Soltar el garrote

La criminalización del cultivo de cannabis medicinal continúa pese a los avances legales

 

Danilo montó un invernadero para cultivar cannabis para su abuelo de 90 años, con mucho esfuerzo y paciencia. Tenía que estar prolijo porque lo podían inspeccionar. Ya se lo había advertido la doctora que firmó la indicación médica para sembrar y cosechar legalmente, a través del flamante Registro del Programa Cannabis (ReProCann), el registro nacional de personas autorizadas al cultivo controlado con fines medicinales y/o terapéuticos del Ministerio de Salud de la Nación. Lo armó en el jardín de su madre, en la localidad rionegrina de Allen. Y allí estaba, revisando las plantas, cuando el pasado viernes 14 de mayo irrumpieron agentes de la Policía Federal armados y gritando: “Levantá las manos y tirate al piso”. “Se están equivocando, tengo permiso para cultivar”, alcanzó a decir, mientras lo esposaban y mordía el pasto.

La secuencia siguió en el comedor, donde le explicó al jefe de la División Unidad Operativa de esa ciudad que estaba inscripto y autorizado en el ReProCann para tener nueve plantas florecidas. Tenía siete en ese estado y otras tres pequeñas, sin flores, que podrían ser machos (no sirven) o hembras. “Entonces son diez”, retrucó uno de los policías, dando a entender que se había pasado del límite. “Son siete las que ya florecieron”, insistió. “Me chupa un huevo, no soy perito”, le contestaron.

Esta amena charla con esposas habría durado tres horas. Danilo les detalló a los agentes los trámites realizados en el marco de la Ley de Cannabis Medicinal: su abuelo se anotó como paciente y él estaba inscripto como “cultivador solidario”. El registro ideado por el Ministerio de Salud permite que puedan cultivar el o la paciente pero también otra persona, sea o no familiar. También puede hacerlo una asociación civil dedicada a la temática. La autorización era reciente: el ReProCann se subió a la plataforma argentina.gob.ar en marzo pasado.

Los uniformados tomaban fotos de las copias impresas del certificado del ReProCann y le preguntaban de dónde lo había sacado. No sabían de qué estaba hablando. La orden del juez federal Hugo Greca exigía llevarse “sustancias estupefacientes” y todo lo que pudiera estar relacionado con alguna infracción a la ley de drogas, según consta en el acta de allanamiento: “Elementos de fraccionamiento, envoltorios de nylon, balanza de precisión, insumos para el embalaje, teléfonos celulares y dinero en efectivo, entre otros elementos”.

Este cultivador solidario les ofreció trasplantar los siete ejemplares de la tierra a macetas, para que al menos se conserven y las pudiera recuperar luego. Se negaron. Al parecer, mientras él conversaba con los federales, otro grupo destruía el invernadero y arrancaba las plantas. Hubo una comunicación al juzgado para informar sobre el certificado del ReProCann. No está claro si fue antes o después del destrozo.

Los agentes lo notificaron de la causa y no bajó la orden de detención, como suele ocurrir. Los federales sumaron unas ramas cosechadas en sus cuentas y al rato ya los medios locales hablaban del “operativo” en el que se “desbarató” un invernadero de 15 plantas de casi “dos metros”. Como tantas veces, el perverso mecanismo de la denuncia anónima permitió la excursión. Los medios publicaron el nombre de la calle, la altura y la foto del frente de la casa con dos patrulleros.

Danilo vive con su madre y tiene dos hermanos, uno de 14 y otro de 4 años. Todos se llevaron un susto, pero el hermano del medio tuvo la mala suerte de abrir la puerta y que un policía de civil lo saludara a punta de cañón.

 

 

Acompañe, no castigue

La asociación Cannabis Medicinal Río Negro surgió en 2016 en la ciudad de Cipolletti. Consiguió su personería jurídica tres años después. En ese momento había muy pocos profesionales de la salud dispuestos acompañar a personas que ya utilizaban cannabis y derivados para mejorar su salud. Desde la asociación salieron a buscar. Franca Sartori, la médica generalista que firmó la indicación del abuelo de Danilo, aceptó sumarse por puro interés.

