Si TRUMP SE RESFRÍA

Militarización de la política económica norteamericana, geopolítica del ajuste y corrida cambiaria

 

A una semana de su debut, la política monetaria de la nueva fase del ajuste impuesto por el FMI exhibe sus limitaciones. Basada en el congelamiento de la creación de dinero hasta junio de 2019 y en la absorción de los pesos en manos de los bancos por medio de la colocación de Letras de Liquidez del Banco Central (Leliq) que vencen cada 7 días y se rigen por elevadísimas tasas de interés, esta política tiene por objetivo inducir a los bancos a mantener sus inversiones en pesos, a vender sus dólares y a hacerse de pesos para invertir en Leliqs. En esta nueva fase, el Banco Central ha aumentado los encajes bancarios al 44% (es decir la porción de dinero de terceros que los bancos mantienen inmovilizada) habilitandolos a integrar esa porción de dinero con Leliqs. Es decir, con papeles del Banco Central.

Esta política genera una deuda financiera que crece exponencialmente y es insostenible. El Banco Central deberá renovar todos sus pasivos monetarios y los intereses generados para evitar que los pesos prestados vuelvan a circular en el mercado. Para ello hasta diciembre de este año la tasa de interés de las Leliqs no puede ser menor al 60% . En solo una semana esta tasa ha llegado al 73%. Se estima que en ese periodo el Banco Central ha desembolsado 1.000 millones de pesos diarios en concepto de tasas de interés. La deuda ha crecido en ese lapso un 57% siendo actualmente de 500.000 millones de pesos.

Por otra parte, esta política monetaria busca controlar la corrida cambiaria y la inflación induciendo una profunda recesión a partir de un brutal encarecimiento del crédito y las consiguientes dificultades para la refinanciación del endeudamiento. Esto ha llevado a Moody’s a advertir sobre el riesgo de morosidad creciente, y preanuncia el corte de la cadena de pagos y la hiperinflación. Todos estos fenómenos generan una enorme incertidumbre y contribuyen a mantener al dólar en el centro de la escena.

La restricción monetaria se acompaña de bandas dentro de las cuales deberá fluctuar el tipo de cambio en el futuro. Esta semana el dólar ha fluctuado dentro de las mismas llegando a los 38$ el viernes y retrocediendo en 3,50$ en relación a los máximos valores alcanzados la semana anterior. Sin embargo, el enorme costo que significan las altísimas tasas de interés que fueron necesarias para lograr esto, y el impacto que tuvo sobre la fluctuación del dólar el aumento el miércoles pasado de las tasas de interés de la Reserva Federal, ponen en evidencia la necesidad de analizar la relevancia de factores externos sobre las decisiones de política monetaria inherentes a la nueva fase del Acuerdo con el FMI. Más precisamente, el análisis de las relaciones de poder que subyacen a la coyuntura económica global permitirá arrojar luz sobre los límites de la política monetaria actual.

 

La política económica de Trump

El desarrollo de la industria de guerra y la innovación tecnológica asociada a la misma constituyen la cara oculta de la expansión mundial de los Estados Unidos, centro del capitalismo global monopólico. Esto ha culminado en un estado de guerra permanente en el planeta, que aunque invisibilizado por largo tiempo cada vez tiene mayor incidencia en nuestra realidad inmediata.

Hoy el mundo está sacudido por una creciente competencia entre grandes corporaciones multinacionales (públicas y privadas) y entre países por la apropiación de ingresos, riqueza acumulada, mercados y recursos no renovables en vías de extinción. Esto ocurre en un contexto caracterizado por una brecha creciente entre el crecimiento del endeudamiento y el de la producción en circunstancias en que la interpenetración de la producción y las finanzas globales ha alcanzado niveles inéditos en la historia de la humanidad .

Estos fenómenos han desembocado en una creciente conflictividad y en una coyuntura económica y financiera de extrema fragilidad. Mientras el 1% de la población concentra la riqueza mundial y la protesta social se expande en movimientos populistas de distinto signo, las políticas económicas adoptadas por el gobierno de Trump reproducen las tendencias estructurales y derivan en una militarización creciente de la política comercial y financiera norteamericana.

