Sonidos, sonidos, sonidos

La música que escuché mientras escribia

 

Charles Mingus fue un enorme bajista, compositor y director, una de las mayores figuras del jazz en el siglo pasado. Sus grabaciones con Duke Ellington (Money Jungle), con Bud Powell, Dizzy Gillespie y Charlie Parker (en los conciertos de Massey Hall) y con el estupendo Eric Dolphy son cumbres que pocos han podido trepar. Su biografía Esta noche, a mediodía, escrita por su compañera Sue Graham, quien luego de la muerte de Mingus en 1979 formó una banda tributo que toca todos los martes, muestra la intensidad de sus sentimientos y sufrimientos.

 

 

Increible mezcla racial de chino, negro, indio, inglés, sueca, también escribió su autobiografía, Menos que un perro. Allí afirma: «“Soy Charles Mingus. Soy mulato, soy de piel amarilla… medio amarilla… apenas amarilla, no soy lo bastante blanco para dejar de pasar por negro ni lo bastante claro para que me llamen blanco. Yo me declaro negro. Soy Charles Mingus: para mí, no tengo color… Charles Mingus es un músico, un músico mestizo que toca con belleza, que toca con fealdad, que toca con amor, que toca masculinamente, que toca femeninamente, que toca música, que toca todos los sonidos, fuertes, suaves, sonidos que no se oyen, sonidos, sonidos, sonidos…”.

Durante una gira por Francia se enojó con los entrevistadores. “Cuando usted me clasifica dentro de la categoría de jazzmen, automáticamente limita mis oportunidades de trabajo. No quiero que mi música sea llamada jazz. ¿Sabe usted lo que quiere decir jazz? En Nueva Orleans, to jazz your lady quiere decir coger a tu chica. No quiero que los críticos apliquen esta palabra a mi música. Que les jazzen. ¡Mi música es una obra de belleza que no tiene nada que ver con esto! Esta expresión pornográfica no guarda relación con la música, como tampoco con el amor. Cuando me acuesto con una mujer, no la garcho, le hago el amor. ¿El coito sin amor, rápido, con una puta? ¡No es para mí! Con mi música ocurre lo mismo. Tiene la belleza de una mujer que abre las piernas. Es verdadero amor, no pornografía”.

 

 

En pocas de sus obras esto es tan evidente como en las improvisaciones en piano solo que grabó en 1963. Al piano carecía de la inventiva que derrochaba de pie junto a su bajo, pero la profunda sensibilidad que transmite me resulta conmovedora. Uno de los temas se llama, precisamente, Yo mismo, cuando soy real.

 

 

 

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