Soberanos o sucursales

La injerencia de Estados Unidos en América Latina

Petro, Lula y Sheinbaum resisten en minoría.

 

Pocas veces se ha visto a la región de América Latina y el Caribe tan subordinada a Estados Unidos en un escenario en el que su economía se encuentra en desaceleración, con incremento del desempleo, atrapada entre una inflación que no termina de ceder y un sector financiero que empieza a congelarse por falta de liquidez y en medio de una desgarradora pugna por mantener su poder hegemónico. Como muestra reciente se observa la caída del valor de las acciones de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, debido a problemas de liquidez que la llevaron a imponer un “corralito” por el aumento masivo de solicitudes de retiro por parte de los inversores. Esto ha ocasionado un efecto contagio a otros fondos, con fuerte impacto en la economía real, acompañado del mensaje de que el capital no es tan líquido ni seguro en Estados Unidos como se pensaba.

La extrema subordinación de la región a Washington se hizo visible, el miércoles, durante la investidura presidencial de José Antonio Kast en Chile, oportunidad en la que se hicieron presentes casi todos los Presidentes que avalaron la coalición militar para luchar contra el narcoterrorismo y alejar a China de la región en la Cumbre del Escudo de las Américas, el 7 de marzo, donde participaron 13 Presidentes, incluido Donald Trump.

La resiliencia a esta corriente política la pusieron de manifiesto, el viernes, los Presidentes de México, Brasil y Colombia en un comunicado conjunto en el que exigen el alto al fuego a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán y se ofrecen como mediadores.

Ese mismo día, el Presidente de Cuba informó sobre las conversaciones que se llevan a cabo con el gobierno estadounidense para no morir asfixiados por las brutales sanciones impuestas por Estados Unidos.

La región del Caribe no es ajena a este realineamiento con Estados Unidos, tal como lo tratamos en El Cohete en oportunidad de la Cumbre Presidencial de la Comunidad de Estados del Caribe (CARICOM) que agrupa a 15 países, 14 de los cuales forman parte de la OEA. En aquella reunión, en la que participó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se trató el tema de la deuda que esos países tienen con Venezuela a través de Petrocaribe, aquel mecanismo creado en 2005 a través del cual el país les vendía petróleo en condiciones financieras favorables. Sin embargo, no se invitó al gobierno actual, sino a sectores de la oposición venezolana.

 

Los US lovers

El 11 de marzo no solo marcó el inicio de la presidencia de José Antonio Kast en Chile, sino que reafirmó la capitulación de la autonomía estratégica de los países que días antes habían asistido a la Cumbre del Escudo de las Américas, en Miami, para dar inicio a un nuevo ciclo político caracterizado por una diplomacia que hipoteca su soberanía a un alineamiento automático con Estados Unidos y que renuncia a hablar con voz propia en un mundo que se perfila multipolar.

La creciente presencia de la derecha y ultraderecha en la región se vio en la postal que configuraron los Presidentes de la Argentina, Bolivia, República Dominicana, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Paraguay, Panamá, Uruguay (el único de los presentes que no participó del Escudo de las Américas) y el Vicepresidente de El Salvador. Además, participaron la aspirante a Presidenta de Venezuela, María Corina Machado, y el ex presidente a.i. Juan Guaidó; el ex Presidente Iván Duque; la candidata del Perú, Keiko Fujimori y el también candidato Flavio Bolsonaro, hecho que motivó la cancelación del viaje del Presidente Lula. El grupo de gobernantes –con la excepción del jefe de Estado uruguayo– y aspirantes no están buscando insertar a sus países de forma independiente, sino alinearlos de forma automática con los intereses de Washington y Tel Aviv.

