Te la recomienda Buñuel

Un film de culto, rescatado del olvido por uno de los grandes

De todos los libros que me prestaron hubo uno solo que jamás devolví. Su titulo es Mi último suspiro, las memorias y reflexiones que Luis Buñuel escribió poco antes de morir. Para cuando llegó a mis manos yo había visto sólo algunas de sus películas pero era fácil intuir que este libro sería aún más sabroso una vez vista toda la magnífica obra cinematográfica de Buñuel, la cual pude conocer a lo largo de los años. Y es por eso que aún no lo devolví.

Una de las cosas que busqué durante la relectura de Mi último suspiro fue a Buñuel hablando de cine, pero no solamente de sus películas, sino de aquellas que fueran de su preferencia. Siempre he tenido curiosidad por conocer los gustos de los artistas que admiro, creyendo que tal vez allí podré fisgonear algunos secretos de su talento. Creo que ese debiera ser el límite saludable del cholulismo.

Pero Buñuel habla muy poco del cine de los demás, apenas le dedica un par de páginas. Entre sus preferencias hay algunas bastante predecibles: películas de De Sica, Wajda, Kubrick, Jean Vigo y algunas menos conocidas. Hay un título al que le dedica un párrafo, Portait of Jennie (aquí estrenada como Jennie), que se ha hecho muy conocido justamente por la devoción que le profesara Buñuel, todo un acto de justicia cinematográfica.

La película cuenta la historia de Ebbe Adams (Joseph Cotten), un pintor errante que atraviesa el invierno neoyorquino frustrado y sin un centavo, vendiendo por chirolas sus mediocres paisajes. Una piadosa galerista le compra uno, y le advierte que el vacío del artista tiene que ver más con el amor que con la inspiración. Es así como una tarde Ebbe conoce en un parque a Jennie (Jennifer Jones), la enigmática muchacha de ojos grandes y tristes, de una belleza que no corresponde a este tiempo. El encuentro se volverá a producir en un par de ocasiones, con la particularidad de que Jennie ya es una mujer. Ebbe se está enamorando de ella y siente el arrollador deseo de retratarla en la que será su obra más inspirada, sin importarle que Jennie tal vez no pertenezca a este mundo, a esta época. Pero como Ebbe sí es de este mundo necesitara demostrarse que Jennie es real, tan real como el amor que siente por ella y como el lienzo que está vistiendo con su rostro.

Esta sería a vuelo de pájaro la línea argumental de Portait of Jennie, con su receta que incluye el romance, lo fantástico, algo de humor irlandés, un trabajo fotográfico deslumbrante y una ligera reflexión acerca del camino del arte, aquel que va desde el taller del pintor a la sala de un museo. A Buñuel lo entusiasmó su atmósfera mágica y profundamente poética, y su admiración por la película lo llevó a sostener una cordial correspondencia con David O. Selznick, el productor de la película.

Cuenta la historia que Portait of Jennie fue la película que Selznick produjo para mayor lucimiento de quien era entonces su amante, Jennifer Jones, retratada en la pantalla con la misma devoción con que Ebbe retrata a Jennie en un cuadro. Y sí, paradójicamente una película tan bella también se sostiene por sus anécdotas faranduleras. La cosa es que Selznick era para entonces una suerte de rey Midas del cine en tiempos en que el productor podía ser tan o más importante que el director (de hecho, su mayor logro fue Lo que el viento se llevó). Fascinado con la novela original del neoyorquino Robert Nathan le encargó la dirección a William Dieterle (hombre de oficio, experto en plasmar proyectos grandilocuentes) no sin antes meter pluma en el guion. Luego contrató al director de fotografía Joseph August, quien lamentablemente murió antes del estreno de la película y se quedó sin ver su trabajo, considerado uno de los más sobresalientes de la historia del cine (no exagero, lo afirman los que saben del tema). August recreó la poética luz invernal y texturizó la pantalla como si fuera un lienzo. Seguro de su eficacia como productor, Selznick se habrá sentado en su despacho a ver cómo su proyecto más osado se transformaba en un nuevo éxito. Pero la película fue un fracaso.

Visto a la distancia, es posible que para entonces Portait of Jennie fuera una película bastante incómoda, ya que deja abierta su interpretación en manos de un público que seguramente fue a ver una película romántica y se encontró con una historia inquietante, en una atmósfera enrarecida y que ni se molesta en brindar explicaciones. Suele suceder en el cine industrial que cuando se convoca la capacidad creativa del público este le dé la espalda y vaya a opciones más seguras. Ahora se entienden mucho más los elogios de Buñuel.

De entre todas las apostillas posibles yo prefiero quedarme con el deseo de trascender más allá de la muerte de la joven Jennie. Aunque algo inocente y candorosa, su deseo de vivir la convertido en un ser capaz de inspirar una obra maestra, y hablo tanto del cuadro como de la película.

En Mi último suspiro, el libro que sigo sin devolver, Buñuel también habla sobre la muerte. Dice no temerle en absoluto, pero que le gustaría volver de ella cada diez años aunque sea por un día, para leer lo diarios y enterarse en qué anda el mundo que ya ha abandonado. Una elegante y acaso pudorosa manera de reclamar la inmortalidad a la que adhiero, y vaya uno a saber si en algunos de esos breves regresos de la muerte uno pueda encontrarse con Luis Buñuel para seguir hablando de Portait of Jennie, la película a la que el genio español le dedica un párrafo entero de sus memorias y que este humilde servidor les recomienda.

 

 

 

FICHA TECNICA

Título original PORTRAIT OF JENNIE / Año de estreno 1948 / Duración 86 min. / País Estados Undos / Dirección William Dieterle / Guion Paul Osborn, Robert Nathan (basado en una novela de Robert Nathan / Fotografía Joseph August / Reparto Joseph Cotte, Jennifer Jones, Ethel Barrymore, Lilian Gish, Cecil Kellaway

 

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