Se hace camino al andar

La elección de Petro es un punto de inflexión en la historia de Colombia y de América Latina

 

La llegada de Gustavo Petro a la Presidencia de Colombia, con una ventaja de más de 700.000 votos sobre su rival, constituye un titánico triunfo, pues logró captar el descontento social hacia la clase política tradicional en medio de un aumento de la desigualdad y la violencia.

Los 3,4 puntos porcentuales que le sacó Petro (50,44%) al populista de derecha Rodolfo Hernández (47,03%) no dejaron espacio para pataletas al estilo Keiko Fujimori, quien calificó de fraudulentas a las elecciones en segunda vuelta en las que Pedro Castillo la derrotó por apenas 40.000 votos en Perú en mayo de 2021.

Su elección no sólo marca un punto de inflexión en la política colombiana, sino que abre además un nuevo camino que posibilita una coordinación latinoamericana en la esfera internacional. Asimismo, significa la pérdida para Estados Unidos de su aliado incondicional, en un contexto en el que América Latina y el Caribe, a diferencia de la Unión Europea –en el marco del conflicto entre Rusia y Ucrania–, tienen una actitud más contestataria, como ocurrió en la última Cumbre de las Américas realizada en Los Ángeles.

 

 

El titánico triunfo

En la primera vuelta electoral realizada el 29 de mayo, Petro recibió 8.5 millones de votos y Hernández casi 6 millones. A pesar de la abismal diferencia favorable a Petro, fue Hernández el que empezó la carrera por la segunda vuelta con ventaja. Así lo reflejaban las primeras encuestas, pues el derrotado líder del uribismo, Federico Salazar, le endosó inmediatamente sus 5.8 millones de votos. Petro, en cambio, partía sólo con sus 8,5 millones de votos (40,32%), pues Sergio Fajardo, líder de la Coalición Centro Esperanza –que tuvo una pésima performance, al obtener sólo el 4% de los votos– declaró su abstención.

Parecía imposible que durante las tres semanas que distaron entre la primera y segunda vuelta, el líder del Pacto Histórico lograra superar esa diferencia. En un país en el que el voto no es obligatorio, la clave estuvo en una mayor participación de ciudadanos en el proceso electoral, particularmente de jóvenes y mujeres. De hecho, esta fue la elección más participativa que se registre en las elecciones colombianas. En esto tuvo un rol fundamental su Vicepresidenta Francia Márquez, una afrodescendiente ligada a los movimientos sociales que organizó una campaña “puerta a puerta” instando a los desilusionados y desencantados ciudadanos con la democracia a que valía la pena ir a votar esta vez.

En el triunfo de Petro también tuvo un gran mérito Hernández, gracias a los innumerables errores que disminuyeron su respaldo. A ello contribuyó el voto femenino –dice que las mujeres deben quedarse en casa y no participar de la política–, la acusación de la fiscalía por corrupción, la denuncia de compras de inmuebles de su esposa en La Florida, la difusión de videos de bailecitos en un yate en Miami que lo pintaban como un sugar daddy, declaraciones pasadas en las que se declaraba admirador de Adolf Hitler y su rechazo a debatir los programas de gobierno, aun el último ordenado por un Tribunal Superior de Bogotá.

 

 

El discurso

En su primer discurso como Presidente electo, Petro utilizó la doctrina marxista de no saltarse etapas para aplacar la propaganda de miedo usada siempre por la derecha cuando un candidato de izquierda tiene posibilidades de ganar: te van a expropiar tus bienes, congelar tus cuentas bancarias, etc. “Con toda franqueza –dijo– desarrollaré el capitalismo, no porque lo adore, sino porque primero tenemos que superar en Colombia la premodernidad, el feudalismo y las nuevas formas de esclavismo”.

 

 

El primer discurso como Presidente electo.

 

 

Así, en ese espacio para modernizar la economía colombiana (uno de los países más desiguales del mundo), Petro anunció una reforma agraria que permita el cultivo de alimentos en todas las tierras, mayores impuestos a los activos improductivos de las 4.000 personas más ricas del país y una  transición energética de la matriz dependiente del petróleo y el carbón a las energías renovables. Al respecto, muchos colombianos señalaron que creen que la transición lejos de los combustibles fósiles, por difícil que sea, no puede esperar. Esa es también la posición adoptada por la Agencia Internacional de Energía, que advirtió en 2021 que todos los nuevos proyectos de exploración de combustibles fósiles deben detenerse de inmediato si el mundo quiere tener la posibilidad de alcanzar cero emisiones netas para 2050 y evitar el calentamiento global de más de 1,5 grados Celsius por encima de los niveles pre-industriales.

Petro considera que “hay que superar el neoliberalismo como un sistema de ideas dominante para abrirle paso a la garantía real y efectiva de los derechos de la gente”. Centra su programa en tres grandes ejes: la paz, la justicia social y justicia ambiental. Para ello ha convocado a todas las fuerzas políticas a fin de lograr consensos mínimos en torno a estas directrices.

 

 

Impulso a nueva geopolítica regional

La elección en Colombia se suma a las recientes apuestas por gobiernos de izquierda en Perú, Chile y Honduras. En el caso de los dos primeros, eran presentados por los grupos de poder internacional y las calificadoras de riesgo como modelos exitosos que debían seguirse en la región. Así, en 2011 se creó la Alianza del Pacífico para contrarrestar a la Unasur, entonces protagónica y capaz de convocar en 2009 a todos sus presidentes para interrogar a Álvaro Uribe sobre la instalación de bases militares de Estados Unidos en Colombia. Asimismo, para mostrarse exitosa frente a un Mercosur entonces cohesionado políticamente, al que se había incorporado Venezuela. Hoy, los cuatro países que la conforman (México, Perú, Chile y Colombia) eligieron gobiernos con discursos de izquierda que son expresión del fracaso, para las mayorías, de políticas económicas regidas por Estados mínimos sin un rol promotor. Tanto Petro como Boric plantearon en sus campañas electorales renegociar los Tratados de Libre Comercio, condición esencial para ser miembro de esa Alianza.

