SALUD Y DESIGUALDAD

La pandemia dejará como tema urgente la reforma de la salud como derecho social

 

A pesar de la grave situación de la economía mundial producto de la pandemia, los países centrales no han modificado el nivel de sus gastos militares. Es decir que no han desplazado presupuesto de guerra para la atención de la salud. La discusión establecida respecto de la elección entre economía y salud no se ha extendido a otra entre gasto en ésta y gasto militar, ni entre éste y economía productiva para la igualdad social.

El intelectual David Harvey sostiene en El nuevo imperialismo que “la acumulación de capital mediante las operaciones de mercado y el mecanismo de precios se desarrolla mejor en el marco de ciertas estructuras institucionales (leyes, propiedad privada, contratos, seguridad monetaria)… (que) Un Estado fuerte armado con fuerzas policiales y el monopolio sobre los instrumentos de violencia puede garantizar ese marco institucional… (y que) La organización del Estado (ha) sido (característica) crucial de la larga geografía histórica del capitalismo”. La cita obliga a reiterar una distinción crucial respecto de la valoración y caracterización del Estado en las actuales circunstancias del drama del Covid-19.

 

 

David Harvey.

 

 

La revaloración que se hace en los países periféricos del papel del Estado, en varios casos, tiene una raíz distinta a la planteada por Harvey. La idea que se plantea desde el gobierno argentino, respecto a recuperar la acción estatal que la circunstancia exige, lo hace bajo la toma de conciencia en el discurso público respecto de que la sociedad individualista de mercado no puede resolver objetivos constitutivos de una sociedad con justicia social, como la recuperación del valor de la igualdad y la eliminación de la pobreza. La priorización de la salud, concepto que discursivamente sostienen Alberto Fernández y su gobierno, se debe entender como un despliegue de políticas que desestructuren la mercantilización de los servicios que constituyen derechos sociales. Esa concepción está guardada en la memoria de un Estado que, cuando gobernaron los movimientos populares, enfrentó al poder económico con reformas que promovieron el respeto de la dignidad humana y avanzaron tanto en la ciudadanización política como en la económica y social. Ese ese estilo de poder estatal, que hoy se esgrime desde el gobierno de los Fernández, no es para garantizar la afirmación del mercado como organizador central de la economía, sino –por el contrario— para colocar al Estado en ese rol. Afrontar la peste, implicó la adopción de una propuesta de sociedad distinta, que se construya sobre la base de la solidaridad y abandone el individualismo como eje de su dinámica.

En cambio, el concepto de Harvey es exacto para definir el rol del Estado en los dispositivos neoliberales de las potencias centrales de Occidente. Allí cumple una función instituyente del mercado como organizador y garantiza la reproducción de la sociedad mercantil, siendo, además, colocado en un papel subsidiario para completar lo que el mercado no puede resolver. No se trata de reconocimiento de derechos sino de conservación de un régimen de privilegios, que supone y exhibe una prescindencia estatal, que vacía la democracia de ciudadanía mientras mantiene intacto el instrumento de preservación del poder de la propiedad concentrada.

El gobierno democrático, nacional y popular de la Argentina del presente ha tomado el tema de la salud como fundamental y planteado a partir de la presencia del virus un cambio de lógica social que privilegia la igualdad. Veamos algunas características del sistema de salud en el país y los desafíos para modificarlas, siendo que hoy mantiene la herencia de las transformaciones neoliberales del último cuarto de siglo pasado.

En una nota del viernes, el economista macrista Hernán Lacunza menciona que el gasto público en salud es del 6,6% del PBI y el privado del 2,8, atendiendo este último al 25% de la población y el primero al 75%. Sin embargo, estas cifras aunque dan cuenta de la desigualdad, no reflejan su real profundidad, pero lo que sí se debe acotar es que el total del gasto revelado por el ex Ministro da cuenta de una reducción del gasto en más del 1% respecto de su relación con el PBI durante los cuatro años de gobierno de Cambiemos. Francisco Leone y Rodolfo Kaufmann, en su trabajo Financiamiento subsectorial del sistema de salud por niveles de atención (Departamento de CyT de la UNTDF, 2019), concluyen que el sistema de salud se estructura en tres niveles:

