Sentir junto al pueblo

El populismo se entiende desde abajo, no desde las corrientes centroeuropeístas

 

“Los peronistas siempre dicen que el peronismo es un sentimiento… Los antiperonistas muchas veces señalan… que el peronismo es irracional”.
Alejandro Grimson [1]

Las ideologías racionalistas

 

“Nada hay en el entendimiento que antes no haya pasado por los sentidos”. De anima, Aristóteles

La vieja definición de Nación, según el aristotelismo y el aquinense, se conforma con un elemento demográfico (el Pueblo), un ordenamiento normativo (el Estado) y un espacio (el Territorio). Sin Pueblo no puede existir una Nación, pero en situaciones especiales pueden estar ausentes el Territorio y el Estado. La falta de un Territorio es el ejemplo del pueblo judío que no dejó de ser Nación en el largo período de esa ausencia. Hoy es el pueblo kurdo, cuyo territorio original está bajo la soberanía de cuatro países. Tampoco dejaron de ser naciones otros pueblos que en algunos momentos no contaron con un ordenamiento estatal jurídico e institucional (como ha ocurrido en los períodos anárquicos de muchas naciones o de caos gubernamental como el vacío de poder en el día de los tres gobernadores de nuestra historia).

Venimos escribiendo artículos que rondan estos conceptos, titulados con gerundios, que como el populismo, no gozan de buen prestigio. Hace poco vimos como se está matando la esperanza, luego como muchos están deseando el fracaso, y ahora nos referimos a los sentimientos populares.

No hay muchas formas de hacer efectiva la decisión política y por eso son pocos los modelos políticos occidentales. Los argentinos, y también es válido para todos los latinoamericanos, hemos vivido épocas de la política racionalista o del pensamiento teórico con el liberalismo primero, luego se mantuvo esta concepción con los socialismos e incluso con las expresiones fascistas. Hemos creado movimientos populistas basados en el sentimiento y no en las doctrinas construidas intelectualmente en los centros europeos.[2]

Los argentinos tenemos una larga historia de expresiones políticas populares desde el nacimiento, que por lo general se autodenominaban con el nombre de sus líderes, como morenismo, chachismo, rosismo, yrigoyenismo y peronismo, y los caudillos federales.

Estas formaciones propias y, por ello, llenas de autenticidad, no se formaron a partir de los pensamientos centroeuropeos de los tres siglos anteriores al presente, que conocemos como liberalismo, marxismo y fascismo. Incluso la influencia de la revolución francesa fue limitada. Por ejemplo, Moreno no tradujo El Contrato Social de J. J. Rouseau en forma íntegra por no aceptar algunas de sus proposiciones.

Seguimos a Dugin cuando clasifica las doctrinas del poder en liberales, socialistas, fascistas y populistas. Junto a Vasily Putin, este profesor de la Universidad de Moscú participó del comunismo ruso y luego se encontraron adhiriendo y fundando partidos como Nuestro Hogar-Rusia, Unidad, y ahora Rusia Unida, todos como expresiones consustanciadas con la “madre patria” rusa que se pueden clasificar como populistas.

Durante muchos años se los ignoraba en los lugares más oficiales de algunas universidades, cuando no se consideraban las propuestas políticas no basadas en el pensamiento doctrinario comprendido en obra escrita y derivada de una construcción intelectual. Eran calificados de baja calidad y rechazados por banales. No merecían la consideración universitaria. Reinaban entonces los neoliberales en sus diversas facetas: republicanos antimonárquicos, exaltadores de la división de poderes para el debilitamiento del Estado pero con ausencia de limitaciones a los poderes reales, demócratas a favor de la elección limitada pero rechazadores de los plebiscitos, socialistas para dar justicia social a proletariados de otros continentes inexistentes en el nuestro, corporativistas que aseguraban los derechos de la burguesía de clase media. Todos modelos centroeuropeístas a favor de una clase pero no a favor de toda la población. Construcciones intelectuales que profesaban desprecio de los sentimientos del pueblo y de las mayorías.

 

Los sentimientos populistas

 

Populismo o popularismo: tendencia política que pretende traerse a las clases populares. Real Academia Española.

