Soberanía Energética

Para un proyecto de desarrollo nacional

 

 

Desde el Instituto de Energía Scalabrini Ortiz (IESO), reflexionaremos sobre el tema energético argentino partiendo  de la intervención del gobernador Axel Kicillof en el Congreso de Energía co-organizado por IESO los días 11 y 12 de noviembre en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de la Plata. Lo haremos en forma limitada e intercalando opiniones complementarias, dada la riqueza conceptual de la intervención de Axel Kicillof y las coincidencias fundamentales para el desarrollo que se dan con IESO. No es casual, teniendo en cuenta las potencialidades del territorio y las necesidades de la población, que las conclusiones sean similares.

Desde IESO insistimos, desde hace años, en la necesidad de recuperar las fuentes energéticas argentinas para el desarrollo nacional. YPF es una herramienta central y necesaria, pero hoy no está disponible para explorar, extraer, transportar, refinar, producir desarrollos tecnológicos propios, desarrollar una red de proveedores locales compuesta por empresas argentinas de capital interno y los obtenibles de los que quieran y acepten participar de la extracción con condiciones impuestas por el propietario del recurso: el pueblo. Vender internamente a precios en moneda local, acordes con el costo argentino y no inflados por el precio internacional que lo saca del alcance del legítimo propietario. Ni YPF ni el gobierno nacional lo hacen.

 

 

Una discusión obturada, pero indispensable

Este congreso es resultado de un trabajo previo. Veníamos transcurriendo una transición energética inconveniente y de repente estalló la guerra en Europa y cambiamos los temas de conversación, pasamos a los precios de los combustibles, se despejó el tema y se puso en tensión la verdadera naturaleza del problema energético.

Hoy estamos en un momento de energía escasa y cara en el mundo. La energía es una causa y un factor central en la geopolítica mundial y, ahora, de la guerra.

Se ha instalado en el sentido común argentino una idea que es afín a las políticas que criticamos. Una parte de la sociedad argentina tiene una comprensión de la cuestión energética local que se manifiesta afín a la visión conservadora y vendepatria. Los economistas (academia actual) ignoran el tema energético y tienen una visión ortodoxa, neoliberal, privatista. O sea que, si se aplica al terreno de la energía, las conclusiones a las que llegan son las que nos quieren instalar como verdades reveladas las grandes petroleras privadas, todas extranjeras.

Ni siquiera hay espacio para opiniones divergentes. Por eso el público en general y muchos dirigentes no saben lo que pensamos los profesionales argentinos y por qué. Se le atribuyen los temas a posiciones irracionales, ideológicas, populistas, clientelistas, una serie de adjetivos que tienen atributos negativos para una porción de la audiencia, pero en concreto nada. Las cosas se hacen así, porque sí. (De paso los intereses foráneos se hacen buenas diferencias en dólares).

 

 

La historia de un desarrollo soberano y sus consecuencias

Un breve desarrollo histórico: en 1907 Enrique Mosconi buscaba petróleo en Comodoro Rivadavia y lo encontró. Hay dos tipos de países: los que tienen petróleo (una gran ventaja) y los que no lo tienen. A partir de la revolución industrial los motores de combustión interna fueron un factor central para la movilidad, pero también para todas las formas de producción vinculadas a la vida actual. Entonces, eso es un parteaguas: países con o sin petróleo.

¿Por qué está bueno tener petróleo? En la mayoría de los países, es patrimonio social común, nacional. El país tiene petróleo, el pueblo es su dueño, no el superficiario, es nacional. Más tarde Menem impuso una particularidad neoliberal: fue provincializada la propiedad de los recursos naturales. Axel dijo: “No estamos de acuerdo con la provincialización. (…) Es importante que la provincia que tenga valiosos recursos naturales tenga una participación en esa riqueza”. O sea: “No discuto las regalías, estoy de acuerdo. Pero no con la propiedad del recurso”. En IESO siempre nos hemos manifestado así, incluso en los debates parlamentarios en que esto se discutió.

