Tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, liderada por la CIA, el Presidente John F. Kennedy consideró la posibilidad de reestructurar e incluso desmantelar la agencia de inteligencia, según documentos publicados por el Archivo de Seguridad Nacional en el 65º aniversario del ataque paramilitar a Cuba. El Presidente encargó a su asesor de la Casa Blanca, Arthur Schlesinger, que examinara "la estructura de inteligencia británica" para determinar "qué valor podría aportar a nuestra propia reflexión sobre la reorganización de la CIA", según un memorándum secreto poco conocido dirigido a Kennedy y fechado un mes después del ataque. "Lo que resulta de especial interés en la experiencia británica no es la división entre inteligencia y operaciones", aconsejó Schlesinger al Presidente, "sino los medios por los cuales el servicio clandestino se mantiene bajo un control político continuo".

El documento del 18 de mayo de 1961, titulado "Cómo organizar un servicio de inteligencia: el ejemplo británico", junto con un segundo memorando de Schlesinger desclasificado íntegramente el año pasado sobre la "Reorganización de la CIA", se incluyen en una colección especial de documentos anteriormente secretos publicada hoy por el Archivo de Seguridad Nacional para conmemorar la invasión de Bahía de Cochinos. La selección también incluye un exhaustivo informe secreto de la CIA sobre su colaboración con la mafia para asesinar a Fidel Castro antes de la invasión —un complot financiado con el presupuesto de la invasión—, así como informes de inteligencia cubanos procedentes de Centroamérica sobre los preparativos de la CIA para lanzar un ataque de exiliados en la isla.
Los documentos publicados con motivo del aniversario también destacan el informe ultrasecreto de 100 páginas de la CIA titulado "Informe del Inspector General sobre la Operación Cubana". Este informe es un análisis posterior a la operación de la Agencia, mordaz y autocrítico. Es considerado tan delicado que el director de la CIA, John McCone, quemó la mayoría de las 20 copias existentes para mantener el informe a salvo de críticos como Schlesinger, quien buscaba responsabilizar a la Agencia por el desastre de Bahía de Cochinos. "En manos hostiles", señaló el subdirector de la CIA, William Cabell, en un memorando de diciembre de 1961, el informe del Inspector General "podría convertirse en un arma utilizada injustificadamente para atacar toda la misión, organización y funcionamiento de la Agencia".

Tras varios años de esfuerzos amparados en la Ley de Libertad de Información (FOIA), el Archivo de Seguridad Nacional logró la desclasificación del informe del inspector general de la CIA a finales de la década de 1990. En su libro Bahía de Cochinos Desclasificada, Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentación sobre Cuba del Archivo, calificó el informe como "el Santo Grial histórico de la Bahía de Cochinos".
El informe del inspector general fue realizado por el veterano oficial de la CIA Lyman Kirkpatrick, quien dedicó casi seis meses a entrevistar a funcionarios y revisar miles de documentos de la época. Entre sus principales conclusiones:
- La operación se basó en la suposición del subdirector de la CIA, Richard Bissell, de que "la invasión, como un deus ex machina, produciría una conmoción… y desencadenaría un levantamiento" contra Castro. Sin embargo, la CIA "no tenía ninguna evidencia de inteligencia de que un número significativo de cubanos pudiera o quisiera unirse a los invasores".

El alto funcionario de la CIA, Richard Bissell, supervisó la operación de Bahía de Cochinos.
- Lo que se suponía que sería una operación encubierta se convirtió en un importante proyecto militar abierto, "más allá de la responsabilidad y la capacidad de la Agencia". La seguridad en torno a la operación fue deficiente, lo que provocó importantes filtraciones en los medios de comunicación que expusieron los preparativos de la invasión. "La negación plausible fue una patética ilusión".
- Los funcionarios de la CIA engañaron a la Casa Blanca haciéndole creer que el éxito aún era probable. Según el informe Kirkpatrick, "en algún momento de este ciclo degenerativo, deberían haber acudido al Presidente y haberle dicho con franqueza: "Estos son los hechos. La operación debe detenerse".
En marzo de 2001, con motivo del 40 aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos, el Archivo organizó una importante conferencia en La Habana, Cuba, con Fidel Castro y sus comandantes para repasar la historia de la invasión y sus consecuencias. La delegación estadounidense incluyó a miembros supervivientes de la Casa Blanca de Kennedy, oficiales retirados de la CIA que participaron en la planificación de la invasión y miembros cubanos exiliados de la Brigada 2506, organizada por la CIA. Algunos de ellos no habían regresado a la isla desde que fueron hechos prisioneros tras el fallido ataque.
Durante la conferencia, Richard Goodwin, ex asesor de la Casa Blanca, presentó a Fidel Castro un informe personal sobre una reunión secreta que mantuvo con Che Guevara en Montevideo, Uruguay, tras la invasión. Esta reunión marcó la primera vez que altos funcionarios de ambos países dialogaron cara a cara para abordar la hostilidad en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Las conversaciones históricas se desarrollaron en un ambiente sumamente informal. Guevara se sentó en el suelo, recordó Goodwin. "No iba a permitir que me superara en su afán proletario", dijo, así que él también se sentó en el suelo. "(Guevara) quería agradecernos enormemente la invasión", informó Goodwin a Kennedy sobre la reunión. "Había sido una gran victoria política para ellos, les permitió consolidarse y los transformó de un pequeño país agraviado en un país en igualdad de condiciones".
Pero el mensaje principal de Guevara para la administración Kennedy era que Cuba "deseaba un modus vivendi" y estaba dispuesta a dialogar sobre todos los temas que preocupaban a Estados Unidos, con una excepción: Cuba "no podía discutir ninguna fórmula que implicara renunciar al tipo de sociedad a la que estaba dedicada".
65 años después, Cuba mantiene esa postura, mientras el gobierno poscastrista de Miguel Díaz-Canel enfrenta la amenaza más peligrosa de una acción militar estadounidense desde la invasión de Bahía de Cochinos. Este aniversario de Bahía de Cochinos tiene una relevancia contextual singular, ya que recuerda la agresión estadounidense y la resistencia cubana, según Peter Kornbluh, del Archivo. "Bahía de Cochinos sigue siendo una lección de historia", señala, "de gran relevancia para la necesidad de dialogar en lugar de recurrir a la violencia, a fin de promover los intereses de ambas naciones".
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