 

Frente a este intelectualismo al servicio de alguna minoría, los pueblos indiferentes vivían y sentían sus propios deseos y consolidaban su cultura. En estas culturas existían también expresiones religiosas que los intelectualismos eurocéntricos, tanto en su versión liberal como marxista, querían extirpar.[3]

América Latina es una región donde los populismos de los sentimientos nacionales brotan con fuerza. Muchos somos los que creemos que la correcta ubicación del zapatismo y de la revolución cardenista, la alianza popular revolucionaria americana de Haya de la Torre, el varguismo, Chile con Ibáñez del Campo, el yrigoyenismo y peronismo, los líderes Jacobo Arbenz, Jorge Gaitán, Omar Torrijos, Jaime Roldós y Luis Colosio entre otros muchos, la revolución boliviana masista, fueron expresiones que no se inspiraban en los pensamientos europeístas. Esas doctrinas del eurocentrismo sirvieron y justificaron los colonialismos, o por lo menos no lo condenaron suficientemente. El neoimperialismo de Estados Unidos siguió con el método bélico y con el de imponer la libertad comercial a los países débiles.

Hoy, cuando a Estados Unidos lo alcanzan en algunos niveles de poder, no pide más democracia, ni siquiera la “liberal”, sino que prohíbe la actividad de empresas tecnológicas y de construcción, y sobre todo, de las firmas tech así como las financieras chinas.

La academia española agrega algo más a la definición de populismo que reproducimos arriba. Dice que el término es usado más en sentido despectivo. Pero los términos nacidos como humillantes –sans culottes en Francia, descamisados en Argentina— fueron revertidos por los despreciados elevándolos a símbolos de su rebeldía. Alejandro Grimson[4] explica muy bien cómo los apóstrofes al peronismo (fascistas, descamisados y cabecitas negras), en una operación de inversión hicieron del descaminado bandera, no así en las denotaciones racista y política.

El liberal mexicano Enrique Krauze, inspirado en el autor anti-iberoamericano Richard M. Morse (que escribió un decálogo del populismo) difundió su propio decálogo afirmado en el de Morse.[5] Cree Krauze que para el populismo latinoamericano el mundo es natural no construible, tiene el derecho a la insurrección, el carisma es sicomoral no ideológico, el líder es carismático, la economía distributiva, la movilización debe ser permanente, se debe fustigar al enemigo exterior, y que la democracia liberal es abominable, etcétera.

 

El pentálogo popular

 

“El populismo es una reacción anti-liberal que no es de derecha ni de izquierda. No parte de una posición ideológica sino de la resistencia al liberalismo como polo opuesto”. Aleksandr Dugin[6]
“…el hecho que no comprendemos el peronismo revela un problema más profundo: necesitamos mirar de otro modo”.
Alejandro Grimson[7]

 

1. No elimina actividades, ya sean mixtas, públicas o privadas.

La diferencias de estos modelos de poder se manifiesta generalmente en que los populismos no se definen por ser estatistas o privatistas, aunque suelen aceptar economías mixtas. Como, en general surgen en países de menor desarrollo, se sienten obligados a no despreciar ningún aporte económico, rechazando las políticas que están dirigidas a eliminar a alguna de esas actividades. Los liberalismos intentan que en sus colonias (no en los países metrópolis) se eliminen el dominio y la actividad pública; los comunismos imitan la política de exclusión prescindiendo de la propiedad y actividad privadas. El fascismo busca asegurar la propiedad privada a través de acuerdos corporativistas de la burguesía y del trabajo. El populismo cree que toda potencialidad económica que sirva al desarrollo de la inversión y el consumo popular debe ser convalidada.

 

2. No es de izquierda, de derecha ni de centro.

El poder centroeuropeo impuso la categorización, desde las asambleas de la revolución francesa. La ubicación física ubicó a los partidos y doctrinas. En esta clasificación el populismo no ingresa. No le interesa que la izquierda sea más estatista (o a veces más popular por poner a la justicia social como fin), la derecha librecambista (y más oligárquica) ni el centrismo que intenta encontrar una política que no se defina totalmente como estatista o privatista. Incluso, algunos analistas, de modo equivocado para nosotros, se refieren a populismos de izquierda y de derecha, acercando los primeros a los socialismos y los segundos a los liberalismos y fascismos. El populismo no entra en la escala horizontal que va de la izquierda a la derecha, y se considera en una escala vertical, donde arriba está la defensa del pueblo y abajo los defensores de las oligarquías económicas o políticas.