 

Estímulo a la producción

Trump gano las elecciones de 2016, montado en demandas populistas largamente silenciadas y bajo la consigna de restituir la grandeza americana perdida en las ultimas décadas. Para ello propuso una legislación destinada a estimular la producción en el territorio norteamericano creando trabajo, mejorando los salarios, y restituyendo las fábricas en las zonas desindustrializadas del país. Un año después, y luego de una intensa batalla partidaria, el Congreso aprobó una ley impositiva (Tax Cuts Jobs Act) y un presupuesto que implicaron un estímulo equivalente al 1,4% del Producto Bruto, el mayor otorgado desde la Segunda Guerra en periodos sin recesión. La reforma impositiva fue, sin embargo, altamente inequitativa implicando una fuerte quita de impuestos a las corporaciones al mismo tiempo que la mayoría de la población recibía beneficios mínimos. A su vez, el presupuesto aumentó los límites del gasto discrecional (operativo) en 2018 y 2019 pero la mayor proporción de este incremento fue destinado a los intereses de la deuda (19% de aumento) y al gasto en defensa (6,4% de aumento). Como resultado de este estímulo, el crecimiento del Producto Bruto pasó de 2,2% en el primer trimestre de este año a 4,2% en el segundo. Sin embargo, como consecuencia del mayor gasto y de los menores ingresos impositivos, el déficit ha crecido un 33% en lo que va del año.

Así, un rasgo distintivo de la corta era Trump ha sido el mejoramiento circunstancial e insostenible del crecimiento en base a exenciones tributarias especialmente destinadas a las corporaciones y en un crecimiento paralelo del endeudamiento y del gasto en defensa. Este estímulo no puede resolver los desequilibrios macroeconómicos y la brecha estructural entre el crecimiento del producto y el de la deuda, y está condenado a agotarse en el corto plazo. Sin embargo, ha tenido un impacto considerable en el mercado de acciones, incrementando la burbuja de precios producida por la política de facilitación monetaria (QE, quantitative easing) y bajas tasas de interés seguida por la Reserva Federal desde 2008.

En abierto contraste con el débil crecimiento de la economía desde la crisis financiera de 2008, los precios de las acciones en el mercado financiero norteamericano no han cesado de subir (300% en el S&P 500, 400%, en el Russell 2000 y 500% en el NASDAQ, zerohedge 25 7 2018). Esta evolución fue impulsada por la recompra de acciones por parte de las empresas para mejorar sus precios y rentabilidad financiera, en un contexto de bajas tasas de interés. Esta recompra sustituyó a la inversión productiva y dio lugar a un enorme crecimiento de la deuda corporativa. El estímulo impositivo de Trump ha profundizado esta situación: en lo que va de 2018 la recompra de acciones por las corporaciones ha aumentado un 46% ( Goldman en zerohedge 16 9 2018) y el índice Nasdaq ha crecido mas de un 15%. A su vez, el índice S&P 500 ha crecido un 8.6% en lo que va del año y el rendimiento de las 10 corporaciones más grandes equivale al 122% del total del rendimiento del S&P en el mismo periodo, (Zero hedge 16 7 2018). La deuda corporativa es hoy un 40% superior a lo que era en 2008, habiendo crecido un 45% mas que el Producto Bruto norteamericano.

Estas circunstancias han contribuido a otorgar al mercado de acciones una importancia decisiva en lo que hace al posible desencadenamiento de una crisis financiera generalizada. A esto también ha contribuido la guerra comercial desatada por Trump contra China, al acrecentar la vulnerabilidad del precio de las acciones de las corporaciones que tienen presencia en la economía China, especialmente las más poderosas: las tecnológicas, que han liderado el desempeño global de todas las acciones desde 2008. Hoy esta performance se ve amenazada por la volatilidad de precios y la posibilidad de caída súbita debido a posibles represalias de China. En caso de concretarse estas represalias, la implosión de la burbuja del mercado de acciones estará a la orden del día, dado el rol central que tienen las acciones de las corporaciones tecnológicas en las finanzas norteamericanas.

 

 

La guerra comercial

La guerra comercial de Trump contra aliados y enemigos, y especialmente contra China, impacta sobre las cadenas de valor global y por esta vía amenaza a la producción y al comercio internacional y en particular al norteamericano. Las imposición de tarifas del 10% a productos de exportación provenientes de China por un valor de 200.000 millones de dólares, y la promesa de Trump de pasar a una nueva fase a partir de enero de 2019, en la que se gravaran otros 200.000 millones de dólares de productos chinos y se elevaran las tarifas al 25% va a impactar significativamente en la producción norteamericana. La guerra de tarifas ya ha afectado a la producción de zonas rurales e industriales norteamericanas de distinta manera: desde el cierre del mercado chino a la exportación de productos agropecuarios a la desarticulación de cadenas de valor global afectando la circulación de partes y componentes de bienes producidos en los Estados Unidos, llevando en algunos caso al cierre de la producción y en todos los casos a aumentos de precios significativos (impacto en automotor, fondos soberanos: zero hedge 26 9 2018). Esto ha dado lugar a un movimiento de protesta liderado por los productores agropecuarios y 82 cámaras que nuclean a distintos sectores de la industria y del comercio. Buena parte de las regiones que votaron a Trump ya se han visto afectadas por las consecuencias de esta guerra comercial (zero hedge 17 9 2018).

