Sí, Wagner

La música que escuché mientras escribía

 

Al menos en la Argentina no hay definición más conocida de Wagner que la de Woody Allen: «Cuando escucho un buen rato su música me dan ganas de invadir Polonia». Pero quien mejor lo caracteriza es Daniel Barenboim: «Fue un antisemita asqueroso, pero eso no se percibe en su música. Es una figura fundamental en la música de Occidente, que enlazó el pasado, de Bach y Beethoven, con el futuro», al que Barenboim dedicó buena parte de su trabajo como director de dos de las principales orquestas del mundo, en Chicago y Berlín.

En El mercader de Venecia, Shakespeare toma como protagonista al usurero judío Shylock. Dickens encarna en el judío Fagin toda la maldad del mundo que ensombrece la infancia de Oliver Twist. Ideal para un comunicado pedregoso de los burócratas de la DAIA, reclamando la prohibición de Shakespeare, de Dickens, de Wagner.

 

 

Al Pacino, como el Shylock de Shakespeare, en Broadway, en 2010.
El Fagin de Dickens, por Joseph Clayton Clarke.

 

 

Pero en las óperas de Wagner no hay personajes judíos y cuando alguno tiene rasgos que podrían asociarse, en forma explícita los presenta como cristianos. Esto es muy curioso, porque al mismo tiempo que escribía esas obras musicales maravillosas, Wagner publicó (por primera vez en forma anónima en 1850, ya con su firma en 1868) un folleto antisemita, El judaísmo en la música. Pero no hay judíos malvados en sus óperas. Ese fue uno de los argumentos de Barenboim en 2001, cuando violó la prohibición vigente en Israel y dirigió como un bis, un pasaje de Tristán e Isolda.

Para colmo, una de las hijas de Wagner se casó con el principal teórico antisemita de Alemania, Houston Stewart Chamberlain, y su nuera Winifred, luego de enviudar puso el festival de Bayreuth al servicio de Hitler, de quien se sospecha que fue amante. Para complicar más las cosas, tanto Winifred como Chamberlain, ambos fanáticos de la superioridad germánica, eran ingleses de nacimiento.

 

 

Hitler con Winifred, viuda de Siegfried Wagner.

 

 

Pero Wagner murió antes de que Hitler naciera, por lo que ningún reproche directo sobre los crímenes del nazismo puede hacérsele. “Privarse de conocer esa música, te condena a no entender lo que vino después», como Stravinsky, escribió el músico y divulgador inglés David Lasserson.

Tony Palmer, director de un documental sobre Wagner que protagonizó Richard Burton, va aún más allá.

 

 

 

No es sólo que la grandeza de Wagner le asegura un lugar en el repertorio de cualquier teatro de ópera, sino que ese arte se debe a la monstruosa naturaleza del autor.  «De haber sido un tranquilo hombrecito de un suburbio intelectual de Londres, no hubiera escrito esa música extraordinaria», opina. Esto tiene que ver con lo que el gran intelectual palestino Edward Said (íntimo amigo de Barenboim, junto con quien denunciaron la ocupación de Palestina por Israel), llama el apego de Wagner al pasado, «a los mitos, a las tradiciones y a los logros germánicos; su prosa infatigable, abundante y pomposa, sobre las razas inferiores y los héroes sublimes (y germánicos)», que hacen de él «un personaje difícil de aceptar y más aun de amar o de admirar», ni en Israel ni en los países de Europa invadidos por Alemania.

El historiador Frederic Spotts, en su obra Bayreuth: una historia del Festival Wagner, escribió que para los nazis, las óperas de Wagner suponían una llamada “a la exaltación de los sentimientos románticos y mitológicos germánicos y a su profundo anhelo de redención. Que además les servían para sustituir su paranoico complejo de inferioridad con la convicción de pertenecer a un pueblo único y superior. El Bayreuth del Tercer Reich explotó de forma vergonzosa estos sentimientos en su propio beneficio”.