 

3. Otorga un valor supremo al sentimiento popular, ya sea patriótico, folclórico o religioso.

En la Argentina para denunciar el pensamiento universitario dominado por la oligarquía se difundió el eslogan “Alpargatas sí, libros no”. Los populismos saben que el pueblo será salvado cuando la cultura, la ciencia y la tecnología sean alcanzadas por el poder popular. Los populismos extienden la enseñanza a la población (un caso poco señalado es que entre 1945 y 1955 la Universidad Nacional de Buenos Aires pasó de contar apenas con 5.000 estudiantes a más de 85.000). El populismo valora el sentimiento popular, pero no rechaza el desarrollo intelectual de la población mientras no sea utilizado contra los intereses de las mayorías. El sentimiento popular es primordial pero no es el único valor; esta posición es contraria a las doctrinas intelectualistas que creen que el pensamiento doctrinario es todo, y que fuera de él no existe nada, o puro sentimentalismo mediocre.

Muchos pensadores europeos, y también el sociólogo romano Gino Germani, llegaron a la conclusión de que no entendían al peronismo. Lógico, con escalas extrañas no se pueden medir fenómenos de otra naturaleza. Sin embargo, Germani entendió claramente que el peronismo no era un fascismo. Son muchos los que no lo entienden, como a otras expresiones populistas, pero pocos los sinceros que lo afirman. Es mejor afirmar no entender que desclasificar sin conocer.

 

4. La Democracia burguesa o republicana poco tiene que ver con las Democracias populares.

Los liberales afirman que son republicanos porque no son monárquicos, y democráticos porque las autoridades son electas. Creen en la división de los poderes del Estado (no en los otros poderes del país). Se constituyen más en defensores de los partidos (instrumentales) que de los pueblos (sustanciales). Aman la libertad mediática y los partidos políticos aún cuando estén controlados por poderosos intereses financieros, incluso de fuera de la nación. No creen en los plebiscitos populares para decidir posiciones que el Estado debe tomar. No creen en las elecciones destituyentes de políticos electos que realizan actividades contrarias al bien común. Los términos políticos son muy gastados, pero el populismo adopta el concepto de Democracia Popular, a pesar que fuera utilizado por alguna dictadura de signo comunista en Europa y en Asia.

 

5. Cree en la unión nacional y rechaza los grietismos.

Para el populismo la unión nacional es de importancia vital. Sin ella, y provocado por ellos, los imperialismos no tendrían facilidad en dominar a otros país. Para el populismo hay adversarios políticos con los que se contiende en las elecciones. Con los adversarios se pierde o se gana, pero los traidores de la patria son los enemigos asociados con intereses extranjeros. Los traidores de la patria no son Pueblo. Los populismos respetan los valores de todas las religiones de carácter popular. Lo hace por la importancia que las religiones tienen en las costumbres de la sociedad, y no por razones metafísicas o dogmáticas. Los liberales y socialismos adoptan posturas laicistas y antirreligiosas frente a todas las religiones.

Qué difícil resulta definir al populismo con conceptos liberales o marxistas. Qué fácil es entenderlo con las apreciaciones más comunes de los sectores más sencillos.

 

[1] Gilardi, N. (2019), “La difícil tarea de explicar qué es el peronismo, según Alejandro Grimson”, Infobae, 3 de mayo.
[2] El suizo J. J. Rousseau, el francés Voltaire, el inglés J. Locke, el escocés A. Smith y el alemán C. Marx son algunos de los principales constructores del pensamiento republicano y su mercado libre, o más adelante la dictadura proletaria. El fascismo es una construcción ítalo-germana desarrollada por el italiano B. Mussolini. Todas esas ideologías sirvieron al centroeuropeísmo (incluida Rusia) heredado por el usacentrismo.
[3] No es casual que uno de los populismos americanos, el cardenismo mexicano, impusiera la opción de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. El general Lázaro Cárdenas quedó consagrado como el rescatador del petróleo nacional. Por otra parte, hoy en Rusia, Putin toma estas medidas y otras como la consagración de Moscú a la Virgen de Kazán, cuya celebración es el Día de la Unidad Nacional.
[4] Grimson, A. (2019), ¿Qué es el peronismo?, Siglo Veintiuno, Bs. Aires. P. 29.
[5] Ver Krauze, E. (2005), “Decálogo del populismo iberoamericano”, Opinión, México, 13 de octubre, y Krauze, E. (2021), “¿Estamos destinados al populismo?, La Nación, Buenos Aires, 11 de marzo.
[6] Dugin, A. (2019), “Metafísica del Populismo”, Nomos, Buenos Aires, 13 de diciembre.
[7] Grimson, A., op. cit., p. 29.

 

 

 

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