¿Cuál es la diferencia entre un país con hidrocarburos y uno sin? Obviamente, es algo central, determinante tecnológico y para el desarrollo económico y los niveles de bienestar y riqueza. Hay una diferencia enorme: es mucho mejor tener que no tener, pero una vez que la tenés, ¿qué hacés con esa riqueza? La respuesta es clave para el bienestar.

La Argentina en América Latina se distinguía por tener industria, que tuvo un elevado nivel de desarrollo. Luego sacrificada y deteriorada por los gobiernos neoliberales en aras de las iniciativas de intereses no nacionales. Hoy el grado industrial que retiene la Argentina se debe en buena medida a que es un país con hidrocarburos. Es central en todas sus fases. No solo tenerlo, sino usarlo para eso. No vender los hidrocarburos simplemente al extranjero para tener divisas y cobrarlos internamente a precio internacional, como si los tuviéramos que importar. Eso es anti desarrollo.

La Argentina, al poco tiempo de tener petróleo, creó una compañía estatal para explotar los yacimientos petrolíferos, YPF. E YPF utilizó ese recurso codiciado y caro para el desarrollo nacional, para la industrialización del país. Y eso, ¿cómo se concreta? ¿De qué se trata? De vender los hidrocarburos a costo argentino. Tenemos petróleo, lo extraemos, gasoducto al exterior, oleoducto a un puerto y se va todo el petróleo. ¿Qué hacemos con los precios internos? En el modelo hoy imperante, lo vendemos internamente al precio internacional. Y si lo vendemos al consumidor argentino a precio internacional, es lo mismo tenerlo, que no tenerlo. Ya dejamos de ser un país petrolero, aun teniendo petróleo, planteó Axel.

¿Qué es usarlo para el desarrollo nacional? Vender la energía producida en la Argentina a costo argentino. ¿Por qué? Está vinculado con la industrialización porque obviamente es un factor, no solo de bienestar, porque abarata los bienes producidos, pero también se vende para el consumo de las familias, entonces es directamente una forma de salario indirecto, de redistribución, del abaratamiento de uno de los factores centrales que determinan el costo de vida. O sea, por los dos lados abarata la producción y el costo de vida.

Pero también se convierte en un factor central de la competitividad de la industria nacional y una ni arbitraria ni artificial, genuina. Entonces, es prácticamente un factor natural, pero que, en base al trabajo humano, en base a la inversión y a una política del Estado, se convierte en un elemento que hace competitiva la industria nacional. Le aumenta la productividad. Destacamos desde IESO que solo 12 países fabrican en el mundo equipamiento para petróleo, uno es la Argentina; de esos 12, solo seis de ellos son productores de petróleo. O sea, somos de los muy pocos países (6) que hacemos ambas cosas. (Y las descuidamos.)

En la Argentina, al tener industria se generaron una cantidad de actividades vinculadas que no existen en los países de producción primaria, en el modelo agroexportador. Una batería de técnicos y profesionales de diferente tipo, hijos de una universidad pública potente. Por eso, no es de extrañar que los que están en contra de un modelo de crecimiento de la industria, también estén en contra de la universidad pública. Un modelo con industria, con industrialización, es la génesis de la clase media. Todos lo ven a escala latinoamericana, todos dicen: “Che, cuánta clase media en la Argentina. Cuántos profesionales, cuántas universidades, cuántos psicólogos hay en la Argentina”.

Si no hubiera industrialización, seríamos un país subdesarrollado; sin esta particularidad de una clase media voluminosa, producto de salarios más elevados, de productividad más elevada, de actividades urbanas vinculadas al proceso industrial. Cada vez que la Argentina se pauperizó y que la clase media empezó a caer, fue porque se empezó a utilizar el modelo contrario en la cuestión energética y en la cuestión industrial, que sin energía a precios nacionales, decae.

Entonces, cuando dicen “qué oportunidad enorme que tiene la Argentina, porque tiene lo que el mundo pide. Tiene energía, litio, alimentos”, yo tiemblo. A ver si nos quieren primarizar de nuevo.