  • un sistema hospitalario con 1.271 establecimientos y 6.290 centros de atención primaria de salud, que cuentan con 76.885 camas. Pueden acceder a él todos los argentinos, pero se estima que atiende al 37% de la población que no tiene ningún otro tipo de cobertura. Sin embargo, la excelencia de sus médicos y determinados servicios no hacen infrecuente que recurran a los mismos ciudadanos con otras coberturas. El financiamiento de estos centros es con recursos públicos generales del presupuesto nacional, provincial y municipal.
  • Otro subsistema es el de los servicios de seguridad social que cubren al 54% de la población, atendiéndose a 25,4 millones de habitantes del país. Este se financia mediante aportes y contribuciones del régimen salarial formal, y cuenta con un relativamente reducido número de establecimientos propios, subcontratando el resto en el ámbito privado, o con derivación a hospitales. El número de obras sociales de carácter nacional, provincial y municipal articulados por este sistema es de 313 más el INSSJP.
  • El tercer segmento es el privado el que vende sus servicios al 9% de la población, unos 4.000.000 de personas. Está integrado por 139 empresas y posee 8.040 clínicas que disponen de 63.800 camas para internación y 8.078 para pacientes ambulatorios. Este subsistema se financia con los aportes privados de quienes se atienden en el mismo.

Como expresa Gonzalo Basile en ¿Cobertura o Sistema Universal de salud en Argentina?: hacia dónde vamos y quién decide, “casi al mismo sistema de salud de 1.600 Hospitales públicos y 6.000 unidades sanitarias que en el año 1975 acudían 2 millones de personas (en situación de pobreza y empleo informal), hoy demandan entre 15 y 20 millones. De ahí no podemos sorprendernos del cóctel de sobredemanda poblacional, pérdida de capacidad de respuesta de los servicios públicos, deshumanización en la atención, malas condiciones de trabajo, enfermología pública (todo gira alrededor del hospital y atención clínica-curativa a enfermedad) con abandono de estrategias preventivo-promocionales, epidemiológicas.

La desigualdad y segmentación que estructuran el sistema de salud en la Argentina quedan expuestas en la investigación de Leone y Kaufmann. La observación del número de camas y establecimientos por población atendida disponible para el 9 % de población de mayores recursos en el segmento, contrasta agudamente con el de los establecimientos a los que acuden los sectores populares que están en el 37 % más vulnerable.

La historia moderna argentina muestra al primer peronismo como el momento más trascendente de avance de la atención sanitaria, con el despliegue raudo de un sistema hospitalario de gran dimensión y calidad, que se movilizaba por el objetivo de brindar atención a la mayoría de la población.

Más tarde en el período desarrollista se despliega el sistema de obras sociales, que contaba como marco, una economía con un fuerte grado de formalización de la relación salarial. La atención sanitaria de la clase trabajadora durante esta etapa fue cubierta con eficiencia en este nuevo segmento de la medicina, cuyo financiamiento permitía su desenvolvimiento.

La medicina privada convivió en las dos épocas con un desarrollo menor y en general como servicio privado, no organizado bajo un esquema de seguro de salud voluntario.

Es durante el terrorismo de Estado, con el establecimiento del primer período neoliberal, que se provocó la desindustrialización, la caída del número de trabajadores formales, el crecimiento de la pobreza, el descenso del salario real y un ascenso primero moderado y luego acelerado de la desocupación, que emerge el negocio de la medicina privada organizado como sistema de seguro de salud. Luego el menemismo, en el segundo neoliberalismo argentino, implementa la flexibilización entre el segmento de obras sociales y seguro privado, que permite el traspaso de afiliados del primero al segundo; está medida provocó que los asalariados de mayores ingresos se mudaran a la medicina privada, lo que aumentó este negocio a costa del deterioro de la calidad de muchas obras sociales, las que perdían a sus afiliados de mayores contribuciones. La crema de los recursos se trasladó, así, al área más mercantilizada. Siendo los propietarios de las empresas que lo ejercen los que ahora ponen el grito en el cielo, cuando desde el gobierno se promueve una articulación única de los tres sistemas para afrontar la emergencia frente a la peste.

El neoliberalismo también se despreocupó por el presupuesto y la organización de la salud. A la segmentación del sistema por clase y nivel social, entre incluidos y excluidos agregó con la provincialización de la atención sanitaria, a la que disfrazó como lógica “federalista”, una desigualdad y fragmentación regional y provincial. Los problemas de restricción presupuestaria y las consecuencias de los permanentes ajustes fiscales se sumaron a las dificultades presupuestarias de las provincias.