Los fines perseguidos con esta política son múltiples y trascienden a los objetivos meramente comerciales. Por un lado, la guerra comercial busca en primera instancia poner limites al desarrollo tecnológico de China en las áreas de computación cuántica, inteligencia artificial, robótica, seguridad cibernética, e impedir la transferencia de estas tecnologías a la carrera armamentista (BoFA zerohedge25 5 2018). La imposición de tarifas a las importaciones provenientes de China también busca impedir la transferencia de tecnología de las corporaciones norteamericanas a sus socias chinas, siendo esta una exigencia del gobierno chino a las corporaciones norteamericanas para poder operar en su territorio. Paradójicamente, las tarifas impuestas por Trump también gravan a las exportaciones hacia los Estados Unidos de las corporaciones norteamericanas ubicadas en China y atentan contra la rentabilidad de estas empresas. Otro objetivo perseguido por la política de tarifas es imponerle a China la apertura de su sector financiero a las inversiones norteamericanas. Así, la guerra comercial con China se inscribe dentro del fenómeno global de la militarización creciente de la política económica norteamericana con el objeto de imponer los intereses estratégicos y coyunturales de este país en todo el planeta.

 

Militarización de la política financiera y comercial

En los últimos tiempos los Estados Unidos han utilizado su política financiera y comercial como un instrumento de guerra, buscando imponer cambios en la relación de fuerzas entre países, e incluso dentro de un mismo país, sea aliado, adversario o enemigo.

La militarización de las finanzas y del comercio ha sido intrínseca al desarrollo histórico del capitalismo, culminando en diversas ocasiones en incidentes de guerra abierta. El momento actual se diferencia del pasado, porque gracias a la enorme integración global de la producción y las finanzas, el impacto de la militarización financiera y comercial es mucho mayor, más profundo y acelerado. Así, políticas especificas destinadas a sancionar a un país determinado pueden tener muy rápidamente un impacto no buscado en otros países, y consecuencias negativas a nivel global.

En los últimos años los Estados Unidos han recurrido constantemente al uso explícito de la política financiera y comercial con el objetivo de castigar y disciplinar a algunos de sus aliados (i.e Comunidad Europea, Canadá, México, India) y para desarticular a países considerados enemigos (Rusia, China, Irán, Venezuela, Turquía ). Trump no solo ha recurrido a las amenazas. También ha puesto en acción un dispositivo de sanciones que busca desarticular tanto el comercio internacional de estos países como su uso de mecanismos financieros y de medios de pago global (i.e SWIFT). Estas sanciones se han dado conjuntamente con acciones de diversa índole destinadas a profundizar los conflictos sociales y políticos dentro de estos países. En este clima de conflictos y sanciones crecientes, la actividad especulativa de los capitales golondrina (bancos y fondos de inversión) se ha incrementado. Devenidos en verdaderos buitres, estos capitales desestabilizan a las monedas locales de los países sancionados, e inducen ventas masivas de activos y salida de capitales. En los últimos tiempos estos procesos han afectado especialmente a Rusia, China, Irán, Turquía, Venezuela pero también han tenido impacto sobre países aliados como por ejemplo la India y Corea del Sur.

Así, mas allá de las supuestas intenciones de funcionarios, fondos de inversión, y grandes bancos, existe una relación cada vez más marcada entre sanciones financieras por parte de los Estados Unidos, y el desencadenamiento al mismo tiempo de una vorágine especulativa que en forma complementaria erosiona la economía de los países afectados por estas políticas y se desborda hacia otros países y regiones. Esto profundiza el fenómeno global de la especulación con el carry trade y el consiguiente endeudamiento, fenómenos que han azotado a las economías emergentes como consecuencia de la política de facilitación monetaria y bajas tasas de interés seguida por la Reserva Federal desde 2008.

Así, en un contexto de creciente fragilidad de las finanzas internacionales, la militarización de la política financiera y comercial introduce un factor de desestabilización y riesgo de implosión en los mercados financieros internacionales que incide sobre nuestra realidad inmediata.

 

 

2 Comentarios
  1. José Pérez dice

    bueno, me parece que hay al menos un error. La deuda no puede ser 500.000 millones de pesos, debe ser más, y mucho más. Se trataría de U$S 13.000 millones, lo que sería una bicoca. Aclará porfa.

  2. Abel dice

    Excelente análisis del contexto mundial. Una mirada sumamente necesaria para poder comprender que gran parte de nuestra realidad también debe explicarse considerando las relaciones de poder a nivel mundial.

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