En cuanto a Kast, se someterá a Estados Unidos como lo han hecho la mayoría de sus invitados. Por lo pronto ha firmado un memorándum de entendimiento con ese país para cooperar en el suministro de minerales críticos y tierras raras para reducir la dependencia de China en estas cadenas de suministros globales; ha cancelado el proyecto del cable submarino de Valparaíso a Hong Kong hasta que no se concluya, en 2027, el proyecto de cable submarino Humboldt que va de Valparaíso a Sydney, en Australia, a cargo de la empresa estadounidense Google; y se ha comprometido a analizar bajo criterios de seguridad nacional cualquier inversión en infraestructura crítica, al cuestionar la falta de transparencia en acuerdos previos con firmas estatales chinas.

La reacción de la Embajada de China en Santiago ante los anuncios de auditoría y revisión de proyectos estratégicos por parte de Kast ha sido de “cautela diplomática”. El embajador Niu Qingbao no ha perdido la oportunidad para declarar que “China no tiene interés en la competencia geopolítica con ningún país, en ningún ámbito. Creemos que el mundo es una comunidad con un futuro compartido”. Agregó que la política exterior china se basa en la cooperación y no en la confrontación y que “siempre hemos creído que la cooperación científica y comercial entre China y Chile no solo es mutuamente beneficiosa, sino que no debería ser objeto de presiones o interferencias de terceros”. Chile cuenta con al menos tres cables submarinos internacionales, todos conectados con Norteamérica. Ninguno pasa por Asia.

A diferencia de administraciones anteriores, Kast ha señalado un alejado de la postura de “equilibrio” tradicional para favorecer una alineación rápida con la agenda de Trump en la región.

 

José Antonio Kast.

 

Los tres mosqueteros

A la asunción de Kast no asistieron los Presidentes de Brasil, Colombia y México. La confirmación de que el senador Flavio Bolsonaro (hijo del ex Presidente Jair Bolsonaro) asistiría a la ceremonia fue un factor determinante para la cancelación del viaje de Lula. En su lugar, Brasil fue representado por su canciller, Mauro Vieira.

Gustavo Petro no fue invitado pues fue el único mandatario de la región que no felicitó formalmente a Kast por su triunfo electoral. El Presidente colombiano lanzó duras críticas contra el hoy mandatario chileno al calificarlo de nazi y fascista. Ante estos calificativos, el gobierno chileno, en ese momento aún bajo el mandato de Gabriel Boric, presentó una nota formal de protesta.

México no envió una representación de alto nivel. La administración de Claudia Sheinbaum optó por una participación mínima, al enviar únicamente una delegación técnica de la Cancillería.

Los tres Presidentes emitieron el viernes un comunicado conjunto exigiendo un cese al fuego inmediato en Medio Oriente ante la escalada de hostilidades entre Irán, Israel y Estados Unidos, ofreciendo su mediación para una salida diplomática. La declaración busca presionar por una desescalada militar para mitigar el impacto en los mercados energéticos globales, impulsada por una iniciativa regional para mantener a América Latina como zona de paz.

 

 

La declaración es políticamente correcta pero parece no tomar en cuenta la posición de Irán. El 12 de marzo el Presidente de ese país, Masoud Pezeshkian, y el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí (quien sucedió a su padre tras su asesinato el 28 de febrero de 2026) se pronunciaron sobre la guerra. Pezeshkian propuso una hoja de ruta para detener las hostilidades, basada en tres exigencias irrenunciables para la paz:

  1. que la coalición liderada por Estados Unidos acepte los derechos internacionales de Irán;
  2. el pago por los daños materiales y humanos causados durante la ofensiva militar; y
  3. un compromiso internacional vinculante de que no habrá futuros ataques contra territorio iraní (pues fueron bombardeados por Estados Unidos en dos oportunidades mientras ambas partes negociaban).

Asimismo, que se respete su infraestructura para desarrollar tecnología nuclear pues “es una cuestión de dignidad nacional”. Inclusive aceptarían cualquier tipo de verificación internacional rigurosa para demostrar que su programa es pacífico y confirmó que la cooperación con los inspectores de la Organización Internacional de Energía Atómica seguirá suspendida hasta que cesen las agresiones y se den garantías de seguridad.