La desorganización del sistema de salud se refleja también en una inadecuada relación enfermera/médico, muy baja, y que es expresión de la pérdida de salario real durante el neoliberalismo y las malas remuneraciones relativas del personal paramédico. Justamente, el doble o triple empleo de este último se ha convertido en uno de los motivos de aumento de los contagios durante la pandemia en el país. Esa proporción enfermera/médico es la mitad que la de la Unión Europea.

La emergencia de la pandemia dejará como tema urgente y fundamental la reforma de la salud y su reconocimiento como derecho social. Asumirlo como tal, otorgándole al Estado, no el carácter de reproductor del sistema del individualismo de la sociedad de mercado, sino el de agente para la transformación de la vida nacional en pos de una sociedad humanista y solidaria, construida sobre un criterio crítico de aquél, significará la reconstrucción de un sistema de salud con programa único, con igualdad de acceso y de calidad de atención y con un presupuesto adecuado, manejado por un poder único para su distribución. Es una reforma que no puede prescindir de modificaciones constitucionales.

Mientras tanto en los ámbitos del poder económico, financiero y mediático se establecen otras discusiones sobre ejes bien diferentes. En La Nación el columnista Carlos Pagni insiste en un análisis que antagoniza entre el sanitarismo y la economía y las finanzas. Para ese editorialista la defensa de la salud que provee la cuarentena no sería un esfuerzo en el que cooperan la acción social y el gobierno, una actividad productiva –tal vez la más significativa en tanto protege el bien-derecho más preciado: la vida—, sino un gasto y una privación de actividad. Según su estimación esta cuarentena reduce la actividad productiva en un 50% mensual.

Ese intelectual de la derecha argentina, mientras explaya alarmantes presagios cuantitativos, dramatiza negativamente la enérgica oferta argentina a los bonistas acreedores. Esa oferta que, en términos de valor actual no dista mucho de la refinanciación llevada a cabo en 2005, está para él fuertemente afectada por la estrategia de la cuarentena que agregaría, a lo que denomina problema fiscal, otro nuevo inobviable: la necesidad de financiamiento externo que requeriría el sector privado para reactivarse cuando la emergencia haya pasado. Pagni hace la construcción declamatoria perfecta que el capital concentrado reclama. Pone en duda que la continuidad de la cuarentena sea una medida correcta. Mercantiliza la salud, donde los barbijos, los respiradores y la suspensión de actividades por la necesidad del aislamiento social se miden en costos y beneficios monetizables. Un discurso en el que la vida tiene precio. A lo que agrega que la reactivación habría de venir por el lado del sector privado, que necesitaría de inversión externa.

Parece no tomar nota de que, paradojalmente, este año habrá superávit externo alto y que no habrá pagos de deuda, debido al programa que el Ministro Guzmán ha ofertado a los acreedores. El editorialista del diario conservador parte del axioma que sostiene que la actividad deberá reanudarse por la iniciativa privada, porque supone la inevitabilidad de la disciplina fiscal. En cambio, a su pesar, lo que resultará necesario para una rápida recuperación del país es un shock de gasto público, mientras se combata al Covid-19 y cuando se emprenda la recuperación de la economía. Será el Estado el actor con capacidad de encabezar una rápida reacción.

Ni la pandemia ha dado respiro para que los propagandistas del dogma neoliberal suspendieran su discurso siempre dirigido a proteger un sistema que concentra la riqueza y aboga por un derecho de propiedad irrestricto. El orador de Odisea se preocupa más por el acuerdo y la flexibilidad con los acreedores, y por las ganancias de los empresarios que tienen su actividad mermada, que por las vidas individuales y colectivas de todos los ciudadanos argentinos.

La contrarrevolución conservadora se desplegó en el mundo entero. Una voz que se contrapone con la del paradigma hegemónico en decadencia que defienden los intelectuales de la financiarización es la del médico neumonólogo y profesor de largo ejercicio en el hospital público y en universidades del mismo carácter. Dice Ricardo Gené que “a pesar de los avances del conocimiento, el desarrollo y la tecnología, veo y escucho absorto a médicos de España e Italia contar que hacen esto a diario: elegir por edad a quién ventilar o no; o peor aún, por expectativa de vida, dejarlos en su casa, con analgésicos potentes a morir en soledad, sin la atención necesaria y despidiéndose por teléfono de sus seres queridos… ¿Qué ha pasado en este mundo, injusto, desigual y criminal? ¿Por qué han empleado políticas que ahora queda muy claro que son políticas que matan? Vivo a diario con temor de que la pandemia nos llegue con esa infectividad tremenda y que tengamos que pasar por ese límite maldito, por esa disyuntiva tremenda de decir: sí o no. De decir: Este sí, este no”.

