Salud y voluntariado universitario

La experiencia de una de las universidades del Conurbano en estrecha relación con el territorio

 

Poco antes de declararse la cuarentena, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) lanzamos una convocatoria a estudiantes para colaborar voluntariamente con las necesidades sanitarias de Florencio Varela, Berazategui, Quilmes y Almirante Brown, donde viven la mayoría de ellos. La respuesta no se hizo esperar: dos días más tarde había más de 2000 inscritos. Sí, dos mil estudiantes universitarios de carreras como bioquímica, enfermería, emergencias y desastres, kinesiología y medicina, a los que el miedo no paralizó y que sintieron la necesidad de colaborar siendo parte de la estrategia de combate a la pandemia. En realidad no nos sorprendió esta actitud, pues sabemos del  compromiso de los estudiantes con la UNAJ y de la UNAJ con su comunidad y la región.

Antes de que se decretara el aislamiento obligatorio, capacitamos a un grupo de 60 estudiantes en forma presencial: 20 de ellos atendiendo un call center de Berazategui para un seguimiento diario de los vecinos que llegaron del exterior; otros 20, en Varela, colaborando en la organización de los centros de salud, donde es importante ordenar a los que consultan por coronavirus de los que consultan por otros motivos. Los demás en Quilmes, con la tarea de organizar la atención de los centros de salud en una actividad que en el lenguaje técnico se denomina triage, que consiste en seleccionar a los que ingresan según tipo de problema y urgencia. Otros 500 los capacitamos vía teleconferencia en tareas tales como entrega de medicación a pacientes adultos mayores que viven solos, visitas a comedores que no entregan viandas para capacitar a los responsables y demás necesidades que vayan surgiendo y sean consideradas por las autoridades como necesarias para enfrentar con éxito la pandemia. Al resto los iremos capacitando a medida que la necesidad nos obligue.

Esta articulación con la región y sus municipios precede a la llegada del coronavirus y por eso se pudo organizar tan rápida y eficazmente. Nuestros estudiantes cursan y utilizan como sitios de prácticas a las instituciones de salud del sistema público desde el inicio de sus cursadas. Elles son de los barrios, allí nacieron y crecieron y orgullosamente quieren regresar como «casi profesionales» a poner en valor lo que han aprendido en la Universidad Pública. Al mismo tiempo, los secretarios de salud de la región y muchos de las y los profesionales de los hospitales y centros de atención primaria, son docentes de las distintas carreras de nuestro Instituto de Ciencias de la Salud (ICS). Esta estrecha relación entre la universidad y el territorio se potencia en situaciones como las que estamos atravesando. La universidad está pensada y hecha desde el territorio que la acoge y también su sentido se materializa cuando produce cambios y mejoras visibles en estos territorios.

 

 

La salud

El Instituto de Ciencias de la Salud tuvo el privilegio de haber sido creado por docentes con formación sanitaria, es decir, profesionales de la salud con experiencia y conocimiento sobre el gobierno y la gestión de la salud de la población. De todos lo que hicieron posible este perfil, nombraré a dos que sintetizan este saber y este legado: Arnaldo Medina[i] y Vicente Ierace[ii]. Ambos, pivoteando siempre entre el territorio y los servicios de salud y haciendo de esas experiencias entretejidas la base de una reflexión que se convierta en modelos teóricos a seguir. En ese camino recuperaron la tradición sanitarista de Ramón Carrillo, los conceptos de la medicina social y de la salud colectiva —constructos teórico-políticos con larga tradición en América Latina—, situándolos y reinterpretándolos en la complejidad de la región sudeste del Conurbano bonaerense. Este esfuerzo, que muchos encarnamos pero que ellos motorizaron, se cristalizó en dos instituciones: el Hospital El Cruce Néstor Kirchner y la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

Los que nos fuimos sumando a esta experiencia pusimos nuestra impronta, pero siempre desde los consensos básicos que el legado exigía: carreras de salud con fuerte contenido social y sanitario, fortalecimiento del sistema público de salud y acción en el territorio. Por eso, en las currículas y en las clases, siempre insistimos con que les estudiantes deben partir de la acción y la experiencia, construyendo una teoría situada que debe estar al servicio de esa experiencia. ¿El resultado? Todas las carreras del Instituto de Ciencias de la Salud comparten la idea de que la salud es un derecho y se produce y construye colectivamente y que, por lo tanto, el estado de salud de una persona no es algo que pueda reducirse a lo individual.