Resumiendo: la Argentina es un país que muy tempranamente encontró hidrocarburos en su subsuelo, que creó un instrumento público nacional para explotar, invertir en lo que hacía falta, para extraer ese petróleo y ese gas. Pero además para ser propietario y disponer de ese recurso, porque no es solo que YPF saque, sino que venda internamente a precios acordes al costo nacional, no a precios de exportación. Y ese fue el objetivo original. Como resultado de eso, teníamos un elemento de competitividad específico que a nosotros nos permitió desarrollar un nivel industrial extraordinario. Una cosa es la otra, sin una no hay la otra. Sin energía no hay industria nacional y densa. Y sin industria no hay clase media. Ni desarrollo científico técnico ni educación y salud masivas, para todos y todas.

 

 

Repsol y la destrucción de YPF

La desindustrialización argentina fue consecuencia del proceso de privatizaciones encarado por Carlos Menem; una de las más destructivas fue la privatización de YPF. Lo que ocurrió fue que la empresa estatal, testigo y líder, cambió de rubro. YPF con la gestión privada de Repsol, pasó a ser una estacionera. Se consumó una de las estafas más grandes a nivel nacional, que es la compra a precio vil y luego Menem vació YPF, en el volumen de operaciones, de pozos perforados, de actividad exploratoria. De ser una empresa líder continental, de tener ingenieros, centros propios de investigación y desarrollo, a no tener nada de eso. Liquidaron todo. También liquidaron los activos, vendieron todas las ganancias de YPF, áreas en el extranjero y a los ingenieros los pasaron a Repsol que de estacionera se convirtió en una petrolera con los recursos de YPF. Hoy opera en el Caribe, en el Mar Negro. Repsol desde el inicio pujó por el precio de venta de los hidrocarburos en la Argentina. ¿Cuál era la táctica? Sentarse arriba de los recursos y empezar a desabastecer. La Argentina se convirtió en importador de hidrocarburos. Axel refiere: «Con el gerente general de Repsol-YPF, lo que pretendíamos era que YPF-Repsol vendiera a un precio distinto del internacional. Cuando la Argentina empieza a tener déficit, lo que decían era: ‘Si ustedes nos pagan, a nosotros nos conviene producir acá’ (en dólares, claro). En aquel entonces yo era ministro de Economía o vice. Si nosotros pagamos lo mismo, ¿de qué nos sirve que se produzca acá?»

Algunos números

El gas en aquel momento, producido especialmente en Loma de Lata, como principal yacimiento, impresionante, descubierto en los ‘80, viró la matriz argentina hacia el gas por la aparición de yacimientos muy buenos, muy productivos. Se pagaba el gas interno 1,6 dólares, 1,4 dólares el millón de BTU.

 

 

El papel del Estado en el desarrollo

Antes de que se empezara a explotar el no convencional, todos sabíamos que en el interior de la roca madre había partículas que no estaban acumuladas en yacimientos. Todos sabían que era factible extraerlas, pero era muy caro, no había conocimientos suficientes para eso. ¿Quién desarrolló en el mundo técnicas que hicieran factible la extracción? Para que quede claro, los Estados. Ejemplos: la pantalla táctil, Internet, Facebook. Resulta que todos los avances técnicos de los no convencionales, los desarrolló el Estado (de USA).

YPF tiene hoy algo más del 30 % de lo que son las áreas de no convencional en Vaca Muerta. No es dueño, pero tiene concesionadas 30 % de las áreas. Eso ocurrió antes que se fuera Repsol, que nunca pensó invertir en Vaca Muerta. Lo que estaba haciendo era algo inmobiliario, vendiendo áreas propias para que terceros hagan la inversión. Dicho de otra manera, nunca los privados que manejaron YPF pensaron invertir en la Argentina. Tampoco en Shell. Perdimos el superávit, pasamos a un déficit violentísimo, con una conclusión: de estas políticas de las compañías y precios internacionales muy elevados que hicieron que había que importar muy caro lo que antes pagábamos barato, extraíamos y elaborábamos activamente, de modo independiente. Agregamos nosotros que en la Argentina, el Estado, sin desearlo, puso también mucho dinero para que los privados hicieran ese trabajo inicial. Hoy ya sabemos lo que hay que hacer.