Los países europeos vienen de una década de ajustes fiscales y reducciones de gastos sociales. Disciplina fiscal, gustan decir los economistas que hoy se autopromueven para un consejo asesor de Alberto Fernández en la emergencia. Petulantes, a los que ni vergüenza les queda para llamarse a retiro o a silencio frente a la cruda realidad del tendal de muertos que ha dejado esta pandemia mundial, debido al desamparo del sistema de salud neoliberal.

 

 

 

 

 

 

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2 Comentarios
  1. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo el profesor Wierzba expresa: “La emergencia sanitaria de la pandemia dejará como tema urgente y fundamental la reforma de la salud y su reconocimiento como derecho social”. Ello significa que luego de que pase el tsunami epidemiológico el gobierno de Alberto Fernández deberá poner en práctica un paradigma que enarbole la bandera de la medicina social, la bandera de la medicina para todos, de la medicina que otorgue igual relevancia al indigente y al rico, al empleado y al presidente, un paradigma que enarbole la bandera de la atención médica de primer nivel para todos y cada uno de los residentes en este país.

    A continuación paso a transcribir partes de un artículo que trata sobre esta cuestión. Aclaro que también he suprimido las citas por razones de espacio

    Justicia social: el corazón de la educación médica

    Allen L. Hixon (a), Seiji Yamada (b), Paul E. Farmer (c), Gregory G. Maskarinec (d)

    Raíces y definición de “justicia social”

    En medicina, definimos justicia social como la igualdad en el acceso y la calidad del cuidado de la salud, así como el derecho a la salud para todos. Esta definición reconoce, como identificó la Declaración de Alma Ata hace más de 30 años, que las grandes desigualdades en el nivel de salud son política, social y económicamente inaceptables y que la salud es un derecho humano fundamental. El concepto moderno de justicia social en salud proviene de la medicina social del siglo XIX, cuyo fundador, Rudolf Virchow, dijo: El médico es un defensor natural de los pobres… la medicina nos ha llevado imperceptiblemente al campo social y nos ha puesto en una posición para enfrentar directamente los grandes retos de nuestro tiempo. Mientras que los conceptos de justicia individual se centran en los derechos y las obligaciones del individuo dentro de un estado organizado, los principios de justicia social amplían estos derechos y obligaciones que incluyen las responsabilidades de la sociedad hacia sus miembros y las responsabilidades de éstos hacia los demás. La equidad exige que casos similares sean tratados de modo semejante para que exista equidad en la medicina; los pacientes con condiciones similares deben tener derecho a un tratamiento igual, independientemente de su situación económica, ingresos, género, origen étnico o cualquier otro factor social. Para lograrlo, el tratamiento podría requerir el reconocimiento de las situaciones socio-económicas particulares que han llevado a esta condición. El compromiso con la justicia social exige que no limitemos nuestro sentido de la justicia a una simple oferta más equitativa de servicios de salud para quienes están enfermos y que examinemos las injusticias existentes en la distribución de la salud y las razones subyacentes de las cargas injustas de la enfermedad. La capacitación en materia de justicia social promueve una apreciación de cómo es que la medicina encaja en economías políticas nacionales e internacionales y enfatiza que es necesario combatir las fuerzas sociales que crean y refuerzan la pobreza para mejorar la salud de todos los ciudadanos del mundo. Las raíces históricas de la perspectiva de justicia social en la práctica de la medicina proporcionan antecedentes para comprender las recientes tendencias que moldean el ambiente de los servicios de salud, así como la respuesta educativa ante éste. Estas tendencias incluyen, entre otras cosas, entender las disparidades en salud, los servicios de salud interculturales, la diversidad de la fuerza laboral, la alfabetización sanitaria y la atención primaria orientada a la comunidad y la salud en el mundo.