Ese mismo día, Mojtaba Jameneí dio su primer mensaje oficial, en el que juró “vengar la sangre de los mártires”, incluyendo a su padre y a los civiles fallecidos en ataques recientes, como el de una escuela donde fallecieron 160 niñas. Añadió que la defensa iraní continuará siendo “efectiva y provocadora de arrepentimiento” para el enemigo. Ordenó mantener el cierre definitivo del Estrecho de Ormuz e instó a los países vecinos del Golfo a cerrar las bases militares estadounidenses en sus territorios lo antes posible. Jameneí condiciona cualquier fin de hostilidades al pago de indemnizaciones por los daños materiales sufridos. Ha advertido que, si no se pagan, Irán incautará o destruirá activos equivalentes de sus enemigos. Estas condiciones son inaceptables para el gobierno estadounidense, que ha respondido que cualquier intento de Irán por bloquear el Estrecho de Ormuz provocaría una respuesta “veinte veces más dura” y que el “fuego y la furia” reinarían sobre ellos. En este contexto, la diplomacia de gestos que hicieron Brasil, México y Colombia suena bien, pero tiene nula capacidad de disuasión y, por lo tanto, irrelevancia estratégica.

 

El último mohicano

Ese mismo viernes, el Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó en cadena nacional que su gobierno mantiene conversaciones directas con el de Estados Unidos. Según Díaz-Canel, los contactos buscan encontrar soluciones mediante el diálogo a las profundas diferencias históricas entre ambas naciones, el proceso se encuentra en sus etapas iniciales y aún se están construyendo las agendas para posibles acuerdos.

El mandatario admitió que la isla atraviesa una situación crítica debido a un bloqueo de combustible impuesto por Estados Unidos que ha impedido la llegada de petróleo en los últimos tres meses, lo que está afectando gravemente los servicios de salud, educación y transporte. Esta situación ha forzado al gobierno a buscar este canal de comunicación. Paralelamente, Cuba anunció la excarcelación de 51 presos políticos.

El problema es que Trump, con su política injerencista, mantiene una retórica de presión máxima, sugiriendo incluso la posibilidad de una “toma amistosa” de Cuba, y condiciona cualquier alivio económico “al desmantelamiento del sistema comunista”. Cuba insiste en que cualquier acuerdo debe basarse en la “igualdad y respeto a los sistemas políticos”. Sin embargo, con la economía colapsada, el riesgo de que la ayuda estadounidense vaya condicionada a una pérdida real de autonomía es prácticamente una realidad. A diferencia de Venezuela, donde hubo una intervención militar directa y un cambio de gobierno forzado, en Cuba el gobierno de Díaz-Canel está intentando negociar desde el poder, buscando un acuerdo que evite ese destino.

 

Epílogo

La injerencia de Estados Unidos en la región es descarada y no tiene pudor. Interviene en la política determinando resultados electorales como en la Argentina y Honduras; en los fallos de la justicia cuando los condenados son sus amigos, como en Colombia; asesina extrajudicialmente a tripulantes de lanchas (44 operaciones con más de 150 muertos) acusándolos sin ninguna prueba de ser narcotraficantes; presiona a los países para que expulsen o no contraten empresas chinas; bombardearon Caracas para secuestrar al Presidente Maduro acusándolo de ser el líder del Cartel de los Soles, para luego de estar recluido en una cárcel de Nueva York decir que este no existe.

Así, mientras un grupo reducido de países apunta a ejercer una autonomía que no pueden llevar adelante, la mayoría –algunos con síndrome de Estocolmo– terceriza su soberanía y cae en las garras de la prepotencia estadounidense. América Latina no necesita Presidentes que elijan bando, sino líderes que tengan la valentía de mantener el foco en los intereses de sus propios ciudadanos.

 

 

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