Ser pobre se paga caro

La inflación de los que no tienen

 

El índice de inflación mensual que reconoce el gobierno nacional volvió a subir, y con 2,1% quedó en julio un poco más lejos de cumplir promesas presidenciales con fecha de vencimiento. No parece próximo su comienzo en cero, ni sensato esperar un pronto certificado de defunción para el alza cotidiana de precios.

En cambio, la inflación interanual reconocida se consolida por encima del 30%. Al cabo de siete meses, el acumulado de 2026 (de 19,3%) quedó muy cerca de duplicar el 10,1% que el mismo oficialismo había pronosticado para todo el año al elaborar el proyecto que parte de la oposición consintió como presupuesto. Este presupuesto habilitó otra forma de recorte sobre los recursos del Estado para atender las necesidades de una población con títulos de propiedad sobre penas y deudas.

La supervivencia inflacionaria no parece ilógica. Sólo los desplomes de la demanda, por la destrucción de empleo y la merma salarial, podían justificar en la paz de los cementerios alguna expectativa de baja. El ejemplo es el rubro de indumentaria, que lo paga con precios que se derrumbaron 1,3% y menor utilización de la capacidad instalada fabril. El viernes 14, al cierre de esta nota, el propio INDEC publicó el valor estimativo de junio: las fábricas del ramo textil usaron entonces un 46,6% de su capacidad instalada, casi cuatro puntos por debajo de la que informaron a mediados de 2025. En noviembre de 2023, último mes completo antes del arribo de Javier Milei a la Casa Rosada, la utilización había sido de 59,1%

En sentido inverso opera sobre la inflación cada salto en los surtidores de combustibles y los habilitados para las facturas de los otrora llamados servicios públicos. Estos integran la categoría con mayor alza de precios, interanual y en lo que va del año (bienes y servicios regulados, con 44,4% y 25,7%, según cada variable temporal). Sin embargo, para explicar el repunte inflacionario del último mes, los culpables predilectos fueron las vacaciones de invierno y el aguinaldo, por los saltos consignados en los rubros de recreación, hotelería y gastronomía.

 

 

Dos velocidades

La actualización del INDEC de sus canastas alimentaria y total, publicada por el organismo el mismo día, resultó menos explorada que el repunte del IPC. Sin embargo, son cestas relevantes: cada mes fijan las fronteras de indigencia y pobreza, respectivamente, y colocan dígitos oficiales a uno de los síntomas de la puja distributiva.

La canasta básica alimentaria, que se mide en el área metropolitana de Buenos Aires y traza la línea en la que la pobreza se convierte en indigencia, padeció según el INDEC un alza de precios de 2,6% en julio, lo que colocó su aumento mensual por encima de:

  • el conjunto de precios medidos en el IPC, cuyo nivel general fue calculado en 2,1% por sobre el del mes anterior; 
  • el rubro de “alimentos y bebidas no alcohólicas” contemplado en él, para el que se estimó un salto de 2%, y 
  • la canasta básica total, que también en el Gran Buenos Aires mide el conjunto de bienes y servicios a los que es necesario acceder para no ingresar en la pobreza, cuyo aumento mensual fue computado en 2,2%.

De ese modo, según los propios registros oficiales, la vida de los sectores más vulnerados se encareció en julio con mayor intensidad que la del resto de la sociedad. 

 

 

Cuarteles de invierno

Julio no fue el primer mes de anarcocapitalismo en que los consumos indispensables para sobrevivir aumentaron a mayor velocidad que el conjunto de los productos y servicios medidos: siempre según el INDEC, la inflación en los alimentos esenciales superó al nivel general en siete de los últimos doce y la tendencia se plasma en la distancia entre sus interanuales, de 37,4% y 33,8%. 

La aceleración en las canastas básicas se corrobora también cuando se trazan comparativas de más largo aliento: 

  • en los primeros siete meses de 2025, la alimentaria había acumulado incrementos por 14,7% y la total, por 12,2%; 
  • un año después, el acumulado para el mismo tramo del calendario es de 20,1% y 19,6%, respectivamente; 
  • en términos interanuales, la alimentaria había aumentado entonces 27%, mientras que en 2026 lo hizo 37,4%; y
  • la total había registrado en julio de 2025 incrementos interanuales por 27,6% y un año después, por 36,1%. 

El panorama reciente aleja a los registros oficiales actuales de los de la primera docena de meses bajo el signo anarcocapitalista. En cada corte mensual, entre enero y diciembre de 2024, la canasta básica alimentaria había visto aumentar sus precios por debajo del IPC. Por lo tanto, en el primer cuarto de mandato presidencial de Milei el impacto del programa económico tuvo mayor intensidad sobre los consumos de las clases medias que entre pobres e indigentes. 

Junto al incremento de las políticas asistenciales, son los factores que edificaron la sostenibilidad inicial del programa, de modo de evitar un corte por lo más delgado. Para insistir en que los sueldos vencen a la inflación y que el gobierno nacional libera a cada vez más millones de la pobreza, el discurso se ha apoyado en los supuestos ingresos de un empleo informal en real expansión, en detrimento del trabajo con las garantías propias de la formalidad. Los registros de los ingresos informales dependen de la consulta a quienes los perciben y no ofrecen posibilidad de confrontarlo con datos administrativos, como sí ocurre con las remuneraciones formales.

Los datos de empleo y salarios arrastran un habitual rezago de entre dos y tres meses, por lo que la otra parte del diagnóstico sobre el país del invierno podrá retratarse cuando estemos en primavera. Los más recientes son otoñales y rojos: corresponden a mayo, cuando se asentaron unas 12.000 personas menos que en abril dentro del trabajo registrado, una merma de 148.000 respecto de un año antes dentro del universo asalariado formal y cerca de 350.000 por debajo del último mes que finalizó en la Argentina antes del anarcocapitalismo.

 

 

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