    La Medicina Social

    Como receta para los males del sistema actual de los servicios de salud recomendamos una adopción más amplia de los materiales y métodos de la medicina social. La medicina social estudia la salud de grupos colectivos de personas junto con las relaciones de poder entre los grupos y las instituciones que impactan la salud. La medicina social analiza históricamente las causas originales de la salud y la enfermedad y promueve la defensa y el activismo en torno a éstos. Intenta contrarrestar los enfoques reduccionistas frecuentes en la práctica médica actual, los cuáles con frecuencia reducen la atención médica a prácticas empresariales eficientes y tratan a la enfermedad como si los sistemas de órganos de individuos enfermos sólo estuvieran involucrados de manera aislada. Como preguntó Rudolf Virchow: ¿Acaso no siempre encontramos que las enfermedades de la población se atribuyen a los defectos que existen en la sociedad?” Los médicos deben continuar buscando y solucionando «los defectos en la sociedad», si es que la salud ha de ser reconocida como un derecho básico del ser humano. Como se observa en la introducción editorial de la revista Medicina Social, «Los problemas sociales del mundo contemporáneo entran al consultorio médico todos los días. Los detalles mundanos de los determinantes sociales de la salud están escritos en pequeño en nuestros encuentros diarios con los pacientes. Muchos de los médicos practicantes podrán gradualmente ir tomando conciencia de esto por cuenta propia; de incluir la capacitación en justicia social, esto ayudaría a asegurar que los médicos busquen remediar los orígenes de la enfermedad. Salvador Allende, médico y uno de los primeros promotores de la medicina social en América Latina, identificó el papel subordinado de Chile en el sistema mundial de producción e intercambio como la causa de la enfermedad de su gente. Como Presidente de Chile intentó limitar el papel de las corporaciones multinacionales. Por sus esfuerzos, se convirtió en una víctima del cambio de régimen. En un intento por comprender y corregir los mecanismos de la injusticia social y la violencia estructural y para articular explícitamente una opción preferencial para los pobres, el movimiento de la Teología de la Liberación en América Latina ha ejercido una influencia en la dirección que ha tomado la Medicina Social en Latinoamérica. A diferencia de la mayoría de las teologías previas y en contraste con gran parte de la filosofía moderna, la teología de la liberación intenta usar el análisis social, tanto para explicar, como para deplorar, el sufrimiento humano. Sus textos clave ponen nuestra atención no simplemente en el sufrimiento de los infortunados de la tierra, sino también sobre las fuerzas que promueven ese sufrimiento.

    La Declaración de Alma Ata

    La Declaración de Alma-Ata, emitida en 1978 en la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria en Salud, Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF), reafirmó la definición de salud de la OMS como «un estado de un pleno bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Reconoció la salud como un derecho humano fundamental. Las grandes desigualdades en salud fueron proclamadas como política, social y económicamente inaceptables y se afirmó que la Atención Primaria en Salud (APS) debe ser universal como clave para mejorarla y reducir las desigualdades en su estatus. Un enfoque multisectorial y la participación de la comunidad que enfatiza la salud como un estado positivo fueron las características principales de la estrategia de APS, así como un énfasis en la equidad de la salud. Se esperaba que la iniciativa Salud para Todos para el año 2000 de la OMS fuera financiada a través de la reducción de gastos militares, un esperado desarrollo que aún no ha ocurrido.

    Los determinantes sociales de la salud

    Según lo definido por la OMS: … los determinantes sociales de la salud son las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluyendo el sistema de salud. Estas circunstancias son formadas por la distribución de dinero, el poder y los recursos existentes en los niveles global, nacional y local. Lo cual es influenciado, a su vez, por las opciones de política. Los determinantes sociales de la salud son mayormente responsables de las inequidades en la salud -las injustas y evitables diferencias en el estado de salud vistas en y entre los países-. Los determinantes sociales de salud incluyen, por un lado, el acceso a agua potable e higiene, seguridad alimentaria, igualdad de género, seguridad económica y social, y el acceso a los recursos sanitarios apropiados, y, por el otro lado, las sanciones internacionales que acarrean condiciones de vida insalubres, los efectos de guerra, incluidas las consecuencias que éstas implican para los refugiados y las personas internamente desplazadas, y la pobreza, así como también las condiciones de trabajo y empleo (incluyendo la seguridad ocupacional) y la distribución de recursos en y entre las naciones. La distribución desigual de los recursos mundiales, cuyas raíces se encuentran en la historia colonial y son sostenidas en el presente a través de los mecanismos modernos del mercado, impulsa en gran medida la producción social de la enfermedad. Si bien no podemos exigir que todos los médicos sean estudiosos de la historia del mundo o de la economía política global, deben, por lo menos, estar familiarizados con las maneras en que las fuerzas sociales de gran escala trabajan localmente para enfermar a sus pacientes. Para abogar por la justicia social, uno debe estar familiarizado con los mecanismos de injusticia, incluyendo sus fundamentos ideológicos e históricos.