La salud está determinada social, cultural y económicamente; esta idea reconoce la importancia de los procesos biológicos en la producción de los procesos de salud-enfermedad (por ejemplo, reconoce el Covid-19), pero entiende también que tanto para la explicación del fenómeno como para la elaboración de estrategias de resolución del mismo, es necesario entender e intervenir en aspectos económicos, sociales, culturales y políticos. Esto puede parecer obvio en el marco de una pandemia como la que nos toca atravesar: una medida social ordenada por el Estado —el aislamiento— es hoy casi lo único que tenemos para frenar la expansión del virus. Pero lo que en una situación de emergencia sanitaria es obvio, no siempre lo es. La determinación social de los procesos de salud-enfermedad y la producción colectiva de la salud de la población son posiciones éticas y teóricas que están en la base de la formación en salud de las carreras del Instituto de Ciencias de la Salud. Desde nuestra perspectiva, todos los problemas de salud deben ser comprendidos en su amplitud social, política, cultural, histórica y territorial.

No todos comparten esta visión: un amplio abanico de actores del campo de la salud sostienen una visión más ligada a los procesos biológicos, individualista, mercantilista, distanciada de los debates acerca de los elementos que intervienen en los procesos de salud-enfermedad. Esos actores —académicos, científicos, profesionales— entienden que mientras la máquina (cuerpo) funcione, su tarea está hecha: no se preguntan por la persona que habita esa máquina, cuáles son sus condiciones materiales de vida, sus vínculos, sus capacidades, sus proyectos, su barrio, su género, su trabajo, si tiene problemas familiares o sufre violencia, si puede levantarse todos los días y con diabetes o silla de ruedas, encarar la vida con dignidad. Para ellos estos temas pertenecen a otros ámbitos y la salud, como todo en el capitalismo, es un bien de mercado que, como tantos otros, tiene un valor y cada actor debe pujar por extraer mayores beneficios económicos del mismo. Por eso, hablar de la determinación social de la salud, salvo momentos excepcionales, incomoda a unos cuantos intereses del propio campo.

 

 

El Instituto de Ciencias de la Salud

Las carreras del Instituto de Ciencias de la Salud tienen un primer año en común: allí los estudiantes cursan asignaturas que, en conjunto discuten y construyen una idea de salud vinculada a lo social y lo público, en el marco de un paradigma de complejidad que todo asunto social y público requiere. Además desarrollan tareas comunitarias curriculares y aprenden el trabajo interdisciplinario y en equipo. Por lo tanto, un estudiante desde el primer año aprende que la salud se relaciona con el territorio en el que vive, trabaja y se desarrollan las personas y ubica los diferentes niveles en los que actúan los fenómenos sociales y biológicos.

 

 

La carrera de medicina

Me voy a detener especialmente en una de las carreras, la de medicina, de la cual soy docente y que es de la más nuevas (recién tendrá egresados en 2021). Es una carrera surgida del pedido formal de los secretarios de salud de los municipios que rodean la Universidad, para dar respuesta a la escasez de profesionales médicos en la región. Además pertenece a una nueva tradición de escuelas de medicina que se separa del paradigma flexneriano de la educación médica. Dicho modelo —nombrado así en honor a su creador, el estadounidense Abraham Flexner, autor de un informe que, hace más de un siglo, dictaminaba cómo debían formarse los médicos—, postula que todo estudiante de medicina debe recibir una formación básica de tres años centrada en el cuerpo, su forma y funciones; para luego pasar a un ciclo clínico donde se enseña cómo ese cuerpo se enferma por partes y cada especialidad toma una parte, lo trata y a veces, lo cura. La mayoría de las carreras de medicina de la Argentina siguen este paradigma, que produce que el estudiante, al final de la carrera, deba reconstruir el rompecabezas de saberes fragmentados e hiperespecializado, para terminar, armando a la persona que demandará su atención en servicios de salud muy alejados del modelo ideal.

Desde hace un tiempo, algunas universidades han desarrollado otro modelo (Universidades nacionales de Rosario, del Sur, La Matanza, del Centro, de Mar del Plata y del Chaco Austral) y la carrera de medicina de la UNAJ es una de ellas. En estos nuevos planes de estudio se busca transmitir que no existe la enfermedad ni el cuerpo aislados; existen personas que viven en sociedades, que padecen enfermedades. Por lo tanto, los contenidos están referidos a conocer e integrar las partes que conforman a esa persona: su cuerpo, su entorno, su condición social y económica de manera integrada y desde el territorio. Con esta modalidad de enseñanza se busca un perfil de profesional comprometido con la sociedad y sus problemas, que busque incorporar la complejidad de cada persona al momento de interactuar con ella en su búsqueda de atención o en tareas de promoción de la salud o prevención de enfermedades.