“Me recibí hace 8 años en la Universidad Nacional del Comahue. Siempre escuché del tema por fuera de la Universidad, ahí sólo vimos el cannabis en la materia de Toxicología, en el contexto del daño que causan las drogas. Nada más. Yo trabajo con otras plantas medicinales también, me parece que hay que combinar los avances de la medicina occidental y moderna con la medicina tradicional”, explica Sartori, pronta a recibirse de psiquiatra.

Hasta el momento, la cantidad de médicos y médicas que se registraron vía web en el ReProCann es muy baja. Uno de los temores, el más razonable dice esta médica, es la firma de un “consentimiento informado bilateral” que considera abusivo, porque pone la responsabilidad absoluta del tratamiento en los profesionales de la salud y los obliga a constatar los datos declarados por el paciente.

“Parece más un convenio de tratamiento que un consentimiento informado. Acepté porque creo que hay que aprovechar estos avances. Ya acompañaba pacientes que estaban en la ilegalidad, por qué no hacerlo ahora que se puede cambiar esto”, explica. Su organización forma parte, junto a otras cinco asociaciones, del Consejo Consultivo Honorario (CCH) de la Ley de Cannabis Medicinal. “Hay posibilidades de modificar ese consentimiento, está en discusión”, asegura.

Sartori conoció a Danilo a mediados del año pasado, cuando se acercó a la asociación por temas relacionados con su salud. Padecía un cuadro de ansiedad agravado por la cuarentena que había logrado revertir consumiendo cannabis rico en CBD, un componente sedativo muy presente en algunas variedades de la planta. Ella acompañaba ese tratamiento cuando el joven le consultó si podía atender a su abuelo que sufría de artrosis y ya no lograba calmar el dolor con antiinflamatorios ni opioides.

“Hicimos una consulta virtual, yo vivo en Neuquén. Charlé con los tres: con Danilo, su mamá y su abuelo. El señor no se podía levantar de la cama porque había perdido masa muscular, algo que se agravó con la pandemia porque no podía salir a caminar más seguido, como lo hacía anteriormente. Tenía problemas para dormir también”, recuerda la médica. El abuelo no estaba muy convencido al principio, pero se sacó las dudas.

Ella le recomendó tomar aceite de una cepa equilibrada, con igual proporción de THC –el principal componente psicoactivo del cannabis–, y CBD. Le fue relativamente bien. Mejoró el sueño y el ánimo también. “Son pequeñas cosas, pero es un montón a esa edad”, asegura la médica. Cuando se abrió el ReProCann decidieron anotar al abuelo como paciente y a Danilo como cultivador solidario (el sistema no permite inscribirse simultáneamente como paciente).

 

 

Devolvé la caja

La orden de allanamiento del juez Greca requería, en caso de que sólo hubiera plantas de marihuana, que la totalidad del material sea remitido al juzgado en “sobre papel madera, que con las demás medidas de seguridad que la dependencia estime correspondientes, eviten la putrefacción del mismo”. La orden era impracticable. Las plantas fueron “fraccionadas” y terminaron en 3 cajas de cartón. En una cuarta caja fueron dos temporizadores, tres artefactos luminosos y cinco productos para fertilización. Luego pusieron en los sobre papel madera 2,7 gramos de flores y ramas florecidas que se estaban secando.

Un comunicado publicado un día después por organizaciones cannábicas que integran el mencionado Consejo Consultivo Honorario advierte que es “necesaria la articulación entre las distintas dependencias del Estado involucradas y la capacitación urgente, tanto de las fuerzas de seguridad como del sistema de administración de justicia para poder acceder sin temores fundados a los mecanismos creados por la ley 27.350 y su nueva reglamentación”.

El ReProCann surgió gracias a esta reglamentación del actual gobierno nacional sobre la acotada ley sancionada en 2017, durante el macrismo. Como se señaló en un artículo anterior de El Cohete a la Luna, este registro venía a frenar una práctica habitual en el sistema de administración de justicia: la de allanar primero y preguntar después. Los datos cargados son “sensibles”, por lo que sólo podrían revelarse mediante un oficio debidamente fundamentado del Poder Judicial.