«Al observar esto y ver que el recurso estaba, pero no querían sacarlo y en la conversación con el que era entonces el gerente general de la compañía le decíamos: ‘Ahí está, podés invertir’. Dijo: ‘No invierto porque esos yacimientos me parecen menos rentables que otros que estoy explotando en otras partes del mundo, uso la plata de la compañía para invertir donde quiero. Estoy invirtiendo en Guayana, Mar Negro, Costa de África y no quiero en la Argentina. Nadie me puede obligar porque soy una empresa privada'».

«Finalmente recuperamos YPF. Sin ella era imposible movilizar los recursos y poner a funcionar nuestra producción hidrocarburífera a punto de recuperar un saldo comercial equilibrado energético. Si no hay superávit comercial energético, hay problema de divisas, hay problemas de dependencias. Por eso no está bien llamarlo superávit o déficit comercial, hay que llamarlo soberanía energética. No es solo exportar igual o más de lo que importamos».

Es también ver qué hacemos con ese recurso, para qué se usa, eso es la soberanía: a qué precio se vende en pesos dentro de la Argentina. Axel pide que se venda a precio argentino, no a pérdida, sino al costo argentino de extracción en pesos. Porque vender por debajo es inviable para el Tesoro hoy, pero bien puede ser algo posible si interesa para el desarrollo nacional de algo. Obviamente la industria de hidrocarburos, por tratarse de un bien escaso y no renovable, a veces, cuando se le dan las condiciones, los petroleros se juntan y fijan precios. Pero si nuestro modelo de desarrollo nacional y el bienestar de los argentinos va a depender de lo que hacen cinco empresarios que fijan un precio, que después va a aparecer en tu hornalla, en tus lamparitas, en tu fábrica, eso no es soberanía, ni independencia y no es un modelo equitativo de desarrollo, que necesita que la Argentina tenga su propia Energía y la use “por y para” los argentinos. Que haga parte de su economía en pesos.

El mayor despilfarro es no sacar el petróleo y el gas que tenemos. Otro: sacarlo y mandarlo al exterior sin hacerlo jugar en el proceso de desarrollo nacional. Por eso es indispensable una unión de las provincias productoras con el Estado nacional, que discutan la política energética y que discutan con los actores de la energía desde una mirada nacional y con la capacidad que tiene el país federal, con una compañía gigantesca, YPF, que lo pone en situaciones de abuso. Argentina tiene lo que necesitamos los argentinos, no el mundo. YPF puede satisfacer esa necesidad argentina, productiva, de desarrollo industrial y hogareña. Esa es la discusión que viene, necesitamos desarrollarla en todos sus aspectos.

Hay un derecho a la energía que trasciende la cuestión conceptual. Es un derecho a poseer, a tener, a disfrutar, a utilizar un recurso que es nuestro. Porque en este caso la energía es nuestra, está ahí. Axel cree que hay que rediscutir el derecho a la energía.

Este texto es incompleto por ahora, por las muchas cosas que expuso el gobernador Kicillof y los demás expositores técnicos de las 40 mesas del Congreso de Energía. En IESO consideramos que los contenidos tienen la posibilidad del despegue económico con desarrollo industrial (más que solo crecimiento) para las condiciones de pobreza e indigencia que sufren hoy demasiados argentinos, destacando como nos diría Hebe desde su plaza de los jueves, que un pobre o un indigente es demasiado. Cero debe ser el máximo admisible.

 

 

 

Bruno Capra es Ingeniero de la UBA. Participa en IESO, Grupo Bolívar, Central de Entidades Empresarias Nacionales.

 

 

 

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