Ecuador, cuyos dos últimos dos gobiernos han impulsado el ingreso a la Alianza, deberá olvidarse de ese objetivo. Hace dos semanas estalló una crisis política y social expresada en protestas encabezadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), y apoyadas por gremios de trabajadores y estudiantes, que le exigen al gobierno de Guillermo Lasso reformas sociales y económicas. Como respuesta, el gobierno ha decretado el estado de excepción por 30 días y la represión ha dejado ya cinco muertos y cientos de heridos.

Por lo expresado en su discurso como Presidente electo, Colombia dejará de ser aliado incondicional de Estados Unidos. En contraposición a la decisión de Joe Biden de excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela de la IX Cumbre de las Américas, Petro plantea un diálogo en el continente “sin exclusiones de ningún pueblo, de ninguna nación de toda la diversidad que es América”, con lo que deja al gobierno estadounidense en el mayor aislamiento que haya tenido en los últimos tiempos con ese país, expresada también en esa fracasada Cumbre.

El líder del Pacto Histórico ha anunciado que restablecerá las relaciones diplomáticas con Venezuela. La semana pasada, tanto Petro como el Presidente Nicolás Maduro declararon haber conversado sobre su decisión de abrir la frontera entre ambos países y restablecer el pleno ejercicio de los derechos humanos en ella, así como impulsar la actividad económica. En efecto, la frontera colombo-venezolana –que fue la más activa de América Latina– cerró en 2019, aunque desde 2015 el paso vehicular ya estaba restringido. Desde entonces, el uso de las llamadas “trochas” (pasos clandestinos en la frontera de más de 2.200 kilómetros) se incrementó entre los pobladores de ambos países. Petro ha anunciado también que cambiará algunos acuerdos relacionados con la lucha contra el narcotráfico que han significado la presencia de agentes estadounidenses en territorio colombiano.

Asimismo, le ha propuesto a América Latina “integrarnos más decididamente” para negociar con el gobierno de Estados Unidos sobre lo que significa el hecho que “en todo este continente americano que compartimos, allá se emita, como casi en ningún otro país, gases con efecto invernadero y que aquí los absorbamos en la selva amazónica. “Si allá se emite y aquí se absorbe, ¿porque no dialogamos? ¿Por qué no establecemos otra manera de entendernos?”. Así, propuso a los gobiernos de América construir una región descarbonizada, en línea con lo que plantea el Presidente chileno, y que América Latina tenga en este ámbito un rol protagónico en la arena internacional.

Sus propuestas representan un cambio significativo en su vinculación con la región. Los sucesivos gobiernos colombianos siempre se opusieron a iniciativas conjuntas, incluida la elemental formulación de lineamientos mínimos comunes para renegociar la deuda externa durante los ’80, que dio lugar a la denominada década perdida y a miles de muertes en algunos países que aplicaron los programas de ajuste para pagar los intereses, lo cual provocó masivos estallidos sociales.

 

 

Las principales vallas

Controlar el poder militar, no tener mayoría en el Parlamento, la resistencia del poder económico y mediático, así como el escenario de crisis económica internacional son algunas de las enormes vallas que tendrá que sobrepasar el nuevo gobierno.

Por lo pronto, ha logrado armar una coalición en el Legislativo con el Partido Liberal, dirigido por César Gaviria. Lo propio hizo con la Alianza Verde liderada por Antanas Mockus, Antonio Navarro y Carlos Ramón González Merchán, que sumó 13 escaños a los 14 del Partido Liberal y a los 20 del Pacto Histórico. También se han sumado 5 que corresponden a Comunes y 2 que aporta el MAIS (Movimiento Alternativo Indígena y Social) y el AICO (Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia), con lo que se sumarían 54 senadores, la mitad de los 108 que sesionarán a partir del 20 de julio. Todavía se negocia con una representante del Partido de la U, con lo que podría lograrse la mayoría.

No obstante, esta alianza en el Senado inevitablemente condicionará las medidas que pueda tomar Petro. De hecho, parte de las razones que impiden el anuncio de al menos algunos de los miembros de su futuro gabinete podrían deberse a las discrepancias al interior de su partido ante los nombres que podrían estar surgiendo por parte de los nuevos aliados, en particular, en las designaciones en los Ministerios de Hacienda y de Defensa.

A pesar de ello, Petro tiene un cierto margen de acción frente a una oposición debilitada y sin liderazgo, pues Rodolfo Hernández, quien tendría que encabezarla, ha dicho que no está seguro si aceptará el puesto en el Senado, un derecho que le asiste como candidato perdedor en la segunda vuelta. Además, el Presidente electo tiene la posibilidad de implementar el Acuerdo de Paz que fue muy retrasado durante el gobierno de Iván Duque. Este incluye programas de desarrollos territoriales y agrarios acordados por las partes que lo negociaron.

Es probable que Petro no pueda cumplir con la esperanza de todos sus votantes, pero su elección representa un punto de inflexión en la historia de Colombia y de América Latina.

 

 

 

 

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