Alguna vez te conté el dilema de Furtwängler, el más extraordinario director de orquesta del siglo pasado. En 1934 se negó a expulsar a los músicos judíos de la Filarmónica y desafió la prohibición de interpretar obras de Mendelssohn y de Hindemith, por lo que perdió su cargo. Pero se lo devolvieron porque su prestigio internacional era útil para la propaganda oficial, que lo usó sin límites.

 

 

 

 

Después de 1945, fue sometido por los aliados al proceso de desnazificación, del que salió sin que le formularan cargos. Durante el interrogatorio dijo: «¿Acaso Thomas Mann realmente cree que en la Alemania de Himmler a uno no le debía ser permitido tocar a Beethoven? Quizás no lo haya notado, pero la gente lo necesitaba más que nunca, nadie anhelaba tanto oír a Beethoven y a su mensaje de libertad y amor humano, que estos alemanes que vivieron bajo el terror de Himmler. No me pesa haberme quedado con ellos”. Exiliado en Estados Unidos, Thomas Mann realizó programas de radio transmitidos por onda corta al pueblo alemán, dirigidos a socavar el apoyo social a Hitler.

Esta ya larga introducción precede a una versión especialmente atractiva de El anillo de los Nibelungos, grabada por la orquesta de la radio estatal de los Países Bajos, uno de los países que padecieron la barbarie nazi. No te la pierdas porque es superlativa.

 

 

 

 

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15 Comentarios
  1. Mario Lutz dice

    Efectivamente.
    El antisemitismo no era algo nuevo en la Alemania del siglo XIX. Sólo en 1669 comenzó a ser legal que los judíos se movieran de manera algo más libre por Ber-lín y sus alrededores, e incluso entonces únicamente a los judíos ricos se les permitió fijar allí su residencia. Los judíos que estaban de paso por Berlín (como el filósofo Moses Mendelssohn) tenían que entrar en la ciudad por la puerta Rosenthal, que fuera de eso era utilizada sólo para el ganado, y debían pagar el mismo impuesto que un granjero o un mercader pagaban por sus animales o mercadería. Los judíos, en contraste con los hugonotes, tenían prohibido poseer tierras, comerciar lana, madera, tabaco, cuero o vino, o ejercer una profesión. Había im¬puestos para cada situación imaginable en la vida de los judíos, ya fuera para viajar, casarse o tener hijos, entre otras cosas.
    Las declaraciones antisemitas de Wagner deben ser vistas con este tras¬fondo. El antisemitismo de su época era una enfermedad ampliamente extendida desde tiempos inmemoriales, aun si los judíos eran aceptados, respetados o hasta honrados en ciertos círculos de la sociedad alemana. Un grado considera¬ble de antisemitismo era un componente incuestionable de los movimientos nacionalistas en la Europa de finales del siglo XIX