    «Violencia estructural» se refiere a factores sociales o institucionales que preservan la inequidad, la injusticia y la miseria humana -las maneras en que se expresa la distribución desigual del sufrimiento y el modo en que se experimenta como violencia por el sector marginado. James Gilligan define violencia estructural como…el aumento de las tasas de mortalidad y discapacidad sufrida por aquéllos que ocupan los peldaños inferiores de la sociedad, en contraste con las relativamente bajas tasas de mortalidad de quiénes están arriba de ellos. El término acuñado por Johan Galtung ha ayudado a aclarar las relaciones estructurales entre la desigualdad y la enfermedad, sobre todo en la serie de ensayos y trabajos de Paul Farmer y colegas, los cuáles demuestran con ejemplos concretos las formas en que la pobreza extrema restringe la capacidad de agencia personal y contribuye a las injustas disparidades en la salud. El Departamento de Salud del Reino Unido ha concluido que…ignorar los derechos humanos de las personas es malo para su salud. En contraste, la protección y la promoción de los derechos humanos, no sólo es bueno para la salud de los individuos, sino que además mejora la calidad de los servicios de salud para todos. En respuesta a las fuerzas políticas y económicas mundiales algunos países ahora integran la salud y los derechos humanos en la enseñanza médica. En Sudáfrica la Comisión de la Verdad y la Reconciliación encontró que muchos médicos han sido participantes activos o pasivos de prácticas de tortura. En respuesta, el Consejo de Profesionales de la Salud de Sudáfrica ha planteado como obligatoria la enseñanza de los derechos humanos para las instituciones de educación superior: se han desarrollado competencias y planes de estudios en materia de salud y derechos humanos y se han implementado programas de capacitación para los docentes de medicina.

    Probablemente dicha capacitación sea ya tardía en las escuelas de medicina de los Estados Unidos de América. Un informe del Comité de la Cruz Roja en «técnicas de interrogación mejoradas» utilizadas en contra los detenidos por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos de Norteamérica señala la participación de profesionales de la salud en el proceso, de acuerdo con lo publicado por Lancet y New England Journal of Medicine. En previsión del rediseño de las residencias de medicina familiar de los Estados Unidos Norteamérica, Leach y Batalden recomiendan poner «las problemáticas de los sistemas sobre la mesa como elementos legítimos del plan de estudios”. El Instituto de Medicina (IOM por sus siglas en inglés) ha adoptado una postura similar en el contexto de las disparidades raciales y étnicas de la salud en los Estados Unidos de Norteamérica. A pesar del moderno sistema de salud bien fundado, el afianzamiento de las disparidades en la salud es ampliamente reconocido como inaceptable. El informe IOM, titulado El Trato Desigual, recomienda que [o]rganizaciones responsables de la educación, formación y certificación de médicos profesionales y de salud deben desarrollar iniciativas especiales para aumentar los niveles de conciencia de las disparidades de la salud entre los proveedores actuales y futuros. Al incluir los principios de justicia social en la enseñanza médica esta recomendación emitida por el IOM progresaría de una manera significativa.

    (a)-Allen L. Hixon. Médico. Profesor y Jefe, Departamento de Medicina Familiar y Salud Comunitaria, Escuela de Medicina John A. Burns, Universidad de Hawaii
    (b)-Seiji Yamada. Médico y maestro en salud pública. Profesor Asociado, Departamento de Medicina Familiar y Salud Comunitaria, John A. Burns, Escuela de Medicina, Universidad de Hawaii.
    (c)-Paul E. Farmer. Médico, PhD. Profesor, Universidad Kolokotrones, Universidad de Harvard; Director, Departamento de Salud Mundial y Medicina Social, Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.
    (d)-Gregory G. Maskarinec. PhD. Profesor asociado, Departamento de Medicina Familiar y Salud Comunitaria, Escuela de Medicina John A. Burns, Universidad de Hawaii.

    http://www.medicinasocial.info.
    Diciembre de 2012

  2. beatriz dice

    Excelente!

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