillard, de Entre Ríos, a cargo de Legislación Penal, y Paula Penacca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al frente de Seguridad Interior. En esas dos comisiones se juega la criminalización de las juventudes y los abusos de autoridad de las fuerzas de seguridad. Ellas conducen los debates en torno a la prevención de la violencia institucional y la descriminalización del consumo de cannabis.

 

 

La grieta es una ficción

La última sesión en Diputados finalizó abruptamente en la madrugada del jueves 20 de mayo. Sin haber concluido el tratamiento de los temas en agenda, aprobaron la moción del lavagnista Alejandro “Topo” Rodríguez de aplazar el tratamiento del proyecto de ley de Consenso Fiscal hasta la próxima, y se levantó la sesión. Más de 14 horas de debate y el oficialismo no conseguía el quórum para votar. Se sumaba a ese escenario que los vuelos comenzaban a despegar rumbo a las provincias y que algunes diputades ni siquiera registraban los llamados de la secretaria parlamentaria del bloque oficialista, Cristina Álvarez Rodríguez, quien trataba de juntar el mayor número posible en el recinto, a pesar del cansancio.

Mientras la lista de oradores avanzaba, Ritondo habló con Sergio Massa, Cecilia Moreau y Máximo para confirmar el apoyo de JxC a la moción del “Topo” Rodríguez. Lospennato y Austin –autoridades ambas en sus bloques–, cotejaban la posibilidad de también retrasar la votación de la licencia forzada de la correntina Estela Regidor Belledone.

Cambiemos ya anticipó que no va a acompañar el Consenso Fiscal. Tampoco lo harán varios diputados oficialistas de provincias que no firmaron porque mantienen litigios con la Nación en causas previsionales. Ergo, el oficialismo tiene los votos justos para aprobar y ratificar ese instrumento de gobierno que requiere el Ejecutivo. Por eso no puede faltar ningune a la votación. Conociendo esto, se podría haber echado mano a las mayorías opositoras y rechazar el proyecto, generando así una desestabilización política a la gobernabilidad. Pero en un acuerdo entre oposición y oficialismo, cinco minutos pasadas de las cuatro de la mañana, se apoyaba por unanimidad el aplazamiento del temario, y así garantizar su aprobación en una próxima sesión. Una respuesta colectiva de sobreponer los acuerdos políticos a la estéril grieta.

 

 

 

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