  2. Mario Lutz dice

    No se tome este comentario como una crítica sino un aporte de información, si de Wagner se escribe, no podemos omitir que Daniel Barenboim y James Levine, ambos judíos, dominaron el podio del teatro de los Festivales de Bayreuth durante las décadas de los ’80 y ’90, Barenboim realizó lecturas completas de “Tristán e Isolda”, “Los Maestros Cantores de Nüremberg” (obra que el teatro Colón ignora desde 1980) y la tetralogía “El Anillo del Nibelungo” entre 1981 y 1999, más de 160 presentaciones entre ópera y conciertos.
    Una reacción burocrática de la DAIA demostraría ignorancia ya que existe una larga lista de músicos judíos que defendieron la música de Wagner, desde Sir Georg Solti el primero en registras “el Anillo” en el estudio de grabación pasando por Lenny Berstein que dijo sobre el compositor: “lo odio, pero lo odio de rodillas”.
    Efectivamente, no hay judíos malvados en sus óperas, pero las puestas de escena modernas se encargan de incorporarlos a partir de los caprichos de la regie iconoclasta. Basta ver las fotos del “Anillo” del centenario de Patrice Chéreau caracterizando a Mime como herrero nariz típica y lentes o el Beckmesser diseñado por Barrie Khoski (quien se autodefine como un canguro gay y judío) para los “Maestros Cantores” en el mismo Bayreuth.
    Si damos espacio a las sospechas, dejemos lugar a la realidad. Houston Stewart Chamberlain el autor de “Los Fundamentos del Siglo XIX” se unió a la familia en 1908 casándose con Eva Wagner. Mitad inglesa mitad alemana, Winifred adoptó fácilmente las ideas de este “promotor de las razas” ilustre y admirado compatriota y cuando se casa con Sigfrido Wagner también adopta en su nuevo entorno familiar el nacionalismo de su fallecido suegro.
    Winifred Wagner y Adolfo Hitler se habían conocido y entablado amistad mucho antes de que los nazis asumieran el poder. Hitler, que había tomado de Houston Stewart Chamberlain y las partes esenciales de una ideología compuesta de todos los elementos posibles e imaginables, además de la tardía admiración por Gobineau, debía sentirse lógicamente cómodo en una casa donde todavía flotaba el espíritu de aquel.
    EI mundo nórdico den El Anillo se impuso fuertemente a Hitler que este ignoro tranquilamente Parsifal. Su “complejo de Nuremberg” se alimentaba sin cesar de Los maestros cantores: comprendiendo apenas, y eso a su manera, las palabras de Hans Sachs sobre “los vapores y las imaginerías extranjeras” pero olvidando la famosa frase de ese mismo Sachs al inicio del 3er. Acto: “Demencia, demencia, por todas partes demencia” Hitler había hallado a su dios, y Bayreuth a su nuevo protector. Aunque hayan existido relaciones muy estrechas y muy amistosas, basadas en ciertas afinidades ideológicas, entre Hitler y Winifred Wagner, es sin embargo real que la nueva heredera de Bayreuth concedió gran importancia al hecho de verse liberada de una vez por todas de sus constantes preocupaciones financieras.
    En aquellos tiempos previo a la Segunda Guerra, los Festivales de Bayreuth eran difíciles de mantener, muy frecuentemente no se vendían más que veinte localidades para un “Tristán”, se repartían gratis localidades para llenar el teatro.
    Sigfrido que dirigía el Teatro de los Festivales desde 1908 a la sombra de su autoritaria madre, fallece tan solo cuatro meses des pues que ella en 1930. Es el comienzo del breve ¿reinado¿ de Winifried Wagner durante el cual si se es honesto debe reconocerse que a los Festivales fueron invitados prestigiosos artistas judíos.
    Estos tiempos más que por la personalidad de los 33 inmaduros años de Winifried debe estudiarse por el entorno detestable de la época. Tanto ella como muchos de sus contemporáneos no se dieron cuenta del carácter aleatorio de las teorías de Chamberlain, pero también debe analizarse con honestidad el nacionalismo a ultranza de Wagner. Por ejemplo Thomas Man ha destacado enérgicamente que el ideal nacional del SIGLO XIX del compositor era mucho más puro, noble que las divagaciones nacionalistas del Siglo XX al calor del final de la primera guerra, la revolución rusa, etc. etc.
    Recurrir a leyendas, mitos, personajes fantásticos no era patrimonio alemán, también los eslavos lo hacían y era la forma de llegar rápidamente a la conciencia del espectador que conocía a algunos a través de leyendas populares.

  3. Mateo Rodriguez Voltá dice

    Para opinar sobre Richard Wagner y relacionar con el nazismo , previamente se debe leer y aprender sobre la historia de Alemania en el siglo 19. Alemania era un país formado por estados independientes , parte de ellos influenciado por Prusia y otros por el imperio Austrohungaro, y por si fuese poco unaparte invadida por Francia. En esos movimientos historicos y revolucionarios se ubicala figura de Wagner.

  4. Horacio Verbitsky dice

    Me pareció un buen disco Ensimismado.

  5. Paula dice

    Amo la musica de Wagner. Y creo que fue un ser absolutamente despreciable, aprovechador, misógino, egocéntrico, racista y tantas otras cosas. A veces resulta dificil pensar que musica tan maravillosa haya salido de ese mismo hombre. Pero su legado musical es indiscutuble. La tetralogia, Tristan, Lohengrin… en fin. Sublime. Y él… despreciable.

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