Ya hubo algunas consultas de jueces y juezas al ReProCann. Y es muy probable que Danilo esté afrontando el proceso en libertad por la existencia del registro del Ministerio de Salud.

Laura Rodríguez Caldentey, abogada de la asociación Cannabis Medicinal Río Negro y consejera ante el CCH, dice que el desconocimiento a nivel del Poder Judicial y de los ministerios públicos fiscales es preocupante: “En esto hay que diferenciar a la defensa pública, donde se viene capacitando desde hace por lo menos dos años. Sucedió algo similar con el protocolo de aborto no punible, que a veces no se aplicaba por falta de conocimiento, entre otras cosas”.

No hay protocolos de actuación para las policías, dice. Desde los juzgados deberían chequear con el ReProCann, siempre y cuando haya indicios de comercialización, no por la mera presencia de plantas. El consentimiento informado bilateral ya prevé inspecciones, lo que implica un cambio de órbita desde lo penal a lo administrativo.

“El ReProCann es un proceso que hay que seguir revisando, desde las organizaciones del Consejo Consultivo venimos haciendo esa labor porque entendemos que es un registro perfectible. Creemos que el Ministerio de Salud de la Nación está siendo receptivo en las demandas, falta efectivizar esas modificaciones propuestas en el anexo I y las cláusulas del consentimiento informado”.

En el anexo I, el Ministerio determinó que sólo se podría realizar cultivo de interior, en ningún caso de exterior. En las grandes ciudades es común el cultivo puertas adentro con lámparas. Existen carpas especialmente diseñadas, que se venden en tiendas de cultivo o growshops, también se usan toilettes, armarios, bajo escaleras y hasta heladeras viejas. Es una práctica que se conoce como “indoor”.

El Ministerio aclaró en un comunicado: “Por cultivo interior se entiende un cultivo bajo condiciones controladas, es decir, al resguardo de condiciones climáticas, de suelo y fitopatológicas extremas que logra el control de las variables y permite la obtención de un producto medicinal más seguro y predecible. No debe confundirse con el término indoor que refiere a un cultivo bajo cobertura, ya que el cultivo en interior no se refiere necesariamente a la cobertura sino a las condiciones controladas”.

Casi la mitad de socios y socias de Cannabis Medicinal Río Negro son adultos mayores. “Cultivan en el jardín, como ocurre en la mayoría de las ciudades pequeñas y pueblos del interior del país. Por eso era importante que se entienda que tener plantas bien resguardadas en el patio es cultivo de interior”, explica la abogada de la asociación.

 

 

Perdido

Semanas atrás, un vecino ya le había advertido a Danilo que los federales le habían pedido ingresar para chusmear el vivero desde la medianera.

Si esto hubiera pasado antes, seguramente él hubiera arrancado las plantas. Pero esta vez tenía permiso y un antecedente favorable: el 19 de abril en Comodoro Rivadavia, un cultivador solidario anotado en el ReProCann –que también tenía un invernadero– frenó un allanamiento “en flagrancia”, dialogando con la policía chubutense hasta que logró ser asistido por la defensora federal Verónica Castillo. La fiscal y el juez ordenaron no allanar ni formar un proceso penal al enterarse.

Danilo y su abuelo ya exigieron la restitución de lo secuestrado, incluyendo las plantas, a través del defensor público federal que los asiste. El juez, que podría haber archivado y pedir las disculpas del caso, huyó hacia adelante. Formó una causa por infracción a la ley de drogas y corrió vista a la fiscalía, que le hizo la segunda: sugirió tomar declaraciones a los vecinos y las vecinas lindantes –atento que la supuesta investigación previa que se hizo– y que las plantas sean enviadas al ReProCann (¡a mil kilómetros!), mientras este registro suministra aceite al abuelo, entre otros pedidos que rozan lo delirante.

Es difícil soltar el garrote.

 

 

 

 

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