Esta perspectiva responde a un modelo teórico de enseñanza y tiene su correlato en un tipo de actividad profesional que se espera desarrollen los futuros graduados. Esta ruptura con el paradigma flexneriano implica también una ruptura con un modelo pedagógico tradicional y se enmarca en los debates políticos del devenir de las profesiones de la salud que se han replicado en varios foros, especialmente en el Foro Argentino de Facultades y Escuelas de Medicina Públicas (FAFEMP). El FAFEMP se constituyó en una reunión de Decanos y Directores en abril de 2011, se formalizó legalmente en 2015 y reúne al total de las carreras de medicina de Universidades públicas (23 al día de hoy). estas carreras son las que forman a más del 80% de las y los profesionales médicos del país; el resto son egresades de alguna de las más de 20 carreras dictadas en universidades de gestión privada. El Foro es el lugar en el que se sustancian los debates sobre la formación de estos profesionales y su accionar ha sido fundamental para el desarrollo y sostén teórico, técnico y político, de estas nuevas carreras de medicina. Las Universidades nuevas, como la UNAJ, hemos recibido un apoyo sustancial para sostener nuestros proyectos de carreras de medicina pensadas desde otro paradigma.

 

 

Proyecto de Universidad

Esta experiencia del Instituto de Ciencias de la Salud y especialmente su carrera de medicina, pudo ser llevada adelante porque encaja perfectamente en el proyecto de la UNAJ que desde su creación (en diciembre de 2009) tuvo como misión “contribuir a través de la producción y distribución de conocimiento, al desarrollo económico, social y cultural de la región, para mejorar la calidad de vida y fortalecer los valores democráticos, articulando el conocimiento académico con los saberes producidos por la comunidad”.

Esta premisa ha acompañado el crecimiento de una universidad que inició las clases en 2011 con 3.000 inscriptos y hoy, en 2020, espera recibir a 30.000 estudiantes, que en su mayoría (casi 90%),  provienen de hogares sin antecedentes de profesionales universitarios. De allí surge el lema llevado a la práctica por la mayoría de sus trabajadores y docentes: “Inclusión con calidad”. Cada una de las carreras responde a una necesidad o una estrategia de desarrollo del territorio en el que está ubicada la universidad, convirtiéndose en el motor de desarrollo de una región postergada social y económicamente.

A pesar del éxito en términos de cantidad de ingresantes anuales, nuestra Universidad ha tenido que sufrir las penurias del maltrato y abandono en los últimos 4 años, llegando a su punto máximo en el mes de agosto de 2018 en el que la comunidad universitaria y más de 30.000 vecinos realizamos un abrazo simbólico a modo de protesta ya que el presupuesto no alcanzaba a cubrir los salarios. Superado ese conflicto a fuerza de protesta y unidad, la UNAJ quedó operativa, pero aún así sigue siendo la Universidad Nacional con menor  presupuesto por estudiante de todo el sistema universitario nacional.

 

 

Universidad, Estado y profesiones de salud

Comencé describiendo el proyecto del voluntariado en el marco de la pandemia de coronavirus, experiencia que se inscribe en una idea de salud, en un proyecto de formación, en una experiencia pedagógica. Estos profesionales que estamos formando, estos estudiantes que van a salir a «devolverle a la sociedad» un servicio de atención y contención,  deberían poder insertarse, pasada la pandemia, en un sistema sanitario sólido, sustentado y solventado por un Estado presente, activo, soberano, que diseña sus propias políticas de salud y las plasma en infraestructura, salarios profesionales, medicamentos, capacitación permanente; que entiende la salud más allá de las enfermedades de los individuos y promueve, poco a poco, a toda su población, el acceso a una atención de calidad.

La primera epidemia que enfrentó el Estado argentino fue la fiebre amarilla de 1871 y de allí se aprendió muchísimo, por ejemplo, que las políticas sanitarias son un asunto indelegable del Estado. Que esta pandemia que ahora estamos atravesando y las experiencias surgidas de ella nos sigan enseñando y más: nos marquen el camino. Como nos lo mostraron a nosotros, los muchísimos mails de estudiantes que nos estuvieron llegando desde la semana pasada, como por ejemplo el de «J.S.», que decía: Hola profe soy xxxxxxxx del barrio Villa Angélica soy estudiante de cuarto de enfermería, dígame qué puedo hacer para ayudar acá la gente está muy nerviosa y asustada. Gracias.

 

 

 

[i] Arnaldo Medina, medico sanitarista, Secretario de Calidad en salud del Ministerio de Salud de la Nación, Vicerrector de la UNAJ en uso de licencia, ex Director Ejecutivo del Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce, Néstor Kirchner.
[ii] Vicente Ierace, fue Director ejecutivo de la Región Sanitaria VI, ex secretario de salud del municipio de Florencio Varela, Coordinador de la Asignatura Salud Pública.

 

 

Médico generalista, especialista en docencia universitaria, Magister y Doctor 
en salud Pública. Docente de la carrera de medicina de UNAJ y representante 
de la UNAJ en el Consejo de administración del Hospital El Cruce Néstor Kirchner.

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